Skip to main content

Full text of "COLECCIÓN SHAHADA MUHÁMMADel sello de los profetas - Mehdi Flores"

See other formats


MUHAMMAD 



EL SELLO DE LOS ÍROl'ETAS 



iVIehdi Flores 




MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 




THE WOHLD (SLAHK CALL SOCIETV 



— -*"*■" 



MUHAMMAD 



EL SELLO DE LOS PROFETAS 




Mehdi Flores 



^ j Junta 
gBf Islámica 



© Edición en español: Junta Islámica, 2006 
CENTRO DE DOCUMENTACIÓN 
Y PUBLICACIONES ISLÁMICAS 

Depósito Legal: NA-1860/2006 
ISBN 978-84-932513-7-6 
84-932513-7-2 

Medina Sabora 

14720 Almodóvar del Río 

(Córdoba) 

Tlf.: 00-34- 957 634005 

E-Mail: correo@juntaislamica.org 

Edición: Mansur A. Escudero 
Diseño: Abdallateef Whiteman 

Impresión: Gráficas Lizarra 



BISMIL-LÁHI R-RAHMANI R-RAHÍM 



■ 



ÍNDICE 



i El Islam, la religión Primordial del Hombre ♦ i 

2 Los Antepasados de Muhámmad ♦ 21 

3 Nacimiento e Infancia del Profeta ♦ 33 

4 Adolescencia de Muhámmad ♦ 44 

5 Casamiento ♦ 53 

6 El Encuentro con El Ángel ♦ 63 

7 La Primera Comunidad ♦ 74 

8 Las Primeras Persecuciones ♦ 84 

9 Los Líderes de Meca rechazan El Islam ♦ 93 

10 La Emigración a Abisinia y la Conversión de Ómar ♦ 104 

11 El Boicot ♦ 113 

12 El Viaje Nocturno y La Ascensión (Al-isrá Wa Al-mi'rach) ♦ 122 

13 La Hégira ♦ 133 

14 Tribus y Pactos en Los Inicios del Islam Medinés ♦ 144 

15 La Batalla de Badr ♦ 152 

16 Los Efectos de Badr en el Entorno del Profeta ♦ 163 

17 La Batalla de Uhud ♦ 171 

18 Después de Uhud ♦ 185 

19 La Batalla del Foso ♦ 193 

20 La 'Umra o Peregrinación Menor ♦ 203 

21 Jáibar ♦ 212 

22 La Peregrinación del Adiós ♦ 219 

23 Enfermedad y Muerte del Profeta ♦ 226 

Glosario ♦ 237 
Bibliografía • 249 



INTRODUCCIÓN 

Este libro ha sido elaborado sobre el libro de Martin Lings 
"Muhammad: su vida, basada en las fuentes más antiguas", 
a quien agradecemos profundamente el habernos acercado a 
la figura y la misión del profeta del Islam a partir de las fuen- 
tes tradicionales islámicas. Además se ha empleado la obra 
de Muhammad HamiduLlah "Leprophete de l' Islam. Sa vie, 
son oeuvre"y otras aportaciones, entre las cuales destaca la 
"Encyclopedie de l' Islam" (Leiden) y fuentes 
originales árabes. 

Este libro pretende ser una modesta introducción a la vida 

y obra del profeta del Islam Muhámad ibn Abdallah, Dios le 

bediga y salve, tal como lo ve y lo vive un 

creyente musulmán. 

Esperamos que el lector sea benevolente y disfrute de su 
lectura tanto como el autor ha disfrutado con 
su composición. 



En Córdoba, a 29 de Rabí' al Awwal de 
1427 / 28 de abril del 2006 



EL ISLAM, LA RELIGIÓN PRIMORDIAL 
DEL HOMBRE 



Los musulmanes creen que la índole del ser humano, 
su naturaleza genuina ifltra) es el islam, según el hadíz o 
dicho del profeta Muhámmad: 

"Todo niño nace enfitra y son sus padres los que lo hacen 
judío, cristiano o politeísta". A lo cual uno de sus Compañeros 
replicó: "...o musulmán". Y el Profeta Muhámmad contestó: 
"No, pues el islam es lafitra". 

Islam es un infinitvo del verbo árabe áslama que significa 
"abandonarse, someterse, entregarse, depender de alguien" 
El participio de este verbo es múslim que ha dado en espa- 
ñol las palabras muslim, muslime y musulmán, esta última 
palabra del persa moderno (plural de moslem) a través del 
francés. 

En la azora AlFátir (El Creador), palabra de la misma familia 
que Fitra se explica bien esta dependencia del hombre respec- 
to a Dios al calificar a los seres humanos defuqará, plural de 
faqir que se traduce por "indigentes, pobres, necesitados": 

"¡Oh humanos, vosotros sois los necesitados de Dios, y Él, 
Dios, es el autosuficiente, el alabado" (c. 35, 15). 

Esta dependencia de la criatura respecto a Dios es lo que 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

se entiende por el término latino religio (religión). La palabra 
religión es en árabe din, derivada del verbo daña que signifi- 
ca "contraer una deuda, tomar prestado, someterse a alguien" 
El ser humano es deudor a Dios del mayor de los dones, la 
vida, regalo tan precioso que no hay modo de agradecérselo 
debidamente, de manera que el hombre siempre está en deu- 
da de agradecimiento con Él y la mejor expresión de agrade- 
cimiento es la adoración. 

Por todo esto el profeta Muhámmad dijo que la naturale- 
za primordial del ser humano, la fitra, es el islam. Si el hom- 
bre reconoce su fitra, su islam, es decir, si acepta en su vida 
su dependencia absoluta de su Creador y se abandona a Él, el 
Único, entonces se reconoce musulmán. Si, por el contrario, 
encubre deliberadamente esta verdad, entonces se hace kafir, 
palabra que significa 'encubridor, desagradecido' y que ha pa- 
sado al español como 'cafre! 

El islam es, pues, el din o la religión natural del hombre re- 
velada a través de la historia en lenguas y culturas diferentes 
gracias a hombres y mujeres inspirados, llamados en el Corán 
'enviados' (rusul) y también 'profetas" {nabíin, anbiya). 

El profeta Muhámmad certifica y garantiza todas las 
Revelaciones anteriores como sello de los Profetas {jatim 
al anbiya). En efecto, él dijo: "Me han sido dadas todas las 
Revelaciones" (utitu yami'u al kalimat).Y el Corán declara: 

"Decid, creemos en Dios 

y en lo que ha hecho descender para nosotros, 

en lo que se hizo descender 

para Abraham, Ismatt, Isaac, Jacob y las Tribus, 

en lo que le fue dado a Moisés 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

y a Jesús y en lo que fue dado a los Profetas 
departe de su Señor. 
No hacemos distinciones entre ninguno 
de ellos y estamos sometidos a Él" 

CORÁN 2,136 

En el transcurso de la historia de la humanidad este din 
germinal ha ido revelándose a medida que el hombre profun- 
dizaba en el misterio de Dios, es decir, a medida que el hombre 
se hacía capaz de Dios. 

LA MILLA DE IBRAHIM 

Dice un hadiz qudsí, es decir un hadiz inspirado por Dios en 
boca del Profeta: "Yo era un Tesoro oculto y amé ser conoci- 
do, por eso creé a mis criaturas para que me conocieran y me 
adorasen". 

Entre estas criaturas a las que se le va a revelar de modo 
singular ese Tesoro oculto está el profeta Ibrahim, llamado 
en la biblia Abraham, cuyo modo de vivir el islam {milla) es la 
que van a seguir el profeta Muhámmad. 

La palabra milla hace referencia al 'modo' particular que 
cada comunidad o nación vive su religión con Dios. 

El Corán considera a Ibrahim como un líder {imam) al que 
seguirán los hombres: 

...Dijo (Dios), en verdad voy aponerte 
como un líder para los hombres" 

coran 2, 123 

En el Corán, Dios ordena a los hombres seguir la religión 
de Ibrahim: 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Di; Dios ha hablado con la verdad, 
seguid la religión (milla) de Ibrahim, 
que era hanif (unitario) 
y no era politeísta" 

CORÁN: 3, 95 

Dios le hace decir al profeta Muhámmad en el Corán: 

"Di: Mi Señor me ha guiado a un camino recto, 
a una religión auténtica, la religión de Ibrahim, 
el unitario, que no era de los politeístas" 

coran: 6, 161 

La vivencia del islam de Ibrahim (millat Ibrahim) se ca- 
racteriza en primer lugar, por su vigorosa proclamación de la 
unidad y unicidad de Dios (tauhid), la fe en un Dios Único, 
sin asociados. 

Junto con eso, se da ferviente testimonio de que ese Dios 
Único, Creador y Señor de los mundos, es un Dios que ama 
a sus criaturas. El amor es el color propio de la religión de 
Ibrahim. Dios se manifiesta a Ibrahim bajo el aspecto de la 
Rahma ("amor visceral" vocablo derivado de la palabra rihm, 
rahim: "entrañas, útero, seno, visceras"), el amor que un pa- 
dre o una madre sienten por sus hijos o el que se da entre 
miembros de una familia. De Rahma obtenemos el nombre 
de Dios Rahmán, adjetivo de abundancia, pobremente tradu- 
cido como Clemente o Misericordioso y que se traduce mejor 
como "el que desborda de amor por sus criaturas". 

NI JUDÍO NI CRISTIANO, SINO HANIF 

En el Corán se dice que Ibrahim no era ni judío ni cristiano, 
sino hanif. La palabra árabe hanif (pl. hunafá) designa a los 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

adoradores del Dios único, sin asociación (shirk) de ninguna 
otra divinidad, los unitarios. El credo unitario está expresado 
en la azora 112 del Corán, llamada la azora del Ijlás o "Mono- 
teísmo puro": 

"Di, Él es Dios, el Único 

Dios, el Eterno autosuficiente, 

No ha engendrado ni ha sido engendrado 

Y nada se le parece" 

Ibrahim desechó el culto de todo tipo de ídolos y adoró al 
Dios Único como hanif, sin asociarle nada. 

"Y, he ahí, que Ibrahim habló a su padre Azar: 
"¿ Tomas acaso a los ídolos por dioses? 
¡En verdad, veo que tú y tu gente estáis evidentemente 
extraviados!" 

Y así hicimos ver a Ibrahim el dominio de los cielos y la 

tierra, 
para que fuera de los que poseen certeza. 

Cuando cayó sobre él la oscuridad de la noche, 
vio una estrella y exclamó: 
"¡Este es mi Señor" pero cuando se ocultó, dijo: 
"No amo lo que se desvanece" 

Luego, cuando vio salir la luna, dijo: 

"¡Este es mi Señor! —pero cuando se ocultó, dijo: 

"¡Ciertamente, si mi Señor no me guía, 

seré sin duda de la gente que se extravía!" 

Y cuando vio el sol naciente, dijo: 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"¡Este es mi Señor! ¡Este es el más grande! 
pero cuando este también se puso, exclamó: 
"¡Pueblo mío! ¡Ciertamente, estoy libre de lo que 

asociáis! 
Ciertamente, he vuelto mi rostro a Aquel que creó los 

cielos y la tierra, 
como adorador puro (hanif)yno soy de los asociadores". 

CORÁN: 6, 75-79 

LA PRUEBA ESCLARECEDORA 

Tras haber desechado los ídolos exteriores de la religión de 
sus padres, Ibrahim creyó que estaba a salvo de toda idolatría. 
Pero hay una idolatría más difícil de purificar, la que se oculta 
en el interior del hombre y hace que se adore una falsa imagen 
de Dios. En el Corán se nos dice que Ibrahim fue sometido a 
la prueba esclarecedora. 
Dice el Corán: 

".. ¡Mijito mío!, he visto en el sueño que yo te sacrificaba, 

considera pues tu parecer. 

Le dijo: ¡oh padre mío! Haz lo que se te ordena, 

si Dios quiere, me encontrarás entre los pacientes. 

Y cuando ambos se sometieron y lo tumbó boca abajo, 
le gritamos: ¡Ibrahim! Has tomado la visión por 

realidad. 
En verdad, así recompensamos a los excelentes. 
Ciertamente, esta si que es la prueba esclarecedora. 

Y lo rescatamos con un gran sacrificio 

y lo dejamos como recuerdo para la posteridad. 
¡La paz sea sobre Ibrahim! 

coran: 37, 102-105 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

En la religión de los idólatras semitas la práctica de sacri- 
ficios humanos se encuentra documentada incluso hasta el 
tiempo del padre del profeta Muhámmad, llamado Abd Allah, 
que también estuvo a punto de ser sacrificado por su padre 
en cumplimiento de un voto. Conforme a los criterios de la 
religión de sus padres, Ibrahim interpretó que Dios le exigía 
en una visión el sacrificio de su único hijo, el hijo que Dios le 
había regalado en su vejez y, siguiendo esa interpretación,se 
aprestó a obedecer, aunque esa obediencia le supusiese perder 
su bien más precídado. Ibrahim mostró con ello su absoluta 
servidumbre, su total islam a su Señor, tal como entonces lo 
entendía. 

Pero el Profeta Ibrahim, que había roto los ídolos exteriores 
de la religión de sus padres, iba a descubrir a otro Señor, el Se- 
ñor propio de su milla y para ello tenía que afrontar la prueba 
más difícil - la prueba esclarecedora- que le hará romper las 
imágenes mentales heredadas de la religión de sus padres. 

Cuando Ibrahim se disponía a cumplir el sacrificio, el "grito 
de Dios", el "amor visceral" la rahma hacia su hijo entregado 
amorosamente a su voluntad, le hizo descubrir, con el corazón, 
la falsedad de la imagen que tenía de Dios. 

Se le reveló entonces que su Dios era el Rahmán. Que su 
Dios no podía ordenarle el sacrificio del hijo porque el Rah- 
mán amaba a sus criaturas infinitamente más de lo que él, la 
criatura Ibrahim, amaba a su hijo. Que era ese Dios el que le 
había enseñado a amar, el que le había deseado antes de nacer 
y le había sacado por amor de las tinieblas del no-ser a la luz 
de la vida. 

Fue así como entendió que para superar toda idolatría, toda 
imagen de Dios, debía 'ver' con el ojo del corazón y que la me- 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

dida de su conocimiento de Dios, era la medida de su amor. La 
razón no puede comprenderLe, sin embargo, como dice Dios 
en un hadiz qudsí: "Ni la tierra ni el cielo me contienen, pero 
sí el corazón de mi siervo fiel". 

Esta revelación es lo que hace de la religión de Ibrahim la 
religión del corazón, la religión del amor, un culto divino que 
es adoración e intimidad con el Misterio, una intimidad que 
llevó al profeta Muhámmad, en su lecho de muerte, a llamar 
a Dios, anhelante, "el Amigo Sublime'! 

EL PROFETA IBRAHIM, CONOCIDO COMO EL JALIL, EL AMIGO 
ÍNTIMO DE DIOS. 

Ibrahim recibe el sobrenombre de "El amigo íntimo de Dios" 
(en árabe JalilAllah, o Jalü al Rahman). 

"Y quien es mejor en su religión 

que quien ha entregado (aslama) su persona a Dios 

y es excelente en obrar bien 

y sigue la religión de Ibrahim como unitario (hanif). 

Y Dios tomó a Ibrahim como amigo íntimo (jalü)" 

coran: 4, 125 

El profeta Muhámmad será honrado con el título de "El 
Amado de Dios" (Habib Allah).Esa. intimidad con Dios fue 
lo que le hizo decir al profeta Muhámmad sobre el profeta 
Ibrahim: "De todos sus hijos, yo soy el que más me le parez- 
co". 

LAS HOJAS DE IBRAHIM 

La revelación de Ibrahim fue escrita y transmitida en hojas 
(suhuj), según dice el Corán (87, 18-19) 



8 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

"En verdad esto está en las escrituras primeras, 
las páginas (suhuf) de Ibrahim y de Musa" 

La palabra suhuf es el plural de sahifa que significa "super- 
ficie pulida de una piel o plancha, pergamino, hoja, página 
etc". Cuando estas hojas se reúnen en un libro se dice en árabe 
que forman unMus-haf, palabra que se emplea habitualmente 
para designar el libro del Corán. 

IBRAHIM EN LA BIBLIA 

La Biblia, en el libro del Génesis, nos cuenta que Ibrahim, 
llamado en la Biblia Abraham, no tenía hijos, ni esperanza 
de descendencia y que una noche Dios lo llamó fuera de su 
tienda y le dijo: "Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas. " 
Y mientras Abraham contemplaba las estrellas oyó que la voz 
decía: 

"Así de numerosa será tu descendencia. " 

génesis 15,5 

La esposa de Abraham, Sara, no lograba tener un hijo, así 
pues, ella le dio a Abraham su esclava egipcia Agar (Hayar) 
para que pudiera tomarla como segunda esposa. Agar quedó 
encinta de Abraham y le dio un hijo al que llamó Ismael, que 
significa "Dios oye". 

Uno de los rabinos más famosos del judaismo Salomón ben 
Isaac de Troyes (1040-1105) en su comentario al Pentateuco 
dice: "Agar era hija del Faraón. Cuando el Faraón vio los mila- 
gros que se habían producido a favor de Sara, se dijo: "Mejor 
es que sea criada en esa casa que no señora en la mía". Agar 
era propiedad de Sara, no de Abraham, por lo que según la 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

ley talmúdica Abraham no podía tomarla como esposa sin el 
permiso de su dueña. 

Después, Sara también dio a luz un hijo a quien llamó Isaac. 
Ibrahim sería así padre de dos multitudes, la de los judíos y 
cristianos, por parte de su hijo Isaac y la de los musulmanes, a 
través de su primogénito Ismael. Cuenta la Bilia que: 

"Creció elniño (Isaac) yfue destetado y Abraham hizo ungran 
banquete el día que destetaron a Isaac. Vio Sara al hijo queAgar 
la egipcia había dado a Abraham jugando con su hijo Isaac, 
y dijo a Abraham: "Despide a esa criada y a su hijo, pues no va a 
heredar el hijo de esa criada juntamente con mi hijo, con Isaac" 
Abraham se disgustó mucho, porque se trataba de su hijo, 
pero Dios dijo a Abraham: "No lo sientas ni por el chico ni por 
tu criada. En todo lo que te dice Sara, hazle caso; pues aunque 
por Isaac llevará tu nombre una descendencia,también del 
hijo de la criada haré una gran nación, por ser descendiente 
tuyo" Se levantó, pues, Abraham de mañana, tomó pan y un 
odre de agua y se lo dio a Agar, le puso al hombro el niño y 
la despidió. Ella se fue y anduvo por el desierto de Berseba. 
Como llegase a faltar el agua del odre, echó al niño bajo una 
mata y ella misma fue a sentarse enfrente, a distancia como 
de un tiro de arco, pues decía: "No quiero ver morir al niño. " 
Sentada, pues, enfrente, se puso a llorar a gritos. Oyó Dios la 
voz del chico y el Ángel de Dios llamó a Agar desde los cielos y 
le dijo: "¿Qué te pasa, Agar? No temas, porque Dios ha oído la 
voz del chico en donde está. ¡Arriba!, levanta al chico y tóma- 
lo de la mano, porque he de convertirle en una gran nación. " 
Entonces abrió Dios los ojos de ella, y vio un pozo de agua. 
Fue, llenó el odre de agua y dio de beber al chico. Dios asistió 
al chico, que se hizo mayor y vivía en el desierto, y llegó a ser 



10 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

gran arquero. Vivía en el desierto de Paran y su madre tomó 
para él una mujer del país de Egipto. 

génesis 21: 8, 21 

Según las tradiciones islámicas este pozo es el pozo de Zam- 
zam, en Meca.Junto a este pozo Abraham e Ismael construirán 
años después el santuario de la Ka'ba. También se dice que 
Agar, desesperada por la sed, antes de sentarse aparte para no 
ver morir a su hijo, se subió a una colina cercana para otear el 
valle en busca de ayuda. Esa colina recibe el nombre de Safa. 
Al no ver a nadie, descendió al valle y recogiéndose su túnica, 
echó a correr hambrienta y agotada hasta otra colina llamada 
Marua, para ver si desde allí divisaba a alguien. Así estuvo 
bajando y subiendo desde una colina a otra hasta siete veces. 
Este recorrido a paso rápido llamado en árabe sa'í hace parte 
de los rituales de la peregrinación islámica a la Ka'ba. 

Según la Biblia, este "abandono" no supuso la ruptura de 
Agar e Ismael con la familia de Abraham.Mahalat, la hija de Is- 
mael, fue mujer de su sobrino Esaú, hijo primogénito de Isaacy 
cuando Abraham murió Ismael y su hermano Isaac lo sepulta- 
ron juntos (Génesis, 25:9). Las tradiciones islámicas refuerzan 
esta situación y hablan de continuas visitas de Abraham a su 
esposa Agar y su hijo Ismael. Entre los beduinos nómadas no 
era infrecuente que la esposa permaneciese en un campamen- 
to fijo, un maqam o estación, mientras que el esposo viajaba o 
se desplazaba con los rebaños a lo largo de las rutas habituales. 
Este fue, por ejemplo, el caso de Háshim, natural de Meca, 
bisabuelo del profeta Muhámmad, que se casó con Salma de 
Yatrib. Tanto Salma como su hijo Shaiba, conocido después 
como Abd-al Muttalib, siguiendo las costumbres beduinas, 
permanecieron dentro de su propio clan en Yatrib sin trasla- 

11 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

darse con su marido a Meca. En el caso del profeta Abraham, 
lo más probable es que estableciera a Agar e Ismael en el valle 
de Meca, conocido también por Becca, un maqam importante 
de la ruta de las caravanas, como dueños del pozo de Zamzam, 
aunque como nómada viajara continuamente con sus rebaños 
en busca de pastos o por motivos comerciales. 

EL VALLE DE BECCA 

El valle de Becca se halla circundado de colinas por todas 
partes excepto por tres pasos, uno al norte, otro al sur y un 
tercero que se abre hacia el Mar Rojo, que se encuentra a 
cincuenta millas al oeste. El valle se encontraba en una de 
las grandes rutas de caravanas, llamada, generalmente, "la 
ruta del incienso" pues el perfume, el incienso y otras mer- 
cancías semejantes del Sur de Arabia llegaban al Mediterrá- 
neo por este camino. 

Según el geógrafo del siglo II Ptolomeo {Geografía, vi, 7) en 
esta región había una ciudad que él denomina Makoraba. Este 
nombre posiblemente se corresponda con el sudarábigo mkrb 
(la escritura no nota las vocales), en etiópico mekweráb que 
significa "santuario" y que puede haber dado por abreviación 
el nombre de Mekka o Bekka. 

En el Corán aparece el nombre de Bekka asociado a un Bait 
o santuario y se le denomina Mubárak es decir "lleno de ben- 
dición, de báraka". 

"En verdad, el primer santuario que fue establecido 

para los hombres 
fue el que está en Bekka, el bendito y que es guía para 
los mundos. 



12 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

En él hay signos evidentes: la estación (maqam) de 

Ibrahim; 
quien entre en él estará a salvo... 

coran: 3,96-97 

Cuando Ibrahim se instaló allí pidió protección a Dios: 

"Y cuando dijo Ibrahim: ¡Señor mío haznos esta tierra 

segura 
y apártame a mí y a mis hijos de 
la adoración de los ídolos" 

CORÁN: 14, 35 

BAIT ALLAH, LA CASA DE DIOS 

En el Corán se nos dice que Ibrahim e Ismaíl erigieron los 
fundamentos de la Ka'ba: 

"Y cuando Ibrahim e Ismaíl erigieron 
los fundamentos de la Casa... 

CORÁN: 2,, 127 

La Ka'ba primitiva era seguramente un recinto al aire libre 
rodeado de un muro de una altura no mucho mayor que la de 
un hombre. Posteriormente, el muro fue doblado en altura y 
se cubrió con un tejado. 

Dios ordenó a Ibrahim e Ismaíl purificar el templo (Bait): 

"Y entonces hicimos de la casa (al Bait) 

un lugar de visita y un lugar seguro 

y tomaron la estación de Ibrahim como lugar de 

oración. 
Habíamos acordado con Ibrahim e Ismaíl purificar mi 

casa 
para los que la circunvalan, 



13 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

los que allí se retiran, los que se 
inclinan y los que se postran" 

coran: 2,125 

Esta casa se conoce por varios nombres: La Casa Sagrada 
(Al Bait al Haram), la Casa Antigua (AlBaital 'Atiq), La Casa 
Inviolable (Al Bait al Muharram), La Mezquita Sagrada (Al 
Masyíd al Haram) o simplemente la Casa (Al Bait) y también 
con el nombre la Ka'ba. Su nombre, Ka'ba, cubo, se debe a su 
forma, que es aproximadamente cúbica y sus cuatro esquinas 
apuntan a los cuatro puntos cardinales. 

Para poder entender mejor el significado de BaitAllah, la 
Biblia nos ofrece el relato de la fundación del santuario de Be- 
tel por el profeta Jacob, nieto del Profeta Ibrahim. La palabra 
árabe Bait se corresponde con el hebreo Bet. Así el hebreo 
Bet-El equivale al árabe Bait Allah. 

En el Génesis, 28: 10-22 se narra que Jacob, estando de viaje, 
le llegó la noche y se detuvo en un lugar.Se preparó para dor- 
mir, tomó una piedra y se la colocó de cabecera. 

"Y tuvo un sueño y, he aquí, había una escalera apoyada en 
la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he 
aquí, los ángeles de Dios (Elohim) subían y 'bajaban por ella. Y 
he aquí, Yahveh estaba sobre ella y dijo: Yo soy Yahveh, el Dios 
de tupadreAbrahamy el Dios de Isaac. La tierra en la que estás 
acostado te la daré a ti y a tu descendencia" (...) Despertó Jacob 
de su sueño y dijo: Ciertamente Yahveh está en este lugar y yo 
no lo sabía (...) Y tuvo miedo y dijo: ¡Cuan imponente es este 
lugar! Este no es otro más que la casa de Dios y esta es la puerta 
del cielo. Y se levantó Jacob muy de mañana y tomó la piedra 
que había puesto de cabecera, la erigió como señal y derramó 
aceite por encima. Ya aquel lugar le puso el nombre de Betel" 

14 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

En el relato del Génesis parecen varios elementos intere- 
santes. En primer lugar, el sitio es considerado sagrado porque 
ha tenido lugar en él una teofanía o aparición de la divinidad. 
Esta teofanía muestra una escalera por la que suben y bajan los 
ángeles y sobre ella, Yahveh. Por eso se llama al lugar "puerta 
del cielo". Otro elemento importante es la piedra, que queda 
consagrada al ser ungida con aceite y es erigida como "señal" 
de la presencia divina en ese lugar, lugar que se convierte por 
ello en "morada de Dios", en hebreo "Bet El", en árabe "Bait 
Allah". 

La arqueología llama a estas piedras sagradas 'berilos^ (bet- 
il) y podían tener distintas formas algunas de ellas cuadradas. 
El Arca de la Alianza israelita estuvo encerrada primitivamen- 
te en el interior de un betilo. 

En torno a ese piedra central, que comunica el mundo de 
los hombres con el mundo divino, simbolizado por la esca- 
lera por la que suben y bajan los ángeles, se abre un espacio 
sagrado, un haram donde la báraka o bendición de Dios actúa 
intensamente. Esa conciencia formidable de lo sagrado que 
Jacob siente con temor y atracción al mismo tiempo se de- 
nomina en árabe taqwa y es uno de los conceptos básicos de 
la espiritualidad musulmana. Aquellos que tienen taqwa, los 
muttaqin, son calificados en el Corán como "los que confían 
en el Misterio". 

Toda Casa de Dios es pues un lugar sagrado donde tiene 
lugar el encuentro entre lo humano y lo divino. Es ese lugar 
intermedio, misterioso, donde se producen las teofanías y 
donde todas las criaturas, hombres, animales, plantas, mine- 
rales, agua, gozan de la báraka y el asilo o la seguridad {amn) 
que ofrece la presencia de la divinidad. El espacio santo actúa 



15 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

como un imán convirtiéndose en un sitio de confluencia, de 
encuentro, protegido de violencias (amín) y a salvo de las le- 
yes profanas. El santuario es a la vez lugar de oración, refugio, 
tesoro público y centro de peregrinación. 

Respecto a la piedra, en la Casa de Dios de Meca está la 
Piedra Negra (hayaraswad), una piedra caída del cielo, un ae- 
rolito, de unos 50 cm. de diámetro que, cuenta la tradición, un 
ángel trajo a Abraham desde la cercana colina de Abu Qubáis, 
donde había sido conservada desde que llegó a la tierra. Servía 
como signo que indicaba el centro del espacio haram, el es- 
pacio prohibido a lo profano. La palabra árabe hayar (piedra) 
da origen al verbo háyara que significa "prohibir el acceso" 
al sustantivo Hichr que significa "sitio prohibido, protegido, 
regazo" y la. palabra huyra "habitación, cámara". 

Sirve también como centro del mataf, el espacio circu- 
lar donde los peregrinos dan vueltas (tawaf) alrededor de la 
Ka'ba. 

En su aspecto simbólico, la piedra caída del cielo, de cristal 
blanco en su inicio, es símbolo y recordatorio del origen ce- 
lestial del hombre, que según el Corán fue creado "en la más 
excelente de las formas" y que después fue hecho descender 
hasta el mundo más bajo (Corán: 95, 5). 

Por supuesto, la Piedra Negra no es objeto de culto en el 
Islam y si se conservó es por ser el signo de la presencia divina 
establecida por Ibrahim, a diferencia de las efigies de dioses 
e imágenes que llegaron a introducirse en el santuario y que 
el Profeta Muhámmad destruyó al conquistar pacíficamente 
Meca. 

Junto a la Ka'ba, dentro del espacio sagrado {haram) que la 
rodea se encuentra la fuente Zamzam de la que los peregrinos 



16 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

beben y hacen sus abluciones rituales. 

También dentro de haram se encuentran dos colinas, lla- 
madas Safa y Marua. 

Cuando Ibrahim e Ismaíl terminaron de construir la Ka'ba 
elevaron sus oraciones a Dios pidiendo que les aceptase la 
obra realizada y que sus descendientes fueran musulmanes, 
es decir, sometidos a Él. Le pidieron también que no dejase sin 
guía a su descendencia y que les mandase a un enviado {rasul) 
salido de su comunidad (umma) 

"¡Señor nuestro, acéptanoslo! 

Tú eres el que oye, el que sabe! 

¡Señor nuestro, haznos sometidos (muslimin) 

a ti y haz de nuestra descendencia 

una comunidad sometida a ti (umma muslima) (...) 

¡Envíales un mensajero que les recite tus signos, 

les enseñe la Escritura, la Sabiduría y los purifique...! 

coran: 2,128-129 

la peregrinación 

Cuando el santuario estuvo terminado, Dios habló nuevamen- 
te a Ibrahim y le ordenó instituir el rito de la Peregrinación a 
la Casa: 

" ¡Purifica mi casa para los que la circunvalan 

y para los que están de pie y para los que se inclinan y 

prosternan! 
Y proclama a los hombres la peregrinación para que 

vengan a ti, 
a pie o montados en flacos camellos,venidos 
por pasos anchos y profundos". 

coran 22: 26-27 



17 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Ibrahim invitó a la gente a peregrinar a la casa de Dios y un 
número de peregrinos cada vez mayor venían de todas las par- 
tes de Arabia e incluso de más allá, para visitar la Casa Sagrada. 
Una de las tribus que llegaron, la de Yurhum, de origen yemení, 
se asentó en Meca e Ismaíl se casó con una mujer yurhumí. 

La Peregrinación Mayor (Hayy) se hacía en un mes concreto 
del año, pero la Ka'ba también podía ser honrada en cualquier 
momento mediante una peregrinación menor ('Umra). Estos 
ritos continuaron cumpliéndose según las normas estableci- 
das por Ibrahim e Ismaíl. 

Ibrahim murió y fue enterrado por Isaac e Ismaíl en lo que 
hoy es la ciudad palestina de Hebrón, conocida en árabe como 
Jalil, por el sobrenombre del Profeta Ibrahim. La palabra He- 
brón deriva, según fuentes judías, del hebreo Haber que signi- 
fica "amigo, compañero" título con el que la tradición hebrea 
llama también a Abraham. 

LA KA'BA SE LLENA DE ÍDOLOS 

La tribu de los yurhumíes, que había venido del Yemen, se hizo 
con el control del santuario de la Ka'ba e introdujo el pago de 
un impuesto a los peregrinos, cosa que los hizo detestables a 
los ojos de muchos. Más tarde entraron en conflicto con la tri- 
bu de Juza'a y fueron expulsados de Meca. Antes de marcharse 
cegaron el pozo de Zamzam cubriéndolo de arena. 

La tribu de Juza'a, con más sentido del negocio que sus riva- 
les yurhumíes, llevaron a la Ka'ba los ídolos de muchas tribus, 
para atraer de este modo a más peregrinos. Amr ibn Luhái, jefe 
de los Juza'a, de regreso de un viaje, se trajo al ídolo Hubal y 
lo instaló dentro de la misma Ka'ba, convirtiéndose en el ído- 
lo principal de la Meca.Hubal debió de preservar su carácter 



18 



El Islam, la Religión Primordial del Hombre 

original de deidad estelar, pero su papel más característico fue 
el de oráculo al que se consultaba mediante el empleo de siete 
flechas adivinatorias, desprovistas de punta y pluma, [azlam 
pl. de zalam) a cambio de una ofrenda. El oráculo de Hubal fue 
una de las atracciones más poderosas que ofrecía Meca y que 
dejaba a los dueños de la Ka'ba pingües beneficios. Su culto 
era el mejor organizado de Meca. Contaba con un sacerdote 
{hayíb) que se ocupaba del ídolo, recibía las ofrendas y sacri- 
ficios y echaba las suertes. 

Los descendientes de Isaac también peregrinaban a la 
Ka'ba como un templo que había sido erigido por su patriar- 
ca Ibrahim. Lo consideraban como uno de los remotos ta- 
bernáculos de Dios; pero cuando se contaminó la adoración 
de Dios con la presencia de los ídolos, los hebreos dejaron de 
visitarlo. 

El profeta Muhámmad volvió a purificar la Ka'ba y la de- 
volvió al culto del único Dios, al Dios de Abraham. Esa fue la 
misión del profeta Muhámmad, del que se dice en el Corán que 
fue enviado como Rahma para todos los hombres. 

Como prueba de esta creencia, recientemente, en la cele- 
bración del nacimiento del profeta Muhámmad (Maulid) que 
tuvo lugar en Tumbuctú (Mali) en abril del 20 06 y que congregó 
a los jefes de Estado de Libia, Mauritania, Senegal, Níger, Mali 
y Sierra Leona, así como decenas de miles de musulmanes de 
todo el mundo, el líder libio Mu'ammar el Qaddafi pidió que, 
dado que la Ka'ba es la casa de Dios y que el Profeta Muhám- 
mad fue enviado como guía para toda la humanidad, el rito de 
la Peregrinación se abra también a los judíos ytos'cristianos 
y no sólo a los musulmanes, añadiendo que la Peregrinación 
sólo está vedada a los politeístas. 



19 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

A lo largo de los próximos capítulos vamos a conocer los 
aspectos más significativos de la vida y obra del profeta Mu- 
hámmad según las narraciones comúnmente aceptadas por 
la tradición islámica. 



20 



LOS ANTEPASADOS DE 
MUHÁMMAD 



LA TRIBU DE QURAISH, GUARDIANA DE LA KA'BA 

La familia del profeta Muhámmad ha estado siempre 
relacionada con el santuario de la Ka'ba.Una de las tribus 
árabes más poderosas descendientes de Ibrahim por vía de 
Ismael era la de Quraish llamada así por Fihr ibn Málik, ante- 
pasado en undécimo grado del profeta Muhámmad, apodado 
Quraish (pequeño tiburón). Del antepasado en noveno grado 
de Muhámmad, Ka'b ibn Lu'ai se sabe que ya celebraba los 
viernes en la Ka'ba una plegaria con homilía. 

Alrededor de cuatrocientos años después de Cristo, un 
hombre de Quraish llamado Zaid ibn Kilab, pero conocido 
por Qusái (diminutivo de Qasí, que significa duro, severo) 
se casó con una hija de Hulail, que entonces era el jefe de 
los Juza'a, tribu que era ese tiempo guardiana de la Ka'ba. 
Hulail prefería su yerno a sus propios hijos porque Qusái 
destacaba entre los árabes de su tiempo y al morir Hulail, 
después de una batalla que concluyó en arbitraje, se acordó 
que Qusái debía gobernar la Meca y ser el guardián de la 
Ka'ba. Se dice que Qusái recibió el apoyo incluso del empe- 
rador bizantino y la tribu de juza'a tuvo que retirarse a vivir 
a las afueras de Meca. 



21 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

EL QURAISH DE LA HONDONADA Y EL QURAISH DE LOS AL- 
REDEDORES 

Qusái se trajo a sus parientes más cercanos de entre los qu- 
raishíes y los asentó en el valle, junto al Santuario: su her- 
mano Zuhra, su tío Taim, Majzum, el hijo de otro tío y uno 
o dos primos menos cercanos. Estos y su descendencia fue- 
ron conocidos como el Quraish de la Hondonada; mientras 
que a los parientes más lejanos de Qusái, establecidos en los 
barrancos de. las colinas circundantes y en los campos, más 
allá de la ciudad, se les conoció como el Quraish de los alre- 
dedores. 

Qusái gobernó como rey sobre todos ellos, reorganizó la 
administración y construyó la Casa de la Asamblea (Dar al 
Nadua), un senado donde tenían lugar las deliberaciones pú- 
blicas sobre los asuntos locales en las que podía participar 
todo ciudadano de más de cuarenta años.Instituyó el impues- 
to de la Rifada (socorro social) sobre los rebaños para poder 
alimentar a los peregrinos pobres. 

Confirió a la ciudad una aspecto urbano mandando cons- 
truir casas de piedra en torno al santuario pues hasta entonces 
sus habitantes habían vivido en jaimas. Según algunos cronis- 
tas, Qusái prohibió a los habitantes de Meca talar los árboles 
del valle y ordenó conservarlos incluso en los patios de las 
casas, dado que estaban dentro de territorio sagrado. 

LOS HIJOS DE QUSÁI, ABD AL-DAR Y ABDU MANAF 

Entre los cuatro hijos de Qusái destacaba Al Muguira más 
conocido por Abdu Manaf, que ya recibía honores en vida 
de su padre. Abdu Manaf desarrolló relaciones diplomáticas 
y económicas con el extranjero y obtuvo autorización de los 



22 



Los Antepasados de Muhámmad 

emperadores de Bizancio y Persia para enviar caravanas co- 
merciales a sus territorios. Pero Qusái prefería a su primo- 
génito, Abd ai-Dar y poco antes de su muerte le invistió con 
todos sus derechos y poderes sobre la Ka'ba y la Casa de la 
Asamblea. 

El nombre de Abdu Manaf significa "siervo de Manaf ". Ma- 
naf era una de las más grandes divinidades pre-islámicas de la 
Meca. La madre de Abdu Manaf le consagró el niño a este dios 
para protegerle del mal de ojo, pues llegó a ser tan guapo que 
le apodaron "al qamar" (la luna), según el historiador Tabari. 
La estatua de este dios, posiblemente representante de Venus 
o el Sol en su cénit, solía ser acariciada ritualmente por las 
mujeres, excepto cuando estaban en estado de menstruación, 
que lo tenían prohibido. 

HÁSHIM, HIJO DE ABDU MANAF 

Abdu Manaf aceptó la voluntad de su padre; pero en la gene- 
ración siguiente la mitad del Quraish se agrupó alrededor del 
hijo de Abdu Manaf, Amr, conocido como Háshim, sin duda 
el hombre más notable de su tiempo y exigió que los derechos 
fueran transferidos del clan de Abd ai-Dar a su clan. El nombre 
de Háshim, que significa "el que desmigaja" se le acordó por- 
que fue el primero que ofreció a los peregrinos que visitaban 
Meca una sopa con migas de pan (tharid) que él mismo debía 
preparar y al que añadía algo de carne. 

A Háshim y a sus hermanos los apoyaban los descendien- 
tes de Zuhra y Jaim, al igual que los descendientes de Qusái, 
excepto los de la línea mayor. Los descendientes de Majzum 
y de otros primos lejanos mantenían que los derechos debían 
permanecer en la familia de Abd ai-Dar. 



23 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
EL PACTO ENTRE LOS PERFUMADOS Y LOS CONFEDERADOS 

Los sentimientos se excitaron tanto que las mujeres del clan 
de Abdu Manaf llevaron junto a la Ka'ba una jofaina llena de 
rico perfume y Háshim y sus hermanos y todos los aliados 
mojaron en ella sus manos y se conjuraron juraron solem- 
nemente a no abandonarse los unos a los otros, frotando sus 
manos perfumadas sobre las piedras de la Ka'ba para confir- 
mar su pacto. 

Fue así como este grupo de clanes fue conocido como los 
Perfumados. Los aliados de Abd ai-Dar hicieron igualmente 
juramento de unión y se les conoció como los Confederados. 
La violencia estaba estrictamente prohibida no sólo en el San- 
tuario sino también dentro de un amplio círculo de varias mi- 
llas de diámetro alrededor de la Meca. 

Los dos bandos estaban a punto de salir del recinto sagrado 
para entablar batalla cuando se aceptó un compromiso por el 
que los hijos de Abdu Manaf tendrían los derechos de cobrar 
tributo y proveer a los peregrinos de alimento y bebida, mien- 
tras que los hijos de Abd ai-Dar conservarían las llaves de la 
Ka'ba y continuarían siendo dueños de la Casa de la Asam- 
blea. 

HÁSHIM SE CASA CON SALMA 

Háshim consolidó los dos grandes trayectos de caravanas que 
salían de la Meca, a las que hace referencia el Corán (azora 
106), la caravana de invierno al Yemen y la caravana de ve- 
rano al noroeste de Arabia y, más allá de ésta, a Palestina y 
Siria, entonces parte del Imperio Bizantino. Ambos trayectos 
discurrían a lo largo de la antigua ruta del incienso y una de 
las primeras paradas principales de las caravanas de verano 



24 



Los Antepasados de Muhámmad 

era el oasis de Yatrib, a once jornadas en camello al norte de 
la Meca. 

Este oasis había estado en otro tiempo habitado principal- 
mente por judíos, pero ahora lo controlaba una tribu árabe 
procedente de Arabia meridional. Los judíos, sin embargo, 
siguieron viviendo allí con notable prosperidad, tomando par- 
te en la vida general de la comunidad a la vez que mantenían 
su propia religión. Por lo que se refiere a los árabes de Yatrib, 
tenían ciertas tradiciones matriarcales y se les conocía colecti- 
vamente como los hijos de Qaila, por uno de sus antepasados. 
Pero ahora se habían ramificado en dos tribus que se llamaban 
Aus y Jazrach, por los dos hijos de Qaila. 

Una de las mujeres más influyentes de Jazrach era la bella 
viuda del famoso jefe Uhaila ibn al Yulah llamada Salma, la hija 
de Amr, del clan de Nayyar y Háshim le pidió que se casase 
con él. Ella consintió y, según las costumbres matriarcales de 
Yatrib, el control de sus asuntos permaneció por completo 
en sus propias manos, de modo que ella se quedó en Yatrib 
y cuando Háshim le dio un hijo mantuvo consigo al niño en 
Yatrib alrededor de catorce años. 

Durante uno de sus viajes Háshim enfermó en Gaza, Pales- 
tina y allí murió. 

SHAIBA, HIJO DE HÁSHIM, CONOCIDO COMO ABD AL- 
MUTTÁLIB 

Háshim tenía dos hermanos carnales, Abdu Shams y Al- 
Muttálib, al que los de Quraish apodaban al-Fayyad (el que 
desborda de generosidad) y un medio hermano, Naufal. El 
hermano pequeño de Háshim, Al-Muttálib, se hizo cargo 
de los derechos del abastecimiento de agua a los peregrinos 



2.5 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

(síqaya) y de recoger el tributo para alimentarlos {rifada). 

Háshim había tenido tres hijos de otras esposas aparte de 
Salma. Pero si era cierto todo lo que se decía, ninguno de éstos, 
como tampoco ninguno de los hijos del propio Al-Muttálib, 
podía compararse con Shaiba, el hijo de Salma. El nombre de 
Shaiba significa "cana" y se cuenta que su madre lo llamó así 
por que Shaiba nació con una cana en el pelo. Era de com- 
plexión fuerte, de gran altura y de pelo rubio y mostraba desde 
pequeño inequívocas dotes de mando. Al-Muttálib fue a verlo 
y le solicitó a Salma que le confiase el cuidado de su sobrino. 

Según algunas fuentes, Al-Muttálib montó consigo a su 
sobrino de 7 u 8 años de edad en su camello y mientras cabal- 
gaban hacia la Meca oyó que algunos curiosos decían al ver 
al joven desconocido: "Abd al-Muttálib", es decir, "el siervo de 
al-Muttálib". "Os equivocáis", dijo Muttálib, "él es nada menos 
que el hijo de mi hermano Háshim". Desde aquel día, el joven 
fue conocido cariñosamente como Abd al-Muttálib. 

Abd al-Muttalib nunca dejaría de visitar a su madre y de 
llevarle regalos manteniendo muy buenas relaciones familia- 
res con sus parientes de Yatrib, cosa que le sería de gran ayuda 
cuando tuvo que defender los derechos de propiedad del pozo 
de Zamzam cuando lo desenterró.Los cronistas mencionan 
que recibió el apoyo de estos familiares que acudieron juntos 
a defender los intereses de su pariente. 

Cuando, después de varios años, falleció Al-Muttálib, nadie 
disputó la capacidad de su sobrino para atender a los peregri- 
nos. Incluso se decía que sobrepasaba a su padre y a su tío en 
el cumplimiento de su labor. De Abd-al Muttálib se cuenta 
que fue él el que introdujo en Meca la técnica de teñirse las 
canas, técnica que aprendió en el Yemen. También se cuenta 



26 



Los Antepasados de Muhámmad 

que pagó de su peculio para rescatar a un conciudadano de 
Meca prisionero de la tribu de los Judamíes, una tribu del 
Noroeste de Arabia, lo cual da prueba de su generosidad y 
buen corazón. 

ABD-AL MUTTÁLIB DESENTIERRA LA FUENTE ZAMZAM 

Lindante con el lado noroccidental de la Ka'ba hay un pequeño 
recinto rodeado por un muro bajo semicircular. Los dos ex- 
tremos del muro quedan cerca de las esquinas Norte y Oeste 
de la casa, dejando un pasillo para que los peregrinos circun- 
valen la Ka'ba. Pero muchos de los peregrinos ensanchan su 
círculo en este punto e incluyen el recinto dentro del mataf 
o área de circunvalación, pasando alrededor del exterior del 
muro. El espacio que comprende este semicirculo se llama 
Hichr Ismaü, ya que bajo las losas que lo recubren se hallan 
las tumbas de Ismaíl y Hayar (Agar). 

Abd al-Muttálib sentía tal gusto por estar cerca de la Ka'ba 
que, a veces, hacía que le extendieran un lecho en el Hichr. 

Una noche, mientras allí dormía, se le apareció en una vi- 
sión una figura de formas imprecisas que le dijo: "Excava la 
agradable claridad." "¿Qué es la agradable claridad?", pre- 
guntó, pero quien hablaba se desvaneció. Al despertarse, Abd 
al-Muttálib sintió tal felicidad y paz de espíritu que decidió 
pasar la siguiente noche en el mismo sitio. 

El visitante volvió y dijo: "Excava la beneficencia. " Pero de 
nuevo quedó su pregunta sin respuesta. La tercera noche le 
dijo: "Excava el tesoro escondido", y una vez más se desvaneció 
quien hablaba al ser interrogado. Pero la cuarta noche la orden 
fue: "Excava la Zamzam"; en esta ocasión, al preguntar "¿Qué 
es la Zamzam?", su interlocutor dijo: 



27 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"Excávala, no lo lamentarás, porque ella es tu herencia, la 
de tu más grande antepasado. Nunca se secará, ni dejará de 
proveer de agua a toda la muchedumbre de peregrinos. " 

Luego, el ser que hablaba le dijo que buscase un lugar donde 
hubiera sangre y excremento, un hormiguero y cuervos pi- 
coteando. Por último, le dijo que suplicase "Agua abundante 
y cristalina que abastecerá a los peregrinos durante toda su 
peregrinación. " 

Siguiendo estas indicaciones Abd-al Muttálib pudo desen- 
terrarla fuente de Zamzam y allí encontró, además de la fuente 
de agua, un tesoro compuesto de espadas, armaduras y obj etos 
de oro. Abd al-Muttalib se hizo cargo de administrar el agua 
del pozo Zamzam a los peregrinos. 

EL VOTO DE SACRIFICAR A UN HIJO 

Abd al-Muttálib era respetado por el Quraish por su generosi- 
dad, su veracidad y su sabiduría. Pero él, aunque tenía más de 
una esposa, sólo tenía un hijo. Pidió a Dios que le concediese 
más hijos, añadiendo a su plegaria el voto de que si lo bendecía 
con diez hijos varones y permitía que todos ellos alcanzaran 
la edad viril le sacrificaría uno de ellos en la Ka'ba. Este tipo 
de votos eran condenados enérgicamente por los hunafá o 
seguidores del profeta Ibrahim como contrarias a la verdadera 
religión, y en Ibrahim tenían el mejor ejemplo a seguir, pero la 
ignorancia, la superstición y el politeísmo se habían adueñado 
de gran parte de los árabes. 

Los años pasaron y le nacieron diez hijos varones, entre 
ellos Al-Hárith, Abu Talib, Zubair, Hamza, Abu Lahab, Abbás 
y Abd-Allah el más pequeño y seis hijas. Abd al-Muttálib era 
un hombre muy religioso y no se atrevía a romper su voto. 



28 



Los Antepasados de Muhámmad 

Reunió a sus diez hijos, les contó el pacto que había hecho con 
Dios y les pidió que le ayudasen a cumplir su palabra. 

Llevó luego a sus hijos al Santuario y los condujo a la Casa 
Sagrada, donde le habló al sacerdote de Hubal acerca de su 
voto. Cada hijo presentó una flecha escrita con su nombre. 
Abd al-Muttálib se colocó al lado de la estatua del dios Hubal 
y sacó un gran cuchillo que había llevado consigo. Se echaron 
suertes y salió la flecha de su hijo pequeño Abdallah. Su padre 
lo cogió de la mano y, con el cuchillo en la otra, se dirigió hacia 
la puerta con la intención de ir al lugar de los sacrificios. 

Pero Abd al-Muttálib no había contado con las mujeres de 
su casa ni con Fátima, la madre de Abdallah. Sus restantes 
esposas procedían de tribus lejanas y tenían una influencia 
relativamente pequeña en la Meca. Fátima, al contrario, era 
una mujer del Quraish, del poderoso clan de Majzum y, al 
mismo tiempo, por parte de madre descendía de uno de los 
hijos de Qusái. Toda la familia estaba dispuesta a ayudarla 
si fuera necesario. Tres de los diez hijos eran suyos: Zubair, 
Abu Tálib y Abdallah. También era madre de cinco hijas de 
Abd al-Muttálib, que querían con devoción a sus hermanos. 
Estas mujeres no habían permanecido ociosas y, sin duda, las 
otras esposas habían buscado la ayuda de Fátima a la vista del 
peligro que pendía sobre las cabezas de los diez hijos, uno de 
los cuales poseía la flecha del sacrificio. 

Una gran concurrencia se había reunido en el patio del San- 
tuario. Cuando Abd al-Muttálib y Abdallah aparecieron en el 
umbral de la Ka'ba, ambos tan pálidos como la muerte, se le- 
vantó un murmullo entre los majzumíes, pues comprendieron 
que la supuesta víctima era uno de los hijos de su hermana. 
"¿Para qué ese cuchillo?" gritó una voz, y otras repitieron la 



29 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

pregunta, aunque todos sabían cuál era la respuesta. 

Abd al-Muttálib comenzó a contarles su voto, pero fue inte- 
rrumpido por Muguira, el jefe del Majzum: "No lo sacrificarás; 
sino que en su lugar ofrecerás un sacrificio expiatorio y, aunque 
su rescate fuese todas las propiedades de los hijos de Majzum, 
lo redimiremos. "Para aquel entonces los hermanos de Abda- 
llah habían salido de la Casa Sagrada. Ninguno de ellos había 
hablado, pero ahora se volvieron hacía su padre y le rogaron 
que dejase vivo a su hermano y que ofreciese cualquier otro 
sacrificio como expiación. 

Ninguno entre los presentes se abstuvo de intervenir. Abd 
al-Muttálib anhelaba que le convenciesen aunque, por otra 
parte, estaba lleno de escrúpulos. Finalmente, sin embargo, 
accedió a consultar a cierta adivina Carrafa) de Yatrib que po- 
día decirle sí en este caso era posible una expiación y, de serlo, 
cómo habría de hacerse. 

Llevando consigo a Abdallah y a uno o dos hijos más, Abd 
al-Muttálib se encaminó a su país natal, donde se enteró de 
que la mujer se había ido a Jáibar, una rica colonia judía en 
el fértil valle a casi cien millas al norte de Yatrib. En conse- 
cuencia, continuó su viaje, y cuando encontraron a la mujer 
y le contaron los hechos ella prometió consultar a su espíritu 
familiar y les ordenó que volviesen al día siguiente. Abd al- 
Muttálíb rogó a Dios. A la mañana siguiente la mujer dijo: "Me 
ha venido un mensaje. ¿Cuál es la reparación de sangre entre 
vosotros?" Le contestaron que era de diez camellos. "Volved 
a vuestro país", dijo ella, "y poned a vuestro hombre con diez 
camellos al lado y echad suertes entre ellos. Si la flecha cae 
contra vuestro hombre, añadid más camellos y echad suertes 
de nuevo; si fuera necesario, añadid más camellos, hasta que 



30 



Los Antepasados de Muhámmad 

vuestro Señor los acepte y la flecha caiga contra ellos. Luego, 
sacrificad los camellos y dejad vivir al hombre. " 

Volvieron a Meca y condujeron a Abdallah, junto con diez 
camellos, al patio de la Ka'ba. Abd al-Muttálib entró en la Casa 
Sagrada y colocándose al lado de Hubal, le pidió a Dios que 
aceptase lo que estaban haciendo. Luego, echaron suertes y la 
flecha cayó contra Abdallah. Se añadieron otros diez camellos, 
pero de nuevo las flechas dijeron que los camellos debían vivir 
y el hombre morir. Siguieron añadiendo camellos; diez cada 
vez, y echando suertes con el mismo resultado, hasta que el nú- 
mero de camellos alcanzó la centena. Sólo entonces la flecha 
cayó contra ellos. Pero Abd al-Muttálib era sumamente escru- 
puloso; la evidencia de una flecha no era para él suficiente para 
decidir un asunto de tal envergadura. Insistió en que debían 
echar suertes una segunda y una tercera vez, lo cual hicieron, 
y en cada ocasión la flecha cayó contra los camellos. Al final 
tuvo la certeza de que Dios había aceptado su expiación, y los 
camellos fueron sacrificados. 

Después de este suceso, se estableció el precio de expiación 
{diyya) por un homicidio con intención en 100 camellos y el 
derecho islámico conformó después este número, 

El profeta Muhámmad pudo decir por eso: "Soy hijo de dos 
sacrificados", {"Ana ibnu dabihain") aludiendo al profeta Is- 
maíl, hijo de Ibrahim y a su propio padre Abd Allah. 

ABDALLAH, HIJO DE ABD AL-MUTTÁLIB SE CASA CON 
AMINA, DE LA QUE NACERÁ EL PROFETA MUHÁMMAD 

Cuando Abdallah creció pidió como esposa a Amina, la hija de 
Wahb, un nieto de Zuhra, el hermano de Qusái. Wahb había 
sido jefe de los Banu Zuhra, pero había muerto unos años antes 



3i 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

y ahora Amina estaba bajo la tutela de su hermano Wuhaib, 
sucesor de su padre como jefe de clan. El mismo Wuhaib tenía 
también una hija casadera, Hala. 

Abd al-Muttálib, después de arreglar el matrimonio de su 
hijo con Amina, pidió que Hala le fuese concedida a él en ma- 
trimonio. Wuhaib aceptó y se hicieron todos los preparativos 
para que la doble boda tuviese lugar al mismo tiempo. 



32 



NACIMIENTO E INFANCIA 
DEL PROFETA 



EL AÑO DEL ELEFANTE 

EL año 570 el Yemen se encontraba bajo el gobierno cris- 
tiano de Abraha ibn al-Sabbah apodado "el desnarigado". 
Abraha era virrey del Negus (emperador abisinio) en el Yemen, 
hipótesis generalmente admitida por las fuentes islámicas, o 
un rey vasallo a las órdenes del emperador abisinio; las fuentes 
arqueológicas no parecen aclarar el asunto. Se sabe que fue un 
personaje histórico del que se conservan diversas inscripcio- 
nes y que era cristiano, quizá nestoriano y no monofisita como 
los abisinios. En San'á había edificado una magnífica catedral. 
Para su construcción hizo traer mármol de uno de los palacios 
abandonados de la Reina de Saba y colocó cruces de oro y plata 
y pulpitos de marfil y ébano. Con la construcción de esta iglesia 
pretendía reemplazar a Meca como el gran lugar de peregrina- 
ción para toda Arabia.El santuario de Meca era un obstáculo 
para sus planes expansionistas y decidió destruirlo. Además, 
la conquista de Meca le permitiría hacerse con el control de 
buena parte de la rica ruta del incienso. 

Con estos planes Abraha se puso en marcha hacia la Meca 
con un gran ejército en cuya vanguardia colocó a un enorme 
elefante, al que la tradición llama Mahmud, que destacaba 



33 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

por su corpulencia entre los otros elefantes. El nombre árabe 
de Mahmud, según algunos, podría ser una arabización de la 
palabra Mammuth. Hay quien ha sugerido incluso que podría 
tratarse del último ejemplar de los mamuts. 

Algunas tribus árabes del norte de Sana intentaron impe- 
dir su avance, pero el ejército de Abraha los puso en fuga y se 
apoderaron de su jefe, Nufail, de la tribu de Jatham, que como 
rescate por su vida se ofreció a guiarlos hasta Meca. 

EL ELEFANTE SE NIEGA A OBEDECER 

Cuando Abraha llegó cerca de Meca y decidió lanzar el ataque 
contra la ciudad, Unáis, que así se llamaba el guía del elefan- 
te Mahmud, puso a este a la cabeza del ejército, listo para el 
combate. 

Pero Nufail, el guía forzoso, había marchado durante la ma- 
yor parte del camino en la vanguardia del ejército con Unáis y 
de éste había aprendido algunas de las palabras de mando que 
comprendía el elefante y mientras Unáis estaba vuelto hacia 
el comandante en espera de la señal de ataque, Nufail agarró 
la oreja del elefante y le transmitió con voz apagada pero enér- 
gica la orden de arrodillarse. 

Acto seguido el elefante, lenta y pausadamente, se arrodilló. 
Unáis le ordenó levantarse, pero el elefante no quiso moverse. 
Hicieron cuanto pudieron para que se incorporara; incluso le 
golpearon en la cabeza con barras de hierro y le pincharon en 
el vientre con ganchos de hierro, pero él permaneció inmóvil 
como una roca. 

Otras crónicas hablan de que, sin intervención de Nufail, 
el elefante se tumbó y negó avanzar cuando llegaron a Wadi 
Muhássir, entre Muzdalifa y Mina, cerca de Meca. Sea como 



34 



Nacimiento e Infancia del Profeta 

fuere, el ejército de Abraha se detuvo en este valle y allí les 
sorprendió una inesperada derrota. 

LOS PÁJAROS BOMBARDEAN AL EJÉRCITO DE ABRAHA 

A este extraño incidente del elefante, que Abraha no quiso 
interpretar como una señal de que debía retirarse, se sumó una 
virulenta epidemia de origen aviar que en pocos días acabó 
con el ejército invasor. Según los cronistas Waqidi y Muhá- 
mmdad Ibn Ishaq "esta fue la primera vez que el sarampión y 
la viruela hicieron aparición en las tierras de los árabes" 

Se cuenta que el cielo ennegreció por el lado de poniente y 
que se escuchó un extraño griterío, que fue aumentando en 
intensidad a medida que una gran nube oscura procedente 
del mar envolvía al ejército de Abraha. El cielo se llenó de aves 
que volaban de forma parecida a los vencejos que dejaron caer 
sobre los soldados "piedras de arcilla" En la azora del Elefante 
se hace referencia a este suceso: 

"¿No has visto lo que tu Señor hizo con el Ejército del 

Elefante? 
¿No hizo fracasar por completo su estratagema? 
Pues envió contra ellos grandes bandadas de pájaros 

vencejos 
que descargaron sobre ellos piedras de arcilla, 
dejándolos como un rastrojo devorado por el ganado?" 

coran, 105 

Esta lluvia de "piedras de arcilla" bien pudo tratarse de los 
excrementos de las aves portadoras de algún virus letal que 
causaba una enfermedad como el sarampión o la viruela. Esto 
concordaría con la expresión coránica de que los invasores 



35 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

quedaron como "paja comida" en referencia a las llagas, pús- 
tulas y erupciones en la piel que provocan estas temibles en- 
fermedades. 

El ejército volvió en desorden a San'á. Muchos murieron 
por el camino y muchos otros, incluido Abraha, fallecieron 
poco después de regresar. 

MUERTE DE ABDALLAH, PADRE DE MUHAMMAD 

Abdallah, el hijo de Abd al-Muttálib, parece que no se encon- 
traba en Meca cuando sucedió el prodigio de las aves. Se había 
ido para comerciar a Palestina y Siria con una de las caravanas; 
de regreso al hogar se había alojado con la familia de su abuela 
en Yatrib y allí había enfermado. 

La caravana prosiguió el viaje a Meca sin él; cuando Abd 
al-Muttálib se enteró de la enfermedad del menor de sus hijos 
envió a Al-Hárith para que acompañase a su hermano en su 
retorno tan pronto estuviese recuperado. Sin embargo, cuan- 
do Al-Harith llegó a la casa de sus primos su hermano había 
ya fallecido. Tenía unos 25 años. Todo lo que dejó en herencia 
fueron cinco camellos, un pequeño ganado de cabras y una 
criada abisinia, llamada Báraka, que fue nodriza del profeta 
Muhámmad. 

AMINA DA A LUZ A SU HIJO MUHÁMMAD 

Grande fue la aflicción en la Meca cuando Al-Harith volvió. 
Amina le compuso a su marido un hermosa elegía.El único 
consuelo de Amina era el hijo que estaba esperando. Sentía 
una luz en su interior y un día oyó una voz que le decía: "En 
tu seno llevas al señor de este pueblo y cuando nazca di: Lo 
pongo bajo la protección del Uno, contra el mal de los que 

36 



Nacimiento e Infancia del Profeta 

envidian. Luego, ponte por nombre Muhámmad. " Se cuenta 
que Amina dijo sobre el nacimiento del profeta Muhámmad: 
"El día que nació, salió de mi vientre una luz que iluminó los 
palacios de Siria". 

La fecha exacta del nacimiento del profeta es una cuestión 
abierta. Se sabe que el profeta tenía unos cuarenta años al ini- 
cio de su misión, en el año 610, lo que hace pensar que nació en 
torno al año 570, posiblemente al amanecer de un lunes 12 del 
mes de Rabí' alAwwal. Sea como fuere, la tradición islámica 
ha relacionado el año del nacimiento del profeta Muhámmad 
con el año del Elefante. 

En cuanto al nombre de Muhámmad, se sabe que existía 
con anterioridad al profeta y significa "Muy alabado". Tam- 
bién se le conoció con el nombre de Amín, 'fiel, digno de 
confianza! 

Cuando nació Muhámmad, Abd al-Muttálib tomó al peque- 
ño en sus brazos y lo llevó al Santuario, al interior de la Casa 
Sagrada, donde pronunció una plegaria de agradecimiento a 
Dios. Luego lo llevó de nuevo con su madre. Abd al-Muttálib 
se ocupó de Amina y de su nieto, por el que sentía un afecto 
especial. 

EL DESIERTO 

Era costumbre de las grandes familias de las ciudades árabes 
enviar al desierto a sus hijos poco después del nacimiento, 
para que fuesen amamantados y destetados y pasasen parte de 
su infancia en una de las tribus beduinas.La importancia que 
se le daba a una buena lactancia y al destete hace que abunde 
entre los árabes el nombre femenino de Fátima, que significa 
"la que desteta". 



37 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Las epidemias no eran infrecuentes en Meca y la morta- 
lidad infantil era elevada. Además de criarse más sanos, el 
desierto formaba al niño según el viejo código de conducta 
beduino, basado en las virtudes de la solidaridad, la hombría, 
la generosidad y la elocuencia, virtudes que se consideraban 
fundamentales en la formación del carácter árabe. A estas vir- 
tudes se añadía el aprendizaje del rico mundo del desierto y la 
adquisición de la lengua árabe más pura. 

En la sociedad beduina, la poesía era el arte más apreciado 
y provocaba pasiones intensas. El poeta era un hombre de 
poder. Podía enriquecerse por un solo poema o ser muerto por 
faltar al honor con alguno de sus versos. "Las palabras matan 
más que las espadas" se decía. 

Otro aspecto interesante de mandar a los hijos a criarse al 
desierto es que al compartir la leche de una misma nodriza se 
establecían unos lazos tan estrechos de "hermandad" entre 
los lactantes que incluso les impedía contraer matrimonio, 
prohibición que ha conservado el derecho islámico. Esta "her- 
mandad de leche" entre beduinos y gente de la ciudad era muy 
provechosa para ambas partes desde el punto de vista político, 
económico y social. 

Para el beduino, la ventaja consistía en establecer un lazo 
duradero con una de las grandes familias. El ama de leche 
ganaba un nuevo hijo que la consideraría como una segunda 
madre y sentiría hacia ella durante el resto de su vida un deber 
filial. Por todo ello, en cada generación había que renovar el 
vínculo con el desierto y muchos de los hijos de los quraishíes 
permanecían hasta ocho años en el desierto para que pudiera 
dejar en ellos una impronta duradera. 



38 



Nacimiento e Infancia del Profeta 

HALIMA, AMA DE LECHE 

Algunas de las tribus tenían gran reputación por la lactancia y 
crianza de niños. Entre ellas se encontraba la de los Banu Sa'd 
ibn Bakr, una rama distante de los Hawazin, cuyo territorio 
se extendía al sureste de la Meca. Amina confió a su hijo a 
una mujer de esa tribu llamada Halima. Cuando pasaron dos 
años, llegó la hora del destete y Halima llevó a Muhámmad a 
su madre pero le rogó que se lo dejase unos años más temiendo 
que pudiera enfermar en Meca. Su madre consintió y volvió 
con Halima hasta que cumplió los cinco años. 

"te hemos abierto el pecho..." 

Entonces, un día, cuando Muhámmad y su hermano de le- 
che estaban pastoreando los corderos detrás de las tiendas, 
su hermano de leche llegó corriendo al lugar donde estaban 
los padres y dijo: "¡Mi hermano quraishí! dos hombres vestidos 
de blanco se lo han llevado, lo han tumbado, le han abierto el 
pecho y están hurgando en él con sus manos" Sus padres fueron 
y lo encontraron sentado, pero su cara estaba muy pálida. Le 
preguntaron: "¿Qué te sucede, hijo mío?" Él respondió: "Dos 
hombres vestidos de blanco se acercaron a mí, me tumbaron y 
abrieron mi pecho" 

Halima y Hárith, su marido, miraron por todos sitios, pero 
no había señal alguna de los hombres, como tampoco sangre 
o herida que corroborase lo que los dos niños habían dicho. 
Por muchas preguntas que les hiciesen no se retractarían de 
sus palabras ni las modificarían en ningún punto. Aún más: 
no había ni siquiera el rastro de una cicatriz en el pecho de su 
hijo adoptivo ni defecto alguno en su perfecto cuerpecito. El 
único rasgo algo insólito estaba en medio de su espalda, entre 



39 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

los dos hombros: una marca oval pequeña pero inequívoca 
en la que la carne era ligeramente protuberante, como si hu- 
biese sido producida por una ventosa; pero la tenía desde su 
nacimiento. 

En años posteriores el Profeta describiría el acontecimiento 
más detalladamente: 

"Vinieron hacía mí dos hombres vestidos de blanco, con una 
jofaina de oro llena de nieve. Entonces me tendieron, y abrién- 
dome el pecho me sacaron el corazón. Igualmente, lo hendieron 
y extrajeron de él un coágulo negro que arrojaron lejos. Luego 
lavaron mi corazón y mi pecho con la nieve" 

En la azora 94 del Corán se menciona este suceso: 

"¿No hemos abierto tu pecho, y te hemos librado de la 

carga 
que pesaba sobre tu espalda? 
¿Y no te hemos elevado en dignidad? 
Pues, ciertamente, con cada dificultad viene la 

facilidad: 
¡realmente, con cada dificultad viene la facilidad! 

¡Desea pues a tu Señor!" 
Tras este episodio milagroso, conocido como "la apertura 
del pecho" el niño dejó el desierto para volver con su madre, 
aunque cuando llegaron cerca de Meca el niño se perdió. Hali- 
ma, toda preocupada, se dirigió a su abuelo Abd-al Muttálib y 
se pusieron a buscarlo. Al cabo de poco tiempo lo encontraron 
sano y salvo jugando con hojas caídas de un árbol. 

NIÑEZ EN LA MECA 

El niño vivió en Meca con su madre ganándose el cariño de su 
abuelo, de sus tíos y tías y de los muchos primos con los que 

40 



Nacimiento e Infancia del Profeta 

jugaba. Particularmente queridos le eran Hamza y Saf ía, los 
hijos del último matrimonio de Abd al-Muttálib, que había 
tenido lugar el mismo día que el de los padres de Muhámmad. 
Hamza era de su misma edad; Saf ía, un poco más pequeña - 
eran su tío y su tía por parte de padre y sus primos por parte de 
madre- y entre los tres se forjó un fuerte y duradero vínculo. 

MUERTE DE AMINA, MADRE DE MUHÁMMAD 

Cuando tenía seis años su madre decidió llevarlo a visitar a 
los parientes de Yatrib. Se unieron a una de las caravanas que 
iban hacia el norte, cabalgando en dos camellos; Amina, en 
uno de ellos y él en el otro con su fiel criada Báraka. En años 
posteriores contaría Muhámmad cómo aprendió a nadar en 
una alberca que pertenecía a sus parientes jazrachíes con quie- 
nes se alojaban y cómo los niños le enseñaron a lanzar la co- 
meta. La casa donde se alojaron era la de uno de sus parientes 
llamado Nábiga, precisamente donde murió y fue enterrado 
Abdallah, el esposo de Amina y padre de Muhámmad. Pasaron 
más de un mes en Yatrib. Fue uno de los períodos más felices 
de la vida de Muhámmad y de su madre Amina. 

En el viaje de vuelta Amina cayó enferma en Abuá - una 
alquería no lejos de Yatrib- y se vieron obligados a detenerse, 
dejando que la caravana continuase sin ellos. Unos días más 
tarde Amina murió abrazada a su hijo y fue enterrada allí mis- 
mo. Muhámmad la lloró amargamente. Báraka hizo cuanto 
pudo para consolar al niño, ahora huérfano por partida doble y 
en compañía de algunos viajeros lo llevó de nuevo a la Meca. 

Años más tarde, siempre que el Profeta pasaba por Abuá, en 
el curso de sus expediciones, se paraba para visitar la tumba de 
su madre y derramaba abundantes lágrimas. Se han conser- 



41 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

vado varios poemas compuestos por Amina y otros parientes 
de la familia de Abd-al Muttálib, que muestran el alto nivel 
poético de esta familia. 

SU ABUELO ABD AL-MUTTÁLIB SE HACE CARGO DE MUHAM- 
MAD. A LA MUERTE DE AQUEL, ABU TÁLIB SE OCUPA DEL 
NIÑO. 

Su abuelo se hizo entonces cargo de él por completo. A me- 
nudo se los podía ver juntos, cogidos de la mano, sentados a 
la sombra de la Ka'ba o en otros lugares de la Meca. Abd al- 
Muttálib incluso llevaba a Muhámmad consigo cuando asistía 
a la Asamblea, donde los principales hombres de la ciudad se 
reunían para discutir sobre diversos asuntos. 

Entre Muhámmad y su abuelo había un amor tan grande 
que Abd al-Muttalib no quería nunca sentarse a comer si su 
nieto no le acompañaba. 

A la edad de siete años, Muhámmad tuvo una enfermedad 
de los ojos y los médicos de Meca no pudieron curarlo, de 
modo que su abuelo lo llevó a un convento cristiano, cerca de 
'Ukaz donde lograron sanarlo. 

El j oven Muhámmad era un niño muy inteligente e intuitivo 
y desarrolló la cualidad e encontrar cosas perdidas. Cuando 
ocurría que su abuelo o alguno de los parientes perdía algo en- 
cargaban a Muhámmad encontrarlo y siempre lo conseguía. 

Dos años después de la muerte de su madre, cuando Mu- 
hámmad contaba con ocho años de edad, se vio afligido por la 
muerte del abuelo. Cuando estaba muriendo, Abd al-Muttálib 
confió su nieto a Abu Tálib, que era hermano uterino del padre 
del chico. Muhámmad marchó tras el féretro de su abuelo so- 
llozando de dolor. En su corta vida había perdido a sus padres 



42 



Nacimiento e Infancia del Profeta 

y ahora la persona que más quería y más le quería. 

Al morir Abd al-Muttalib, Abu Tálib lo acogió en su casa 
como a uno más de sus hijos y de Fátima, su mujer, Muhám- 
mad solía decir " fue para mí como una madre; dejaba a sus 
hijos pasar hambre para darme a mí de comer". - 

En una ocasión, narra Ibn Asakir, Meca sufrió una gran 
sequía y el quraish pidió a Abu Talib que hiciera la plegaria de 
petición de lluvia, el istisqá. Fue pues Abu Talib a la Ka'ba y con 
él el joven Muhámmad. Apoyando su espalda en el muro de la 
Ka'ba imploraron la lluvia y "en esas, de todas las direcciones 
se congregaron las nubes y empezó a llover tan abundante- 
mente que se llenó el torrente del valle y pudo brotar la hierba 
tanto en la ciudad como en el campo". 

Abu Talib protegió a su sobrino durante cuarenta años y 
gracias a esta protección pudo el profeta permanecer en Meca 
sin que le dieran muerte aquellos mequíes que se oponían al 
Islam con violencia. 



43 



ADOLESCENCIA DE MUHAMMAD 



MUHÁMMAD, PASTOR DE OVEJAS Y CABRAS 

Las riquezas de Abd al-Muttálib habían menguado 
durante la última parte de su vida y lo que dej ó a su muerte 
apenas ascendía a una pequeña herencia para cada uno de sus 
hijos. Algunos de ellos, en especial Abd al-'Uzza, conocido 
como Abu Lahab, habían adquirido riquezas propias, pero 
Abu Tálib era pobre, y su sobrino Muhámmad se sentía 
obligado a hacer lo que podía para ganar su propio sustento, 
apacentando ovejas y cabras, principalmente, pasando los 
días solo en las colinas que dominaban la Meca o en las 
vertientes de los valles que se extendían más allá. En aquella 
época no había escuela en Meca, por lo que Muhámmad no 
pudo aprender a leer ni a escribir. 

MUHÁMMAD ACOMPAÑA A SU TÍO ABU TÁLIB EN SUS VIAJES: 
EL MONJE BAHIRA. 

Su tío Abu Tálib le llevaba aveces consigo en los viajes y en una 
ocasión, cuando Muhámmad tenía unos diez o doce años, se 
fueron con una caravana de mercaderes hasta Siria. 

En Busra, más allá del mar Muerto, entre Jerusalem y Da- 
masco, la caravana se detuvo para hacer sus negocios. Acam- 
paron en los alrededores de la ciudad. Bustra era territorio 



44 



Adolescencia de Muhámmad 

bizantino y cerca de donde acamparon había un cenobio cris- 
tiano ocupado por un monje llamado Bahira, por otro nombre 
Georgos (nombre griego de Jorge). Este monje vivía retirado 
y no salía de su celda, pero esa vez salió e invitó a una comida 
a Abu Tálib y a su sobrino Muhámmad y entre otras cosas les 
habló de la llegada de un último profeta, el Paráclito o Con- 
solador. Esta creencia era compartida por muchos cristianos 
que veían en el Paráclito el profeta que acabaría con las divi- 
siones y cismas del cristianismo, tal como anunció Jesús en el 
Evangelio: "Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito (... )El 
os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho". 
Es decir, que enseñaría la verdad que terminaría con el error 
y completaría el ciclo de la profecía. Mientras hablaban pidió 
a Muhámmad que le enseñase la espalda y Buhaira vio entre 
los omaplatos una protuberancia redonda en forma de una 
pequeña manzana: el sello de la profecía. Entonces le tomó 
de la mano y le dijo: "Eres tú el que Dios envía como miseri- 
cordia para los mundos". Abu Talib y Muhámmad quedaron 
impresionados por este encuentro y guardaron estas palabras 
en sus corazones. 

Cuando terminó sus negocios en Siria, Abu Tálib regresó a 
la Meca con su sobrino, que continuó con su vida solitaria de 
antes. Sus tíos procuraron que Muhámmad, al igual que Ab- 
bás y Hamza, tuviese algún adiestramiento en el empleo de las 
armas de guerra. Muhámmad poseía una notable aptitud para 
el tiro con arco y prometía ser un excelente arquero, como sus 
grandes antepasados Ibrahim e Ismael. Una notable ventaja 
con la que contaba para esto era la agudeza de su visión: tenía 
fama de ser capaz de contar once estrellas de la constelación 
de las Pléyades. 



45 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
LA GUERRA SACRÍLEGA 

En aquellos años el Quraish no estuvo envuelto en ninguna 
lucha, salvo un conflicto esporádico e intermitente que se 
conoció como la guerra sacrilega o guerra de la profanación 
(fiyar), porque había comenzado en uno de los meses sagra- 
dos. Durantes los meses sagrados las tribus se comprometían 
a no atacarse entre si, de esta manera permitían el comercio 
a lo largo de las rutas de las caravanas y podían organizarse 
las distintas ferias y peregrinaciones. Cada territorio tenía su 
propio mes sagrado, pero la región que se extendía desde Ta'if 
y Meca hasta Yatrib gozaba de cuatro meses de tregua. 

Un liberto de la tribu de Kinana había dado muerte a trai- 
ción a un hombre de Amir, una de las tribus Hawazin del Na- 
chd y se había refugiado en la inexpugnable ciudad fortaleza 
de Jáibar. El honor exigía venganza, por lo que la tribu del ase- 
sinado atacó a Kinana, la tribu del asesino, y el Quraish estuvo 
involucrado como aliado de Kinana. El conflicto se arrastró 
durante tres o cuatro años, en los cuales hubo solamente cinco 
días de combate real. 

Parece ser que el profeta Muhámmad, que tendría entre 
quince y veinte años de edad participó en alguna batalla reco- 
giendo las flechas que lanzaba el enemigo y dándoselas a sus 
tíos para que las reutilizaran. 

LA ORDEN DE CABALLERÍA (fílLF AL-FUDUL) 

La mayoría de los hombres principales del Quraish habían via- 
jado a Siria y habían visto por sí mismos la manera de impartir 
justicia que prevalecía en el Imperio Bizantino. En Abisinia 
también era posible tener justicia sin recurrir a la lucha. Pero 
en Arabia no existía ningún sistema legal comparable por el 

46 



Adolescencia de Muhámmad 

que la víctima de un crimen o su familia pudiera obtener re- 
paración; era pues natural que la guerra sacrilega, como otros 
conflictos anteriores, hiciese pensar a muchos en formas y 
medios para evitar la repetición de una situación semejante. 

Pero en esta ocasión el resultado fue algo más que simples 
pensamientos y palabras: por lo que al Quraish se refería, 
había ahora una extendida buena disposición para pasar a 
la acción, y su sentido de justicia fue puesto a prueba por un 
incidente escandaloso que tuvo lugar en la Meca en las pri- 
meras semanas que siguieron a la conclusión de la guerra. 

Un mercader del puerto yemení de Zubaid había vendido 
algunos artículos de valor a un notable del clan de Sahm. Una 
vez que los géneros obraron en su poder, el sahmí se negó a 
pagar el precio convenido. El mercader agraviado, como su 
agraviante bien sabía, era un extraño en la Meca y en toda la 
ciudad no tenía confederado o patrón al que poder acudir en 
busca de ayuda. 

Aun así no estaba dispuesto a dejarse impresionar por la 
insolente confianza en sí mismo del otro hombre y, tomando 
posición en la ladera de Abu Qubáis, apeló a todo el Quraish 
con elocuencia ruidosa y vehemente para que se ocupara de 
que se hiciera justicia. Los clanes que no tenían alianza tradi- 
cional con Sahm respondieron de forma inmediata. 

El Quraish estaba resuelto a mantenerse unido por en- 
cima de todo, sin hacer caso del clan, pero dentro de esa 
unión todavía existía una conciencia aguda de la desavenen- 
cia que, sobre el legado de Qusái, los había dividido en dos 
grupos: los Perfumados y los Confederados. Sahm era de los 
Confederados. 

Uno de los jefes del otro grupo y uno de los hombres más 



47 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

ricos de la Meca en aquella época era el jefe de Taim, Abdallah 
ibn Yudan, quien ofreció entonces su gran casa como punto 
de reunión para todos los amantes de la justicia. De los Perfu- 
mados sólo estuvieron ausentes los clanes de Abdu Shams y 
Naufal. Háshim, Muttálib, Zuhra, Asad y Taim estaban todos 
bien representados. 

Habiendo decidido, después de una acalorada discusión, 
que era imperioso fundar una orden de caballería (Hilfal-Fu- 
dul) para el fomento de la justicia y la protección de los débi- 
les, se fueron todos juntos a la Ka'ba, donde derramaron agua 
sobre la Piedra Negra dejando que cayese en un recipiente. 

Entonces todos los hombres bebieron del agua así santifi- 
cada y, con la mano derecha alzada por encima de las cabezas, 
juraron que en adelante, en todo acto de opresión que se co- 
metiese en la Meca, se pondrían todos juntos como un solo 
hombre de parte del oprimido y contra el opresor hasta que se 
hiciera justicia, tanto si el oprimido era un hombre del Quraish 
como si había venido de fuera. 

Los sahmíes, en consecuencia, fueron obligados a pagar su 
deuda, y ninguno de los clanes que no habían refrendado el 
pacto les ofreció ayuda. 

MUHAMMAD, CABALLERO 

Zubair de Háshim, junto con el jefe de Taim, fue uno de los 
fundadores de esta orden y llevó consigo a su sobrino Muhá- 
mmad, el cual tomo parte en el juramento y diría años más 
tarde: "Estuve presente en la casa de Abdallah ibn Yudan con 
motivo de un pacto tan excelente que no habría cambiado mi 
parte en él por un rebaño de camellos colorados". 

Otros de los presentes fueron el primo carnal del anfitrión, 



48 



Adolescencia de Muhámmad 

Abu Quhafa de Taim, junto con su hijo Abu Bakr, que era un 
año o dos más joven que Muhámmad y que, con el tiempo, 
habría de convertirse en su amigo íntimo. 

Uno de los conceptos básicos del Islam es el defutuwa o ca- 
ballerosidad, derivado defatá (caballero). En el Corán ( 21,60) 
Dios llama al profeta Ibrahim/áíá.Sulami, en su 'Tratado sobre 
la Futuwá interpreta esta aleya y dice: "Lo llamó fatá porque 
abandanó todo a Dios:su persona, su familia, sus bienes y sus 
hijos. Dio todo a Aquel a quien todo pertenece" 

Elfatá se caracteriza por tener un "alma joven" llena de 
bravura, generosidad y espíritu de sacrificio. La futuwa es 
la cortesía o excelencia espiritual en el comportamiento 
con Dios y su creación y es la quintaesencia del islam. Tiene 
como mejor modelo la sunna o comportamiento del Profeta 
Muhámmad, que dijo: "No he sido enviado sino para hacer 
excelente la cortesía". 

Fue la futuwa islámica la que que sirvió de modelo a toda la 
caballería medieval europea. 

LOS HUNAFÁ, ADORADORES DEL DIOS DE IBRAHIM, EL DIOS 
ÚNICO 

Había entre los árabes unos creyentes que conservaban la 
adoración abrahámica en toda su pureza. Sólo ellos com- 
prendían que, lejos de ser algo tradicional, la idolatría era una 
innovación, un peligro del que había que guardarse. 

Estos hunafá, (plural de hanij) como a sí mismos se lla- 
maban, no querían tener nada que ver con los ídolos, cuya 
presencia en la Meca la consideraban una profanación y una 
corrupción. 

La palabra hanifse deriva del verbo hanafa, que significa 



49 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

literalmente "él se inclinó [hacia el estado o la tendencia co- 
rrecta]" y la palabra tahannuf designaba las practicas y de- 
vociones de los buscadores de Dios unitarios de los tiempos 
preislámicos y que consistían principalmente de vigilias, ora- 
ciones, meditación, contemplación de la unidad Dios (Tau- 
hid) en todos los aspectos de la vida. Una parte de estos hunafá 
provenían de la primitiva comunidad cristiana que se había 
refugiado en el desierto fuera del limes del imperio romano y 
habían conservado las enseñanzas genuinas de Jesús. Uno de 
los líderes de los hunafá de Meca era Wáraqa, hijo de Naufal, 
primo de Abd-al Muttalib. De su hermana Qutaila se sabe que 
leía la Biblia. Parece que en Meca había cristianos, algunos de 
ellos esclavos, aunque no se sabe de la presencia de sacerdotes 
ni monjes. 

WÁRAQA ESPERA LA VENIDA DEL PARÁCLITO, EL CONSO- 
LADOR. 

Como otros hunafá de ese tiempo, Wáraqa esperaba la inmi- 
nente la llegada de un Profeta. 

También los judíos se mostraban expectanes. Sus rabinos y 
sabios les aseguraban que estaba a punto de aparecer uno; ya 
se habían cumplido muchas de las señales vaticinadas de su 
advenimiento y sería, sin duda alguna, un judío, porque ellos 
eran el pueblo elegido. 

Wáraqa Wáraqa era versado en las escrituras y tenía sus 
dudas sobre esto.No había razón por la que no pudiera ser un 
árabe.Los árabes tenían incluso mayor necesidad de un Profe- 
ta que los judíos, ya que éstos, al menos, seguían la religión de 
Ibrahim -pues adoraban al Dios Uno y no tenían ídolos- y, por 
otra- parte, ¿quién sino un Profeta podría conseguir que los 



50 



Adolescencia de Muhámmad 

árabes se desembarazaran de la adoración de los dioses falsos? 
Pero además el profeta esperado debería aceptar la enseñanza 
de Jesús tal como el propio Jesús profetizó en el Evangelio: "Él 
me dará gloria" (Jn. 16, 14) y "El os recordará todo lo que yo os 
he dicho" (Jn. 14,26). En el Corán, en la sura de los Profetas, 
se declara respecto a Muhámmad: "No te hemos enviado sino 
como consuelo para los mundos..!' '(Corán: 21, 107). Cuando el 
profeta Muhámmad tuvo el encuentro con el Arcángel de la 
Revelación, será Wáraqa el que le confirme que él era el con- 
solador que estaban esperando desde que Jesús se marchó. 

Ciertamente, existían algunas comunidades cristianas ára- 
bes bien arraigadas en el Sur, en Nachrán y en el Yemen, así 
como en el norte cerca de la frontera con Siria; pero la última 
Revelación de Dios, que había transformado el Mediterráneo 
y extensas áreas de Europa, en casi seiscientos años no había 
acabado con el paganismo en Arabia, uno de cuyos centros 
más importantes era el santuario mequí. 

En un extenso círculo alrededor de la Kába, a cierta dis- 
tancia de ella, había 360 ídolos y, además, casi todas las casas 
de la Meca tenían su dios, un ídolo grande o pequeño que era 
el centro del hogar. Cuando un hombre marchaba de casa/es- 
pecialmente si salía de viaje, lo último que hacía antes de partir 
era ir ante el ídolo y pasarle la mano para obtener bendiciones 
de él, y eso mismo era lo primero que hacía al regreso. Estas 
prácticas imperaban en toda Arabia pues la mayoría de los 
árabes no habían abandonado la religión de sus padres. 

No es que el Quraish y las otras tribus paganas fuesen hos- 
tiles al cristianismo. También los cristianos, en ocasiones, ve- 
nían a honrar el Santuario de Ibrahim y eran bien recibidos 
como los otros creyentes. Además, en un muro interior de la 



51 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Ka'ba, junto con otras imágenes e ídolos, había pintado un 
icono de la virgen María y del niño Jesús. Pero para el Quraish 
se trataba simplemente de otro ídolo más y era en parte esa 
tolerancia, que les reportaba grandes beneficios económicos, 
la que los indisponía a adoptar una religión monoteísta. Hacer 
de la Ka'ba un templo consagrado a un solo Dios habría sig- 
nificado acabar con todo el negocio de las peregrinaciones de 
todas las tribus árabes que visitaban el santuario. Se entiende 
así que cuando el profeta Muhámmad empezó a predicar el 
islam en Meca fuera visto como una grave amenaza contra el 
sistema social imperante. 



52 



EL CASAMIENTO 



MUHÁMMAD, MERCADER 

MUHÁMMAD HABÍA SOBREPASADO ya SU vigésimo 
año de vida y, a medida que el tiempo pasaba, recibía 
cada vez más invitaciones de sus parientes para unirse a 
ellos en sus viajes al exterior. Con la experiencia que fue 
adquirendo en estos viajes,un día le confiaron las mercancías 
de un mercader que no podía desplazarse de Meca y así 
comenzó su vida de mercader. En casos así las ganancias 
eran compartidas. Qais in as-Sa'ib cuenta que antes del islam 
tuvo relaciones comerciales con Muhámmad y dice que no 
encontró nunca mejor socio en los negocios: "Si era yo el 
que le confiaba cualquier mercancía, cuando volvía él del 
viaje no entraba en su casa sin haber venido antes a verme y 
a arreglar las cuentas conmigo a mi entera satisfacción. Por 
el contrario, si era él el que me había confiado algo, cuando 
volvía yo de viaje, todos mis clientes me preguntaban por sus 
asuntos, él sólo me preguntaba por mi salud y mi bienestar 
y era yo el que tenía que hablarle primero de lo suyo".Se 
cree que Muhámmad viajó bastante por casi toda Arabia y 
que pudo incluso haber viajado hasta Abisina. La tradición 
nos ha transmitido que el Profeta conocía muchas palabras 
abisinas. 



53 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

MUHÁMMAD PIDE CASARSE CON UMM HANI, SIN CON- 
SEGUIRLO 

Su tío y tutor Abu Tálib tenía en aquel tiempo tres hijos: el 
mayor, Tálib, de aproximadamente la misma edad que Mu- 
hámmad; Aqil, de trece o catorce años, y Ya'far, que era un 
niño de cuatro. Abu Tálib también tenía hijas, una de ellas 
en edad casadera. Su nombre era Fátima, más tarde llamada 
Umm Hani, nombre este por el que siempre se la conoce. 

Muhámmad se enamoró de ella y, aunque económicamente 
no andaba holgado, la pidió en matrimonio a su tío. Abu Tálib, 
sin embargo, tenía otros planes para su hija: su primo Hubaira, 
el hijo del hermano de su madre, del clan de Majzum, había 
pedido también la mano de Umm Hani. Hubaira no sólo era 
un hombre de cierto caudal sino que, como el mismo Abu 
Tálib, era un poeta de talento. Además, el aumento del poder 
del clan de Majzum en la Meca era proporcional al declive del 
de Háshim, así que Abu Tálib casó a Umm Hani con Hubaira. 
Muhámmad perdió una oportunidad, pero Dios le iba a re- 
compensar con la mejor de las mujeres. 

MUHÁMMAD ENTRA AL SERVICIO DE JADICHA 

Uno de los ricos mercaderes de la Meca era una mujer, Jadi- 
cha, hija de Juwailid, del clan de Asad, de la que provienen el 
patricio 'Utmán ibn Al Huwairith y el hanif Wáraqa ibn Naufal, 
tenidos por dirigentes cristianos y, al igual que ellos, prima le- 
jana de los Banu Háshim. Sus conciudadanos la conocían con 
los apodos de Táyira (comerciante) y Táhira (pura). Ya había 
estado casada dos veces y de cada matrimonio había tenido un 
hijo y una hija respectivamente, llamados ambos Hind. Su ri- 
queza era tan renombrada como su belleza y había rechazado 



54 



El Casamiento 

volverse a casar aunque tenía muchos pretendientes.Desde la 
muerte de su segundo marido había sido su costumbre con- 
tratar a un hombre para que comerciase en su nombre. 

Muhámmad se había hecho conocido en toda la Meca como 
"al-Amín" (el digno de confianza, el honrado, el honesto), y 
esto se debía en gran parte a los informes de quienes le habían 
confiado sus mercancías en varias ocasiones. Jadicha también 
había oído a la familia hablar muy bien de él y le encargó en 
varias ocasiones algunas de sus mercancías. Fue de este modo 
como Jadicha comenzó a tener trato con Muhámmad. 

JADICHA SE INTERESA POR MUHÁMMAD 

Fue después de un viaje a Siria. Muhámmad fue a la casa de 
Jadicha, llevándole los géneros que había comprado en los 
mercados de Siria con el dinero obtenido de lo que había ven- 
dido. Jadicha escuchó sentada a Muhámmad mientras éste 
describía el viaje y le hablaba de las transacciones que había 
hecho. Éstas resultaron ser rentables: Jadicha había podido 
vender los bienes recién adquiridos por casi el doble de lo que 
habían costado. Mientras Muhámmad hablaba, el corazón de 
Jadicha gustaba la dulzura del enamoramiento. 

DESCRIPCIÓN DE MUHÁMMAD 

Según la descripción de Muhámmad atribuida a Hind, la hija 
de Jadicha: "Muhámmad era un hombre de mediana estatura, 
bien proporcionado, con un pecho amplio y anchos hombros. 
Su rostro era ovalado, de tez blanca, un poco atezada. Su frente 
era despejada y sus cejas, largas y arqueadas con un espacio 
entre ellas donde le palpitaba una vena en momentos de gran 
emoción. Sus ojos eran negros y separados, con pestañas lar- 



55 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

gas y espesas. Su nariz era aquilina y su boca y sus labios armo- 
niosos. Sus dientes, con los que era muy cuidadoso, estaban 
bien dispuestos y dejaban ver un blanco brillante cuando reía. 
Era de mejillas anchas y uniformes, con una barba negra y 
densa. Tenía una abundante melena que le caía en ondulada 
hasta sus orejas y hombros y que unas veces se trenzaba y otras 
veces se la dejaba suelta. La transparencia de su rostro era tal 
que su enojo o su agrado irradiaban claramente a través de 
ella. Su cuello, ni corto ni largo, era del color de la aleación 
del oro y la plata. Sus manos tenían la textura del satén, con 
anchas palmas y largos dedos, de las que emanaba una dulce 
fragancia que permanecía en las cosas que tocaba. El arco de 
sus pies era pronunciado y su andar era el de un hombre que 
camina cuesta abajo con rapidez y modestia. 

Poseía una voz fuerte y melodiosa, y aunque permanecía 
silencioso durante largos períodos, siempre hablaba cuando 
la ocasión lo exigía. Cuando lo hacía, era muy elocuente y pre- 
ciso, sus frases estaban bien construidas y eran tan coherentes 
que todos los que le escuchaban, las entendían fácilmente y 
recordaban sus palabras. Cuando hablaba con alguien, volvía 
todo su cuerpo hacia él. Todo lo que hacía lo hacía a fondo". 

JADICHA MANDA LLAMAR A MUHAMMAD 

Jadicha, que era una mujer de gran pudor, no le manifestó a 
Muhámmad sus sentimientos, sino que se los compartió con 
una amiga suya, Nufaisa, que se ofreció a dirigirse a Muhá- 
mmad en nombre de ella y, si fuera posible, a concertar un 
matrimonio entre ambos. Se dice que Nufaisa era una káhina 
o adivina. 

Un día Nufaisa fue a ver a Muhámmad en privado y le dijo: 



56 



El Casamiento 

"Tienes ya cierta edad, eres de buena familia, la gente te quiere 
por tu manera de ser, ¿por qué pues no te casas?. Si quieres, 
puedes encontrar fácilmente novia." Muhámamd se excusó 
diciendo que no disponía de medios para mantener un hogar 
fuera de la casa de su tío. Nufaisa insistió: "pero si escuentras 
una que sea rica a la vez que hermosa y de buena familia ¿qué 
dirías? Muhámmad, sorprendido, le dijo: ¿Y quién podría ser? 
Nufaisa respodió: ¡Jadicha! Muhámmad replicó:¡Imposible 
que me acepte!, todos los ricos de la ciudad lo han intentado y 
los ha rechazado."Sz te interesa, déjamelo a mí!", fue lo que ella 
respondió. "Por mi parte", dijo él, "yo consiento" Muhámmad 
contaba entonces con 25 años y Jadicha tendría según unas 
fuentes unos cuarenta, pero Ibn Al Habib nos asegura que no 
tenía más de 28 años. 

SE ACUERDA EL MATRIMONIO 

Nufaisa volvió con estas nuevas a Jadicha, que entonces en- 
vió un mensaje a Muhámmad pidiéndole que viniese a verla; 
cuando él llegó le dijo: "Hijo de mi tío, te amo por tu parentesco 
conmigo y porque tú siempre estás en el centro sin ser de los que 
entre la gente son partidarios de esto o aquello, y te amo por 
tu formalidad, por la belleza de tu carácter y la veracidad de 
tu palabra." 

Luego ella misma se ofreció en matrimonio, y acordaron 
que él hablaría con sus tíos y ella con su tío Amr, el hijo de 
Asad, porque Juwailid, su padre, había fallecido en la Guerra 
Sacrilega. Así pues, Muhámmad en compañía de su tío Abu 
Talib, de Hamza y otros parientes acudieron a casa de Jadicha 
a pedirle la mano a su tío Amr. Se preparó una comida y en 
el trascurso de la misma Abu Talib pidió a Jadicha para su 



57 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

sobrino.Todos los parientes de Muhámmad ponderaron las 
virtudes del pretendiente.También Wáraqa Ibn Naufal, primo 
y gran amigo de Jadicha habló a favor de Muhámmad: "Es 
como un camello de buena raza - dijo - que no necesita que le 
pegues en el hocico para que se siente". Aceptada la petición, 
acordaron que Muhámmad le entregaría a Jadicha 20 camellas 
como dote o mahr, aunque otras fuentes hablan de 12 onzas 
de oro. 

LA BODA 

Cuando la novia llegó a casa del novio se organizó un banquete 
nupcial en el que se sirvió la carne de dos camellos, suficiente 
para dar de comer a unas doscientos invitados. Después de la 
boda, el novio dejó la casa de su tío y se fue a vivir a la de la 
novia. Al mismo tiempo que una esposa, Jadicha fue también 
una amiga para su esposo, compartiendo sus inclinaciones e 
ideales en notable grado. Su matrimonio fue extraordinaria- 
mente bendito y lleno de una gran felicidad, aunque no estuvo 
exento de los pesares de la aflicción. Incluso hoy en día en mu- 
chas partes del mundo islámico, con motivo del matrimonio 
musulmán, el oficiante pronuncia en su sermón, entre otras 
cosas: "Que Dios una a esta pareja en la misma amistad que 
existía entre Adam y Eva. . . y entre Muhámmad y Jadicha". 

La boda tuvo lugar en el año 595. El día de su matrimonio 
Muhámmad liberó a Báraka, la fiel esclava Abisinia que había 
heredado de su padre. La casaron más tarde con un hombre 
de Yatrib al cual dio un hijo, por el que fue conocida como 
Umm Aiman, la madre de Aiman. El mismo día, Jadicha obse- 
quió a Muhámmad con uno de sus siervos, un joven de quince 
años llamado Zaid. Él y otros jóvenes habían sido adquiridos 



58 



El Casamiento 

recientemente en la gran feria de 'Ukad por el sobrino de Ja- 
dicha. 

También Halima, la madre de leche de Muhámmad acudió 
a verlo tras la boda y Jadicha le regaló varios camellos. 

MUHÁMMAD, PADRE DE SEIS HIJOS 

Muhámmad trabajaba para mantener a su familia y no tocaba 
el dinero de su mujer, según la costumbre que ha pervivido en 
el Islam de mantener los bienes de la mujer en su posesión, sin 
que el marido tenga ningún derecho sobre ellos. 

En el transcurso de 10 años, Jadicha le dio seis hijos, dos 
varones y cuatro hembras. El hijo mayor fue un niño llamado 
Al-Qásim que significa "el que distribuye la caridad" y a Mu- 
hámmad se le conoció como Abu-1-Qásim, el padre de Qasim. 
El siguiente fue una niña, a la que llamaron Záinab, que fue 
seguida de tres niñas más: Ruqaia, Umm Kulthum y Fátima 
y un varón, Abdallah, apodado Taieb (el bueno) y Tahir (el 
puro). Excepto a Fátima, que fue la única que le sobrevivió a su 
muerte, el profeta habría de sufrir la inmensa pena de enterrar 
con sus manos a todos sus hijos e hijas, comenzando con Abu- 
1-Qásim, que murió a los dos años de edad. 

ZAID 

Zaid era era hijo de Háritha, de la gran tribu septentrional de 
Kalb, cuyo territorio se extendía por las llanuras entre Siria e 
Iraq. Su madre pertenecía a la ilustre tribu vecina de Tai, uno 
de cuyos jefes en aquel tiempo era el poeta-caballero Hatim, 
famoso en toda Arabia por su caballerosidad y su generosi- 
dad fabulosa. 

En una délas frecuentes algazúas que teníanlugar entre las 
tribus, fue capturado por los Banu Qain y vendido como es- 



59 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PEOFETAS 

clavo, pasando por manos de varios dueños hasta que acabó 
como criado de Jadicha y después de Muhámmad. Háritha, 
su padre, lo había buscado en vano y Zaid no había visto a 
ningún viajero de Kalb que le pudiese llevar un mensaje a sus 
padres. 

Pero la Ka'ba atraía peregrinos de todas las partes de Arabia 
y un día, durante la estación sagrada, vio a varios hombres y 
mujeres de su propia tribu y clan en las calles de la Meca y les 
saludó con un poema. 

ZAID ELIGE QUEDARSE CON MUHÁMMAD 

Cuando los peregrinos volvieron a sus hogares portando no- 
ticias sobre Zaid, Háritha se puso inmediatamente en camino 
hacia la Meca con su hermano Ka'b y dirigiéndose a Muhám- 
mad le rogaron que permitiese el rescate de Zaid por la canti- 
dad que pidiese. "Que elija él, "dijo Muhámmad, "y si os elige a 
vosotros, es vuestro sin rescate; si me elige a mí, yo no soy quien 
deba poner a otro por encima de quien me ha elegido. " 

Entonces llamo a Zaid y le preguntó si conocía, a los dos 
hombres. "Éste es mi padre", dijo el joven, "y este es mi tío. " "A 
mí tú me conoces", dijo Muhámmad, "y has visto mi compañe- 
rismo hacia ti, así pues elige entre ellos y yo. " Pero la elección 
de Zaid ya estaba hecha y dij o enseguida: "No elegiría a ningún 
hombre antes que a ti. Tú eres para mí como mi padre y mi 
madre. " Y volviéndose hacia sus familiares les dijo: "He visto 
en mi dueño algo que me hace preferirlo a vosostros" 

MUHÁMMAD EMANCIPA A ZAID Y LO ADOPTA COMO HIJO 

Entonces, Muhámmad les invitó a acompañarle a la Ka'ba y, 
de pie en el Hichr, emancipó a su criado y lo adoptó como hijo: 



6o 



El Casamiento 

"¡Oh todos los presentes,- proclamó - dad testimonio de que 
Zaid es mí hijo; yo soy su heredero y él es el mío!" 

El padre y el tío se volvieron. Pero teniendo en cuenta el 
profundo amor mutuo que había ocasionado esta adopción, la 
historia que tuvieron que contar a su tribu no era una historia 
ignominiosa; además, cuando vieron que Zaid era libre y res- 
tablecido en su honor, con lo que prometía tener una posición 
elevada entre las gentes del Santuario que podría beneficiar a 
sus hermanos y parientes en años venideros, se resignaron y 
regresaron sin amargura. Desde ese día el nuevo hashimí fue 
conocido en la Meca como Zaid ibn Muhámmad. 

SAFÍA 

Entre las personas que con más frecuencia visitaban la casa 
estaba Saf ía, ahora cuñada de Jadicha, la más joven de las tías 
de Muhámmad, más joven incluso que él. Solía llevar con ella 
a su hijito Zubair, llamado así por el hermano mayor de Saf ía. 
Así pues, Zubair conoció bien a sus primas, las hijas de Muhá- 
mmad, desde su más tierna infancia. Con Saf ía también venía 
su fiel criada Salma, que había asistido a Jadicha en el parto 
de todos sus hijos y que se consideraba a sí misma como una 
más de la casa. 

'alí, hijo de abu tálib 

Por aquella época huo una hambruna y la familia de Abu Tá- 
lib comenzó a pasar privaciones. Muhámmad lo advirtió y 
movido por el gran amor que sentía por su tío y familia fue a 
hablar Abbás, que era un próspero mercader y con él tenía una 
estrecha relación por haberse criado juntos. Igual de íntima, 
o incluso más, era la mujer de Abbás, Umm al-Fadl, que lo 



61 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

quería muchísimo y siempre lo recibía afectuosamente en su 
casa. 

Se dirigió entonces a ellos y les propuso que cada una de las 
dos familias se hiciera cargo de los hijos de Abu Tálib hasta 
que la situación mejorase. Asintieron de buena gana, y los 
dos hombres fueron a ver a Abu Tálib, que dijo tras escuchar 
su propuesta- "Haced vuestra voluntad, pero dejadme a 'Aqíl 
y Tálib" Ya'far tenía entonces unos quince años y ya no era el 
más pequeño de la familia. Su madre, Fátima, había dado aún 
otro hijo a Abu Tálib, unos diez años más joven y le habían 
llamado Alí. Abbás dijo que él se encargaría de Ya'far, con lo 
cual Muhámmad acordó hacer lo mismo con Alí. 

LA GENTE DE LA CASA (AHL AL-BAIT) 

Fue por esa época cuando Jadicha había dado a luz a su último 
hijo, un niño llamado Abdallah, pero el pequeño había falleci- 
do a una edad aún más temprana que Qásim. En cierto sentido 
fue reemplazado por Alí, que fue criado como un hermano 
para sus cuatro primas, siendo aproximadamente de la misma 
edad que Ruqaia y Umm Kulthum, algo más joven que Záinab 
y un poco mayor que Fátima. Estos cinco, junto con Zaid, for- 
maban la familia más inmediata de Muhámmad y Jadicha. 



62 



.6. 

EL ENCUENTRO CON EL ÁNGEL 



EL DESPERTAR DE LA AURORA (iSHRAQ) 

Muhámmad creció en una sociedad idólatra 
y supersticiosa, pero que no estaba aislada de las 
principales corrientes religiosas predominantes en el 
Mediterráneo y Asia. Como nudo importantes en la ruta que 
unía la India con Europa y Persia, por Meca pasaban viajeros, 
mercaderes y peregrinos de distintas creencias. Alrededor de 
la Ka'ba llegó a haber 360 ídolos. La Ka'ba se había convertido 
en un panteón. La familia del profeta se ocupaba de algunas 
funciones cultuales del santuario, tal como alimentar y dar de 
beber a los peregrinos. 

Abd al-Muttalib, siguiendo la vieja tradición de los hijos de 
Ibrahim,se solía retirar a la caverna de Hirá durante el mes de 
Ramadán y practicaba el retiro (jalua). Se sabe también que 
un hanif, llamado Zaid ibn Amr ibn Nufail, que murió unos 
antes del comienzo del Islam, tenía por costumbre plantar su 
tienda en el Monte de la Luz (Yabal al-Nur) en cuya cima se 
encuentra la mencionada cueva. El nombre quizá se deba a 
que se encendía un fuego en la cumbre para guiar a los pere- 
grinos que venían a Meca de noche, lo mismo que se hacía en 
una colina de Muzdálifa. 

Durante años, Muhámmad se solía retirar a esta cuva a re- 



63 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

zar y meditar durante todo el mes de Ramadán siguiendo la 
costumbre de su abuelo. Cuando regresaba de la cueva, se 
dirigía primero a la Ka'ba para hacer las siete circunvalaciones 
rituales antes de entrar en su hogar. Otras fuentes hablan de 
que su esposa Jadicha le solía acompañar algunos días en sus 
retiros, como compañera espiritual. 

Cerca de los cuarenta años de edad comenzó a experimen- 
tar poderosas señales internas. Cuando le preguntaban por 
éstas él hablaba de "visiones verídicas" que le venían durante 
el sueño, y decía que eran "como el despuntar de la luz de la 
aurora": todo lo que veía en los sueños lo encontraba "realiza- 
do" en los hechos de los días posteriores. 

Según contó su esposa 'Aisha: "El primer signo de inspira- 
ción (wahí) que se manifestó en el Profeta fueron sus sueños 
verídicos, pues no había ninguna visión durante el sueño que 
no tuviera para él la claridad de la aurora ante la que ninguna 
obscuridad subsiste. Así fue durante seis meses. Después, vino 
el Ángel». 

Ibn Arabi, comentando este hadiz, nos explica: "Con toda 
su sinceridad, Aisha no podía hablar de estas cosas más que 
en la medida que se lo permitía su conocimiento, y ella ig- 
noraba el dicho del profeta ('Esta vida es un sueño, cuando 
mueren los hombres despiertan') que señala el estado de sue- 
ño en que viven los humanos. Por eso habla sólo de seis me- 
ses; para ella, la aparición del Ángel fue un hecho ocurrido 
en el mundo de los sentidos que ponía fin a la serie de los 
sueños. Ignoraba que, en realidad, toda la vida del Profeta 
había transcurrido a la manera de aquellos seis meses. Pues, 
en efecto, todo lo que emerge del mundo del Misterio con 
forma visible -sea en un objeto sensible, en una imaginación 



64 



El Encuentro con El Ángel 

o en un "cuerpo de aparición- es inspiración, notificación y 
advertencia divina". 

Durante estos pocos años a menudo sucedía que, cuando 
había abandonado la ciudad y se estaba acercando a la cueva, 
oía claramente las palabras "La paz sea contigo, ¡oh Mensaje- 
ro de Dios!" y se volvía para mirar quién hablaba, pero nadie 
había a la vista, y era como si las palabras hubiesen salido de 
un árbol o una piedra. 

lajlatu-l-qadr: la noche del destino 

Una noche hacia finales de Ramadán, en su cuadragésimo año 
de vida, encontrándose solo en la cueva, vino a él un Ángel 
{malak) en la forma de un ser de luz. 

El Ángel le dijo que era Gabriel, {YibriT) que Dios enviaba 
para anunciarle que había sido elegido como mensajero (ra- 
sa/) .Traía un pedazo de tela de brocado en la que había algo 
escrito . Le enseño a hacer las abluciones y cuando se le ordenó: 
"¡Recita!" y él Profeta contestó: "No soy un recitador". Después 
de esto, como él mismo contó: "el Ángel me agarró y me opri- 
mió en su abrazo y de nuevo, cuando había llegado al límite de 
mi resistencia me soltó y dijo: «¡Recita!» y yo volvía decir: 'No 
soy un recitador'. Entonces, por tercera vez- me oprimió como 
antes: luego me soltó y dijo: 

¡Recita en el nombre de tu Señor, el que todo ha creado! 

Ha creado al hombre de un coágulo. 

¡Recita! Tu Señor es el más Generoso, 

Él, que ha enseñado con el cálamo, 

ha enseñado al hombre lo que éste no sabía. 

coran, 96 



65 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Muhámmad recitó estas palabras después del Ángel, que 
entonces lo abandonó, y dijo él: "Fue como si las palabras hu- 
bieran sido escritas en mi corazón. " 

MUHÁMMAD, MENSAJERO DE DIOS (RASUL ALLAh) 

Pero temió que esto pudiera significar que se había convertido 
en un poeta inspirado por los yinn (genios) o en un poseso. Así 
pues, abandonó la cueva, y cuando había recorrido la mitad 
de la ladera de la montaña escuchó una voz por encima de él, 
que decía: "¡Oh, Muhámmad!, tú eres el mensajero de Dios y 
yo soy Gabriel. " 

Levantó los ojos hacia el cielo y allí estaba su visitante lle- 
nando todo el horizonte, y de nuevo dijo: 

"¡Oh, Muhámmad!, tú eres el mensajero de Dios y yo soy 
Gabriel. " 

El Profeta permaneció observando al Ángel; dondequiera 
que mirase, ya fuese hacia el norte o hacia el sur, hacia el este 
o hacia el oeste, el Ángel estaba siempre allí, sobre el hori- 
zonte. 

Finalmente, el Ángel desapareció y el Profeta descendió la 
ladera y fue a su casa. "¡Tápame! ¡Tápame!" le dijo a Jadicha 
cuando con el corazón todavía palpitante se echó en el lecho. 
Alarmada, aunque sin atreverse a preguntarle, trajo rápida- 
mente un manto y lo extendió sobre él. Cuando el profeta se 
repuso, le contó contó cuanto le había sucedido. 

JADICHA CONSULTA A WÁRAQA 

Después de haberlo tranquilizado con sus palabras, Jadicha 
fue a hablar con su primo Wáraqa, que ya era un anciano y 
estaba ciego: 



66 



El Encuentro con El Ángel 

"¡Santo! ¡Santo!", dijo él. "Por Aquél en cuyas manos está el 
almade Wáraqa, le ha sido descendido a Muhámmad el mayor 
Namus, el mismo que le vino a Moisés. Ciertamente, Muhám- 
mad es el Profeta de su pueblo. Que esté seguro. " 

Namus es la palabra arabizada del griego Nomos, la Ley re- 
velada a Moisés en el Sinái. En consecuencia, Jadicha se volvió 
a casa y le repitió estas palabras al Profeta. Muhámmad visitó 
después a Wáraqa y éste le confirmó personalmente lo que 
había dicho a Jadicha. 

WÁRAQA CONFIRMA A MUHÁMMAD 

Wáraqa le dijo: "Cuéntame, ¡oh, hijo de mi hermano!, qué has 
visto y oído. " 

El Profeta se lo contó, y el anciano le volvió a decir lo que 
había referido a Jadicha, pero esta vez añadió: "Se te llamará 
mentiroso y serás maltratado, te expulsarán y te harán la gue- 
rra, y, si yo vivo para ese día, Dios sabe que apoyaré Su causa. " 
Luego se inclinó hacia él y le besó la frente, y el Profeta regresó 
a su casa. 

UNA SEGUNDA REVELACIÓN 

Las noticias tranquilizadoras de Jadicha y Wáraqa fueron se- 
guidas por una reafirmación procedente del Cielo en la forma 
de una segunda Revelación. La manera de producirse no se ha 
registrado, aunque al preguntarle cómo le venía la Revelación 
el Profeta mencionó dos formas: "Algunas veces me viene como 
el retumbar de una campana y ésa es la más dura para mí; 
cuando me he enterado de su mensaje disminuye el estruendo. 
Ya veces el Ángel toma la forma de un hombre y me habla, y 
yo soy consciente de lo que me dice. " 

Según narran las fuentes, el Profeta oía primero como un 

67 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

sonido metálico, en ese momento su atención se concentraba 
y era entonces cuando recibía el mensaje. "Siempre que reci- 
bía la revelación - dijo el Profeta- pensaba que mi alma iba a 
abandonar mi cuerpo". 

Otros relatos, en boca se sus compañeros hablan de una in- 
mobilidad total, al punto que parecía hipnotizado, totalmente 
absorto y acompañada de una efusión abundante de sudor. 
Solían escuchar un rumor como el de un enjambre de abe- 
jas. El cuerpo del Profeta, además de rígido, se volvía pesado, 
de tal manera que cuando la Revelación le descendía sentado 
sobre su camella, esta se agitaba como si se le fueran a partir 
las patas. Cuando terminaba de recibir el mensaje, llamaba a 
alguno de sus compañeros letrados y les dictaba su contenido, 
ordenándoles distribuir copias entre sus compañeros y com- 
pañeras para que las aprendiesen. 

EL CÁLAMO 

La segunda Revelación, esta vez, comenzó con una sola letra, 
el primer ejemplo de las letras crípticas con las que comienzan 
varios mensajes coránicos. Laletra fue seguida de un juramen- 
to divino, prestado "por el cálamo", que ya había sido mencio- 
nado en la primera Revelación como el principal medio de 
Dios para enseñar a los hombres Su sabiduría. 

Cuando le preguntaron acerca del cálamo, el Profeta dijo: 
"La primera cosa que Dios creó fue el cálamo. Creó la tabla y le 
dijo al cálamo: '¡Escribe!' Y el cálamo respondió: '¿ Qué escribo ?' 
Dios dijo: 'Escribe Mí conocimiento y Mi creación hasta el Día 
de la Resurrección'. Entonces el cálamo trazó lo que se le había 
mandado. " 

El juramento "por el cálamo" es seguido de un segundo 



68 



El Encuentro con El Ángel 

juramento por lo que escriben, y entre lo que ellos, esto es, 
los Ángeles, escriben en el Cielo con cálamos menores sobre 
tablas menores está el arquetipo celestial del Corán, al cual 
Revelaciones posteriores se refieren como a "una recitación 
(Corán) gloriosa en una tabla inviolable" (Corán, 85, 21-2.) 
y como a "la Madre del Libro" (Corán: 13, 39.). Los dos jura- 
mentos van seguidos de la reafirmación Divina: 

Nun. Por el cálamo y lo que escriben, 

no eres ningún poseso por la gracia de Tu Señor. 

Tuya será una recompensa sin límites 

y verdaderamente magnánima es tu naturaleza. 

CORÁN: 68, 1-4 

la fatra: el silencio del ángel 

Después de la llegada de los primeros Mensajes hubo un pe- 
riodo de silencio (fatra) del Ángel que algunos estiman en 
dos o tres años y otros en pocos días. El Profeta comenzó a 
temer si habría incurrido en algún tipo de desagrado del Cielo, 
aunque Jadicha le confortaba y decía continuamente que eso 
no era posible. 

EL ESPLENDOR DE LA MAÑANA 

Entonces, al fin, el silencio se rompió y llegó una nueva reafir- 
mación, y, con ella, el primer mandato directamente relacio- 
nado con su misión: 

¡Por el esplendor de la mañana, 

y por la noche cuando está tranquila! 

Tu Señor no te ha abandonado ni aborrecido, 

y para ti será mejor la última que la primera, 

y Tu Señor te dará y quedarás satisfecho. 



69 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

¿No te encontró huérfano y te amparó, 

y te encontró extraviado y te guió, 

y te encontró necesitado y te enriqueció? 

Al huérfano, pues, no lo oprimas. 

Al mendigo no lo rechaces, 

y proclama la gracia de tu Señor. " 

coran: 93 



EL ÁNGEL GABRIEL LE ENSEÑA A HACER LA ABLUCIÓN Y LA 
PLEGARIA 

De acuerdo con estas dos últimas palabras, Muhámmad co- 
menzó entonces a hablar del Ángel y de las Revelaciones a 
aquéllos que, después de su mujer, le eran más próximos y más 
queridos. Aún no les había hecho ningún requerimiento, salvo 
que no debían divulgar su secreto. 

Pero esta situación no duró mucho: un día se le apareció 
Gabriel sobre el elevado terreno situado por encima de la 
Meca y golpeó con el talón la hierba que cubría la colina; al 
instante brotó de allí una fuente. Entonces hizo la ablución 
ritual (wudu) para mostrar al Profeta cómo purificarse para 
la adoración, y el Profeta siguió su ejemplo. 

Luego le enseñó las posturas y los movimientos de la ple- 
garia (azalá): el mantenerse de pie, la inclinación, la proster- 
nación y la posición de sentado, con la magnificación (takbir) 
repetida, esto es, las palabras "Allahu Akbar", Dios es Más 
Grande, y el saludo final "As-Salamu alaikum" la Paz sea con 
vosotros, y de nuevo el Profeta siguió su ejemplo. 

Después el Ángel lo dejó, y el Profeta se volvió a su casa y 
enseñó a Jadicha todo lo que había aprendido y juntos hicieron 
la plegaria. 

70 



El Encuentro con El Ángel 

EL TAPADO BAJO EL MANTO 

El Profeta se encogía ante el tremendo impacto de recibir la 
Palabra Divina y se solía cubrir el rostro bajo un manto. En 
un versículo o aleya del Corán se alude a la carga física que 
suponía aceptar la revelación: 

"Sí hubiéramos hecho descender este Corán sobre una 

montaña, 
la habrías visto postrarse humildemente 
y hendirse por miedo a Dios". 

CORÁN: 59, 21-2 

El impulso que le había movido a exclamar "¡Cúbreme, cú- 
breme!" todavía le venía a veces, y una noche, cuando yacía 
envuelto en un manto, su retiro se vio interrumpido por una 
Orden Divina más severa y apremiante que cualquiera de las 
recibidas con anterioridad, mandándole advertir a los hom- 
bres acerca del Día del Juicio: 

¡Oh Tú, tapado bajo el manto, 

mantente en vela toda la noche salvo un poco, 

la mitad de la noche o menos de la mitad, o algo más, 

y con cuidado y claridad recita el Corán. 

En verdad depositaremos sobre ti la 

carga de una grave palabra! 



coran: 73, 1-5 



En el mismo pasaje estaba la orden: 

Y recuerda el nombre de Tu Señor 
y dedícate a Él con completa devoción. 



71 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Señor del Oriente y del Occidente, no hay más dios 

que ÉL 
¡Tómalo, pues, a Él, en Él deposita tu confianza! 

coran: 73, 8-9 

Vinieron otras revelaciones que confirmaban y aumentaban 
las seguridades ya dadas al Profeta, y en una ocasión el Ángel, 
solamente visible para él, como ocurría siempre, le dijo: 

"Comunica a Jadícha saludos de Paz de su Señor. " 

Así pues, él le dijo: "¡Oh Jadicha, aquí está Gabriel, que te 
saluda con la Paz de tu Señor!" 

Y cuando Jadicha pudo encontrar palabras que decir, res- 
pondió: 

"Dios es la Paz, y la Paz procede de Él, y la Paz sea sobre 
Gabriel!" 

LOS PRIMEROS COMPAÑEROS 

Los primeros partidarios de la nueva religión mantenían, con 
el Profeta, largas vigilias. 

Del mismo modo, se apresuraron a aprenderse de memoria 
todo lo que había sido revelado del Corán para poder salmo- 
diarlo como parte de su adoración. Las Revelaciones comen- 
zaron a ser más abundantes, una larga letanía que aumentaba 
rápidamente, que hablaba de lo efímero de las cosas terrenas, 
de la muerte y de la certeza de la Resurrección y del Juicio Final, 
seguido del Infierno o del Paraíso. 

Pero sobre todo hablaba de la Gloria de Dios, de su Unicidad 
Indivisible, su Verdad, Sabiduría, Bondad, Misericordia, Mu- 
nificencia y Poder, y, por extensión, se refería continuamente 
a sus Signos, las maravillas de la naturaleza, y a su armonioso 
funcionamiento conjunto que daba testimonio de forma harto 

72 



El Encuentro con El Ángel 

elocuente de la Unidad de su Exclusivo Originador. La Armo- 
nía es la huella de la Unidad sobre la multiplicidad, y el Corán 
llama la atención sobre esa armonía como un tema para la 
meditación del hombre. 

Los creyentes se saludaban entre sí con las palabras que 
Gabriel le había comunicado al Profeta como el saludo de 
las gentes del Paraíso: "¡La Paz sea con vosotros!" (As salamu 
alaikum), a lo que se responde: "¡Y con vosotros sea la Paz!" 
('Alaikumu -s-salam), usándose el plural para incluir a los dos 
ángeles guardianes de la persona a quien se saluda. 

Los versículos revelados de consagración y de acción de 
gracias también desempeñaban un papel cada vez más impor- 
tante en sus vidas y en sus miras. El Corán insiste en la necesi- 
dad del agradecimiento, y el sacramento de la acción de gracias 
consiste en decir: Alabado sea Dios, el Señor de los mundos 
(Al Hamdu ULLah, rabbi-l- alamin), mientras que en el de la 
consagración o dedicación se dirá: En el nombre de Dios, el 
Clemente, el Misericordioso (BismiLlahi r-rahmani r-rahim). 
Éste era el primer versículo de cada sura, azora o capítulo 
del Corán, y, siguiendo el ejemplo del Profeta, lo usaban para 
iniciar toda recitación del Corán y, por extensión, cualquier 
otro rito, o incluso todo acto o iniciativa porque el Islam no ve 
nada profano en el mundo, todo es Rostro de Dios. 



73 



LA PRIMERA COMUNIDAD 



LOS PRIMEROS SEGUIDORES DE MUHÁMMAD: JADICHA, 
'ALÍ, ZAID, ABU BAKR 

La religión quedaba establecida sobre las bases de 
la purificación ritual y la plegaria, y, después de Jadicha, 
los primeros en abrazarla fueron 'Alí y Zaid y el amigo del 
Profeta, Abu Bakr, del clan de Taim. 

'Alí sólo tenía diez años, y Zaid hasta ahora no tenía ninguna 
influencia en la Meca, pero Abu Bakr era querido y respetado 
porque era un hombre de vasto conocimiento, de maneras 
naturales y presencia agradable. Muchos acudían a consultar 
a Abu Bakr y él los animaba a seguir al Profeta. 

Los primeros partidarios de la nueva religión mantenían, 
con el Profeta, largas vigilias. Del mismo modo, se apresura- 
ron a aprenderse de memoria todo lo que había sido revelado 
del Corán para poder salmodiarlo como parte de su adora- 
ción. Las Revelaciones comenzaron a ser más abundantes, una 
larga letanía que aumentaba rápidamente, que hablaba de lo 
efímero de las cosas terrenas, de la muerte y de la certeza de 
la Resurrección y del Juicio Final, seguido del Infierno o del 
Paraíso. 

Pero sobre todo hablaba de la Gloria de Dios, de su Unicidad 
Indivisible, su Verdad, Sabiduría, Bondad, Misericordia, Mu- 



74 



La Primera Comunidad 

nificencia y Poder, y, por extensión, se refería continuamente 
a sus Signos, las maravillas de la naturaleza, y a su armonioso 
funcionamiento conjunto que daba testimonio de forma harto 
elocuente de la Unidad de su Exclusivo Originador. La Armo- 
nía es la huella de la Unidad sobre la multiplicidad y el Corán 
llama la atención sobre esa armonía como un tema para la 
meditación del hombre. 

Los creyentes se saludaban entre sí con las palabras que 
Gabriel le había comunicado al Profeta como el saludo de 
las gentes del Paraíso: "¡La Paz sea con vosotros!" (As salamu 
'alaikum), a lo que se responde: "¡Y con vosotros sea la Paz!" 
('Alaikumu -s-salam), usándose el plural para incluir a los dos 
ángeles guardianes de la persona a quien se saluda. 

Los versículos revelados de consagración y de acción de 
gracias también desempeñaban un papel cada vez más impor- 
tante en sus vidas y en sus miras. El Corán insiste en la necesi- 
dad del agradecimiento, y el sacramento déla acción de gracias 
consiste en decir: Alabado sea Dios, el Señor de los mundos 
(Al Hamdu ULLah, rabbi-l- alamin), mientras que en el de la 
consagración o dedicación se dirá: En el nombre de Dios, el 
Clemente, el Misericordioso (BismiLlahi r-rahmani r-rahim). 
Éste era el primer versículo de cada sura, azora o capítulo 
del Corán, y, siguiendo el ejemplo del Profeta, lo usaban para 
iniciar toda recitación del Corán y, por extensión, cualquier 
otro rito, o incluso todo acto o iniciativa porque el Islam no ve 
nada profano en el mundo, todo es Rostro de Dios. 

ABDU AMR Y ABU 'UBAIDA 

Hubo muchas respuestas a abrazar el Islam gracias a los con- 
sejos de Abu Bakr y dos de los primeros en responder a la 



75 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

llamada fueron un hombre de Zuhra, Abdu Amr, el hijo de 
Auf, un pariente lejano de la madre del Profeta y Abu 'Ubaida, 
el hijo de al-Jarray de los Banu al-Harith. 

ABDU AMR SE CONVIERTE EN ABD AL-RAHMÁN 

Entre los más notables distintivos de la Revelación se encon- 
traban los dos Nombres Divinos al-Rahmán y al-Rahim. 

La palabra rahím, una forma intensiva de ráhim, (miseri- 
cordioso), era corriente en el sentido de "muy misericordioso". 
La aún más intensiva rahmán, por falta de un concepto con 
el que cuadrase, había caído en desuso. Siendo más intenso 
incluso que al-Rahim (el Todo Misericordioso) el nombre al- 
Rahmán se refiere a la esencia misma o raíz de la Misericordia, 
es decir, a la Beneficencia Infinita o Bondad de Dios, y el Corán 
expresamente lo hace equivalente de Allah: 

¡Invocad a Dios (Allah) 

o invocad al Infinitamente Bueno (al-Rahmán) 

Como quiera que invoquéis, 

Él posee los nombres más bellos!" 

Este Nombre de Bondad era muy querido por el Profeta 
y, puesto que el de Abdu Amr, el servidor de Amr, era dema- 
siado pagano, cambió el nombre del nuevo creyente por Abd 
al-Rahmán, el siervo del Todomisericordioso. No fue el hijo 
de Auf el único hombre al que cambió su nombre por el de 
Abd al-Rahmán. 

ABU BAKR, INTÉRPRETE DE SUEÑOS 

Abu Bakr era conocido desde hacía mucho tiempo en la Meca 
por su aptitud para interpretar los sueños. Una mañana tuvo 



76 



La Primera Comunidad 

la visita inesperada de Jalid, el hijo de un poderoso shamsí, 
Said ibn ai-As. El rostro del joven aún mostraba las señales 
del horror recién producido por una experiencia terrible y 
se apresuró a explicar que durante la noche había tenido un 
sueño, el cual sabía que tenía un significado aunque no com- 
prendía lo que quería decir. 

JALID ABRAZA EL ISLAM 

Había soñado que estaba al borde de un abismo en el que había 
un violento fuego tan vasto que no veía el fin. Entonces llega- 
ba su padre e intentaba empujarle al fuego y, cuando estaban 
luchando en el borde, en el momento de mayor terror, sentía 
alrededor de su muñeca que dos manos lo asían firmemente 
reteniéndolo a pesar de todos los esfuerzos de su padre. Al mi- 
rar alrededor, veía que su salvador era al-Amin, Muhámmad, 
el hijo de Abdallah, y en ese momento se despertaba. 

"¡Enhorabuena!", dijo Abu Bakr, "Este hombre que te salvó 
es el Enviado de Dios, así que sigúele, mejor dicho, lo seguirás 
y, a través de él, entrarás en el Islam, que te salvaguardará de 
caer en el fuego. " 

Jalid se fue derecho al Profeta y, después de contarle su 
sueño, le preguntó cuál era su mensaje y qué debía hacer él. 
El Profeta lo instruyó y Jalid abrazó el Islam, manteniéndolo 
secreto a su familia. 

TALHA Y OTMÁN 

Aproximadamente por la misma época sucedió que otro hom- 
bre de Abdu Shams, un mercader que regresaba a casa desde 
Siria, fue despertado una noche por una voz que exclamaba 
en el desierto: "Durmientes, despertad, porque ciertamente 



77 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Ahmad ha aparecido en la Meca. " El mercader era Otmán, 
hijo del omeya Affan, y nieto, por parte de madre, de una de 
las hijas de Abd al-Muttálib, Umm Hakim al-Baida, la tía del 
Profeta. 

Las palabras calaron en su corazón, aunque no comprendía 
cuál era el sentido de "ha aparecido", no se imaginaba que 
el superlativo "Ahmad", "el más glorificado", se empleaba por 
Muhámmad, "el glorificado." 

Pero antes de llegar a Meca lo alcanzó un hombre del Taim 
llamado Talha, primo de Abu Bakr; Talha había pasado por Si- 
ria, donde un monje le había preguntado si ya había aparecido 
Ahmad entre las gentes del Santuario. "¿Quién es Ahmad?", 
dijo Talha, "El hijo deAbdallah, hijo de Abd al-Muttálib", res- 
pondió el monje. "Éste es su mes, en el que aparecerá; y él es el 
último de los Profetas. " 

Talha repitió estas palabras a Otmán, que le contó su propia 
experiencia, y de regreso Talha le sugirió que debían ir a ver 
a su primo Abu Bakr, que se sabía era el amigo más íntimo 
del hombre que ahora ocupaba el primer lugar en sus pensa- 
mientos. Así que acudieron a Abu Bakr y cuando le contaron 
lo que habían oído los llevó en seguida ante el Profeta para 
que le repitiesen las palabras del monje y las palabras de la 
voz del desierto. Después dé esto, hicieron la profesión de fe 
(shahada). 

LA SHAHADA DE ABDALLAH IBN MAS'UD 

Una cuarta conversión, no menos singular que éstas por la for- 
ma en que se produjo, fue la de Abdallah ibn Mas ud, un joven 
confederado de Zuhra. Hablando de ello, él mismo dijo: 
"En aquel tiempo yo era un joven que acababa de alcanzar 



78 



La Primera Comunidad 

la edad viril, y estaba apacentando los rebaños de 'Uqba ibn 
Abi Muait cuando un día el Profeta y Abu Bakr pasaron por 
donde me encontraba. 

El Profeta me preguntó si tenía algo de leche para darles de 
beber, Respondí que los rebaños no eran míos, sino que me es- 
taba confiado su cuidado y no podía darles de beber. El Profeta 
dijo: '¿ Tienes alguna oveja joven a la que ningún carnero haya 
cubierto nunca?' Le dije que sí y se la llevé. Después de atarla, 
el Profeta puso su mano en la ubre y pronunció una plegaria; 
entonces la ubre se hinchó de leche y Abu Bakr acercó un can- 
to rodado que estaba ahuecado como un tazón. El Profeta la 
ordeñó y todos bebimos. Luego le dijo a la ubre: 'Sécate', y se 
secó" 

Pocos días después, Abdallah fue a ver al Profeta y abrazo 
el Islam. No pasó mucho tiempo antes de que aprendiera de él 
setenta azoras de memoria, siendo excepcionalmente dotado 
en este sentido y pronto se convirtió en uno de los más auto- 
rizados recitadores del Corán. 

LA COMUNIDAD MUSULMANA CRECE DÍA A DÍA 

Aún no se habían hecho llamamientos en público al Islam, 
pero había un grupo en constante aumento de creyentes de- 
votos y de intensos adoradores, hombres y mujeres, la mayoría 
de ellos jóvenes. 

Entre los primeros en llegar, aparte de los ya mencionados, 
se encontraban los primos del Profeta, Ya'far, y Zubair; luego 
vinieron otros primos , suyos y de ellos, los hij os de su tía Umai- 
ma, Abdallah ibn Yahsh y el hijo de su tía Barra, Abu Salama. 
Hubo también dos primos por parte de madre, Sa'd, el hijo de 
Abu Waqqas de Zuhra, y su hermano menor Umair. 



79 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
LOS TÍOS DEL PROFETA SE MUESTRAN REACIOS AL ISLAM 

Pero ninguno de los cuatro tíos del Profeta se mostraba en 
lo más mínimo inclinado a seguirle: Abu Tálib no ponía ob- 
jeciones al Islam de sus dos hijos Ya'far y 'Alí, pero en cuanto 
a sí mismo él decía que no estaba preparado para abandonar 
la religión de sus antepasados; Abbás se mostraba evasivo y 
Hamza impenetrable, aunque ambos le aseguraban el inque- 
brantable aprecio que personalmente sentían por él. Pero Abu 
Lahab mostraba claramente la convicción de que su sobrino 
estaba medio engañado, si es que no era un embustero. 

EL PROFETA QUIERE INVITAR AL ISLAM A SU FAMILIA Y A 
LOS PRÓXIMOS. ABU LAHAB SE LO IMPIDE. 

Después de la revelación del versículo: 

Amonesta a tu familia y a quienes están cerca de ti 

coran: 26, 214 

El Profeta llamó a Alí y le dijo: "Dios me ha ordenado que 
amoneste a mi familia, a mis parientes más cercanos, y el 
cometido rebasa mis fuerzas. Pero prepara comida, con una 
pierna de cordero, llena de leche una taza y reúne a los Banu 
Abd al-Muttálib, para que pueda contarles lo que se me ha 
ordenado decir. " 

Alí hizo exactamente lo que le había dicho y la mayoría del 
clan de Háshim acudió a la comida, unos cuarenta hombres. 
"Cuando estuvieron congregados, dijo Alí, el Profeta me pidió 
que trajera la comida que había preparado. Entonces tomó un 
trozo de carne, lo mordió y lo arrojó de nuevo al plato, diciendo: 
'Tomadlo en el Nombre de Dios'. Los hombres comieron por 
tandas hasta quedar ahitos. 



80 



La Primera Comunidad 

Pero, dijo 'Alí, yo no veía ningún cambio en la comida, salvo 
que había sido removida por las manos de los hombres; y ¡por 
mi vida!, si no hubiesen sido más que un solo hombre se po- 
dría haber comido todo lo que había puesto delante de ellos. 
Luego el Profeta dijo: 'Dales de beber'. Traje, pues, la taza y 
cada uno bebió hasta saciarse, aunque un solo hombre podría 
haber vaciado la taza. Pero cuando el Profeta estaba a punto 
de dirigirse a ellos, Abu Lahab se le anticipó y dijo: 'Vuestro 
anfitrión os ha hechizado', con lo cual se dispersaron antes de 
que pudiera hablar. " 

'alí, "hermano, albacea y sucesor" del profeta. 

Al día siguiente el Profeta le dijo a Alí que hiciera exactamente 
lo mismo que había hecho el día anterior. Así que se preparó 
otra comida semejante y todo discurrió como la otra vez; pero 
en esta ocasión el Profeta estaba en guardia y se aseguró de 
dirigirse a ellos. 

"¡Oh hijos de Abd al-Muttálib!, dijo, no conozco a ningún 
árabe que haya venido a su gente con un mensaje más noble que 
el mío. Os traigo lo mejor de este mundo y del otro. Dios me ha 
ordenado que os llame a Él. ¿Quién de vosotros, entonces, me 
ayudará en esto y será mi hermano, mi albacea y mi sucesor 
entre vosotros?" 

Todo el clan permaneció en silencio. Ya'far y Zaid podían 
haber hablado, pero ambos sabían que su Islam no estaba en 
cuestión y que el propósito de la reunión era el de atraerse a 
otros. Pero cuando el silencio siguió ininterrumpido, Alí, de 
trece años, se sintió impulsado a hablar, y dijo: "¡Oh Profeta de 
Dios, yo seré quien te ayude en esto'. " 

El Profeta descansó su mano en la nuca de Alí y dijo: "Éste 



81 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

es mi hermano, mi albacea y mi sucesor entre vosotros. Escu- 
chadle y obedecedle.' 'Los hombres se pusieron de pie, riendo 
y diciendo a Abu Tálib: "Ha ordenado que escuches a tu hijo 
y le obedezcas. " 

SAFÍA ACEPTA EL ISLAM 

Por lo que se refiere a las tías del Profeta, Saf ía no tuvo ningu- 
na vacilación a la hora de seguirlo, al igual que su hijo Zubair 
había hecho, pero sus cinco hermanas no pudieron cobrar 
suficiente ánimo para tomar una decisión. La actitud de Arua 
era común en todas ellas: "Estoy esperando a ver qué harán 
mis hermanos", decía. 

UMM AL-FADL, MAIMUNA, SALMA Y ASMA 

Por otro lado, su tía política, Umm al-Fadl, la mujer del inde- 
ciso Abbás, fue la primera mujer que abrazó el Islam después 
de Jadicha, y ella pronto pudo llevar al Profeta a tres de sus 
hermanas: Maimuna, su hermana uterina, y dos medio her- 
manas, Salma y Asma. 

Era en la casa de Umm al-Fadl donde Ya'far había sido cria- 
do, y era también allí donde había conocido y amado a Asma, 
con quien se había casado recientemente y donde Hamza ha- 
bía desposado a su hermana Salma. 

UMM AIMAN, ESPOSA DE ZAID Y MADRE DE OSAMA 

Otra de las primeras en responder fue Umm Aiman. El Profeta 
dijo de ella: "Quien desee casarse con una mujer de las gentes 
del Paraíso que se case con Umm Aiman" y esta observación 
fue escuchada por casualidad por Zaid, que se la tomó a pecho. 
Ella era mucho mayor que él, pero eso no lo desalentó, y le 

82 



La Primera Comunidad 

habló con franqueza al Profeta, que no tuvo ninguna dificultad 
para persuadir a Umm Aiman de que consintiese el matrimo- 
nio. Le dio a Zaid un hijo al que llamaron Osama, y fue criado 
como el nieto del Profeta, que lo quería mucho. 



83 



LAS PRIMERAS PERSECUCIONES 



LA REACCIÓN DEL QURAISH 

Al principio, el Quraish pareció dispuesto a tolerar 
la nueva religión, hasta que vio que se dirigía contra sus 
dioses, sus principios y sus prácticas ancestrales. Una vez que 
se dieron cuenta de ello, algunos de sus hombres principales 
fueron a ver a Abu Tálib para insistirle en que debía reprimir 
las actividades de su sobrino. 

Abu Tálib les dio largas con una respuesta conciliadora; 
pero cuando vieron que no había hecho nada volvieron de 
nuevo a verlo y le dijeron: "¡Oh Abu Tálib! Posees entre noso- 
tros un rango elevado y honorable, y te hemos pedido que mo- 
deraras al hijo de tu hermano, pero no lo has hecho así. ¡Por 
Dios! No permitiremos que nuestros padres sean insultados, 
que nuestras costumbres sean objeto de burla ni que nuestros 
dioses sean injuriados. O le haces desistir o bien os combati- 
remos a los dos. " 

ABU TÁLIB SE ENTREVISTA CON MUHÁMMAD 

Entonces lo dejaron, y, profundamente afligido, hizo llamar 
a su sobrino, y después de contarle con lo que habían ame- 
nazado, dijo: "¡Oh hijo de mi hermano! Ten consideración de 
mí y de tí mismo. No me cargues con un fardo mayor del que 
puedo aguantar. " 

84 



Las Primeras Persecuciones 

El Profeta le respondió diciendo: "Juro por Dios que aun- 
que ellos pusieran el sol en mi mano derecha y la luna en la 
izquierda para que abandonara esta misión antes de que Él 
la haya hecho victoriosa, a no ser que muriera en el empeño, 
no la abandonaría. " 

Luego, con lágrimas en los ojos, se incorporó y se volvió 
para marcharse, pero su tío lo volvió a llamar: "Hijo de mi 
hermano, " dij o, "vete y di lo que desees, porque ¡por Dios! note 
abandonaré bajo ningún concepto. " 

EL QURAISH DECIDE PASAR A LA ACCIÓN 

Cuando vieron que sus palabras no habían conseguido nada 
con Abu Tálib, el Quraish todavía vaciló en atacar directa- 
mente a su sobrino, porque, como jefe del clan, Abu Tálib 
tenía el poder de conceder protección inviolable, y a todos los 
restantes jefes de clan de la Meca les interesaba procurar que 
los derechos de los jefes se respetasen debidamente. Así pues 
por el momento se limitaron a organizar una amplia perse- 
cución de los partidarios de la nueva religión que no tenían a 
nadie que los protegiera. 

EL QURAISH EVALÚA LA SITUACIÓN: EL ISLAM AMENAZA 
SUS INTERESES 

Los líderes del Quraish consultaron entre sí para intentar ela- 
borar una política común sobre el problema que se les pre- 
sentaba. La situación era sumamente grave: pronto llegaría la 
época de la Peregrinación y árabes de todas las partes de Ara- 
bia vendrían a la Meca. Ellos, el Quraish, gozaban de una ele- 
vada reputación por la hospitalidad, no solamente en cuanto 
al alimento y la bebida sino también porque daban una buena 



85 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

acogida a todos los hombres, al igual que a sus dioses. 

Pero este año los peregrinos oirían a Muhámmad y a sus 
seguidores criticar el politeísmo y serían instados a abandonar 
la religión de sus antepasados y a adoptar una religión nueva 
que parecía tener numerosas desventajas. Sin duda muchos de 
ellos no volverían otra vez a la Meca, lo cual no sólo resultaría 
perjudicial para el comercio sino que también socavaría el 
honor en que eran tenidos los guardianes del Santuario. 

En el peor de los casos, los árabes podrían coaligarse para 
expulsarlos de la Meca y establecer a otra tribu o grupo de 
tribus en su lugar como ellos mismos habían hecho anterior- 
mente con Juza'a y como Juza'a había hecho con Yurhum. 

WALID, HIJO DE MUGIRÁ, ACUSA A MUHÁMMAD DE HE- 
CHICERO PELIGROSO 

Por lo tanto, era esencial que a los árabes visitantes se les dijera 
que Muhámmad de ninguna manera representaba al Quraish. 
Pero, aunque era fácil negar su condición de profeta, eso era 
simplemente expresar una opinión e indirectamente invitar 
a los otros a escuchar sus demandas y juzgar por sí mismos. 
Había que decir algo más, que se trataba de un poseso o un 
poeta o incluso, que era un hechicero. 

Consultaron a Walid, el hijo de Muguira, probablemente 
el hombre más influyente de la tribu en ese momento, sobre 
cuál de esas acusaciones sería la más convincente, pero él las 
rechazó todas como desacertadas; sin embargo, pensándo- 
selo mejor, decidió que aunque el hombre en cuestión no era 
ciertamente un hechicero, compartía por lo menos una cosa 
con los hechiceros: poseía el poder de separar a un hombre 
de su padre, o de su hermano o de su esposa o de su familia 
en general. 

86 



Las Primeras Persecuciones 

Por lo tanto les aconsejó que dejasen que su acusación uná- 
nime siguiese esas líneas, es decir, que Muhámmad era un 
hechicero peligroso al que había que evitar a toda costa. 

Una vez que se hubo acordado seguir su consejo, decidieron 
que había que vigilar desde fuera de la Meca todos los cami- 
nos por los que se llegaba a la ciudad y que había que advertir 
por anticipado a los visitantes para que estuviesen en guardia 
contra Muhámmad, porque sabían por propia experiencia qué 
gran carisma podía tener. 

LAS NOTICIAS SOBRE EL PROFETA LLEGAN A YATRIB 

En toda Arabia se hablaba, mejor o peor, de la nueva religión 
de Muhámmad; pero en ningún lugar se habló tanto de ella 
como en el oasis de Yatrib. Las tribus de Aus y Jazrach tenían 
alianzas con algunas de las tribus judías que vivían junto con 
ellas en Yatrib. 

Sus rabinos y adivinos, cuando se les preguntaba por dón- 
de vendría el Profeta esperado siempre habían señalado en la 
dirección del Yemen, que era también para ellos la de la Meca. 
Así pues, cuando los árabes de Yatrib oyeron que de hecho un 
hombre en la Meca se proclamaba ahora Profeta, aguzaron 
bien los oídos, y su interés se acrecentó cuando se les contó 
algo sobre su mensaje, porque ya les eran familiares muchos 
de los principios de la religión ortodoxa. 

EL JUDÍO IBN AL-HAYABAN PREDICE LA LLEGADA DEL PRO- 
FETA 

Pero su preparación mayor para las noticias de la Meca había 
venido indirectamente de un judío llamado Ibn al-Hayaban. 
Emigrado de Siria, en más de una ocasión había salvado de 
la sequía al oasis gracias a sus plegarias en petición de lluvia. 



87 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Este hombre santo había muerto por la época en que el Pro- 
feta recibió su primera Revelación y cuando se había sentido 
próximo a morir -como les contaron posteriormente a Aus y 
a Jazrach- dijo a quienes lo rodeaban: 

"¡Oh judíos! ¿Qué fue, pensad, lo que me hizo abandonar 
una tierra de pan y vino por una tierra de privaciones y ham- 
bre?" 

"Tú eres quien mejor lo sabe", le respondieron. "Vine a este 
país", les contestó, "esperando la llegada de un Profeta cuyo 
tiempo está cerca. Él emigrará a este país. Tenía esperanzas 
de que me hubiera dado tiempo de seguirle. Su hora la tenéis 
encima. " 

EL PROFETA ES FAMILIAR EN YATRIB 

La tribu de Jazrach era plenamente consciente de sus fuertes 
lazos de parentesco con el mismo hombre que decía ser un 
profeta y que había visitado Yatrib con su madre siendo niño, 
y, posteriormente, más de una vez de camino hacia Siria. En 
cuanto a los Aus, uno de sus hombres principales, Abu Qais, se 
había casado con una mequí que era tía de Wáraqa y también 
de Jadicha. Abu Qais había residido a menudo con la familia 
de su mujer y respetaba la opinión de Wáraqa sobre el nuevo 
profeta. 

Todos estos factores, además de los continuos informes de 
los peregrinos y de otros visitantes de la Meca, comenzaron a 
influir entonces sobre la población del oasis. 

LA SHAHADA DE HAMZA 

Uno de los peores enemigos del Islam era un hombre de Ma- 
jzum llamado Amr y conocido por su familia y amigos como 



88 



Las Primeras Persecuciones 

Abu-1-Hakam, nombre que los musulmanes no tardaron en 
convertir en Abu Yahl, "el padre de la ignorancia." Era nieto 
de Muguira y sobrino del ya entrado en años Walid, que era 
el jefe del clan. 

Abu Yahl estaba seguro de que sucedería a su tío y ya se 
había establecido una cierta posición en la Meca a través de 
su riqueza y su hospitalidad ostentosa y en parte también por 
haberse hecho temido a causa de su implacabilidad y pronti- 
tud para vengarse de cualquiera que se le opusiera. 

Había sido el más incansable de todos los hombres que ha- 
bían controlado las entradas de la Meca durante la reciente 
Peregrinación y el más ruidoso en su denuncia del Profeta 
como un brujo peligroso. Era también el primero a la hora de 
perseguir a los creyentes más indefensos de su propio clan y 
de incitar a otros clanes a hacer lo mismo. Pero un día, a pesar 
suyo y de manera indirecta, rindió a la nueva religión un gran 
servicio. 

ABU YAHL INSULTA AL PROFETA 

El Profeta se encontraba sentado fuera de la Mezquita, cerca 
de la Puerta de Safa, llamada así porque los peregrinos salían 
por ella para cumplir el rito de pasar siete veces entre la colina 
de Safa, que está cerca de la Puerta, y la colina de Marwa, a 
unos 450 metros hacia el norte. Una roca cerca del pie de Safa 
señala el punto de inicio del antiguo rito y el Profeta se halla- 
ba solo en este lugar santificado cuando Abu Yahl entró en la 
Mezquita para unirse a los quraishíes que estaban reunidos en 
el Hichr. Cuando vio al Profeta le insultó de modo violento. 
El Profeta, embargado por la tristeza, se puso de pie y regresó 
a su casa. 



89 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
HAMZA ES INFORMADO DEL MALTRATO A SU SOBRINO 

Apenas se había marchado cuando, por la dirección opues- 
ta, apareció Hamza de vuelta de caza, con el arco colgando 
del hombro. Psaba gran parte de su tiempo caando en los 
desiertos,las colinas y los bosques. Tenía por costumbre, 
siempre que regresaba de cazar, hacer los honores a la Casa 
Sagrada antes de reunirse con su familia. Viéndolo acercar- 
se, cerca de la Puerta de Safa, una mujer salió de su casa y 
lo abordó. Era ella una liberta del ya fallecido Abd Allah ibn 
Yudan de Taim, el hombre que veinte años antes había sido 
uno de los principales introductores del pacto de caballería, 
"Hilf al-Fudul". 

Los Yudan eran primos de Abu Bakr y ella misma, mos- 
trándose bien dispuesta hacía el Profeta y su religión, se había 
sentido ultrajada por los insultos de Abu Yahl, todas y cada 
una de cuyas palabras había acertado a oír. 

"Abu limara, " le dijo a Hamza, "ojalá hubieses visto cómo 
Muhámmad, el hijo de tu hermano, fue tratado hace un 
momento por Abu-l-Hakam, el hijo de Hisham. Lo encontré 
aquí sentado y de la forma más odiosa lo injurió y vilipendió. 
Luego lo dejó" -ella señaló entonces hacia la Mezquita para 
indicar a dónde había ido - y Muhámmad no respondió ni 
una palabra." 

HAMZA MONTA EN CÓLERA CONTRA ABU YAHL Y ABRAZA 
EL ISLAM 

Hamza, hombre de naturaleza amable y maneras sencillas, 
era sin embargo el hombre más valiente del Quraish y cuan- 
do se excitaba podía llegar a ser el más formidable y el más 
inflexible. Su fornido cuerpo se sintió sacudido entonces por 



90 



Las Primeras Persecuciones 

una cólera como nunca había experimentado antes y su cólera 
liberó algo en su alma dando conclusión a una resolución ya 
medio formada. 

Entrando a grandes zancadas en la Mezquita se fue dere- 
cho hacia Abu Yahl y, de pie, por encima de él, alzó su arco 
y lo descargó con todas las fuerzas sobre su espalda. "¿Oes 
que Muhámmad ha sido abandonado por los suyos? ¿Quieres 
insultarlo, " dijo "ahora que yo soy de su religión y ahora que 
afirmo lo que él afirma? Devuélveme golpe por golpe, si pue- 
des," 

A Abu Yahl no le faltaba coraje, aunque en esta ocasión, 
evidentemente, sintió que era mejor dar por concluido el in- 
cidente. Así, cuando algunos de los majzumíes presentes se 
levantaron con la intención de ayudarlo, él les hizo señas para 
que se sentasen, diciendo: "Dejad a Abu limara, porque por 
Dios que injurié al hijo de su hermano de una forma absolu- 
tamente repugnante. " 

HAMZA DA PROTECCIÓN A MUHÁMMAD 

Desde ese día Hamza mantuvo fielmente su Islam y siguió 
todas las órdenes del Profeta. Su conversión no dejó de ejer- 
cer cierta influencia sobre el Quraish, que ahora se mostraba 
más titubeante a la hora de hostigar directamente a Muhá- 
mmad sabiendo que Hamza lo protegía. Por otro lado, este 
acontecimiento totalmente inesperado les hizo ser tanto mas 
conscientes de la gravedad de su situación, en cuanto que in- 
crementó la sensación que tenían de que se necesitaba en- 
contrar una solución para detener un movimiento que, así les 
parecía a ellos, sólo podía terminar en la ruina de la posición 
privilegiada que disfrutaban entre los árabes. 



9i 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
MUHÁMMAD SE REFUGIA EN CASA DE AL-ARQAM 

La creciente persecución obligó al Profeta a abandonar su 
casa y refugiarse en la casa de al-Arqam donde predicaba el 
Islam y celebraba el azalá, que al principio parece que im- 
puso como obligatorio al alba y al atardecer. Abu Bakr solía 
también recitar el Corán en su casa, donde se construyó una 
pequeña mezquita y muchos mequíes solían acudir a oírlo 
desde la calle. Ibn Hayar nos cuenta, que en estos primeros 
tiempos, Muhámmad celebró una azalá en el patio de la Ka'ba 
lo que provocó un gran tumulto en el que resultó muerto un 
musulmán, Harith ibn Abi Hala, considerado el primer mártir 
del Islam. Otras veces, los musulmanes salían a rezar al desfi- 
ladero de Abu Dubb y en ocasiones sufrían los ataques de los 
politeístas. 



92 



LOS LÍDERES de meca rechazan el islam 



'UTBA IBN RABl'A INTENTA PERSUADIR AL PROFETA 

Los nobles de Meca acordaron cambiar sus tácticas y 
seguir la sugerencia hecha en una asamblea por uno de 
los hombres principales de Abdu Shams, 'Utba ibn Rabi'a. 
"¿Por qué no voy a ver a Muhámmad, " dijo, "y le hago ciertas 
ofertas, algunas de las cuales podría aceptar? y lo que 
aceptase, se le daría, a condición de que nos dejase en paz. " 
Se supo entonces que Muhámmad estaba sentado solo junto 
a la Ka'ba. Así pues, sin dilación, 'Utba dejó la asamblea y se 
dirigió hacia la Mezquita. 

PALABRAS DE 'UTBA IBN RABIA 

"Hijo de mi hermano" le dijo al Profeta, "como bien sabes, tú 
eres un noble de la tribu y tu ascendencia te asegura una plaza 
de honor. Y ahora has traído a tu pueblo un asunto que produce 
una profunda preocupación, por cuya causa has escindido su 
comunidad, has declarado necio su modo de vida, has hablado 
vergonzosamente de sus dioses y de su religión, y a sus antepa- 
sados los has llamado infieles. Escucha, pues, lo que propongo, 
y mira si algo de ello te resulta aceptable. 

Si lo que buscas es la riqueza, de nuestras distintas propie- 
dades juntaremos una fortuna para ti para que puedas ser 



93 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

el hombre más rico de entre nosotros. Si lo que quieres es el 
honor, te haremos nuestro jefe supremo y no tomaremos nin- 
guna decisión sin que tú antes la apruebes; si ambicionas la 
realeza, te designaremos nuestro rey, y si tú mismo no puedes 
desembarazarte de este genio que se te aparece, encontraremos 
para tí un médico y gastaremos nuestra riqueza hasta que te 
cure por completo. " 

RESPUESTA DEL PROFETA 

Cuando hubo terminado de hablar, el Profeta le dijo: "Ahora 
escúchame tú, ¡oh padre de Walid!" "Lo haré", dijo 'Utba, y el 
Profeta le recitó parte de una Revelación que había recibido 
recientemente: 

"En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso 1 . 
Ha,Mim. Revelación procedente del Compasivo, del Miseri- 
cordioso. Escritura cuyas aleyas han sido explicadas detalla- 
damente como Corán árabe para gente que sabe, como nuncio 
de buenas nuevas y como monitor. La mayoría, empero, se 
desvían y, así, no oyen. Y dicen: "Una envoltura oculta a nues- 
tros corazones aquello a que nos llamas, nuestros oídos pade- 
cen sordera, un velo nos separa de ti. ¡Haz, pues, lo que juz- 
gues oportuno, que nosotros haremos también lo que juzgue- 
mos oportuno!" Di: "Yo soy sólo un mortal como vosotros, a 
quien se ha revelado que vuestro Dios es un Dios Uno. ¡Id, 
pues, derechos a Él y pedidle perdón! ¡Ay de los asociadores, 
que no dan el azaque y niegan la otra vida! Quienes crean y 
obren bien, recibirán una recompensa ininterrumpida". 
Di: "¿No vais a creer en Quien ha creado la tierra en dos días 
y Le atribuís iguales? ¡Tal es el Señor del universo!" 
En cuatro días iguales: ha puesto en ella, encima, montañas 



94 



Los Líderes de Meca rechazan el Islam 

firmes, la ha bendecido y ha determinado sus alimentos. Para 
los que inquieren... Luego, se dirigió al cielo, que era humo, y 
dijo a éste y a la tierra: "¡Venid, queráis o no!" Dijeron: "¡Veni- 
mos de buen grado!" 

"Decretó que fueran siete cielos, en dos días, e inspiró a cada 
cielo su cometido. 

Hemos engalanado el cielo más bajo con luminares y una 
protección. Tal es la decisión del Poderoso, del Omnisciente". 
Si se desvían, di: "Os prevengo contra un rayo como el de los 
aditasy los tamudeos". (41:1-13) 

'Utba estaba preparado para simular al menos que presta- 
ba atención, como política hacia un hombre al que esperaba 
ganarse, pero después de unas pocas frases todos esos pensa- 
mientos se mudaron en admiración por las mismas palabras. 
Estaba allí sentado con las manos a la espalda, apoyándose 
sobre ellas mientras escuchaba, asombrado por la belleza del 
lenguaje que penetraba en sus oídos. 

Las señales que le fueron recitadas hablaban de la Revela- 
ción y de la Creación de la Tierra y el Firmamento. Luego, de 
los Profetas y de los pueblos antiguos que, habiéndoles resis- 
tido, habían sido destruidos y condenados al Infierno. 

Después venía un pasaje que hablaba de los creyentes, pro- 
metiéndoles la ayuda de los ángeles en esta vida y la satisfac- 
ción de todos sus deseos en el Más Allá. El Profeta terminó su 
recitación con las palabras: 

/ Y entre sus signos están la noche y el día y el sol y la luna! 
No os prosternéis en adoración ante el sol y ante la luna, 
sino prosternaos en adoración ante Dios, su Creador, 
si verdaderamente Lo adoráis. 

CORÁN: 41, 31 

95 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Después de esto se postró tocando el suelo con su frente, 
para decir al fin: "Ya has oído, ¡Oh Abu-l-Walid! El resto es 
cosa tuya. " 

'UTBA CAMBIA DE OPINIÓN 

Cuando 'Utba volvió a sus compañeros, éstos quedaron tan 
impresionados por el cambio de la expresión de su rostro que 
exclamaron: "¿Qué te ha sucedido, oh Abu-l-Walid?" tiles res- 
pondió diciendo: "He escuchado unas palabras como jamás 
había oído nada antes. No es poesía, por Dios, ni es brujería 
ni adivinación. Hombres del Quraish, escuchadme, y haced 
como digo. No os interpongáis entre este hombre y lo que hace, 
sino dejadle, porque por Dios las palabras que he escuchado 
de él serán recibidas como grandes nuevas. Si los árabes le 
dan muerte os habréis deshecho de él a manos de otros y si él 
vence a los árabes, entonces su soberanía será vuestra sobera- 
nía y su poderío será vuestro poderío y seréis los hombres más 
afortunados. " 

Pero se mofaron de él, diciendo: "Te ha hechizado con su 
lengua. " "Os he dado mi opinión", respondió él, "haced pues lo 
que consideréis mejor. " No se opuso más a ellos y el impacto 
que le habían producido los versículos coránicos no fue más 
que una impresión pasajera. 

LA ASAMBLEA DE LOS NOBLES HABLA CON MUHAMMAD 

Entre tanto, ya que no había traído ninguna respuesta a las pre- 
guntas que había planteado, uno de los otros dijo: "Hagamos 
que venga Muhámmad, hablemos y discutamos estas cosas con 
él, para que no se nos pueda culpar de no haber intentado todas 
las soluciones'.' Mandaron pues por Muhámmad, diciendo: 

96 



Los Líderes de Meca rechazan el Islam 

"Los nobles de tupueblo se encuentran reunidos para poder 
hablar contigo. "El se dirigió con toda premura hacia donde lo 
estaban esperando, pensando que tenían que haber sido per- 
suadidos a cambiar su actitud. Anhelaba guiarlos hacia la 
verdad; pero sus esperanzas se desvanecieron tan pronto como 
empezaron a repetir las ofertas que ya le habían hecho" 

Cuando hubieron concluido, él les dijo: "No estoy poseído, ni 
busco el honor entre vosotros ni la realeza sobre voso tros. Antes 
bien, Dios me ha enviado a vosotros como mensajero, me ha 
revelado un libro y me ha ordenado que sea para vosotros un 
portador de buenas nuevas y un amonestador. Así que os he 
comunicado el mensaje de mi Señor y os he aconsejado bien. Si 
aceptáis lo que os he traído, eso significa vuestra buena fortuna 
en este mundo y en el venidero; pero si lo rechazáis, entonces 
esperaré pacientemente a que Dios juzgue entre nosotros. " 

PIDEN AL PROFETA QUE HAGA MILAGROS PARA PODER CREER 

EN ÉL 

La única respuesta que obtuvo fue la de volver al mismo sitio 
donde se habían quedado y de nuevo escuchar que si no que- 
ría aceptar sus ofrecimientos que entonces hiciese algo que 
les demostrase que era un mensajero de Dios y que al mismo 
tiempo les facilitase la vida. 

"Pide a tu Señor que nos quite estas montañas que nos en- 
cierran, que nos allane nuestra tierra y que haga que fluyan 
por ella ríos como los de Siria e Iraq; que nos resucite a algunos 
de nuestros antepasados, Qusái entre ellos, para que podamos 
preguntarles si lo que tú dices es cierto o falso. O, si no quieres 
hacer estas cosas para nosotros, pide entonces favores para 
ti mismo. Pide a Dios que te envíe un Ángel que confirme tus 



97 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

palabras y nos desmienta a nosotros. Y pídele que te otorgue 
jardines y palacios y tesoros de oro y plata para que sepamos 
lo buenas que son tus relaciones con tu Señor'.' 

"SÓLO SOY UN AMONESTADOR Y UN ANUNCIADOR DE AL- 
BRICIAS" 

El Profeta les respondió, diciendo: "Yo no soy de los que piden 
a Dios esa clase de cosas, ni he sido enviado para eso, sino que 
Dios me envió para amonestar y comunicar buenas nuevas. " 
Negándose a escuchar, le dijeron: "Entonces haz que el cie- 
lo se caiga en pedazos sobre nuestras cabezas", en desdeñosa 
referencia al versículo ya revelado: 

Si nos place, podemos hacer que la tierra se los trague 
o que el firmamento caiga en pedazos sobre ellos. 

CORÁN: 34, 9 
"Eso tiene que decidirlo Dios", dijo. 
"Si Él lo desea, lo hará. " 

NO CREEN EN LA REVELACIÓN. EXIGEN VER A DIOS Y LOS 
ÁNGELES 

Sin responder, salvo el mutuo intercambio de miradas, pasa- 
ron a otro punto. Para ellos, uno de los rasgos más misteriosos 
de la Revelación era la recurrencia constante al extraño nom- 
bre Rahmán, aparentemente relacionado con la fuente de la 
inspiración del Profeta. Una de las Revelaciones comenzaba 
con las palabras El Todocompasívo (al-Rahman) ha enseñado 
el Corán (6o, i), y porque les agradaba aceptar el rumor de que 
Muhámmad aprendía las palabras que decía de un hombre de 
Yamama, su réplica final en esta ocasión fue decir; "¡Hemos 
oído que todo esto te lo enseña un hombre de Iamama llamado 
Rahmán y en Rahmán nunca creeremos!" 

98 



Los Líderes de Meca rechazan el Islam 

El Profeta permaneció en silencio, y ellos continuaron: "Nos 
hemos justificado ahora ante ti, Muhámmad; y por Dios jura- 
mos que no te dejaremos en paz ni desistiremos del tratamiento 
que ahora te deparamos hasta que terminemos contigo o tú 
termines con nosotros. " 

Y uno de ellos añadió: "No creeremos en ti hasta que nos trai- 
gas a Dios y a los Ángeles como garantía. "Ante estas palabras, 
el Profeta se incorporó y, cuando estaba a punto de dejarlos, 
Abdallah, el hijo de Abu Umaia de Majzum, también se levan- 
tó y le dijo: "Jamás te creeré; mejor dicho, no hasta que cojas 
una escalera y subas por ella al cielo y hasta que traigas cuatro 
Angeles para que den testimonio de que eres lo que afirmas ser; 
e incluso entonces creo que seguiría sin creerte. " 

EL PROFETA INTENTA GANAR PARA EL ISLAM A LOS DIRI- 
GENTES 

Los seguidores del Profeta aumentaban poco a poco, pero 
siempre que se les acercaba un nuevo converso y le prometía 
su lealtad, la mayoría de las veces se trataba de un esclavo, de 
un liberto, de un miembro del Quraish de los Alrededores 
o, todo lo más, de un joven o una mujer del Quraish de la 
Hondonada, de familia influyente pero ellos mismos de nin- 
guna influencia, y cuya conversión incrementaba diez veces 
la hostilidad de sus padres y parientes mayores. 

El Profeta anhelaba atraerse a alguno de los jefes; ninguno 
de los cuales, ni siquiera su tío Abu Tálib, había mostrado 
ninguna inclinación a unírsele. 

EL PROFETA QUIERE GUIAR A WALID, JEFE DE MAJZUM 

Le sería de una gran ayuda para la propagación de su mensaje 
el contar con el apoyo de un hombre como el tío de Abu Yahl, 



99 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Walid, que no sólo era el jefe de Majzum sino que, además, si 
se pudiera designar así, podía ser considerado como el líder 
extraoficial del Quraish. Era, igualmente, un hombre que pa- 
recía más abierto al debate que muchos de los otros. 

Un día se le presentó al Profeta la oportunidad de hablar 
con Walid a solas. Pero cuando estaban inmersos en la conver- 
sación acertó a pasar junto a ellos un ciego, uno que reciente- 
mente había abrazado el Islam y, al escuchar la voz del Profeta, 
le pidió que le recitase algo del Corán. 

Cuando se le rogó que tuviese un poco de paciencia y que 
esperase otra ocasión más propicia, el ciego se molestó tanto 
que, al final, el Profeta frunció el ceño y le volvió la espalda. La 
conversación se había echado a perder; pero la interrupción 
no fue la causa de ninguna pérdida; Walid, en realidad, no 
estaba más abierto al mensaje que aquéllos que se negaban 
a creer. 

"ÉL FRUNCIÓ EL CEÑO..." 

Ante la actitud del Profeta, Una azora le fue revelada casi in- 
mediatamente reprochándole su gesto con estas palabras: 

Él frunció el ceño y se alejó, porque el ciego se le acercó. 
La Revelación continuaba: 

En cuanto a aquél que a si mismo se basta, 

a él le prestas toda tu atención, 

¡aunque no es cosa tuya si no está purificado! 

Pero en cuanto a aquél que llega a ti lleno de celo y de 

temor de Dios, 
a ése no le haces caso. 

coran: 8o, 1-2, 5-10 



100 



Los Líderes de Meca rechazan el Islam 

PERSECUCIONES Y MALTRATOS 

Cuanto más aumentaban los seguidores de Muhámmad ma- 
yor era el sentimiento de sus oponentes de que su comunidad 
y su forma de vida estaban en peligro, a la vez que con una 
mayor resolución organizaban la persecución de todos los 
conversos que podían ser maltratados impunemente. Cada 
clan se encargaba de sus propios musulmanes: los encerraban 
y atormentaban golpeándolos y haciéndoles pasar hambre y 
sed; los extendían sobre la tierra endurecida por el sol de la 
Meca cuando éste estaba en su cénit para hacerles renunciar 
a su religión. 

BILAL 

El jefe de Yuma, Umaia, tenía un esclavo africano llamado 
Bilal que era un firme creyente. Umaia lo sacaba a mediodía a 
un espacio abierto y lo mantenía contra el suelo con una gran 
roca sobre su pecho, jurando que permanecería así hasta que 
muriese o renunciase a Muhámmad y adorase a las diosas al- 
Lat y al-'Uzza. 

Mientras soportaba esto, Bilal decía: "Uno, Uno". Y sucedió 
que un día, cuando el esclavo estaba sufriendo este tormento, 
acertó a pasar por allí el anciano Wáraqa, el cual no dejaba de 
oírle repetir: "Uno, Uno". "Ciertamente es Uno, Uno, ¡oh, Bilal!", 
dijo entonces. Luego, volviéndose a Umaia dijo: "Juro por Dios 
que si lo matas así haré de su tumba un Santuario. " 

No todos los hombres del Quraish vivían entre su propio 
clan, y Abu Bakr había adquirido una casa entre las moradas 
de los Banu Yuma. Esto significaba que tenían más oportuni- 
dades de ver al Profeta que la mayoría de los otros clanes, ya 
que éste solía visitar a Abu Bakr todas las tardes. 



101 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

A través de él, Bilal había abrazado el Islam, y, cuando Abu 
Bakr vio cómo lo torturaban, le dijo a Umaia: "¿No tienes temor 
de Dios, para tratar asía un pobre hombre?" "Tú eres quien lo 
ha corrompido, "respondió Umaia, "así pues, sálvalo de lo que 
estás viendo. " "Lo haré", dijo Abu Bakr. "Tengo un joven negro 
que es más resistente y más robusto que él, un hombre de tu 
religión. Te lo daré por Bilal. "Umaia consintió y Abu Bakr se 
llevó a Bilal y le dio la libertad. Bilal sería después el primer 
almuédano del Islam. 

El Islam propugna la liberación de los esclavos y de hecho 
supuso una auténtica revolución social en aquella sociedad 
esclavista, tanto en el mundo árabe como en el mundo bizan- 
tino y feudal romano. 

LAS PERSECUCIONES DE ABU YAHL 

Entre los más implacables perseguidores se encontraba Abu 
Yahl. Si un converso tenía una familia poderosa que lo defen- 
diese, Abu Yahl solamente lo insultaba, prometía arruinar su 
reputación y hacer de él un hazmerreír. Si se trataba de un 
comerciante, lo amenazaba con paralizar sus transacciones 
organizando un boicot general de sus mercancías de modo 
que se arruinase. Si el converso era una persona débil y des- 
protegida de su propio clan, hacía que se le torturara y tenía 
aliados poderosos en muchos otros clanes a los que podía per- 
suadir para que hicieran lo mismo con sus propios conversos 
débiles y carentes de protección. 

Por mediación suya sus compañeros de clan torturaron a 
tres de sus confederados más pobres, Yasir y Sumaia y su hijo 
Ammar. Se negaron a renunciar al Islam y Sumaia murió de- 
bido a las heridas que le causaron. 



102 



Los Líderes de Meca rechazan el Islam 

Abu Yahl también atacó al Profeta mientras rezaba pros- 
ternado en la Ka'ba echándole encima de la cabeza las tripas 
de un camello. Estaba a punto de asfixiarse cuando una de las 
hijas del profeta lo salvó. En otra coasión fue 'Uqba ibn 'Alí 
en que lo intentó estrangular mientras hacía la azalá en ese 
mismo lugar. 



103 



•io« 

LA EMIGRACIÓN A ABISINIA Y LA 
CONVERSIÓN DE ÓMAR 



EL PROFETA INVITA SUS COMPANEROS A EMIGRAR A ABI- 
SINIA 

Habasha era el nombre árabe para Abisinia. Los 
mequíes mantenían relaciones directas con el África 
negra. La existencia en el Corán de palabras abisinias lo 
prueban. Parece posible que el Profeta hubiera viajado en 
alguno de sus viajes comerciales hasta Abisinia y que conocía 
en algún grado su lengua. 

Cuando el Profeta vio que, aunque él estaba a salvo de la per- 
secución muchos de sus seguidores no lo estaban, les dijo: 

"Si vais al país de los abisinios, encontraréis allí un rey bajo 
el cual nadie padece el mal. Es un país de sinceridad en la re- 
ligión. Hasta el tiempo en que Dios os proporcione los medios 
para aliviar lo que ahora sufrís. " 

Así pues, algunos de sus compañeros partieron para Abi- 
sinia con una carta del propio Profeta dirigida al rey del país, 
el Negus y ésta fue la primera emigración en el Islam. Los 
emigrantes fueron bien recibidos en Abisinia y se les dio li- 
bertad de culto. La religión del Negus era el cristianismo mo- 
nofisita. 



104 



La Emigración a Abisinia y la Conversión de Ómar 

En total, sin contar a los niños pequeños que se llevaron 
consigo, eran unas ochenta personas; pero no todos se fueron 
al mismo tiempo. Su huida se planeó en secreto y se llevó a 
cabo discretamente en pequeños grupos. En el primer grupo 
salió Otmán y su mujer Ruqaia, hija del Profeta. 

LA REACCIÓN DEL QURAISH 

Los líderes del Quraish, sin embargo, de ninguna manera es- 
taban dispuestos a dejarlos en paz para que establecieran allí, 
más allá de su control, una comunidad peligrosa que podría 
incrementar su número si otros conversos se le unían. Elabora- 
ron un plan rápidamente para traerlos de vuelta por la fuer- 
za y dispusieron cierta cantidad de obsequios para hacer un 
rico soborno a cada uno de los generales del Negus, el rey 
de Abisinia. Había también valiosos presentes para el Negus. 
Luego escogieron cuidadosamente a dos hombres, uno de los 
cuales era Amr ibn al-As, del clan de Sahm, para levar a cabo 
lo planeado. 

EL NEGUS NO CEDE AL SOBORNO 

Los generales aceptaron el soborno y los dos hombres del Qu- 
raish llevaron sus presentes al Negus, rey de los abisinios y le 
instaron a acceder a su petición y a entregar a los refugiados. 
Pero el Negus se disgustó y dijo: "¡No, por Dios, no serán 
traicionadas unas personas que han buscado mi protección, 
han hecho de mi país su morada y me han elegido por encima 
de todos los demás! No los entregaré hasta que los haya convo- 
cado e interrogado sobre lo que estos hombres dicen de ellos. Si 
es como han dicho, entonces los pondré a su disposición para 
que los devuelvan a su gente. Pero si no, seré su buen protector 
mientras en mí busquen refugio. " 



105 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Entonces envió por los compañeros del Profeta y, al mismo 
tiempo, reunió a sus obispos, que se trajeron sus libros sagra- 
dos y los dispusieron abiertos alrededor del trono. 

el negus interroga a los musulmanes: discurso de 
ya'far 

Cuando todos estuvieron reunidos, el Negus les habló y dijo: 
"¿ Cuál es esta religión por la que os habéis separado de vuestro 
pueblo, aunque no habéis abrazado la mía ni la de ninguna de 
las naciones que nos rodean?" 

Y Ya'far, portavoz del grupo de musulmanes, le respondió 
diciendo: "Oh Rey, nosotros éramos un pueblo empapado en la 
ignorancia, que adoraba ídolos, comía carroña sin sacrificar, 
cometía abominaciones y el fuerte devoraba al débil. 

Asiéramos, hasta que Dios nos envió un Mensajero de entre 
nosotros, uno cuyo linaje conocíamos, al igual que su vera- 
cidad, su confianza e integridad. Para dar testimonio de la 
Unidad de Dios nos convocó. Para que adorásemos a Dios y 
renunciásemos a lo que nosotros y nuestros padres habíamos 
adorado en la forma de piedras y de ídolos, y nos ordenó decir 
la verdad, cumplir nuestras promesas, respetar los lazos de 
parentesco y los derechos de nuestros vecinos, y abstenernos 
del crimen y el derramamiento de sangre. 

Adoramos, pues, a Dios solo, sin poner nada a su lado, con- 
siderando prohibido cuanto Él ha prohibido y lícito lo que es 
permitido por Él. Por estas razones nuestro pueblo se ha vuelto 
contra nosotros y nos ha perseguido para hacernos renegar de 
nuestra religión y volver a la adoración de los ídolos. Por eso 
hemos venido a tupáis, habiéndote elegido a ti sobre los otros 
y es nuestra esperanza, ¡oh Rey!, que aquí, contigo, no suframos 
más persecución. " 

106 



La Emigración a Abisinia y la Conversión de Ómar 

YA'FAR RECITA LA AZORA DE MARÍA 

Los intérpretes reales tradujeron todo lo que había dicho. 
El Negus preguntó entonces si tenían con ellos alguna Reve- 
lación que su Profeta les hubiera dado del Dios Uno, y cuando 
Ya'far contestó que sí tenían, dijo: "Entonces, recítamela. " Y 
Ya'far recitó un pasaje de la Azora de María. 
Y recuerda a María en la Escritura 
cuando dejó a su familia para retirarse a un lugar hacia 

el Oriente 
y se ocultó de ellos. 
Le enviamos nuestro Espíritu y Éste se le presentó como 

un mortal perfecto. 
Dijo ella: Me refugio de ti en el Infinitamente Bueno, si 

eres piadoso. 
Dijo El: Yo soy sólo el enviado de tu Señor para regalarte 

un niño puro. 
Ella dijo: ¿Cómo puedo tener un niño, si no me ha 

tocado mortal ni he perdido la castidad? 
Pero así será, le respondió. 
Tu Señor dice: Es cosa fácil para Mí. 
Para hacer de Él un signo para la gente y una 

misericordia de Nosotros. 
Está ya decidido. 

coran: 19, 16-21 

El Negus lloró, y lo mismo hicieron sus obispos, al escuchar- 
lo recitar, y cuando se tradujo lo recitado volvieron a llorar, y el 
Negus dijo: "Verdaderamente esto procede de la misma fuente 
que lo que Jesús trajo. "Entonces se volvió hacia los dos enviados 
del Quraish y dijo: "Os podéis marchar, porque por Dios no os 
los voy a entregar; no serán traicionados. " 



107 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
JESÚS, SIERVO DE DIOS 

Pero a la mañana siguiente Amr se dirigió al Negus y dijo: 
"¡Oh Rey!, cuentan ellos una mentira enorme sobre Jesús, el 
hijo de María. Dicen que es un esclavo. Envía si no por ellos y 
pregúntales qué dicen de él. " 

Cuando se presentaron ante el rey y se les preguntó: "¿Qué 
decís de Jesús el hijo de María?" Ya'far respondió: "Decimos de 
él lo que nuestro Profeta nos trajo: que es el siervo de Dios y Su 
Enviado y Su Espíritu y Su Palabra que Él depositó en María, 
la virgen Bendita. " 

El Negus cogió un palito del suelo y dijo: "No excede lo que 
habéis dicho de Jesús, el hijo de María el gr osos de esta rami- 
ta". Luego se volvió hacia Ya'far y sus compañeros y dijo: "Id 
tranquilos, porque estáis a salvo en mi país. Ni por montañas 
de oro dañaría a un solo hombre de vosotros". 

A continuación, con un movimiento de la mano hacia los 
enviados del Quraish dijo a su acompañante: "Devolved a estos 
hombres sus presentes, porque no me sirven para nada". 

Así, Amr y el otro hombre volvieron vergonzosamente a 
la Meca. 

ÓMAR, SOBRINO DE ABU YAHL 

Cuando los dos enviados del Quraish regresaron a la Meca 
con las noticias de que habían sido desairados y de que los 
musulmanes habían sido establecidos en el favor del Negus, 
el Quraish quedó indignado y consternado. Inmediatamente 
se pusieron a intensificar su represión y persecución de los 
creyentes, en gran medida bajo la dirección de Abu Yahl, cuyo 
sobrino Ómar era uno de los más violentos y desenfrenados a 
la hora de cumplir sus instrucciones. 



108 



La Emigración a Abisinia y la Conversión de Ómar 

En aquel tiempo, Ómar tenía unos veintiséis años y era un 
joven voluntarioso y de gran resolución que no se desalentaba 
con facilidad. Pero a diferencia de su tío, él era piadoso y ahí 
descansaba realmente su principal motivo para oponerse a 
la nueva religión. Veía claramente que el conflicto tenía una 
sola causa. Quitar de en medio al hombre que era esa causa, y 
pronto todo volvería a ser como antes. 

ÓMAR DECIDE MATAR AL PROFETA 

Continuó meditando en ese sentido y, al final, llegó el día -fue 
poco después del regreso de los fracasados enviados a Abisi- 
nia- en que un arrebato de ira lo incitó a la acción y, tomando 
la espada, salió de su casa. 

Apenas había traspasado el umbral cuando se encontró cara 
a cara con Nuaim ibn Abdallah, uno de sus compañeros de clan. 
Nu'aim había abrazado el Islam pero lo mantenía en secreto 
por temor a Ómar y a otros de su gente. La expresión ceñuda 
que vio entonces en el rostro de Ómar le movió a preguntarle 
a dónde iba. "Voy a la casa de Muhámmad, ese renegado que 
ha dividido al Quraish en dos, "dijo Ómar, "y lo mataré. " 

ÓMAR SE ENTERA DE QUE SU HERMANA Y SU CUÑADO SON 
MUSULMANES 

Nu'aim intentó detenerlo señalando que él mismo moriría. 
Pero cuando vio que Ómar prestaba oídos sordos a semejante 
argumento pensó en otra manera de, al menos, retrasarlo, para 
que diese tiempo a dar la alarma. 

"¡Oh, Ómar!' 'dijo "¿por qué no vuelves primero conlagente de 
tu propia casa y les corriges?" "¿Qué personas de mi casa?" dijo 
Ómar. "Tu cuñado Sa'idy tu hermana Fátima", dijo Nu'aim, 



109 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"ambos siguen a Muhámmad en su religión. Tú puedes ser el 
responsable si los dejas seguir como están. " 

ÓMAR OYE LA RECITACIÓN DEL CORÁN 

Sin decir palabra Ómar se volvió y se encaminó derecho a la 
casa de su hermana. Había entonces un confederado pobre de 
Zuhra llamado Jabbab, que a menudo iba a recitarles el Corán 
a Sa'id y Fátima; en aquel momento se encontraba con ellos, 
con algunas páginas escritas de la azora llamada Ta-ha (Corán: 
20), que acababa de ser revelada y que estaban leyendo juntos. 
Cuando escucharon la voz de Ómar gritando airadamente el 
nombre de su hermana mientras se aproximaba, Jabbab se 
ocultó en un rincón de la casa y Fátima cogió el manuscrito y 
lo guardó bajo su túnica. 

Pero Ómar había oído el sonido de la lectura, y cuando entró 
les dijo: "¿Qué era ese chismorreo que oí?" Intentaron asegu- 
rarle que no había oído nada. "Por cierto que lo oí", dijo, "y me 
han dicho que ambos os habéis hecho seguidores de Muhám- 
mad. " 

Entonces se lanzó contra su cuñado y se enzarzó con él, 
y cuando Fátima acudió en defensa de su marido, Ómar le 
propinó un violento golpe. "Pues sí, así es " — decían — somos 
musulmanes y creemos en Dios y en Su Enviado. Haz pues lo 
que desees. "La herida de Fátima sangraba y cuando Ómar vio 
la sangre lamentó lo que había hecho. 

ÓMAR LEE EL COMIENZO DE LA AZORA TA HA 

Se produjo un cambio en él y le dijo a su hermana: "Dame esa 
escritura que os oí leer para que vea qué es lo que Muhámmad 
ha traído. " Al igual que ellos, Ómar sabía leer, pero cuando 



110 



La Emigración a Abisinia y la Conversión de Ómar 

pidió la escritura ella dijo: "Tememos confiártela. " "No temáis", 
dijo él, y, desabrochando el cinturónde la espaday deponiendo 
ésta, juró por sus dioses que se la devolvería cuando la hubiera 
leído. Fátima podía ver que se había ablandado y se sintió inva- 
dida por el anhelo de que abrazase el Islam. "¡Oh, hermano mío 
— dijo — tú eres impuro en tu idolatría y sólo los puros pueden 
tocarlo!. " Ómar fue entonces a lavarse y su hermana le dio la 
página en la que estaba escrito el comienzo de Ta-Ha: 

En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, 
el Dispensador de Gracia: 

¡Ta Ha! No hemos hecho descender este Corán sobre ti 
para hacerte desgraciado, sino como exhortación para 
todos los que temen a Dios, una revelación de Aquel que 
ha creado los cielos y la tierra, el Más Misericordioso, 
asentado sobre el trono de Su omnipotencia. 

De Él es cuanto hay en los cielos y cuanto 
hay en la tierra, y también cuanto hay entre 
ambos y cuanto hay bajo la tierra. 

Y si dices algo en voz alta, Él lo oye, pues, 
ciertamente, conoce los secretos y también 
cuanto es aún más recóndito. 

¡Dios, no hay deidad sino Él; Suyos 
son los atributos de perfección! 

CORÁN: 20 
ÓMAR DECIDE ABRAZAR EL ISLAM 

Comenzó a leerlo, y cuando hubo leído un pasaje, dijo: "¡Qué 
hermosas y qué nobles palabras!" Cuando Jabbab oyó esto salió 



111 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

de su escondite y dijo: "Ómar, tengo la esperanza de que Dios 
te haya elegido por la plegaria de su Profeta, al cual ayer le oí 
pedir. "¡Oh Dios, fortalece el Islam con Abu-l-Hákam el hijo 
de Hisham o con Ómar el hijo de Jattab!". "Oh Jabbab! — dijo 
Ómar — ¿dónde estará ahora Muhámmad, para poder ir a 
verlo y abrazar el Islam?" Jabbab le dijo que estaba con sus 
compañeros. 

ÓMAR DECLARA SU ISLAM AL PROFETA 

Ómar se ciñó la espada y salió para Safa, llamó a la puerta de 
la casa y dijo quién era. Habían sido puestos sobre aviso por 
Nu'aim, por lo que su llegada no era inesperada, pero queda- 
ron desconcertados por el tono suave de su voz. Uno de los 
compañeros se acercó a la puerta, miró a través de una hendi- 
dura y se volvió consternado. "¡Oh, Enviado de Dios — dijo — 
ciertamente es Ómar y viene con la espada al cinto!. " 

El Profeta consintió que se le permitiese entrar y, avanzan- 
do para recibirlo, lo tomó por el cinto y lo llevó al centro de 
la habitación, diciendo: "¿Qué te ha traído por aquí, oh hijo 
de Jattab? No puedo verte desistiendo hasta que Dios te envíe 
alguna desgracia. " 

"¡Oh, Enviado de Dios — dijo Ómar — he venido ante ti para 
poder declarar mi fe en Dios y su Enviado y en lo que Él ha 
traído de Dios!" 

"AllahuAkbar (Dios es más grande)", dijo el Profeta, de una 
forma tal que todos los hombres y mujeres que había en la 
casa supieron que Ómar había abrazado el Islam y todos se 
regocijaron. 



112 



.11. 

EL BOICOT 



EL BOICOT CONTRA EL CLAN DEL PROFETA, EL CLAN DE 
HÁSHIM 

No le resultaba tolerable a Ómar que el Quraish 
adorase a sus dioses en la Ka'ba mientras que los 
creyentes adoraban a Dios en secreto. Solía, pues, orar 
delante de la Ka'ba y animaba a otros musulmanes a que lo 
acompañasen. Algunas veces, él y Hamza iban con un grupo 
numeroso de creyentes al Santuario y en tales ocasiones los 
líderes del Quraish no se dejaban ver. 

Para ellos habría sido una pérdida de dignidad estar pre- 
sentes y no intervenir; bien sabían que, de oponerse ellos, 
Ómar no se detendría ante nada. Estaban determinados, sin 
embargo, a no permitir que este joven se imaginase que los 
había vencido y, presionados por Abu Yahl, decidieron que 
la mejor solución sería decretar un boicot contra todo el clan 
de Háshim que, a excepción de Abu Lahab, estaba decidido a 
proteger a sus componentes tanto si creían que Muhámmad 
era un Profeta como si no. 

Se redactó, pues, un documento según el cual se prometía 
que nadie desposaría a una mujer de Háshim o daría su hija 
en matrimonio a un hombre de Háshim, y nadie les com- 
praría o vendería nada. Esto tenía que continuar hasta que 



113 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

el clan de Háshim proscribiese a Muhámmad o hasta que 
él renunciase a sus pretensiones de profecía. 

No menos de cuarenta jefes del Quraish sellaron este acuer- 
do, aunque no todos estaban a favor de él en igual medida, 
incluso a algunos de ellos hubo que convencerlos. El clan de 
Muttálib se negó a abandonar a sus primos hashimíes y, por 
lo tanto, fue incluido en el boicot. El documento fue colocado 
solemnemente en el interior de la Ka'ba. 

En consideración a la seguridad mutua, los Banu Háshim 
se agruparon en torno a Abu Tálíb en aquel barrio de la de- 
presión de la Meca donde él y la mayoría del clan vivían. A la 
llegada del Profeta y Jadicha con sus allegados, Abu Lahab y su 
mujer se marcharon y se fueron a vivir a una casa que poseía 
en otra parte, para demostrar solidaridad con el Quraish en 
conjunto. 

EL PROFETA SUFRE LA SÁTIRA Y EL INSULTO 

Durante los meses sagrados, cuando podían abandonar el re- 
fugio e ir de un sitio a otro sin temor de ser molestados, el Pro- 
feta con frecuencia iba al Santuario, y los líderes del Quraish 
aprovechaban su presencia para insultarle y satirizarlo. Algu- 
nas veces, cuando recitaba revelaciones en las que advertía al 
Quraish lo que había sucedido a pueblos antiguos, Nadr de 
Abd ai-Dar se ponía de pie y decía: "¡Por Dios, Muhámmad no 
es mejor que yo como orador! Lo que dice nos son sino historias 
de los antiguos. Han sido escritas para él de la misma manera 
que las mías han sido escritas para mí. "Entonces les contaba 
las historias de Rustam e Isfandiyar y los reyes de Persia. 

En relación con esto fue revelado uno de los muchos versí- 
culos que se refieren al corazón como a la facultad mediante 



114 



El Boicot 

la cual el hombre tiene visión de las realidades sobrenaturales. 
El ojo del corazón, aunque cerrado en el hombre caído, puede 
captar una vislumbre de luz y esto es la fe. Pero un tipo de vida 
perniciosa hace que se acumule sobre el corazón una capa 
como de herrumbre, de modo que no puede sentir el origen 
divino del Mensaje de Dios: 

"Cuando Te recitan nuestras alejas dice: 

Historias de los antiguos'. 

Pero ¡no! 

Lo que ganaron es herrumbre sobre sus corazones. 

coran: 83, 13-14 

En cuanto al estado opuesto a éste, la posibilidad suprema 
de la visión interior. El Profeta afirmó de sí mismo en más de 
una ocasión que el ojo de su corazón estaba abierto incluso 
durante el sueño: "Mi ojo duerme, pero mi corazón está des- 
pierto. " 

FIN DEL BOICOT Y VUELTA DE ABISINIA DE ALGUNOS EXI- 
LIADOS 

El boicot sobre Háshim y Muttálib duró dos años o más y no 
produjo los efectos deseados. Tuvo además el efecto indesea- 
ble e imprevisto de atraer con más fuerza la atención hacía el 
Profeta y provocó el que se hablase en toda Arabia de la nueva 
religión más que nunca. 

El boicot fue revocado formalmente, y un grupo de qurais- 
híes fue a dar las buenas nuevas a los Banu Háshim y a los 
Banu Muttálib. 

Hubo un gran alivio en la Meca después del levantamiento 
del boicot y, por el momento, se suavizaron las hostilidades 
contra los musulmanes. 



115 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Pronto llegaron a Abisinia informes de la nueva situación, 
y algunos de los exiliados se pusieron inmediatamente a hacer 
preparativos para volver a la Meca; otros, Ya'far entre ellos, 
decidieron proseguir durante un tiempo donde estaban. 

Excepto Ya'far y 'Ubaidallah ibn Yahsh, todos los primos 
del Profeta volvieron. Con ellos vinieron también Otmán y 
Ruqaia. 

EL AÑO DE LA TRISTEZA 

En el año 619, no mucho después de que el boicot se hubiera 
revocado, el Profeta sufrió una gran pérdida con la muerte de 
su esposa Jadicha. Habían vivido juntos en profunda armonía 
durante veinticinco años y ella no sólo había sido su esposa 
sino también su amiga íntima, su sabia consejera y madre para 
todos cuantos vivían en la casa, incluidos Alí y Zaid. 

Sus cuatro hijas estaban abatidas de dolor, pero el Profeta 
pudo consolarlas diciéndoles que en una oración Gabriel lo 
había visitado y le había dicho que diese a Jadicha saludos de 
Paz de parte de su Señor y le dijese que Él había preparado 
para ella una morada en el Paraíso. 

De las madres, el Profeta había dicho: "El Paraíso se en- 
cuentra por debajo de los pies de vuestras madres". Jadicha es 
conocida como "la Madre de los creyentes". 

Por esos días Abu Tálib enfermó y murió. Estas muertes 
sucedieron tres años antes de la Hégira (Emigración) a Medina 
y ese año fue llamado "el año de la tristeza". 

ABU BAKR ATACADO 

La situación se estaba haciendo difícil en la Meca para casi 
todos los que no gozaban de protección oficial. Antes de unirse 



116 



El Boicot 

al Profeta, Abu Bakr había sido un hombre de considerable 
influencia pero, a diferencia de Ómar y Hamza, él no era un 
hombre peligroso y, por lo tanto, no inspiró temor excepto 
en aquellos que habían aprendido a apreciarlo por razones 
espirituales: cuando su Islam estableció una barrera entre él 
y los líderes del Quraish su influencia quedó prácticamente 
anulada. 

Para Abu Bakr la situación se agravaba, además, por ser 
conocido como el responsable de muchas conversiones, y 
puede haber sido en parte como venganza por la conversión 
de Asuad, el hijo de Naufal, por lo que un día Naufal mismo, 
el medio hermano de Jadicha, organizó un ataque contra Abu 
Bakr y Talha, los cuales quedaron tumbados en el camino, con 
las manos y los pies atados y amarrados los dos juntos con una 
cuerda. Ningún hombre de Taim intervino contra los de Asad, 
lo que sugiere que habían renegado de sus dos destacados 
compañeros musulmanes. 

ABU BAKR EMIGRA 

Hubo quizás otros incidentes. Abu Bakr mantenía unas re- 
laciones cada vez peores con el antiguo amo de Bilal, Umaia, 
que era el jefe de Yuma, entre quienes él vivía, y llegó un mo- 
mento en que sintió que no le quedaba más alternativa que la 
de emigrar. 

Habiendo obtenido el permiso del Profeta, partió para unir- 
se a los que habían permanecido en Abisinia. Pero antes de 
llegar al Mar Rojo se encontró con Ibn al-Dugunna, en aquella 
época jefe de un pequeño grupo de tribus confederadas que 
vivían cerca de la Meca, aliadas del Quraish. 

Este jefe beduino había conocido bien a Abu Bakr en sus 



117 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

días de riqueza e influencia, sin embargo ahora tenía el aspec- 
to de un ermitaño vagabundo. Asombrado por el cambio, le 
interrogó. "Mi pueblo me ha maltratado — dijo Abu Bakr — y 
me ha expulsado, y todo lo que pretendo es viajar sobre la faz 
de la tierra, adorando a Dios" 

"¿Por qué te han hecho esto? — dijo Ibn al-Dugunna — Tú 
eres un ornamento para tu clan, una ayuda en el infortunio, un 
bienhechor, siempre satisfaciendo necesidades de otros. Regre- 
sa, porque estás bajo mi protección'. 'Lo llevó, pues, de vuelta 
a la Meca y habló a la gente, diciendo: "Hombres del Quraish, 
he otorgado mi protección al hijo de Abu Quhafa, por tanto, 
que todo el mundo lo trate bien" 

El Quraish confirmó la protección y prometió que Abu Bakr 
estaría a salvo. 

ABU LAHAB DEJA SIN PROTECCIÓN AL PROFETA 

Abu Tálib fue sucedido por Abu Lahab como jefe de Háshim; 
pero la protección que Abu Lahab daba a su sobrino era pura- 
mente nominal, y el Profeta fue maltratado como nunca lo ha- 
bía sido antes. En una ocasión un transeúnte se inclinó sobre 
su puerta y echó un trozo de asadura putrefacta en el puchero 
de la comida; otra vez, cuando estaba haciendo la plegaria en 
el patio de su casa, un hombre le arrojó el útero de una oveja 
lleno de sangre y excrementos. 

Antes de deshacerse de ello, el Profeta levantó el objeto 
con la punta de un palo y dijo, de pie en su puerta: "¡Oh hijos 
de Abdu Manaf. ¿Qué protección es ésta?" Había visto que el 
ofensor era el shamsí Uqba, padrastro de Otmán, el marido 
de Ruqaia. 

En otra ocasión, cuando el Profeta volvía de la Ka'ba, un 
hombre tomó un puñado de tierra y lo arrojó contra su cara y 

118 



El Boicot 

su cabeza. Cuando volvió a casa, una de sus hijas se la lavó, llo- 
rando mientras lo limpiaba "No llores, hijita — dijo él — Dios 
protegerá a tu padre" 

EL PROFETA BUSCA AYUDA EN LOS THAQIF 

Fue entonces cuando decidió buscar ayuda de los Thaqif, los 
habitantes de la ciudad vecina de Taif, una decisión que refle- 
jaba elocuentemente la aparente gravedad de su situación en 
la Meca. 

Cuando llegó se dirigió directamente a la casa de los tres 
hermanos que eran los líderes del Thaqif en aquel tiempo, los 
hijos de Amr Ibn Umaia. 

Pero cuando el Profeta les pidió que aceptasen el Islam y lo 
ayudasen contra sus oponentes estos lo rechazon y le negaron 
protección. 

Entonces el Profeta se levantó para dejarlos pero cuando 
hubo abandonado a los tres hermanos estos incitaron a sus es- 
clavos y criados para que lo insultasen y gritasen, hasta que se 
congregó contra él un gentío y se vio forzado a buscar refugio 
en un huerto privado. Una vez que penetró en él la multitud 
comenzó a dispersarse, y, atando su camello a una palmera, fue 
a buscar cobijo bajo una parra y se sentó a su sombra. 

Cuando el Profeta comprendió que en aquellas circunstan- 
cias no podía conseguirse nada bueno de la Tribu de Thaqif, 
salió de Taif y se puso en camino hacia la Meca. Aquella noche, 
ya tarde, llegó al valle de Najla, el alto que había a mitad de 
camino entre las dos ciudades que lo habían rechazado. 

ENCUENTRO CON LOS GENIOS (yINN) 

Mientras el Profeta hacía la plegaria en Najla, un grupo de 
yinn o genios pasó junto a él y se detuvieron hechizados por 

119 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

las palabras del Corán que Muhámmad estaba recitando. 

Según el Corán (55,14) los genios fueron creados de una 
sustancia como llama sin humo, mientras que los hombres lo 
fueron de arcilla y los ángeles de luz. Son inteligentes, sutiles, 
aunque pueden presentarse a la visión de nuestros ojos, bajo 
diferentes formas y llevar a cabo distintas tareas. 

El Profeta sabía que no había sido enviado solamente al reino 
de los hombres. La Revelación había afirmado hacía poco: 

"Nosotros no te hemos enviado 

sino como misericordia para los Mundos" 

coran: 21, 107 

Y una de las primeras azoras (60) se dirige a los yinn tanto 
como a los hombres, advirtiendo a ambos del Infierno como 
un castigo por el mal y prometiendo el Paraíso como recom- 
pensa por la Piedad. 

Se produjo entonces la Revelación: 

"Di: 'Se me ha revelado que un grupo de los yinn 

escucharon 
y luego dijeron: ciertamente hemos escuchado una 

recitación maravillosa 
que guía hacia la vía recta, y creemos en ella'.' 

coran: 72, 1-2 

Y otra Revelación (46, 30-31) contaba cómo los yinn se vol- 
vieron luego a su comunidad e incitaron a los demás a respon- 
der a "el que llama a Dios", como ellos llamaron al Profeta. 



120 



El Boicot 

EL PROFETA PIDE PROTECCIÓN A MUT'lM 

El Profeta se apartó del camino que conducía a la ciudad y se 
guareció en la cueva del Monte Hira, donde había recibido la 
primera Revelación. Desde allí envió su petición a un líder más 
estrechamente relacionado con él, Mut'im, el jefe de Naufal, 
uno de los cinco que habían organizado la anulación del boicot 
contra su clan, y Mut'im aceptó de inmediato. "Que entre en 
la ciudad", respondió en su mensaje. 

A la mañana siguiente, fuertemente armado, junto con sus 
hijos y sobrinos, escoltó al Profeta a la Ka'ba. Abu Yahl les 
preguntó si se habían hecho seguidores de Muhámmad. "Le 
estamos dando protección", respondieron; y los majzumíes 
sólo pudieron decir: "A quien protegéis vosotros, nosotros pro- 
tegemos" 



121 



•12- 



el viaje nocturno y la ascensión 
(al-isrá wa al-mi'rach) 



EL ENCUENTRO CON EL ÁNGEL GABRIEL 

Fátima, la viuda de Abu Tálib, había abrazado el Islam 
poco antes o después de la muerte de su marido, y lo mismo 
había hecho su hija Umm Hani, la hermana de 'Alí y de Ya'far 
pero el marido de Umm Hani, Hubaia, era completamente 
impenetrable al mensaje de la Unidad de Dios. 

Sin embargo, daba la bienvenida al Profeta cuando acudía 
a su casa y si era el tiempo de la plegaria durante una de esas 
visitas los musulmanes de la casa hacían la plegaria juntos. 
En una ocasión, cuando todos habían hecho la oración de la 
noche detrás del Profeta, Umm Hani invitó al Profeta a pasar 
la noche con ellos. Él aceptó su invitación; pero después de 
un corto sueño se levantó y se fue a la Mezquita, porque le 
gustaba visitar la Ka'ba durante las horas nocturnas. Mientras 
se encontraba allí, el deseo de dormir le sobrevino de nuevo y 
se echó en el Hichr. Sobre lo que sucedió entonces hay varias 
versiones. Una de ellas pone en boca del Profeta lo siguiente: 

"Mientras estaba durmiendo en el Hichr — dijo — Gabriel 
vino a mí y me dio con su pie, por lo que me incorporé; sin em- 
bargo, no vi nada y me volví a echar. Vino una segunda vez, 



XII 



El Viaje Nocturno y La Ascensión 

y una tercera, y entonces me cogió por el brazo y me levanté y 
me puse junto a él; me condujo a la entrada de la Mezquita, y 
había allí una bestia blanca, mitad muía mitad asno, conalas 
a los lados con las cuales movía sus patas; y cada zancada suya 
alcanzaba hasta donde su ojo podía ver!' 

EL VIAJE NOCTURNO (iSRÁ) 

El Profeta contó entonces cómo montó a Buraq, que así se 
llamaba la montura, y con el Arcángel a su lado, señalando el 
camino y adaptando su paso al del corcel celeste, marcharon 
a gran velocidad hacia el norte más allá de Yatrib y más allá de 
Jáibar, hasta que alcanzaron Jerusalén. 

En el Corán aparece citado este viaje nocturno 

"En El Nombre De Dios, El Más Misericordioso, El 

Dispensador De Gracia. 
Infinito en Su gloria es Aquel que transportó a Su siervo 

en la noche 
de la Casa Inviolable de Adoración a la Casa Lejana de 

Adoración, 
cuyo entorno habíamos bendecido, 
para mostrarle algunos de Nuestros símbolos: 
pues, en verdad, sólo Él todo lo oye, todo lo ve". 

coran: 17, i 

Entonces se encontraron con un grupo de Profetas — Abra- 
ham, Moisés, Jesús y otros — y cuando él hizo la plegaria en 
el lugar del Templo, se juntaron todos ellos detrás de él en la 
plegaria. Luego le fueron traídas y ofrecidas dos vasijas que 
contenían la una vino y la otra leche. Tomó la de la leche y bebió 
de ella, dejando la del vino, y Gabriel dijo: "Has sido guiado 



123 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

hacia el sendero primordial, y has guiado a tu pueblo hacia él, 
¡oh Muhámmad!, y el vino te está prohibido" 

LA ASCENSIÓN (Ml'RACH) 

A continuación, como les había sucedido a otros antes de él, 
fue sacado de este mundo y ascendido al Cielo. Desde la roca 
situada en el centro del Lugar del Templo montó de nuevo a Bu- 
raq, que movió sus alas en vuelo espiral ascendente, (Mi'rach) 
y se convirtió para su jinete en lo que el carro de fuego había 
sido para Elias. Guiado por el Arcángel, que ahora se reveló 
como un ser celestial, ascendieron más allá del dominio del 
espacio y del tiempo terrenales y de las formas corporales. 

Y mientras atravesaban los siete Cielos se encontró de nue- 
vo con los Profetas, con quienes había hecho la plegaria en 
Jerusalén. Pero allí se le habían aparecido con el aspecto que 
habían tenido durante sus vidas en la tierra, mientras que aho- 
ra los veía en su realidad celestial, como ellos lo veían ahora a 
él, y su transfiguración le maravilló. 

De José dijo que su rostro tenía el esplendor de la luna en 
su plenitud y que había sido dotado con no menos de la mitad 
de la belleza existente. 

Sin embargo esto no disminuyó el asombro de Muhámmad 
por sus otros hermanos, y mencionó en particular la gran her- 
mosura de Harún (Aarón). 

De los jardines que visitó en los diferentes cielos dijo des- 
pués: "Una porción del Paraíso del tamaño de un arco es mejor 
que todo lo que hay bajo el sol, sobre lo que éste sale y se pone; y 
si una mujer de las gentes del Paraíso se apareciese a las gentes 
de la tierra, llenaría el espacio entre el Cielo y la tierra con luz 
y con fragancia!' 



124 



El Viaje Nocturno y La Ascensión 

Todo lo que ahora veía lo veía con el ojo del Espíritu y de 
su naturaleza espiritual, refiriéndose a los comienzos de toda 
la naturaleza terrenal, dijo: "Yo era un Profeta cuando Adán 
estaba todavía entre el agua y el barro'.' 

EL AZUFAIFO DEL CONFÍN 

La cumbre de su ascenso fue elAzufaifo del Confín. Así se le 
llama en el Corán; y en uno de los comentarios más antiguos, 
basado en los dichos del Profeta, se dice: "El Azufaifo está 
arraigado en el Trono, y señala el final del conocimiento de 
todo conocedor, sea éste Arcángel o Enviado. Todo lo que hay 
más allá es un misterio oculto, desconocido para cualquiera 
excepto para Dios Solo" 

En esta cima del universo Gabriel apareció ante él en todo su 
esplendor angélico como había sido originariamente creado. 

Luego, en las palabras de la Revelación: 

"Cuando el azufaifo estaba cubierto por aquello 
no se desvió la mirada, ni erró; 
contempló, ciertamente, de todos los 
signos de su Señor, el mayor? 

(coran: 53, 16-18). 

Según el comentario, la Luz Divina descendió sobre el Azu- 
faifo recubriéndolo con todo lo que había junto a él, y el ojo del 
Profeta lo contempló sin vacilar y sin desviarse de él. 

En el Azufaifo el Profeta recibió para su pueblo la orden de 
hacer cincuenta plegarias al día, y fue entonces cuando recibió 
la Revelación que contiene el credo del Islam: "El Enviado cree, 
y los creyentes creen en lo que le ha sido revelado por su Señor. 
Todos ellos creen en Dios y Sus ángeles, en Sus libros y en Sus 



125 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

enviados: No hacemos ninguna distinción entre Sus enviados, 
y dicen: Oímos y Obedecemos; concédenos, Señor nuestro, Tu 
perdón; y que hacia Ti sea el retorno final" (11, 285). 

EL NÚMERO DE LAS PLEGARIAS O AZALÁS 

Hicieron su descenso a través de los Siete Cielos del mismo 
modo que habían ascendido. El Profeta dijo: "De regreso, cuan- 
do pasé junto a Moisés — ¡y qué buen amigo fue él para voso- 
tros! — me preguntó: '¿Cuántas plegarias se te han impuesto?' 
Le dije que cincuenta plegarias cada día, y él dijo: 'La plegaria 
en asamblea es una cosa pesada, y tu pueblo es débil. Vuelve a 
tu Señor y pídele que os alivie la carga a ti y a tu pueblo'. Regresé 
pues y le pedí a mi Señor que la hiciese más ligera, y quitó diez. 
Luego pasé junto a Moisés de nuevo, y él repitió lo que había di- 
cho antes; en consecuencia volví otra vez, y me fueron quitadas 
diez plegarias más. Pero cada vez que volvía con Moisés éste me 
enviaba de vuelta; hasta que, finalmente, se me suprimieron 
todas las plegarias excepto cinco para cada día con su noche. 
Luego volví junto a Moisés, pero aún repitió lo mismo que antes, 
y yo respondí: 'He vuelto a mi Señor y Le he pedido hasta queya 
me da vergüenza. No volveré otra vez'. Yes así que el que cumple 
las cinco plegarias confesinceray confianza en la munificencia 
de Dios, a ése le será dado el premio de cincuenta" 

Después de haber descendido a la Roca de Jerusalén, el Pro- 
feta y el Arcángel regresaron a Meca por el camino por el que 
habían ido, adelantando a muchas caravanas que se dirigían 
hacia el Sur. Aún era de noche cuando llegaron a la Ka'ba. 
Desde allí el Profeta fue de nuevo a casa de su prima. 

En palabras de ella: "Un poco antes del alba el Profeta nos 
despertó, y una vez terminada la plegaria de la aurora, dijo: 



126 



El Viaje Nocturno y La Ascensión 

'¡Oh Umm Hani! como visteis hice con vosotros la última ple- 
garia de la noche en este valle. Luego fui a Jerusalén y allí hice 
la plegaria: y ahora he hecho con vosotros la plegaria de la 
mañana, como ves! Se levantó para marcharse, y yo lo agarré 
de la túnica con tanta fuerza que se le desprendió dejando al 
desnudo su vientre, como si no hubiese estado recubierto más 
que por unos pliegues de algodón. '¡Oh Profeta de Dios!', dije, 
'No cuentes esto a la gente, porque te desmentirán y te insulta- 
rán! '¡Por Dios que lo contaré!', contestó!' 

Se dirigió a la Mezquita y les habló de su viaje a Jerusalén y 
de quienes encontró allí. Sus enemigos al punto se mostraron 
victoriosos, porque sintieron entonces que tenían una razón 
irrebatible para las mofas. Todos los niños del Quraish sabían 
que una caravana tarda un mes en ir de la Meca a Siria y otro 
mes en volver. Y ahora Muhámmad afirmaba que había ido y 
vuelto de allí en una noche. 

ABU BAKR, AL-SIDDIQ 

Un grupo de hombres fue a ver a Abu Bakr y le dijeron: "¿Qué 
piensas ahora de tu amigo? Nos ha contado que la pasada 
noche se fue a Jerusalén, oró allí y luego volvió a la Meca". Abu 
Bakr los acusó de mentir, pero ellos le aseguraron que Mu- 
hámmad se encontraba en esos momentos en la Mezquita 
hablando sobre su viaje. "Si ha dicho eso" dijo Abu Bakr, "en- 
tonces es verdad, y ¿qué tiene de maravilloso? Él me dijo que, 
procedentes del Cielo, le vienen nuevas a la tierra en una hora 
del día o de la noche, y yo sé que dice la verdad. Y esto está más 
allá de lo que criticáis sin motivo!' 

Se fue entonces a la Mezquita para repetir su confirmación. 
"Si ha dicho esto, entonces es verdad"; y es por ello por lo que 



127 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

el Profeta le dio el nombre de al-Siddiq, que significa "el gran 
testigo de la verdad" o "el gran confirmador de la verdad". 

Sucedió, además, que algunos de los que habían conside- 
rado la historia increíble comenzaron a cambiar de opinión, 
porque el Profeta describió las caravanas que habían adelan- 
tado de regreso a la Meca y dijo dónde se encontraban y para 
cuándo se podía esperar su llegada a la Meca, y cada una llegó 
tal como lo había predicho, y los detalles fueron los que él 
había descrito. 

A los que estaban en la Mezquita solamente les habló de 
su viaje a Jerusalén; pero cuando estuvo a solas con Abu Bakr 
y otros de sus Compañeros les contó su ascenso a través de 
los siete Cielos, narrándoles una parte de lo que había visto, 
y dejando otras cosas para ser referidas más adelante, con el 
paso de los años, a menudo en respuestas a preguntas. 

EL PROFETA ENCUENTRA A GENTE DE YATRIB 

En el año que siguió al año de la tristeza, la Peregrinación tuvo 
lugar a comienzos de junio. En la Fiesta de los Sacrificios el 
Profeta fue al valle de Mina, donde los peregrinos acampan 
durante tres días. Desde hacía ya varios años era su costumbre 
visitar los distintos grupos de tiendas y proclamar su mensaje 
a cualquiera que desease escuchar, recitándole los versículos 
de la Revelación que se sentía impulsado a recitar. 

El punto más cercano de Mina a la Meca era Aqaba, donde 
el camino sube en fuerte pendiente desde el valle hacia las co- 
linas en dirección a la ciudad; y fue ese año, en Aqaba, cuando 
se encontró con seis hombres de la tribu de Jazrach, de Yatrib. 
No sabía nada de los seis, pero ellos habían oído hablar de él y 
de sus dotes de Profeta y lo escucharon con atención. 



128 



El Viaje Nocturno y La Ascensión 

LOS DE YATRIB ABRAZAN EL ISLAM 

Después de exponerles el Islam, cada uno de ellos dio testimo- 
nio de la verdad del mensaje del Profeta y prometió cumplir 
las condiciones del Islam que él les había expuesto. "Hemos 
abandonado nuestro pueblo" dijeron, "porque no existen unas 
gentes más divididas por la enemistad que ellos. Quizás Dios 
quiera unirlas a través de Ti. Nos dirigiremos ahora a ellos y 
les pediremos que acepten tu religión como nosotros la hemos 
aceptado; si Dios los congrega alrededor de ti, entonces no ha- 
brá un hombre más poderoso que tú" 

Los seis hombres del Jazrach comunicaron el mensaje del 
Islam a tantos cuantos quisieron escucharlos de entre su pue- 
blo, y el verano siguiente, es decir, en el año 621, cinco de ellos 
repitieron su Peregrinación, llevando consigo a otros siete, dos 
de los cuales, eran de la tribu de Aus. 

EL PRIMER JURAMENTO DE 'AQABA 

En Aqaba, estos doce hombres se comprometieron con el Pro- 
feta, y este compromiso es conocido como el Primer 'Aqaba. 
En palabras de uno de ellos: 

"Juramos nuestra fidelidad al Enviado de Dios en la no- 
che del Primer 'Aqaba. Juramos que no asociaríamos nada 
con Dios, que no robaríamos, no fornicaríamos, no daríamos 
muerte a nuestros hijos ni proferiríamos calumnias, y que no 
le desobedeceríamos a él en lo que fuese correcto. Y nos dijo: 
'Si cumplís este juramento, entonces el Paraíso es vuestro; si 
cometéis uno de estos pecados y luego recibís su castigo en este 
mundo, eso servirá como expiación. Y si lo ocultáis hasta el Día 
de la Resurrección, entonces a Dios le corresponde castigar o 
perdonar, según Su Voluntad'.' 



129 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Cuando se marcharon para Yatrib, el Profeta envió con ellos 
a Musab de Abd ai-Dar, que por aquel tiempo había regresa- 
do de Abisinia. Les recitaría el Corán y les daría instrucción 
religiosa. 

Musab también tenía que dirigir la plegaria porque, a pesar 
de su Islam, ni Aus ni Jazrach podían todavía soportar el darse 
el uno al otro esa precedencia. La rivalidad entre los descen- 
dientes de los dos hijos de Qaila venía de muy antiguo. 

Poco después de la partida de Musab, algunos de los musul- 
manes de Yatrib se pusieron en camino para la Peregrinación 
como había sido dispuesto entre él y ellos, setenta hombres y 
dos mujeres en total, con la esperanza de ponerse en contacto 
con el Profeta. Uno de sus líderes era un jefe jazrayí llamado 
Bara. 

EL SEGUNDO JURAMENTO DE 'AQABA 

Se dirigían hacia la Meca, centro de Peregrinación de toda 
Arabia. Habían hecho el viaje a la Meca en una caravana junto 
con los peregrinos politeístas de Yatrib, uno de los cuales abra- 
zó el Islam en el valle de Mina, Abu Yabir Abdallah Ibn Amr, 
un eminente jazrayí, líder de los Banu Salama y un hombre 
de gran influencia. Había sido acordado que se encontrarían 
secretamente con el Profeta, como anteriormente, en Aqaba, 
la segunda noche inmediatamente posterior al Peregrinaje. 

En palabras de uno de ellos: "Dormimos esa noche con nues- 
tra gente en la caravana hasta que pasado un tercio de la noche 
nos deslizamos de entre los durmientes hacia nuestra reunión 
fijada con el Enviado de Dios, escabulléndonos tan sigilosa- 
mente como la perdiz del desierto, hasta que estuvimos todos 
reunidos en el barranco cerca de 'Aqaba. Allí esperamos hasta 



130 



El Viaje Nocturno y La Ascensión 

que el Enviado de Dios vino y con él acudió su tío 'Abbás que, 
aunque en aquella época seguía aún la religión de su pueblo, no 
obstante deseaba estar presente en la transacción de su sobrino 
y asegurarse de que las promesas que le hacían eran dignas de 
crédito". 

Después de unas recitaciones del Corán y de pronunciar 
unas llamadas a Dios y al Islam, el Profeta dijo: "Hago con 
vosotros este pacto con la condición de que la lealtad que me 
prestéis os obligue a protegerme como protegéis a vuestras mu- 
jeres y vuestros hijos" 

Bara se levantó, le cogió de la mano, y dijo: "Por Aquél que 
te envió con la Verdad, te protegeremos como los protegemos a 
ellos. Acepta por consiguiente nuestra promesa de lealtad, oh 
Enviado de Dios, porque nosotros somos hombres de guerra en 
posesión de armas que han pasado de padres a hijos". 

Luego añadió: "Traedme como líderes a doce de vuestros 
hombres para que se ocupen de los asuntos de su pueblo". Le 
presentaron, pues, a doce líderes, nueve de Jazrach y tres de 
Aus, pues sesenta y dos de los hombres eran de Jazrach, y 
también las dos mujeres, mientras que solamente once eran 
de Aus. 

Cuando los medineses estaban a punto de prestar juramen- 
to, uno por uno, al Profeta, un hombre de Jazrach, uno de los 
doce que lo había prestado el año anterior, hizo una señal para 
que esperasen y se dirigió a ellos diciendo: 

"¡Hombres de Jazrach! '¿Sabéis lo que significa prestarle jura- 
mento a este hombre?" "Lo sabemos", dijeron, pero él no les 
hizo caso. "Os comprometéis", continuó, "a hacer la guerra 
contra todos los hombres, los rojos y los negros. Por consiguien- 
te, si pensáis que cuando sufráis la pérdida de posesiones y 



131 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

cuando algunos de vuestros nobles sean muertos lo abandona- 
réis, abandonadlo ahora, porque si lo abandonáis entonces eso 
os traerá el oprobio en este mundo y en el otro. Vero si pensáis 
que cumpliréis vuestro pacto, entonces tomadle, porque en ello, 
por Dios, está lo mejor de este mundo y del otro" 

Ellos dijeron: "¿Qué importa que nuestras posesiones se 
pierdan y nuestros nobles sean muertos? Tomaremos a Mu- 
hámmad. ¿ Y qué nos corresponderá por ello, oh Enviado de 
Dios, si cumplimos nuestro pacto contigo?" "El Paraíso", dijo 
él; y ellos dijeron: "Extiende tu mano". Extendió su mano y le 
prestaron juramento. 

A partir de entonces, el Profeta animaba a sus seguidores 
de la Meca a emigrar a Yatrib. 



132 



•13- 

LA HÉGIRA 



EL PROFETA SE QUEDA SIN PROTECTOR 

La muerte de Mut'im, el protector del Profeta, abrió una 
posibilidad para los enemigos del Profeta para acabar con 
él. Abu Lahab se ausentó deliberadamente de la reunión que 
los líderes del Quraish mantenían en la Asamblea. 

Después de una larga discusión, cuando se habían presen- 
tado y rechazado varias sugerencias, se mostraron de acuerdo 
con el plan ideado por Abu Yahl como la única solución efecti- 
va para su problema. Cada clan tenía que designar a un joven 
fuerte, digno de confianza y bien relacionado, y, en un momen- 
to dado, estos hombres escogidos deberían caer todos juntos 
sobre Muhámmad, asestándole cada uno un golpe mortal para 
que su sangre fuese derramada por todos los clanes. 

Creían que los Banu Háshim no podrían enfrentarse con la 
totalidad de la tribu del Quraish; aceptarían el dinero mancha- 
do de sangre que les sería ofrecido en lugar de la venganza. 

EL PROFETA DECIDE EMIGRAR 

Gabriel se presentó entonces al Profeta y le dijo lo que tenía 
que hacer para salvar su vida. Era mediodía y el Profeta se fue 
derecho hacia la casa de Abu Bakr. Aisha y su hermana mayor 
Asma estaban con su padre cuando el Profeta entró. 



133 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"Dios me hapermitido abandonar la ciudad y emigrar", dijo. 
"¿Junto conmigo?", preguntó Abu Bakr. "Junto contigo", dijo el 
Profeta. 

Posteriormente 'Aisha solía decir: "Yo no había sabido antes 
de aquel momento que alguien pudiera llorar de alegría, hasta 
que vi llorar a Abu Bakr por esas palabras. " 

Cuando hubieron elaborado sus planes el Profeta regresó a 
su casa y le contó a Alí que estaba a punto de partir a Yatrib, 
ordenándole que se quedase en Meca hasta que hubiese de- 
vuelto a sus propietarios los bienes que habían sido deposi- 
tados en su casa para su salvaguarda. El Profeta nunca había 
dejado de ser conocido como al-Amín, y todavía había muchos 
incrédulos que le confiaban sus riquezas como no se las con- 
fiarían a ningún otro. 

También le contó a Alí lo que Gabriel le había dicho acerca 
de la conjura que el Quraish había tramado contra él. 

Esta emigración se conoce como Hégira. La palabra Hégi- 
ra proviene del árabe "Hiyra" y significa "acción de cortar los 
lazos de asociación o amistad con alguien". 

La Hégira tuvo lugar en el año cristiano del 622, y es la fecha 
que marca el principio del calendario islámico. 

INTENTO DE ASESINATO 

Los hombres elegidos para asesinarlo habían quedado en re- 
unirse a la puerta de la casa del Profeta cuando la noche hu- 
biese caído. Mientras esperaban a estar congregados todos, 
escucharon el sonido de voces de mujeres procedente de la 
casa. 

Ello les hizo pensar que si franqueaban la tapia e irrumpían 
en la casa sus nombres serían tenidos por siempre en deshonor 



134 



La Hégira 

entre los árabes por haber violado la intimidad de las mujeres. 
Decidieron, pues, esperar a que su supuesta víctima saliese, 
tal y como solía hacer por la mañana temprano, sí es que no 
antes. 

El Profeta y 'Alí no tardaron en darse cuenta de su presencia. 
Entonces el Profeta tomó un manto en el que solía dormir y 
se lo dio a 'Alí, diciendo: "Duerme en mi cama y envuélvete en 
este manto verde mío. Duerme con él y ningún mal procedente 
de ellos podrá alcanzarte. " 

Entonces comenzó a recitar la azora que recibe el nombre 
de sus dos letras iniciales, Ya-Sin; y, cuando llegó a las pala- 
bras: 

Y nosotros los hemos cubierto para que no vean 

coran: 36, 9 

Salió de la casa y Dios les privó de la visión de manera que 
no lo vieron y pasó a través de ellos y continuó su camino. 

Un hombre venía en la dirección contraria, tropezó con él y 
reconoció al Profeta. Poco después sus pasos le llevaron cerca 
de la casa del Profeta y al ver que había hombres a su puerta les 
gritó que si era a Muhámmad a quien querían no se encontraba 
allí sino que había salido no hacía mucho. 

Uno que sabía dónde dormía el Profeta se dirigió a un punto 
desde el cual pudo ver a través de la ventana, y se aseguró de 
que alguien estaba durmiendo en el lecho del Profeta, envuelto 
en un manto. 

Por consiguiente tranquilizó a sus compañeros diciéndoles 
que su hombre todavía estaba allí. Pero cuando llegó el alba 
Alí se levantó y fue hacia la puerta de la casa, aún envuelto en 
el manto, pudiendo entonces ver ellos quién era y vieron que 



135 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

habían sido burlados. En seguida corrieron cada uno a su jefe 
de clan para dar la alarma. 

LA HUÍDA DE MECA: LA CUEVA DEL TORO 

El Profeta y Abu Bakr se encaminaron hacia una cueva en el 
monte Thaur, que significa árabe Toro, situado un poco hacia 
el sur, en el camino del Yemen. 

Amir ibn Fuhaira, el pastor que Abu Bakr había comprado 
como esclavo y que luego había liberado y puesto al cuidado 
de su rebaño, los había seguido con su rebaño para hacer des- 
aparecer las pisadas. Cuando llegaron a la cueva, Abu Bakr 
envió a su hijo Abdallah de vuelta a casa, con los camellos, 
diciéndole que escuchase lo que se diría en la Meca al día si- 
guiente cuando se descubriera la ausencia del Profeta, y que se 
lo comunicase a ellos por la noche. Amir debía apacentar sus 
rebaños durante el día y llevarlos a la cueva por la noche, siem- 
pre cubriendo las huellas de Abdallah entre Thaur y Meca. 

La noche siguiente Abdallah volvió a la cueva y con él fue su 
hermana Asma, llevando alimentos. Sus noticias eran que el 
Quraish había ofrecido una recompensa de cien camellos para 
quien pudiese encontrar a Muhámmad. Había jinetes siguien- 
do todas las rutas normales que iban de Meca a Yatrib, con la 
esperanza de darles alcance. Otros pensaban que tenían que 
estar ocultos en una de las numerosas cuevas que circundan 
Meca y comenzaron a inspeccionarlas. 

LA TELA DE ARAÑA 

Al tercer día de estar escondidos, el silencio de su escondite 
fue roto por el sonido de unas aves arrullándose y aleteando 
fuera de la cueva. Luego escucharon el débil sonido de unas 



136 



La Hégira 

voces humanas. No esperaban a Abdallah hasta después de 
la caída de la noche y todavía quedaban algunas horas para la 
puesta del sol. 

Las voces continuaban acercándose. El Profeta miró a Abu 
Bakr y dijo: "No tengas miedo; ciertamente Dios está con no- 
sotros". Y luego dijo: "¿Qué piensas tú de dos cuando Dios es 
su tercero?". 

Pudieron oír entonces el sonido de unas pisadas que se acer- 
caron y luego se detuvieron: los hombres estaban delante de la 
cueva. Luego se volvieron hacia el camino por el que habían 
llegado. 

Cuando el sonido de las pisadas y de las voces se hubo des- 
vanecido el Profeta y Abu Bakr salieron a la boca de la cueva. 
Delante de ellos, casi ocultando la entrada, había una acacia 
de casi la altura de un hombre y sobre el espacio que había 
quedado entre el árbol y la pared de la cueva una araña había 
tejido su tela. Miraron a través de la tela de araña y allí, en el 
hueco de la roca, una paloma había hecho su nido. Todo esto 
hizo creer a los perseguidores del Profeta que nadie habría 
podido entrar en la cueva sin dejar huellas. 

Cuando a la hora que habían convenido oyeron aproximar- 
se a Abdallah y a su hermana apartaron con cuidado la tela 
y, procurando no molestar a la paloma, fueron a recibirlos. 
Amir también había venido. Había traído al beduino a quien 
Abu Bakr había confiado los camellos elegidos para su viaje. 
Dejaron la cueva y descendieron por la ladera. 

En el Corán se hace alusión el episodio de la cueva: 

"Si no ayudáis al Enviado, entonces sabed que Dios lo 
hará, 



137 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

como Dios le ayudó cuando los que insistían en negar la 

verdad le expulsaron, 
y era tan sólo uno de dos y estando esos dos ocultos en la 

cueva, 
el Enviado le dijo a su compañero: 
"No te aflijas, pues en verdad Dios está con nosotros!' 
Y entonces Dios hizo descender sobre él Su paz, 
le asistió con fuerzas que no podéis ver, 
y echó por tierra la causa de aquellos que insistían en 

negar la verdad, 
mientras que la causa de Dios siguió siendo suprema 
pues Dios es todopoderoso, sabio" 

(coran: 9, 40) 

qasua, la camella 

Cuando Abu Bakr ofreció al Profeta el mejor de los dos ca- 
mellos, dijo el Enviado de Dios: "No montaré una camella que 
no sea de mí propiedad. " "Pero es tuya, ¡Oh Enviado de Dios!", 
respondió Abu Bakr. "No —dijo el Profeta— pero ¿qué precio 
pagaste por ella ?" Abu Bakr se lo dijo, y él le contestó: "La tomo 
por ese precio." 

Era la Hégira del Profeta, su ruptura con los vínculos de ho- 
gar y patria por la causa de Dios. El acto de emigrar tenía que 
ser completamente suyo. El nombre de la camella era Qasua, 
y fue siempre su camella favorita. 

Su guía se alejó de la Meca hasta que llegaron a orillas del 
Mar Rojo. Yatrib está justo al norte de Meca en línea recta, 
pero fue solamente en este punto en el que tomaron rumbo 
norte. El camino costero corre en dirección noroeste y durante 
unos pocos días lo siguieron. 



138 



La Hégira 

LA LLEGADA A MEDINA 

Poco antes del alba del duodécimo día llegaron al valle de Aqiq 
y, cruzando el valle, subieron por las accidentadas laderas del 
otro lado. El punto más cercano de verdor era Quba, donde la 
mayoría de los emigrados de Meca se había establecido. 

El Profeta dijo a su guía: "Condúcenos directamente a los 
Banu Amr en Quba, y no nos acerques todavía a la ciudad" 
porque la parte más densamente poblada del oasis era llamada 
así. Esa ciudad, Yatrib, habría de ser conocida pronto en toda 
Arabia, y luego en todas partes, como "La Ciudad", en árabe 
Al-Madina, en español Medina. 

Varios días antes habían llegado al oasis noticias de Meca 
sobre la desaparición del Profeta. La gente de Quba esperaba 
su llegada; cada mañana, después de la plegaria del alba, algu- 
nos de los Banu Amr salían a esperarlo. 

El sol brillaba sobre las ropas blancas y nuevas del Profeta 
y de Abu Bakr que se destacaban, con toda intensidad, y un 
judío, que por casualidad en ese momento se encontraba en 
el tejado de su casa, los vio. Al punto adivinó quiénes tenían 
que ser. 

Gritó entonces con toda su voz: "¡Hijos de Qaila, ha llegado, 
ha llegado!' 'La llamada fue inmediatamente recogida y hom- 
bres, mujeres y niños salieron deprisa de sus casas. Pero no 
tuvieron que ir muy lejos ya que los viajeros habían alcanzado 
para entonces el palmeral más distante. Fue una explosión de 
alegría y el Profeta se dirigió a ellos diciendo: 

"¡Oh gentes, daos los unos a los otros saludos de paz; dad de 
comer al hambriento; honrad los vínculos de parentesco; orad 
durante las horas en que los hombres duermen! Así entraréis 
en paz en el Paraíso. " 



139 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Se decidió que debía alojarse con Kulthum, un anciano de 
Quba. Al cabo de un día o dos, llegó 'Alí de la Meca y se quedó 
en la misma casa que el Profeta. 

SA1MÁN EL PERSA 

Muchos fueron los que acudieron entonces a saludar al Pro- 
feta. La segunda o tercera noche acudió un hombre llamado 
Salmán. Éste había nacido de padres persas zoroástricos cerca 
de Isfahan, pero se había convertido al cristianismo y se ha- 
bía ido a Siria siendo muy joven. Allí se había vinculado a un 
obispo santo quien, en el lecho de muerte, le recomendó que 
fuese a ver al Obispo de Mosul. 

Salmán partió y fue para él el comienzo de una serie de 
relaciones con ancianos sabios cristianos hasta que el último 
de éstos, también en el lecho de muerte, le dijo que estaba a 
punto de aparecer un Profeta: 

"Será enviado con la religión de Abraham y aparecerá en 
Arabia donde emigrará de su hogar a un lugar entre dos zonas 
de lava, un país de palmeras. Sus señales son claras: comerá 
de un obsequio pero no si es dado como limosna; y entre sus 
hombros está el sello de la profecía. " 

Salmán resolvió unirse al Profeta y pagó a un grupo de mer- 
caderes para que lo llevasen con ellos a Arabia. Pero cuando 
llegaron cerca del golfo de Aqaba lo vendieron como esclavo 
a un judío. No pasó sin embargo mucho tiempo antes de que 
el judío lo vendiese a un primo suyo de los Banu Quraiza de 
Medina, y tan pronto como vio la configuración del terreno 
no le cupo ninguna duda de que ése era el lugar a donde el 
Profeta emigraría. 

El nuevo dueño de Salmán tenía otro primo que vivía en 



140 



La Hégira 

Quba y a la llegada del Profeta este judío de Quba se encami- 
nó hacia Medina con la noticia. Encontró a su primo sentado 
bajo una de sus palmeras, y Salmán, que estaba trabajando 
en la copa de un árbol, le escuchó decir: "¡Dios maldiga a los 
hijos de Qaila! Todos están ahora congregados en Quba por 
un hombre que hoy ha llegado a ellos desde la Meca. Afirman 
que es un Profeta. " 

Salmán se marchó sigilosamente llevándose algunos ali- 
mentos y se fue a Quba. Allí encontró al Profeta sentado con 
muchos compañeros. Salmán ya estaba convencido; aun así, se 
acercó a él y le ofreció el alimento, especificando que lo daba 
en concepto de limosna. El Profeta dijo a sus compañeros que 
comieran de ello, pero él mismo no comió. Salmán esperaba 
que un día vería el sello de la profecía, aunque haber estado en 
presencia del Profeta y haberlo escuchado fue bastante para 
aquel primer encuentro, y regresó a Medina alegre y agrade- 
cido. 

El Profeta permaneció tres días en Quba, durante los cuales 
puso los cimientos déla primera mezquita del Islam. El viernes 
por la mañana salió de Quba, y a mediodía él y sus compañeros 
se detuvieron para hacer la plegaria. Después de la plegaria el 
Profeta se montó en Qasua, y Abu Bakr y otros del Ouraysh 
también montaron sus camellos y se encaminaron con él hacía 
la ciudad. 

LA CASA DEL PROFETA. LA PRIMERA MEZQUITA 

Jamás había habido un día de mayor regocijo entre los mu- 
sulmanes. "¡Ha llegado el Profeta de Dios!" era el alegre grito 
que salía de las gargantas de cada vez más hombres, mujeres 
y niños que se alineaban a lo largo de la ruta. Las casas eran 



141 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

todavía pocas y alejadas entre sí, pero gradualmente entraron 
en distritos con una mayor concentración de construcciones y 
fueron muchas las invitaciones insistentes que se le hicieron. 

Más de una vez un hombre o un grupo de gentes del mis- 
mo clan tomaron el ronzal de Qasua. Pero en cada ocasión el 
Profeta los bendijo y dijo: "Dejadla seguir su camino, porque 
está bajo el mandato de Dios. " 

La camella pasó de largo junto al lugar donde el Profeta 
había vivido con su madre siendo niño y junto a todas las res- 
tantes casas de los que le eran más próximos. Ya había llegado 
a las casas de la rama Banu Málik de los Nayyar y aquí Qasua 
se desvió desde el camino hacia un gran patio con tapia que 
contenía unas pocas palmeras datileras y las ruinas de un edi- 
ficio. 

Lentamente la camella se abrió camino hacia el recinto fra- 
goso que Asad había establecido como lugar para hacer las 
plegarias, y allí a su entrada se arrodilló. El Profeta se apeó y 
dijo: "Esta, si Dios quiere, es la morada. " 

Preguntó entonces quién era el propietario del patio. Mu'ad, 
el hermano de Auf, le dijo que pertenecía a dos muchachos 
huérfanos, Sahí y Suhail. Les preguntó si le venderían el patio, 
y les dijo que pusiesen un precio, pero ellos contestaron: "No, 
te lo damos, oh Enviado de Dios. " 

No quiso él sin embargo tomarlo como un obsequio y con 
la ayuda de Asad fijó el precio. Vinieron ahora otros del clan 
y pidieron al Profeta que fuese su huésped, pero él dijo: "Un 
hombre tiene que estar con su equipaje. " 

El Profeta dio instrucciones para que su recién adquirido 
patio fuese convertido en una mezquita, y, al igual que en 
Quba, comenzaron a trabajar inmediatamente en ello. Todos 



142 



La Hégira 

participaron en el trabaj o, incluido el Profeta. Las palmeras del 
patio fueron cortadas y sus troncos se utilizaron como pilares 
para sostener el tejado de ramas de palmera, aunque la mayor 
parte del patio se dejó abierta. 

ÁNSAR, MUHÁYIRUN Y JUDÍOS: EL PACTO DE MEDINA 

El Profeta había dado el título de Ánsar, que significa ayudan- 
tes, auxiliares, a los musulmanes de Medina, mientras que a 
los musulmanes del Quraish y otras tribus que habían abando- 
nado sus hogares y emigrado al oasis les llamaba Muháyirun, 
es decir, Emigrantes. 

El Profeta hizo entonces un pacto de obligación mutua en- 
tre sus seguidores y los judíos del oasis, constituyéndolos en 
una sola comunidad de creyentes, pero aceptando las diferen- 
cias entre las dos religiones. 

Musulmanes y judíos tenían que tener una condición seme- 
jante. Si un judío era agraviado tenía que ser auxiliado, para 
defender sus derechos, por un musulmán y por un judío, y lo 
mismo ocurría si la víctima del agravio era un musulmán. En 
caso de guerra contra los politeístas tenían que luchar como 
un solo pueblo, y ni los judíos ni los musulmanes podían hacer 
una paz por separado. En caso de diferencia de opinión el caso 
tenía que ser remitido a Dios a través de su Enviado. No había, 
sin embargo, ninguna estipulación explícita de que los judíos 
debían reconocer formalmente a Muhámmad como Enviado 
y Profeta de Dios. 



143 



♦ 14* 

TRIBUS Y PACTOS EN LOS INICIOS 
DEL ISLAM MEDINÉS 



LOS HIPÓCRITAS (MUNÁFIQUN) 

El islam continuó extendiéndose rápidamente entre 
los clanes de Aus y Jazrach, y algunos creyentes esperaban 
con impaciencia el día en que, gracias al pacto con los judíos, 
el oasis sería un todo armonioso. Pero la Revelación advirtió 
entonces sobre elementos de discordia ocultos. Fue por esta 
época cuando comenzó la revelación de la azora más extensa 
del Corán. Al-Báqara (La Vaca), que está situada al comienzo 
del Libro, inmediatamente después de los siete versículos de 
al-Fátiha, la Apertura. 

Comienza con una definición de quienes están bien guia- 
dos: 

Alif-Lam-Mim. 

Este es el Libro -indudablemente-, guía para los 

temerosos de Dios, 

que creen en lo Oculto, 

que cumplen la plegaria 

y dan limosna de lo que les hemos concedido, 

que creen en lo que te fue revelado 

y en lo que fue revelado antes de ti, 



144 



Tribus y Pactos en Los Inicios del Islam Medinés 

y que están seguros del Más Allá. 
Ellos son quienes siguen la guía de 
tu Señor y ellos prosperarán. 

coran: 2, 2-5 

Luego, después de mencionar a los que están ciegos y sordos 
a la verdad, se cita un tercer grupo de gentes: 

"Y entre los hombres hay quienes dicen: 

creemos en Dios y en el Último Día, 

y sin embargo no son creyentes. 

Cuando encuentran a quienes creen dicen: 

Creemos. 

Y cuando están a solas con sus demonios dicen: 

Estamos con vosotros. Nos estábamos mofando". 

Eran éstos, los irresolutos, los dudosos y los hipócritas {mu- 
náfiqun) de Aus y Jazrach en todos los distintos grados de 
insinceridad; y sus demonios, es decir las inspiraciones del 
mal, eran hombres y mujeres que hacían cuanto podían para 
sembrar las semillas de la duda. 

El Profeta fue puesto aquí en guardia contra un problema 
que de ninguna manera le había preocupado en Meca. Allí la 
sinceridad de los que abrazaron el Islam jamás fue puesta en 
duda. Las razones para la conversión solamente podían ser 
espirituales, ya que por lo que se refería a las cosas de este 
mundo un converso no tenía nada que ganar y en muchos 
casos mucho que perder. Pero ahora había ciertas razones 
mundanas que podían incitar a abrazar la nueva religión y 
éstas aumentaban continuamente. 



145 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
LOS JUDÍOS DE YATRIB 

Los judíos habían esperado con impaciencia la llegada de un 
Profeta judío, descendiente de Isaac, no de Ismael. El hecho 
de que Muhámmad no era judío impedía a muchos de ellos 
reconocerlo como verdadero Profeta. 

La unión de Aus y Jazrach daba a los árabes de Yatrib una 
fuerza formidable. El pacto de los judíos con el Profeta les 
permitía ser partícipes de esa fuerza. Pero también signifi- 
caba obligaciones contraídas de cara a una posible guerra 
contra la fuerza árabe mucho mayor que existía más allá del 
oasis. 

EL PACTO DE HERMANDAD 

A fin de unir aún más la comunidad de los creyentes, el Profeta 
instituyó entonces un pacto de hermandad entre los Ánsar 
y los Emigrantes, para que cada Ánsar tuviese un hermano 
Emigrante que fuese para él más cercano que cualquier Ánsar, 
y cada Emigrante tuviese a su vez un hermano Ánsar que le 
fuese más cercano que cualquier Emigrante. 

ADVERSARIOS 

Entre los principales adversarios del Islam se encontraban dos 
primos, los hijos de dos hermanas, pero de Aus y Jazrach por 
parte de padre, teniendo cada uno de ellos gran influencia en 
su tribu. El hombre de Aus, Abu Amir, decía ser de la religión 
de Abraham. Abu Amir pronto vio que su autoridad estaba 
perdiendo peso, y se sintió aún más amargado por la devoción 
de su hijo Hanzala por el Profeta. No transcurrió mucho tiem- 
po hasta que decidió llevarse a los seguidores que le quedaban, 
unos diez en total, a Meca. 



146 



Tribus y Pactos en Los Inicios del Islam Medinés 

Su primo del Jazrach era Abdallah ibn Ubái, que también 
se sentía frustrado por la venida del Profeta y que consideraba 
que le había sido robada no la autoridad espiritual sino el prin- 
cipal poder temporal en el oasis de Yatrib. También él hubo de 
experimentar la amargura de ver a su propio hijo, Abdallah, 
completamente ganado por el Profeta para su causa, así como 
a su hija Yamila. 

Pero a diferencia de Abu Amir, Ibn Ubái estaba preparado 
para la espera, pensando que tarde o temprano la irresistible 
influencia del recién llegado tendría que empezar a declinar. 
En una de esas ocasiones fue cuando enfermó Sa'd ibn 'Ubada, 
otro jefe del Jazrach, y el Profeta fue a visitarlo. 

De camino el Profeta pasó junto a la fortaleza de Ibn Ubái, 
quien se encontraba sentado a la sombra de sus muros y ro- 
deado por algunos de sus compañeros de clan y otros hombres 
del Jazrach. El Profeta, por cortesía hacia este jefe, desmontó 
de su asno y fue a saludarlo, sentándose durante un rato en su 
compañía. Recitó el Corán y lo invitó al Islam. Cuando hubo 
dicho todo lo que se había visto impulsado a decir, Ibn Ubái 
se volvió hacia él y dijo: 

"Nada podría ser mejor que este discurso vuestro, si fuera 
verdad. Siéntate entonces en casa, en tu propia casa, y a quien 
vaya a verte sermonéale así, pero a quien no vaya no le car- 
gues con tu charla, y no te metas en la reunión de quien no lo 
desea. " 

"No, — dijo una voz — ven a nosotros con ello, y visítanos 
en nuestras reuniones, en nuestros barrios, en nuestras casas, 
porque nos encanta eso, y eso nos lo ha dado Dios en su Muni- 
ficencia, y hacia ello nos ha guiado. " 

El que hablaba era Abadallah ibn Rawaha, un hombre con 



147 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

cuyo apoyo Ibn Ubái había pensado que podía contar ante 
cualquier contingencia. 

Ibn Ubái comprendió que su influencia disminuía con rapi- 
dez y que si no abrazaba el Islam se desvanecería por completo. 
Por otro lado sabía que una aceptación nominal del Islam le 
confirmaría en su autoridad. En consecuencia, no tardó mu- 
cho tiempo en decidirse a abrazar el Islam; con todo, aunque 
se comprometió personalmente con el Profeta y en adelante 
acudió con regularidad a las plegarias, los creyentes nunca 
llegaron a estar muy seguros de él. 

SALMÁN EL PERSA Y LAS SEÑALES DE LA PROFECÍA 

Durante los primeros meses, mientras todavía se estaba cons- 
truyendo la mezquita, la comunidad sufrió una gran pérdida 
con la muerte de Asad, el primer hombre del oasis en rendir 
fidelidad al Profeta. Fue posiblemente en el funeral de Asad 
cuando tuvo lugar el segundo encuentro entre Salmán el Per- 
sa y el Profeta. En años posteriores Salmán describiría este 
encuentro diciendo; 

"Fui a ver al Enviado de Dios cuando se encontraba en el 
cementerio de Baqi al-Garqad, donde él había ido siguiendo 
el féretro de uno de sus Compañeros. Lo saludé y luego me 
senté en el círculo detrás de él con la esperanza de poder ver- 
le el Sello. El supo lo que yo quería; agarró, pues, su manto y 
se lo bajó por la espalda, y observé el Sello de la Profecía tal 
y como me lo había descrito mí Señor. Me incliné sobre él, lo 
besé y lloré. Entonces el Enviado de Dios me ordenó que me 
acercase y fui y me senté delante de él, le conté mi historia y 
él se sintió feliz de que sus Compañeros la escuchasen. Luego 
abracé el Islam. " 



148 



Tribus y Pactos en Los Inicios del Islam Medinés 

EL RABINO HUSÁIN IBN SALLAM ABRAZA EL ISLAM 

Otro hombre de las gentes del Libro que abrazó el Islam por 
esta época fue el rabino Husáin ibn Sallam. Acudió al Profeta 
en secreto y le prestó juramento de fidelidad. Acto seguido el 
Profeta le dio el nombre de Abdallah, y el nuevo converso sugi- 
rió que antes de que su Islam fuese conocido debían preguntar 
a su gente sobre la posición que él ocupaba entre ellos. 

El Profeta lo ocultó en su casa y envió por algunos de los 
hombres principales de los Qainuqa. "El es nuestro jefe, " fue 
su respuesta a la pregunta, "y el hijo de nuestro jefe; él es nues- 
tro rabino y nuestro sabio. " Entonces Abdallah apareció ante 
ellosydijo: "¡Ohjudíos, temed a Dios y aceptad lo que El os ha 
enviado, porque sabéis que este hombre es el Enviado de Dios!" 
A continuación su gente lo injurió y negó la buena posición 
que antes habían afirmado que tenía entre ellos. 

ESTABLECIMIENTO DE LOS PILARES ISLÁMICOS Y DE LA 
LLAMADA A LA ORACIÓN: EL ADÁN 

El Islam estaba ya firmemente establecido en el oasis. La Re- 
velación prescribía la donación de limosnas y el ayuno duran- 
te el mes de Ramadán, y establecía en general lo que estaba 
prohibido y lo que se permitía. Las cinco plegarias diarias se 
realizaban regularmente en asamblea. Todo el mundo juzgaba 
sobre el momento de la plegaria por la posición del sol pero 
las opiniones podían diferir y el Profeta sentía la necesidad de 
encontrar un medio para convocar a la gente cuando hubiese 
llegado el tiempo exacto de cada plegaria. 

Una noche un hombre del Jazrach, Abdallah ibn Zaid tuvo 
un sueño, que contó al día siguiente al Profeta: 

"Pasó junto a mí un hombre que vestía dos prendas de color 



149 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

verde y llevaba en la mano una campana y yo le dije: "Oh siervo 
de Dios, ¿me quieres vender esta campana?" "¿Qué harás con 
ella?", respondió. "Con él convocaremos a la gente a la plegaria" 
le dije. "¿Desearías que te mostrara una forma mejor?" "¿Qué 
forma es ésa?" pregunté. 

Y él respondió: "Que digáis: Dios es el más Grande -Allahu 
Akbar-, El hombre de verde repitió esta magnificación cuatro 
veces, y después dos veces cada una de las siguientes: "Doy 
testimonio de que no hay dios sino Dios. Doy testimonio de que 
Muhámmad es el Enviado de Dios. Venid a la plegaria. Venid 
a la salvación. Dios es el más Grande. "Y luego, una vez más, 
"no hay dios sino Dios" 

El Profeta afirmó que se trataba de una visión auténtica y 
le dijo que acudiese a Bilal, que tenía una voz excelente, y le 
enseñase las palabras exactamente tal y como las había es- 
cuchado en el sueño. La casa más alta del vecindario donde 
estaba la mezquita pertenecía a una mujer del clan de Nayyar, 
y Bilal iba allí antes de cada amanecer y se sentaba en el tejado 
esperando la salida del sol. Cuando veía las primeras débiles 
luces por el oriente extendía sus brazos y decía en súplica: 
"¡Oh, Dios, te alabo y pido tu ayuda para el Quraish, para que 
acepten Tu religión!" 

Luego, de pie, pronunciaba la llamada a la plegaria (adán). 

CONSTRUCCIÓN DE LA CASA DEL PROFETA EN MEDINA Y 
MATRIMONIO CON 'AISHA 

Cuando la Mezquita estuvo terminada, el Profeta dio instruc- 
ciones para que se le añadiesen dos pequeñas viviendas al muro 
oriental, una para su esposa Sauda y otra para su prometida 
'Aisha. La construcción había durado en total siete meses y 



150 



Tribus y Pactos en Los Inicios del Islam Medinés 

durante ese tiempo se había hospedado con Abu Aiub. 

Cuando la casa de Sauda estuvo casi a punto, envió a Zaid 
para que la trajese a Medina, y con ella, a Umm Kulthum y a 
Fátima. Por su parte, Abu Bakr envió un mensaje a su hijo Ab- 
dallah para que trajera a Umm Ruman, Asma y Aisha. Al mis- 
mo tiempo, Zaid también se llevó consigo a su esposa Umm 
Aiman y a su hijito Osama. También viajó con ellos Talha, 
habiendo dispuesto de todos sus bienes inmuebles y haciendo 
entonces su hégira. Poco después de la llegada del grupo, Abu 
Bakr dio a Asma en matrimonio a Zubair, quien junto con su 
madre, Saf ía, ya llevaba viviendo algunos meses en Medina. 

Muhámmad y sus hijos se fueron entonces a vivir con Sau- 
da, y al cabo de uno o dos meses se decidió que debía celebrarse 
la boda de Aisha, después que alcanzase la pubertad, según 
costumbre de la época. 

El matrimonio fue celebrado lo más sencillamente posible. 
Fue presentado un tazón de leche, y el Profeta, después de 
beber de él, se lo ofreció a Aisha, que rehusó tímidamente. 
Cuando le insistió para que bebiera ella lo hizo, y ofreció el 
cuenco a su hermana Asma, que estaba sentada a su lado. Tam- 
bién bebieron otros; después cada cual se fue a sus asuntos, y 
dejaron al novio y la novia solos. 

Aisha se convertiría en uno de las figuras más respetadas 
en el Islam. Tenía un gusto muy desarrollado por las letras y 
fue una de las más grandes juristas musulmanas. Gracias a ella 
nos han sido transmitida una parte importantísma de dichos y 
hechos del Profeta. Tomó también parte en expediciones mi- 
litares y mostró un gran talento en cuestiones jurídicas, mate- 
máticas, médicas, literarias y folclóricas. Le gustaba el deporte 
y el Profeta echaba con ella carreras en los momentos de ocio. 



151 



.15- 

LA BATALLA DE BADR 



REVELACIÓN SOBRE LAS CONDICIONES DE LA GUERRA 

Hasta ese tiempo, los musulmanes nunca habían lu- 
chado contra sus adversarios, prefiriendo sufrir sus ata- 
ques sin responder a ellos. Pero al poco de estar en Medina, el 
Profeta recibió una revelación que iba a dar sentido a la lucha 
de los musulmanes: 

"Quienes son atacados tienen permiso para combatir, 

porque han sido tratados injustamente, 

y ciertamente Dios es capaz de ayudarlos a salir 

victoriosos. 
Y lo mismo sucede con aquéllos que han sido 

injustamente expulsados de sus hogares, 
por ninguna razón salvo porque 
dicen: Nuestro Señor es Dios" 

coran: 22, 39-40 

El Quraish resultaba vulnerable en sus caravanas, y era es- 
pecialmente en los meses de primavera y de principios de 
verano cuando su comercio con Siria era más activo, cuando 
quedaban expuestas a los ataques procedentes de Medina. 
Durante los meses de otoño e invierno enviaban la mayoría 
de sus caravanas al sur, principalmente al Yemen y Abisinia. 



152 



La Batalla de Badr 

EL CONTROL DE LAS RUTAS COMERCIALES 

La información que se recibía en Medina sobre las caravanas 
pocas veces era precisa, y podían sufrir cambios de última 
hora. Las caravanas mequíes en conjunto esquivaron algunas 
de las primeras incursiones de Medina, pero los musulmanes 
consiguieron hacer tratados con tribus beduinas situadas en 
puntos estratégicos a lo largo de la costa del Mar Rojo. 

Aunque por el momento no había tenido lugar ningún com- 
bate, el Quraish ya estaba alerta ante el peligro de tener un 
enemigo establecido en Yatrib. Les parecía, sin embargo, que 
esto de ninguna manera afectaría sus relaciones comerciales 
con el sur. Pronto se desilusionaron, porque el Profeta recibió 
el mensaje de una caravana que venía procedente del Yemen 
y envió a su primo Abdallah ibn Yahsh con otros ocho Emi- 
grantes para que estuviesen a su acecho cerca de Najla, entre 
TáifyMeca. 

Poco después de que los Emigrantes alcanzaran su destino 
y se hubieran apostado en un lugar estratégico no lejos de la 
ruta principal, una pequeña caravana del Quraish pasó junto 
a ellos y acampó cerca de donde estaban, sin advertir su pre- 
sencia. Los camellos iban cargados de pasas de Corinto, cuero 
y mercancías diversas. 

Abdallah y sus compañeros se encontraron en un dilema; 
las únicas instrucciones concretas del Profeta habían sido 
llevarle noticias, pero no les había prohibido luchar ni ha- 
bía hecho mención del mes sagrado. Pensaron en la Reve- 
lación: 

Quienes son atacados tienen permiso para combatir, 
porque han sido tratados injustamente... 



153 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Quienes han sido expulsados 
injustamente de sus hogares. 

coran: 22, 39 

Estaban en guerra con el Quraish y habían reconocido al 
menos a dos mercaderes de la caravana como hombres del 
Majzum, el cual era de todos los clanes de la Meca el que se 
había mostrado más hostil al Islam. Era la mañana del último 
día de Rayab; con la puesta del sol comenzaría sha'ban, que 
no era mes sagrado; para ese momento, aunque ya no prote- 
gidos por el calendario, sus enemigos tendrían el amparo de la 
distancia, porque ya habrían alcanzado el recinto sagrado. Al 
final, después de muchas vacilaciones, decidieron atacar. 

Abdallah y sus compañeros se llevaron los prisioneros, los 
camellos y la mercancía a Medina. Apartó una quinta parte del 
botín para el Profeta, dividiendo el resto entre sus compañeros 
y él. Pero el Profeta se negó a aceptar nada y dijo: "No os di 
permiso para combatir en el mes sagrado", ante lo cual quienes 
lo habían hecho pensaron que estaban condenados. 

Sus hermanos de Medina les culparon de su violación de 
Rayab, mientras que los judíos dijeron que era un mal presagio 
para el Profeta, y el Quraish se puso a difundir por todas partes 
las noticias de que Muhámmad había incurrido en sacrilegio. 
Entonces vino la Revelación: 

Te preguntan sobre el mes sagrado 

y sobre el combate en él. 

Di: Combatir en él es una grave ofensa, 

pero apartar a los hombres del camino de Dios, 

negarlo a El y a Su Mezquita Sagrada 



154 



La Batalla de Badr 

y expulsar a Su pueblo de ella es más grave para Dios. 
Y más grave que la matanza es la persecución. 

coran: 2, 217 

La interpretación del Profeta confirmaba la tradicional pro- 
hibición de la guerra durante el mes sagrado pero haciendo 
una excepción en este caso particular. Así pues tranquilizó a 
Abdallah y sus compañeros del temor tan grande que tenían 
y aceptó una quinta parte del botín para el beneficio general 
de la comunidad. El clan de Majzum envió rescates para sus 
dos prisioneros, pero su liberto Hákam eligió abrazar el Islam 
y quedarse en Medina, y, en consecuencia, Otmán regresó 
solo. 

ESTABLECIMIENTO DE LA ALQUIBLA DE MECA 

Fue en esta misma luna de sha'ban cuando se produjo una 
Revelación de gran importancia ritual. Sus palabras iniciales 
hacen referencia al extremo cuidado del Profeta para orientar- 
se en la dirección correcta para la plegaria. En la Mezquita la 
dirección la indicaba el mihrab, el nicho de la plegaria situado 
en el muro de Jerusalén. 

"Hemos visto cómo se vuelve tu rostro hacia el Cielo. 
Te haremos volverte hacia una dirección que te gustará. 
Vuelve, pues, tu rostro hacia la Mezquita Sagrada, 
y dondequiera que estéis volved 
vuestro rostro hacia ella" 

coran: 2, 144 

Se hizo inmediatamente un mihrab en el muro meridio- 
nal de la Mezquita, mirando hacia la Meca, y el Profeta y sus 
Compañeros aceptaron con alegría el cambio. Desde entonces 



155 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

los musulmanes se vuelven en la dirección de la Ka'ba para la 
realización de la plegaria ritual y, por extensión, para otros 
ritos. 

ATAQUE A LA CARAVANA DE ABU SUFIÁN 

Se acercaba ya el momento en que Abu Sufián emprendería el 
regreso de Siria. El Profeta envió a Talha y a Sa'id a Haura, al 
oeste de Medina, en la costa, para que lo informasen tan pron- 
to llegase la caravana. Esto le permitiría alcanzarla un poco 
más abajo en la costa. Sus dos exploradores fueron recibidos 
de modo hospitalario por un jefe de Yahaina que los ocultó en 
su casa hasta que la caravana hubo pasado. 

Pero tanto él como ellos se podían haber ahorrado el esfuer- 
zo, porque alguien de Medina, sin duda algún hipócrita ya ha- 
bía puesto a Abu Sufián al corriente de los planes del Profeta, 
y aquél había contratado a un hombre llamado Damdam para 
que fuera rápidamente a la Meca e insistiera al Quraish para 
que saliesen inmediatamente con un ejército en su socorro. 

LA REACCIÓN DEL QURAISH 

La ciudad inmediatamente se alborotó. La caravana que en 
esos momentos estaba amenazada era una de las más ricas 
del año, y eran muchos los que tenían razón para temer su 
pérdida. Se reunió rápidamente un ejército de un millar de 
hombres. Los Banu Hisham y los Banu al-Muttálib tenían sus 
intereses en la caravana y se sentían obligados a defenderla, 
por lo que Tálib se puso al frente de un grupo de hombres de 
ambos clanes y Abbás fue con ellos, quizás con la intención 
de actuar como pacificador. 

El Profeta había abandonado la ruta directa de Medina ha- 



156 



La Batalla de Badr 

cia el sur y se dirigía a Badr, donde esperaba salirle al paso a 
Abu Sufián, y envió por delante a dos de sus aliados de Yuhaina 
que conocían bien el distrito para que recogieran noticias de la 
caravana. En Badr se detuvieron en una colina que dominaba 
el pozo, y cuando fueron a sacar agua acertaron a escuchar 
una conversación entre dos muchachas del pueblo acerca de 
una deuda. "La caravana llegará mañana o pasado mañana, " 
decía una a la otra, "trabajaré para ellos y te pagaré lo que te 
debo. " 

Cuando oyeron estas palabras volvieron rápidamente al 
Profeta con las noticias. Pero si hubieran permanecido allí 
un poco más habrían visto a un jinete solitario aproximarse 
al pozo por el oeste. Era Abu Sufián en persona, que se había 
adelantado al resto de la caravana para ver si era seguro en- 
caminarse hacia la Meca por la ruta más cercana, esto es, a 
través de Badr. Al llegar al pozo se encontró con un aldeano 
y le preguntó si había visto algún desconocido. Le respondió 
que había visto dos jinetes que habían hecho un alto arriba en 
la colina, luego habían sacado agua y se la habían llevado. 

Abu Sufián fue a donde se habían detenido y tomó algunos 
excrementos de camello, que acto seguido desmenuzó. Había 
en ellos algunos huesos de dátil. "Por Dios — dijo— este es el 
forraje que emplean en Yatrib. " Se volvió rápidamente hacia 
sus seguidores, y, alejando la caravana del camino, avanzaron 
a toda velocidad por la orilla, junto al mar, dejando Badr a su 
izquierda. 

Mientras tanto los dos exploradores habían regresado con 
el Profeta con la noticia de que se esperaba que la caravana 
llegaría a Badr al día siguiente o al otro. Los musulmanes, pues, 
tendrían tiempo suficiente para sorprenderlos y vencerlos. 



157 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

ESTRATEGIA MILITAR: EL CONTROL DE LOS POZOS DE AGUA 
EN EL DESIERTO 

Más allá de la colina, un poco hacia el noreste, los musulmanes 
estaban levantando el campamento. El Profeta sabía que les 
era imperioso llegar a las aguas de Badr antes que el enemigo, 
así que ordenó un avanceinmediato. Apenas se habían pues- 
to en marcha cuando empezó a llover, y el Profeta se alegró 
de ello, considerándolo como una señal del favor divino, una 
bendición y una garantía. Refrescó a los hombres, hizo des- 
aparecer el polvo y endureció la arena suave del valle de Yalyal 
por donde ahora marchaban. Pero estorbaría al enemigo, que 
todavía tenía que subir las laderas de Aqanqal, que se hallaban 
a la izquierda de los musulmanes, en el lado opuesto del valle 
de Badr. 

Los pozos se encontraban todos en las laderas más suaves de 
la zona más próxima, y el Profeta ordenó un alto en el primer 
pozo que alcanzaron. Pero un hombre del Jazrach, Hubab ibn 
al-Mundir se le acercó y dijo: 

"¡Oh Enviado de Dios! ¿ Te ha revelado Él que debemos avan- 
zar o retroceder desde este lugar donde ahora estamos, o es una 
cuestión de opinión y estrategia militar?". El Profeta le contestó 
que se trataba simplemente de un asunto de opinión, y Hubab 
dijo: "No es éste el lugar para detenerse, sino que es mejor que 
nos conduzcas, ¡oh Enviado de Dios! hasta llegar a uno de los 
pozos grandes que está más cerca del enemigo. Paremos allí, 
ceguemos los pozos que están detrás de aquél y hagamos una 
cisterna. Luego lucharemos con el enemigo y nosotros tendre- 
mos todo el aguapara beber y ellos no tendrán nada. " 

El Profeta asintió al punto, y el plan de Hubab se puso en 
práctica en todos sus detalles. Los restantes pozos fueron ce- 



158 



La Batalla de Badr 

gados, se hizo una cisterna y todos los hombres llenaron sus 
recipientes. 

Aquella noche Dios envió un sueño reconfortante a los 
creyentes y se despertaron como nuevos. Era el viernes 17 de 
Marzo del año 623 de la era cristiana, que fue el día 17 de Ra- 
madán del año 2 de la hégira. En cuanto se hizo el alba el Qu- 
raish prosiguió su marcha y subieron a la colina de Aqanqal. 
Hicieron su campamento al pie de la ladera. 

LA BATALLA 

El Quraish ya había comenzado a avanzar. Visto a través de 
las ondulantes dunas el ejército mequí parecía mucho más 
pequeño de lo que era. Pero el Profeta era consciente de la 
gran disparidad que existía entre los dos ejércitos. Regresó 
entonces con Abu Bakr y rezó pidiendo la ayuda que Dios le 
había prometido. Le sobrevino un sueño ligero, y cuando se 
despertó dijo: 

"¡Ánimo, Abu Bakr, la ayuda de Dios te ha llegado! Aquí 
está Gabriel, y, en su mano, las riendas de un caballo que él 
conduce, y él está armado para la guerra. " 

El Profeta exhortó entonces a sus hombres, diciendo: 

"¡Por Aquél en cuyas manos está el alma de Muhámmad! 
¡No morirá ningún hombre que hoy caiga luchando contra 
ellos, confirme esperanza en su recompensa y avanzando sin 
retroceder, sino que Dios lo introducirá inmediatamente en el 
Paraíso 1 ." 

El Profeta tomó un puñado de guijarros y se los arrojó a los 
Quraishies, gritando: "¡Que esos rostros sean desfigurados!", 
consciente de que los estaban lanzando al desastre. 

Luego dio la orden de cargar. 



159 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"No eras tú quien arrojaba cuando arrojaste, 
sino que era Dios quien lo hacía". 

coran: 8, 17 

Estas palabras eran parte de la Revelación que se produjo 
inmediatamente después de la batalla. Los guijarros no fueron 
la única manifestación de la fuerza divina que, de la mano del 
Profeta, irradió aquel día. 

LA AYUDA DEL CIELO 

Cuando a los creyentes se les ordenó cargar, no lo hicieron 
solos, como el Profeta bien sabía, porque se les había prome- 
tido: 

Os ayudaré con mil Ángeles, uno tras otro. 

coran: 8, 9 

Y los Ángeles también habían recibido un mensaje divino: 

Cuando tu Señor inspiró a los Ángeles: Yo estoy 
con vosotros, así que confirmad a los creyentes, 
infundiré el terror en los corazones de los incrédulos. 
¡Cortadles, pues, el cuello y golpeadles en los dedos! 

CORÁN 8, 12 



La presencia de los Ángeles fue percibida por todos; como 
una fuerza por los creyentes y como un terror por los infieles; 
pero esa presencia sólo fue visible o audible para unos pocos 
y en diferentes grados. Uno de los creyentes que estaba persi- 
guiendo a un enemigo vio cómo la cabeza del hombre se sepa- 
raba de su cuerpo antes de que pudiera alcanzarlo, cercenada 



160 



La Batalla de Badr 

por una mano invisible. Otros tuvieron breves vislumbres de 
los Ángeles cabalgando en caballos cuyos cascos nunca se po- 
saban en el suelo, guiados por Gabriel tocado con un turbante 
amarillo. 

LA DERROTA DEL QURAISH 

Pronto el Quraish se encontró derrotado por completo y pues- 
to en fuga, salvo pequeños grupos por donde los Ángeles no 
habían pasado. 

La mayoría de los quraishíes escaparon, pero unos cincuen- 
ta fueron heridos de muerte o muertos sin más en la batalla 
o alcanzados y derribados en su huida. Aproximadamente el 
mismo número fueron hechos prisioneros. 

EL RETORNO DE LOS VENCIDOS 

El ejército del Quraish regresó a la Meca en pequeños grupos, 
precedidos o seguidos por individuos aislados. Uno de los pri- 
meros en llegar con las noticias fue Abu Sufián, cuyo hermano 
había sido hecho prisionero. La hostilidad de Abu Sufián hacia 
la nueva religión le había incitado a escribir versos contra ella 
y contra su primo y hermano de leche, el Profeta. 

HIND JURA COMERSE EL HÍGADO DE HAMZA 

En cuanto a los parientes de los prisioneros, se les instó a que 
demorasen el envío de ofertas de rescate a Yatrib. La vehemen- 
te esposa de Abu Sufián, Hind, no era la madre de ninguno de 
los dos, pero al principio de la batalla había perdido a su padre, 
a su tío y a su hermano y, aunque refrenó sus lamentos, juró 
que cuando el Quraish se vengase en el ejército musulmán se 
comería crudo el hígado de Hamza, que había matado a su tío 



161 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

y dado el golpe de muerte a su padre. 

Respecto al cargamento de la rica caravana que Abu Sufián 
había traído intacto a la Meca, en la Asamblea se acordó que 
todos los beneficios se dedicarían al reclutamiento de un ejér- 
cito tan grande y tan poderosamente equipado que aplastaría 
cualquier resistencia que Yatrib pudiera presentarle, y esta 
vez las mujeres marcharían con los hombres para animarlos e 
incitarlos a superarse a sí mismos en proezas. 

También se acordó en el mismo sentido enviar emisarios a 
los numerosos aliados que tenían en toda Arabia, requirién- 
doles para que se uniesen a su ataque, y dándoles lo que ellos 
pensaban que eran poderosas razones para considerar a los 
seguidores de la nueva religión como un enemigo común. 



162 



>i6« 



LOS EFECTOS DE BADR EN EL ENTORNO DEL 
PROFETA 



MUERTE DE RUQAIA Y MATRIMONIO DE FÁTIMA CON 'ALÍ 

Uno de los primeros actos del Profeta de regreso de 
Badr había sido visitar la tumba de su hija Ruqaia y 
Fátima fue con él. Era ésta la primera aflicción que habían 
sufrido en el círculo íntimo de la familia desde la muerte de 
Jadicha. 

Fátima era la más joven de sus hijas; por aquella época tenía 
veinte años. El ya había hablado de 'Alí a su familia como el 
marido más adecuado para ella, aunque no había habido nin- 
gún contrato formal. Abu Bakr y Ornar habían pedido ambos 
su mano, pero el Profeta les había quitado las ilusiones, no di- 
ciéndoles que ya estuviera prometida sino señalando que tenía 
que esperar el momento designado por el cielo. Fue solamente 
en las semanas que siguieron a su retorno de Badr cuando tuvo 
la certeza de que el momento había llegado y entonces dirigió 
a 'Alí palabras de ánimo con el deseo de que solicitase la mano 
de la muchacha. 

Alí, al principio, se mostró indeciso a causa de su extrema- 
da pobreza. No había heredado nada de su padre, porque la 
ley de la nueva religión prohibía a un creyente heredar de un 

163 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

incrédulo. Pero había adquirido una humilde morada cerca de 
la Mezquita, y puesto que no había duda sobre los deseos del 
Profeta, se dejó persuadir. 

Una vez hecho el contrato formal el Profeta insistió en la 
celebración de un banquete de bodas. Se sacrificó un carnero 
y algunos de los Ánsar aportaron ofrendas de grano. Luego 
dispusieron dátiles e higos para que los invitados los comie- 
sen además de la comida principal, y llenaron el pellejo del 
agua con agua perfumada. Hubo unanimidad en considerar 
este banquete de bodas como uno de los mejores ofrecidos en 
Medina en aquel tiempo. 

MATRIMONIOS 

En el año que siguió al retorno de Badr la familia de Ornar su- 
frió dos pérdidas. La primera fue la muerte de su yerno Junáis, 
el marido de su hija Hafsa. Había sido uno de los emigrados a 
Abisiniay a su regreso había tenido lugar el matrimonio. Hafsa 
solamente tenía dieciocho años al enviudar. Era hermosa e in- 
teligente por igual, habiendo aprendido como su padre a leer y 
escribir. Al ver que la muerte de Ruqaia había dejado a Otmán 
tan desconsolado, Ómar le ofreció a Hafsa en matrimonio. 

Otmán contestó que pensaría sobre ello. Al cabo de unos 
días, sin embargo, fue a ver a Ómar y le dijo que considera- 
ba que era mejor no volverse a casar por el momento. Ómar 
quedó muy decepcionado y también algo herido por la ne- 
gativa de Otmán. Pero estaba dispuesto a encontrar un buen 
marido para su hija y, por consiguiente, se fue a ver a Abu 
Bakr, al cual consideraba como su mejor amigo, y le propuso 
el matrimonio. 

Abu Bakr respondió con evasivas; esto hirió los sentimien- 

164 



Los Efectos de Badr en El Entorno del Profeta 

tos de Ómar aún más que la negativa definitiva de Otmán a 
pesar de que al mismo tiempo era más comprensible, porque 
Abu Bakr ya tenía una mujer, a la que tenía mucho cariño, 
mientras que Otmán estaba ahora soltero. 

Aun así, quizás se le podría hacer cambiar de opinión; y la 
siguiente vez que Ómar estuvo con el Profeta dejó escapar su 
agravio. "Mira", dijo el Profeta, "te mostraré un yerno mejor 
que Otmán, y a él le mostraré un suegro mejor que tú" "Asi 
sea", dijo Ómar con una sonrisa de felicidad cuando, después 
de reflexionar un momento, adivinó que el hombre mejor al 
que se había referido en ambos casos no era otro que el mismo 
Profeta, que tomaría a Hafsa como esposa y que se convertiría, 
por segunda vez, en suegro de Otmán al darle en matrimonio 
a la hermana de Ruqaia, Umm Kulthum. 

Fue después de esto cuando Abu Bakr explicó la razón de 
su silencio a Ómar: que el Profeta le había confiado, como un 
secreto que no había de divulgar todavía, su intención de pedir 
la mano de Hafsa. 

El matrimonio de Umm Kulthum tuvo lugar primero; y 
cuando hubieron transcurrido los cuatro meses legalmente 
necesarios desde la muerte de Junáis y se hubo añadido un 
aposento a los de Sauda y Aisha, contiguo a la Mezquita, se 
celebró el matrimonio del Profeta, casi un año después de la 
batalla de Badr. 

Por la época de este matrimonio murió Otmán ibn Mazun, 
cuñado de Ómar y tío materno de Hafsa. 

NO HAY EUNUCOS EN EL ISLAM 

Este Otmán era el más ascético de sus compañeros. Había sido 
asceta antes de la Revelación del Islam y desde su emigración 

165 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

a Medina se había resuelto de tal forma a suprimir los deseos 
terrenales que le pidió al Profeta el permiso para hacerse eu- 
nuco y emplear el resto de sus días como mendigo errante. 

"¿No tienes en mí un ejemplo acertado?" dijo el Profeta, "Y 
yo voy con las mujeres, como carne, ayuno y rompo el ayuno. 
No forma parte de mi comunidad quien hace a los hombres 
eunucos o se convierte él mismo en un eunuco" 

Para el hombre primordial los deleites naturales, consagra- 
dos por el agradecimiento a Dios, son formas de adoración; 
refiriéndose a sí mismo el Profeta habló de los placeres de los 
sentidos y de la plegaria en el mismo contexto: "Se me ha dado 
amar el perfume y las mujeres, y en la plegaria me ha sido dado 
el frescor en los ojos" 

LAS GENTES DEL BANCO 

Parte de una de las largas columnatas de la Mezquita estaba 
reservada para los recién llegados que no tenían dónde vivir 
y carecían de medios de subsistencia. Eran conocidos como 
"las gentes del banco", Ahí as-Sujfa, a causa de un banco de 
piedra que había sido colocada allí para su provecho. Ya que 
la Mezquita era una prolongación de la propia morada del 
Profeta, él y los miembros de su casa se sentían especial- 
mente responsables de este número creciente de refugiados 
que vivían a su misma puerta, de cuya condición eran a dia- 
rio testigos. 

La noticia de Badr dejó sentir sus efectos en este sentido. 
Así pues, los que vivían en las casas adyacentes a la Mezquita 
raramente podían comer su porción completa en cualquier 
comida. El Profeta decía: "La comida de uno vale para dos, la 
comida de dos vale para cuatro, y la de cuatro vale para ocho". 



166 



Los Efectos de Badr en El Entorno del Profeta 

LA POBREZA DE 'AEÍ Y FÁTIMA 

Fátima, antes dé su matrimonio, había sido una especie de sir- 
vienta de las gentes del banco. A pesar de los sacrificios que for- 
maban parte de la vida diaria en la casa del Profeta, su vida des- 
pués del matrimonio le pareció aún más rigurosa debido a una 
carencia que hasta entonces no había experimentado. Nunca 
había habido para ella escasez de manos dispuestas a ayudar. 
Pero ahora Fátima no tenía a nadie que la ayudara en la casa. 

Para paliar su extremada pobreza 'Alí ganaba algún dinero 
extrayendo agua y haciendo de aguador, mientras que ella mo- 
lía grano. "He molido hasta salirme ampollas en las manos", le 
dijo a Alí un día. "Ya mime duele el pecho de tanto sacar agua", 
fue la respuesta de Alí. Los dos juntos fueron a ver al Profeta, a 
quien, sin embargo, le pareció que estaban menos necesitados 
que otros. "No voy a daros a vosotros" dijo, "y a dejar que las 
gentes del banco estén atormentadas por el hambre; No tengo 
suficiente para mantenerlos, pero gastaré en ellos lo que pueda 
venir de la venta de los cautivos" 

Volvieron a casa algo decepcionados; pero aquella noche, 
ya acostados, oyeron la voz del Profeta pidiendo permiso para 
entrar. Ambos se incorporaron dándole la bienvenida, pero él 
les dijo: "Seguid donde estáis", y se sentó a su lado. "¿Queréis 
que os hable de algo que es mejor que lo que me pedisteis ?" dijo, 
y, cuando le respondieron que sí, prosiguió: 

"Palabras que Gabriel me enseño. Que debéis decir Gloria a 
Dios diez veces después de cada plegaria, y diez veces Alabado 
sea Dios, y diez veces Dios es el más grande. Y cuando os vayáis 
a la cama debéis repetirlas treinta y tres veces cada una" Alí 
solía decir años después: "Ni una sola vez dejé de recitarlos 
desde que el Enviado de Dios nos las enseñó" 



167 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Su casa no estaba muy lejos de la Mezquita, pero al Profe- 
ta le habría gustado que su hija estuviera todavía más cerca 
de él y algunos meses después del matrimonio, Haritha, un 
pariente lejano del Profeta, fue a verle y le dijo: "¡Oh Enviado 
de Dios! He oído que de buen grado querríais tener a Fátima 
más cerca. Mi casa es la más próxima de todas las moradas 
de los hijos de Nayyar, y tuya es. Mis bienes y mi persona son 
para Dios y para Su Enviado, y me es más querido lo que to- 
mes de mi que lo que me dejes" El Profeta lo bendijo y aceptó 
su donación y llevó, pues, a su hija y a su yerno a vivir como 
sus vecinos. 

GUERRA INTERMITENTE 

Un importante resultado secundario de Badr fue que Yuhai- 
na y las otras tribus cercanas al Mar Rojo se convirtieran en 
firmes aliados de Medina. Esto significaba que la ruta costera 
hacia Siria quedaba virtualmente excluida a las caravanas de 
la Meca. 

Este peligro de ninguna manera había escapado a la aten- 
ción del Quraish, que ya había dado algunos pasos encamina- 
dos al fortalecimiento de sus alianzas con Sulaim y Gatafán, a 
través de cuyo territorio tenían que pasar las caravanas. Estas 
tribus vivían en la gran llanura de Nachd al este de Meca y 
Medina. Las caravanas de Meca hacían su séptima parada en 
mitad de la fértil región que ocupaba Sulaim, y esta tribu en 
particular estaba siendo incitada por el Quraish para que no 
desperdiciara ninguna ocasión de asolarlas inmediaciones de 
Yatrib siempre que las viese vulnerables. 

Durante los meses siguientes, el Profeta fue advertido de 
tres incursiones proyectadas sobre los límites orientales del 



168 



Los Efectos de Badr en El Entorno del Profeta 

oasis, dos por Sulam y una por Gatafán. En cada caso se les an- 
ticipó penetrando inmediatamente en su territorio, y en cada 
caso tuvieron noticias de su aproximación y desaparecieron 
antes de que el Profeta alcanzara el lugar donde se habían 
reunido. 

Pero una de estas expediciones, sin embargo, se saldó con 
un notable éxito. Fue contra las tribus gatafaníes de Thalaba 
y Muharib, y en esta ocasión el Profeta decidió seguir a los 
esquivos beduinos hasta sus ocultas fortalezas del norte de 
Nachd. Desde el llano ascendieron al territorio de los Muha- 
rib, y un repentino chaparrón dejó empapados a algunos de 
los hombres, incluido el Profeta. El Profeta se apartó un poco 
de los otros, se quitó las dos prendas mojadas y las colgó de un 
árbol para que se secasen, se echó debajo del árbol y pronto 
fue vencido por el sueño. 

LA CONVERSIÓN DE DUTHUR 

Pero todos los movimientos de la partida y los suyos en parti- 
cular habían sido observados, y cuando se despertó encontró 
un hombre de pie, junto a él, con la espada desenvainada. No 
era otro que Duthur, el jefe de Muharib "¡Oh Muhámmad!", 
dijo, "¿Hoy quién te protegerá de mí?" "Dios" respondió el Pro- 
feta, después de lo cual Gabriel, vestido todo de blanco, apa- 
reció entre ambos y, poniendo su mano en el pecho del hom- 
bre, lo empujó hacia atrás. Se le cayó la espada y el Profeta se 
hizo con ella. Gabriel desapareció de la visión de Duthur y éste 
comprendió que había visto a un ángel. "¿Quién te protegerá 
de mí?" dijo el Profeta. "Nadie", respondió Duthur. "Atestiguo 
que no hay más dios que Dios, y que Muhámmad es el Enviado 
de Dios" 



169 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

El Profeta le devolvió su espada, lo cual conmovió mucho al 
hombre. Se fueron juntos hacia el campamento y Duthur fue 
instruido en la religión. Luego volvió con su gente y comenzó 
a llamarlos al Islam. 



170 



LA BATALLA DE UHUD 



CAPTURA DE LA CARAVANA MEQUÍ EN QARADA 

Los mequíes sentían intensamente la pérdida delaruta 
del Mar Rojo. Una de las desventajas de la única alternativa 
que les quedaba era que en la llanura de Nachd los pozos esta- 
ban relativamente alejados entre sí. Pero ahora que los meses 
de estío estaban a punto de terminar, el viaje podía realizarse 
fácilmente añadiendo más camellos aguadores. 

Así pues, decidieron enviar una rica caravana al Iraq, bajo 
la dirección de Safuan, consistente principalmente en lingotes 
de plata y vasos del mismo metal, todo ello valorado en unos 
cien mil dírhemes. Algunos judíos de Medina tenían informa- 
ción secreta sobre la caravana y uno de los Ánsar les oyó por 
casualidad hablando de ello. 

El Profeta sabía que Zaid tenía dotes de mando y lo puso a 
la cabeza de cien jinetes para interceptar el paso a la caravana 
cerca de Qarada, que era una de las principales aguadas de la 
ruta. Su ataque repentino e inesperado puso en fuga a Safuan 
y sus compañeros, mientras que Zaid y sus hombres regresa- 
ron triunfantes a Medina, convertidos en la escolta de todos 
los camellos de carga mequíes con su preciosa mercancía de 
plata y otros productos y con algunos cautivos. En la Meca 
el desastre de Qarada intensificó y aceleró los preparativos 



171 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

que se habían venido realizando desde Badr para un ataque 
irresistible sobre Medina. 

NACIMIENTO DE HASAN 

Pasó el mes sagrado de Rayab y, con él, el solsticio de invierno 
y el año 625 de la era cristiana. Fue en el mes siguiente cuan- 
do tuvo lugar el matrimonio de Hafsa. Luego vino Ramadán, 
y en este mes de ayuno, para alegría de todos los creyentes, 
Fátima dio a luz un hijo. El Profeta pronunció las palabras de 
la llamada a la plegaria en el oído del recién nacido y le dio el 
nombre de al-Hasan, que significa "el hermoso". 

EL QURAISH ATACA MEDINA 

Vino la luna llena, y uno o dos días después fue el aniversario 
de Badr, y en los últimos días del mes un jinete que había 
cabalgado de la Meca a Medina durante tres días le trajo al 
Profeta una carta sellada. Era de su tío 'Abbás, advirtiéndole 
que un ejército de tres mil hombres estaba a punto de poner- 
se en marcha hacia Medina. Setecientos de los combatientes 
llevaban malla, y había una tropa de doscientos hombres de 
a caballo. 

Los camellos eran tan numerosos como los hombres, sin 
contar los camellos de carga y los que portaban las literas para 
las mujeres. 

LA MARCHA DEL QURAISH Y EL CERCO A MEDINA 

Para cuando la carta llegó el Quraish ya se había puesto en 
marcha. Abu Sufián, el comandante en jefe, llevaba consigo 
a Hínd y también a una segunda esposa. Yubair, el hijo de 
Mut'im se quedó en la Meca, pero envió con el ejército a un 
esclavo suyo abisinio llamado Wahshi que era un experto en el 



172 



La Batalla de Uhud 

lanzamiento de la jabalina, raras veces había errado el blanco, 
y Yubair le dijo: 

"Si matas a Hamza, el tío de Muhámmad, como venganza 
mía, eres un hombre Ubre" 

Los Emigrados y los Ánsar disponían todavía de una semana 
antes de que el enemigo estuviese sobre ellos; pero durante ese 
tiempo había que hacer sitio dentro de los muros de Medina 
para todos los que vivían en las partes distantes del oasis junto 
con sus animales. Se hizo esto y ni un solo caballo, camello, 
vaca, oveja o cabra se quedó fuera de las murallas. 

Llegaron noticias de que los mequíes estaban tomando la 
ruta occidental cerca de la costa. A su debido tiempo se desvia- 
ron hacia el interior e hicieron una breve parada a unas cinco 
millas al oeste de Medina. Luego marcharon en dirección no- 
reste durante unas pocas millas y acamparon en una franja de 
tierra cultivada en el llano situado bajo el Monte Uhud, que 
domina Medina desde el norte. 

El Profeta envió exploradores, que regresaron a la mañana 
siguiente con la información de que el número de los enemigos 
era ciertamente el que se decía en la carta. Los más de tres mil 
camellos y los doscientos caballos se estaban comiendo todo el 
pasto y todas las cosechas aún sin recoger al norte de la ciudad, 
y pronto no quedaría ni una brizna de hierba. 

El ejército no mostraba señales de estar preparado para 
una acción inmediata. Sin embargo, la ciudad estuvo rigurosa- 
mente vigilada aquella noche. 

LA MAYORÍA DECIDE SALIR Y ATACAR 

Su primer pensamiento fue no salir de la ciudad, sino aguantar 
un asedio dentro de sus murallas. Deseaba, sin embargo, que 



173 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

otros le confirmasen en su idea, porque de ninguna manera 
se trataba de una convicción. Dispuso, pues, una consulta so- 
bre si debían salir de la ciudad o no. Un elevado número de 
los Compañeros más antiguos, tanto de los Emigrados como 
de los Ánsar, se inclinaban por la opinión de Ibn Ubái, que 
era permanecer dentro de la medina. En consecuencia, dijo 
el Profeta: "Permaneced en Medina, y guardad a las mujeres 
y a los niños en las fortalezas" 

Solamente cuando hubo pronunciado estas palabras se hizo 
aparente que la mayoría de los hombres más jóvenes ardían 
de impaciencia por salir a combatir contra el enemigo, con el 
argumento de que su inactividad y el no tomar represalias por 
los cultivos devastados solamente serviría para envalentonar 
al Quraish contra ellos en el futuro. 

Hamza y otros de los más experimentados comenzaron 
entonces a inclinarse hacia este parecer. Entonces se levantó 
para hablar uno de los más ancianos allí presentes, un hombre 
llamado Jaithama. Repitió muchos de los argumentos que ya 
se habían escuchado contra permanecer a la defensiva. Luego 
se levantó para hablar otro de los Ánsar, esta vez un hombre 
del Jazrach, Málik ibn Sinan. Ahora estaba claro que la mayo- 
ría estaba contra quedarse detrás de las murallas, y el Profeta 
decidió atacar. 

LA MARCHA HACIA UHUD Y LA DESERCIÓN DE IBN UBÁI 

El sol ya estaba en el ocaso el ejército del Profeta llegó a mitad 
de camino entre Medina y Uhud. Bilal hizo la llamada a la 
plegaria e hicieron la plegaria, después de lo cual el Profeta 
revisó sus tropas. Fue entonces cuando advirtió la presencia 
de ocho muchachos que, a pesar de su edad, estaban deseando 



174 



La Batalla de Uhud 

tomar parte en la batalla. El Profeta les ordenó que regresaran 
a casa. 

El Profeta había dado instrucciones para que el ejército es- 
tuviese listo para partir poco antes del alba. Pero Ibn Ubái ha- 
bía tenido consultas con algunos de sus más próximos segui- 
dores durante la noche y cuando llegó el momento de levantar 
el campamento se volvió a Medina con trescientos hombres 
para gran vergüenza de su hijo Abdallah, que se quedó con el 
ejército. 

Reducido ahora a setecientos hombres, el ejército avanzó 
a una corta distancia hacia el enemigo hasta que estuvieron 
justo entre el enemigo y Uhud. Habiendo entonces alcanza- 
do su objetivo, que era tener a su favor la ladera de la monta- 
ña, el Profeta hizo que se detuvieran y desmontó. Bilal hizo 
la llamada a la plegaria de la mañana, y se alinearon dan- 
do la espalda a la montaña. Esta era también su formación 
de batalla, pues el enemigo estaba en esos momentos entre 
ellos y la Meca. 

LOS ARQUEROS DE ABDALLAH IBN YUBAIR 

El Profeta eligió entonces sus mejores arqueros. Les dijo que 
ocupasen su posición en una elevación un poco a la izquierda 
de la fuerza principal. Al frente de ellos puso a Abdallah ibn 
Yubair, un hombre de Aus, y les dio las siguientes órdenes: 

"¡Mantened a su caballería con vuestras flechas lejos de no- 
sotros! No dejéis que caigan sobre nosotros por la retaguardia. 
¡Esté la suerte de la batalla a nuestro favor o a nuestra contra, 
no os mováis de este puesto! Si nos veis saqueando al enemigo, 
no busquéis participar en ello, y si veis que nos están dando 
muerte, no acudáis en nuestro socorro" 



175 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
EL ORDEN DE BATALLA 

El sol ya estaba alto y el Quraish se encontraba formado, con 
cien jinetes en cada ala, la derecha al mando de Jalid, hijo de 
Walid, y la izquierda conducida por Ikrima, hijo de Abu Yahl. 
Desde el centro Abu Sufián dio la orden de avanzar. 

No lejos de las primeras líneas, las mujeres, conducidas 
por Hind, también se pusieron en movimiento, batiendo sus 
panderos y tambores, y cantando. Luego, cuando las muje- 
res sintieron que habían llegado al límite de aproximación al 
enemigo, marcaron el compás al son de sus tambores, dejan- 
do que los hombres continuasen delante de ellas, y Hind co- 
menzó a entonar una canción: "Si avanzáis, os abrazaremos 
y extenderemos suaves alfombras. Pero si volvéis la espalda os 
abandonaremos y ya no os amaremos" 

LA MUERTE DE HAMZA 

Cuando los dos ejércitos estuvieron casi juntos los arqueros 
del Profeta lanzaron una lluvia de flechas sobre la caballería 
de Jalid y comenzó la batalla. 

Hamza era inconfundible por su gran estatura, por su forma 
de luchar y por el penacho de avestruz. Wahshi lo vio a lo lejos y 
manteniéndose en los bordes de la batalla consiguió llegar a un 
punto de relativa seguridad que, sin embargo, era lo bastante 
cercano para lanzar la jabalina. 

Hamza estaba en ese momento enfrentándose con el últi- 
mo de los portaestandartes de Abd ai-Dar, y cuando levantó 
su espada para golpear dejó abierto momentáneamente un 
resquicio en la armadura. 

Wahshi vio rápidamente su oportunidad, y, equilibrada 
la jabalina, la arrojó con perfecta puntería. Hamza se movió 



176 



La Batalla de Uhud 

tambaleándose hacia adelante unos cuantos pasos, habiendo 
ya dado muerte a su hombre, y se desplomó al suelo en la ago- 
nía de la muerte. Wahshi esperó hasta que su cuerpo dejó de 
moverse, y entonces se acerco rápidamente al campamento. 
Como él mismo dijo: "Había hecho todo lo que había venido a 
hacer, sólo lo maté para conseguir mí libertad'.' 

LA DESOBEDIENCIA DE LOS ARQUEROS MUSULMANES 

Los musulmanes continuaron avanzando hasta que llegados a 
un punto las líneas del enemigo quedaron rotas por completo. 
El camino hacia su campamento quedó así abierto y se produjo 
un avance en tropel de hombres ansiosos de botín. En estos 
momentos cincuenta arqueros selectos se hallaban a alguna 
distancia a la izquierda del Profeta. Entre él y ellos el terreno 
bajaba hacia el llano y luego se elevaba hasta el lugar estratégi- 
co donde los había emplazado. Podían ver las primeras líneas 
de sus compañeros a punto de enriquecerse — según pensaban 
ellos — con el botín del enemigo y esto fue demasiado para la 
mayoría de ellos. 

En vano su jefe Abdallah ibn Yubair, les recordó la orden del 
Profeta de no abandonar su puesto bajo ninguna circunstan- 
cia. Respondieron que el Profeta no había querido decir que 
se quedasen allí para siempre. La batalla ya había terminado, 
decían y los incrédulos estaban derrotados. Unos cuarenta 
de ellos corrieron veloces ladera abajo en dirección al cam- 
pamento, dejando a Abdallah a la cabeza de un núcleo leal de 
arqueros fatalmente mermado. 

LA CARGA DE JALID 

Hasta ahora la caballería no les había servido de nada a los 
mequíes. En el centro los dos ejércitos estaban tan enreda- 



177 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

dos que una carga de los jinetes habría sido tan peligrosa 
para sus propios hombres como para los enemigos. No po- 
dían tampoco alcanzar la retaguardia del ejército musulmán 
sin primero exponerse a los dardos de los arqueros que cu- 
brían una extensión de terreno bastante amplia. Pero Jalid 
vio entonces lo que estaba sucediendo y comprendiendo 
que había llegado el momento, dirigió a sus hombres a todo 
galope hacia la posición donde estaban estacionados los ar- 
queros. 

En vano Abdallah y sus diez hombres restantes intentaron 
interceptarlos con sus flechas. Dando media vuelta, Jalid con- 
dujo a sus hombres hacia la retaguardia de la principal fuerza 
del enemigo. 

AVANCE DE LA CABALLERÍA MEQUÍ 

Los caballeros mequíes hicieron grandes estragos en las 
desguarnecidas filas de los creyentes. 'Alí y sus compañeros 
se volvieron entonces para hacer frente al nuevo peligro, y 
algunos de los idólatras que habían sido puestos en fuga se 
reagruparon y volvieron de nuevo al combate. La suerte de 
la batalla había cambiado de improviso, y el grito de guerra 
del Quraish. "\Oh 'Uzza! ¡Oh HubaW'se volvió a escuchar por 
todo el campo. 

Muchos de los musulmanes de la retaguardia que habían 
salido indemnes de la acometida de la caballería se desmorali- 
zaron y huyeron. El Profeta los llamó para que volvieran, pero 
sus oídos estaban sordos a su voz, y sus mentes no estaban 
abiertas a otro pensamiento que el de la huida. La mayoría de 
los musulmanes siguieron luchando, pero el ímpetu inicial se 
había perdido. 



178 



La Batalla de Uhud 

Obligados a retroceder paso a paso, la batalla se trasladó 
hacia Uhud, en la dirección del Profeta. Él y sus Compañeros, 
incluidas mujeres, lanzaban descarga tras descarga de flechas 
contra el enemigo, y su grupo se engrosó con otros proceden- 
tes de la fuerza principal, cuyo único pensamiento, cuando 
la jornada se volvió contra ellos, había sido la seguridad del 
Profeta. 

EL ATAQUE AL PROFETA 

'Alí y otros que habían estado en la vanguardia de la batalla 
habían ido retrocediendo luchando a través de la hueste. Lle- 
garon ahora junto al Profeta, pero no antes de que una piedra 
afilada lanzada por el enemigo le hiriese en la boca, hendién- 
dole el labio inferior y rompiéndole un diente. La sangre bro- 
taba de su rostro, pero haciendo cuanto pudo para restañarla, 
convenció a 'Alí y a los otros de que no estaba seriamente he- 
rido, éstos volvieron a la lucha. 

Entonces, de repente, un único jinete surgió de un lado y se 
dirigió derecho hacia donde estaba el Profeta. Con un rápido 
vistazo reconoció al Profeta y espoleando al caballo le descar- 
gó con su espada un golpe que estaba seguro que no habría 
casco capaz de resistirlo. 

Pero Talha, que se encontraba al lado del Profeta, se arro- 
jó en la dirección de la espada y pudo desviar el golpe un 
poco, a costa de perder el uso de los dedos de una de sus 
manos. La hoja falló por poco la corona del yelmo del Pro- 
feta, chocó con su lado, rozando la sien, impulsando contra 
su mejilla dos de los anillos del casco y, por último, con una 
fuerza algo mermada, golpeó su hombro recubierto con una 
doble malla. La descarga contra el lado de su cabeza lo dejó 



179 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

momentáneamente aturdido y cayó al suelo, después de lo 
cual su agresor se alejó tan rápidamente como había llega- 
do. 

LOS CONTENDIENTES CREEN QUE MUHAMMAD HA MUERTO 

Se oyó que una voz gritaba: "¡Muhámmad ha sido muerto!" 'El 
grito se extendió por todo el campamento. Los creyentes que 
ahora buscaban refugio en el terreno más elevado vieron la 
retirada facilitada porque la mayoría de los enemigos, consi- 
derando que la batalla ya había terminado, aflojaron también 
sus ímpetus. 

El Profeta había recuperado la conciencia casi inmediata- 
mente, y cuando el enemigo se hubo retirado, se levantó y 
haciendo señas a sus compañeros para que lo siguiesen los 
condujo hacia a un lugar seguro. 

Pero su mejilla le ocasionaba mucho dolor: los anillos 
metálicos estaban profundamente incrustados en la carne. 
Se detuvieron un momento y Abu 'Ubaida cogió primero 
uno y luego el otro entre sus dientes y los extrajo. La heri- 
da comenzó a sangrar de nuevo y Málik del Jazrach aplicó 
su boca sobre ella y sorbió y tragó la sangre. El Profeta dijo: 
"El fuego no alcanzará a aquél cuya sangre ha tocado mi 
sangre" 

VENGANZA DEL QURAISH 

El Quraish estaba ahora ocupado con sus muertos y sus heri- 
dos. Las pérdidas no habían sido grandes: solamente habían 
muerto veintidós de tres mil. Luego contaron las víctimas del 
enemigo y vieron que había unos sesenta y cinco muertos, a 
muchos de los cuales desconocían. 



180 



La Batalla de Uhud 

HIND SE COME EL HÍGADO DE HAMZA 

En vano buscaron el cuerpo de Muhámmad, y mientras lo ha- 
cían Wahshi volvió hacia el cuerpo de Hamza, le abrió el vien- 
tre, le arrancó el hígado y se lo llevó a Hind. "¿Qué se me dará 
por haber matado al asesino de tu padre?", preguntó Wahshi. 
"Toda mi parte del botín", fue la respuesta de ella. "Este es el 
hígado de Hamza", dijo él y ella lo cogió de sus manos. 

De un bocado arrancó un trozo, lo masticó y se tragó un pe- 
dazo en cumplimiento de su voto y escupió el resto. "Muéstra- 
me dónde está", le dijo Hind; y cuando llegaron al cadáver ella 
le cortó la nariz, las orejas y otras partes del cuerpo. Entonces 
se quitó sus collares, pendientes y ajorcas y se las dio a Wahshi, 
diciendo a las mujeres que estaban con ella que mutilasen a 
otros muertos. Todas se hicieron ornamentos de venganza 
con cuanto cortaron de los cuerpos de los musulmanes. 

Así pues, cuando hubieron enterrado a sus propios muer- 
tos y hubieron saciado su sed de venganza en los cadáveres 
de los enemigos, cargaron en los camellos las armaduras y se 
prepararon para partir. 

EL ENTIERRO DE LOS MÁRTIRES 

EL Profeta condujo entonces a sus Compañeros hacia la llanu- 
ra. Harith había sido enviado por delante para buscar el cuerpo 
de Hamza, pero cuando lo encontró quedó tan horrorizado 
ante su visión y por tener que contárselo que no regresó en 
seguida. Alí fue enviado entonces tras él. Encontró a Hárith de 
pie aterrorizado junto al cadáver mutilado, y los dos volvieron 
juntos. Cuando el Profeta se enteró de lo que habían hecho con 
el cadáver de Hamza dijo: "Jamás he sentido una ira mayor que 
la que ahora siento" 



181 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Pero poco después de esto vino la Revelación: "Si castigáis, 
hacedlo entonces en la misma medida en que se os afligió. Pero 
si tenéis paciencia, es mejor para el paciente". 

Según esta revelación se prohibió expresamente la mutila- 
ción después de las batallas. 

EL JUDÍO MUJAIRIQ 

Entre los muertos encontraron a un extraño, o por lo menos 
eso pareció al principio, hasta que uno de ellos lo recono- 
ció como Mujairiq, un sabio rabino del clan judío de Thalaba. 
Aquella mañana temprano, como después se les informó, ha- 
bía convocado a su pueblo para guardar el pacto con el Pro- 
feta y unirse a él para luchar contra los idólatras, y cuando 
protestaron que era sábado, él les dijo: "No guardáis el sábado 
verdaderamente" Entonces les ordenó solamente que fuesen 
testigos de que Muhámmad era su único heredero. "Si me ma- 
tan hoy — dijo — mis posesiones son para Muhámmad, para 
que las emplee como Dios le dé a entender'.' 

Luego tomó su espada y otras armas y partió para Uhud, 
donde combatió hasta que fue muerto. Después de eso una 
gran parte de las limosnas que se distribuían en Medina pro- 
cedían de los ricos palmares que el Profeta había heredado de 
Mujairiq, "el mejor de los judíos", como le llamaba. 

EL REGRESO DE LOS MUSULMANES A MEDINA 

Tan pronto como resultó evidente que los mequíes tenían la 
intención de regresar por donde habían venido, evitando así 
el encuentro con Medina, las mujeres comenzaron a salir de 
la ciudad para atender a los heridos. 

Entre las primeras mujeres en salir estuvo Saf ía, her manda 



182 



La Batalla de Uhud 

de Hamza.El Profeta se apenó al ver acercarse a Saf ía y llamó 
a su hijo Zubáir: "Ayúdame con tu madre, y que se cave sin di- 
lación la tumba deHamza. Ve a recibirla y llévatela de vuelta, 
no sea que vea lo que le ha sucedido a su hermano" 

Zubair fue pues hacia ella y dijo: "Madre, el Enviado de 
Dios te ordena que regreses". Pero Saf ía ya se había enterado 
de las noticias al borde del campo de batalla. "¿Por qué debo 
regresar?", dijo. "He sabido que mi hermano ha sido mutilado, 
pero fue por la causa de Dios, y todo lo que es por Su causa lo 
aceptamos plenamente. Prometo que me mantendré serena y 
paciente si Dios quiere" 

"no digáis que están muertos..." 

Zubair volvió junto al Profeta, el cual le dijo que la dejase se- 
guir su camino. Se acercó entonces ella y vio a su hermano. 
Rezó sobre él y recitó el Versículo del Retorno: "En verdad 
somos de Dios y a Él retornamos". Y todos ellos se consolaron 
al recordar el contexto de este versículo, de una Revelación 
que se había recibido después de Badr: 

"¡Oh creyentes! Buscad la ayuda de Dios en la paciencia 

y en la plegaria. 
En verdad Él está con los pacientes. 

Y no digáis de quienes han caído por la causa de Dios 
que están muertos, porque están vivos, 

pero vosotros no os dais cuenta. 

Y ciertamente os probaremos con algo de miedo y 

hambre, 
con pérdida de bienes y vidas, y de frutos. 
Pero se anuncian buenas nuevas a quienes son pacientes 
y cuando les sobreviene una desgracia dicen: 



183 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

'En verdad somos de Dios y a Él retornamos'. 

Sobre ellos hay bendiciones y misericordia de su Señor 

y ellos son los rectamente guiados". 

coran: 2, 153-7 

El sol se estaba poniendo cuando se aproximaron a la ciu- 
dad; y tan pronto como llegaron a la Mezquita hicieron la ple- 
garia del crepúsculo. 



184 



♦ i8- 

DESPUÉS DE UHUD 



REVELACIONES SOBRE LA BATALLA 

En los días que siguieron a Uhud el Profeta recibió mu- 
chas Revelaciones relativas a la batalla. Unos versículos 
fueron revelados respecto a los que habían animado al Profeta 
a salir al combate para poder alcanzar ellos el martirio. 

"¿Creéis que vais a entrar en el Paraíso 

antes de que Dios haya sabido quiénes de vosotros se 

esfuerzan sinceramente 

y quiénes son constantes? 

Deseabais la muerte antes de haberla encontrado; 

¡ahora la habéis visto cara a cara!" 

coran: 3, 142-143 

La Revelación, sin embargo, dejaba claro que los que habían 
desobedecido las órdenes habían expiado sus faltas en el cam- 
po de batalla y habían sido perdonados. 

También se afirmaba en las Revelaciones que el orden so- 
ciopolítico establecido en Arabia desaparecería y que triun- 
faría el Islam: 

"Muchas formas de vida se han sucedido antes de vosotros. 
Recorred la tierra y ved cuál fue el fin de quienes desmintieron 
a los enviados de Dios. Ésta es una exposición clara para los 



185 



MUHÁMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

hombres, y una guía y una amonestación para los piadosos. 
No os desaniméis ni os aflijáis porque vosotros venceréis si sois 
creyentes" (3, 137-9). 

EL MATRIMONIO DEL PROFETA CON ZÁINAB, DE LOS BANU 
AMR 

Cuando 'Ubaida murió al comienzo de la batalla de Badr, dejó 
una viuda muchos años más joven que él, Záinab, de la tribu 
beduina de Amir. Era ella de naturaleza muy generosa, y ya 
antes de los días del Islam se la conocía como "la madre de 
los pobres". Un año después de enviudar seguía sin casarse, y 
cuando el Profeta le pidió que se casase con él ella aceptó con 
alegría. Se preparó para ella un cuarto aposento en su casa 
contigua a la Mezquita 

NACIMIENTO DE HUSÁIN 

Durante los meses que siguieron, Fátima dio a luz otro hijo. Al 
Profeta le gustaba tanto el nombre "al-Hasan" que entonces 
puso al hermano menor el nombre de "al-Husáin", que signifi- 
ca "el pequeño Hasan" o, lo que es lo mismo, "el bonito". 

MUERTE DE ZÁINAB Y CASAMIENTO CON UMM SALAMA 

Por la misma época más o menos su nueva esposa, Záinab, "la 
madre de los pobres" enfermó y murió, menos de ocho meses 
después de haberla desposado. El Profeta dirigió la oración 
funeraria y la enterró en el Baqi, no lejos de la tumba de su 
hija Ruqaia. 

Al mes siguiente su primo Abu Salama moría a causa de 
una herida recibida en Uhud. El Profeta estuvo con él en sus 
momentos finales y pidió por él mientras expiraba y fue el 



186 



Después de Uhud 

Profeta quien le cerró los ojos cuando hubo fallecido. 

Abu Salama y sü esposa habían sido una pareja sumamente 
fiel, y ella había querido que ambos hicieran un pacto: si uno 
de los dos moría, el otro no volvería a casarse; pero él dijo 
que si él moría primero, ella debía casarse de nuevo, e hizo 
la siguiente plegaria: "Dios conceda a Umm Salama después 
de mí un hombre que sea mejor que yo, uno que no le cause 
tristeza ni daño? 

Cuatro meses después de su fallecimiento, el Profeta fue a 
verla y le pidió matrimonio. Ella dijo que temía no ser buen 
partido para él, "yo soy una mujer cuyos mejores años ya han 
pasado", dijo, "y soy la madre de unos huérfanos. Además, soy 
de naturaleza muy celosa, y tú, oh Enviado de Dios, ya tienes 
más de una esposa" 

Él le respondió: "En cuanto a la edad, la mía es mayor que 
la tuya. Por lo que se refiere a vuestros celos, pide a Dios para 
que te los quite. Con respecto a tus hijos huérfanos, Dios y Su 
Enviado cuidarán de ellos". Se celebró el matrimonio y Muhá- 
mmad la alojó en la casa que había sido de Záinab. 

LA PLEGARIA DEL TEMOR 

El Profeta disfrutó de un mes pacífico en Medina, y luego, a 
comienzos del quinto año islámico, en junio de 626, llega- 
ron noticias de que algunos clanes de Gatafán preparaban de 
nuevo una incursión contra el oasis. El Profeta marchó in- 
mediatamente hacia la llanura de Nachd con cuatrocientos 
hombres, pero el enemigo desapareció, como había sucedido 
anteriormente cuando estaban casi sobre ellos. 

Fue en esta expedición cuando, en el momento en que pa- 
recía más inminente el encuentro, el Profeta recibió la Reve- 



187 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

lación que le instruía acerca de cómo realizar la "Plegaria del 
Temor", es decir, cómo un ejército debe abreviar la plegaria 
ritual y modificar sus movimientos en los momentos de peli- 
gro, y cómo algunos deben mantener la vigilancia. 

"Cuando estés con ellos y les dirijas la azalá, 

que un grupo se mantenga de pie a tu lado, arma en 

mano. 
Cuando se hayan prosternado, que vayan atrás 
y que otro grupo que aún no haya orado venga y ore 

contigo. 
¡Que tengan cuidado y no dejen las armas de la mano! 
Los infieles querrían que descuidarais vuestras armas e 

impedimenta 
para echarse de improviso sobre vosotros. 
No hay inconveniente en que dejéis a un lado las armas 
si la lluvia os molesta o estáis enfermos, 
pero ¡tened cuidado! 
Dios ha preparado un castigo humillante para los 

infieles. 
Cuando hayáis terminado la azalá recordad a Dios de 

pie, sentados o echados. 
Y, si os sentís tranquilos, haced la azalá. 
La azalá se ha prescrito a los creyentes 
en tiempos determinados" 

coran: 4, 101-2 

el profeta logra la liberación de salmán, el persa 
Fue en estos meses, entre una campaña y otra, cuando Salmán 
el Persa acudió al Profeta para buscar su consejo y su ayuda. Su 
amo, un judío de los Banu Quraiza, lo mantenía trabajando tan 



188 



Después de Uhud 

duramente en su propiedad al sur de Medina que nunca había 
podido tener un contacto estrecho con la comunidad musul- 
mana. Ni siquiera se había planteado el estar en Badr o Uhud 
o tomar parte en cualquiera de las incursiones que el Profeta 
había conducido o enviado durante los últimos cuatro años. 
Le había preguntado a su amo cuánto le costaría comprar su 
libertad, pero el precio excedía de sus posibilidades. Tendría 
que pagar cuarenta onzas de oro y plantar trescientas palme- 
ras datileras. El Profeta le dijo que escribiera un contrato a su 
amo para pagar el oro y plantar las palmeras; luego llamó a los 
Compañeros para que ayudaran a Salmán con las palmeras, 
cosa que hicieron. En cuanto al precio del rescate, al Profeta 
le habían dado una pieza de oro del tamaño de un huevo de 
gallina extraída de una mina. Él se la dio a su vez a Salmán, que 
así se convirtió en un hombre libre. 

EL PROFETA Y LA COMUNIDAD 

La fuerza de la comunidad musulmana estaba basada en la 
unión de los corazones La Revelación había dicho al Profeta: 

"Aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la tierra, 
no habrías podido unir sus corazones. 
Sin embargo, Dios ha podido unirlos" 

coran: 8, 63 

La presencia del Profeta era, con todo, uno de los principa- 
les medios de realizar esta unidad. 

En cuanto a la familia, el Profeta no disponía de una ha- 
bitación propia. Cada noche se trasladaba a la estancia de la 
esposa a la que le correspondía el turno de brindarle un ho- 
gar durante las veinticuatro horas siguientes. Durante el día 
recibía frecuentes visitas de sus hijas y de su tía Saf ía o él las 

189 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

visitaba. Fátima traía a menudo a sus dos hijos para que le 
vieran; Hasan tenía ya casi un año y medio de edad, y Husáin, 
de ocho meses, ya estaba comenzando a andar. 

La mayoría de las tardes el Profeta visitaba a Abu Bakr, como 
había hecho en la Meca. Hasta cierto punto las exigencias del 
trabajo y la familia coincidían, porque con frecuencia deseaba 
hablar con Abu Bakr sobre asuntos de Estado, al igual que lo 
hacía con su hijo adoptivo Zaid y con sus dos yernos Alí y 
Otmán. 

Pero el trabajo amenazaba invadir la totalidad de la vida del 
Profeta, ya que en toda Medina ninguna voz podía compararse 
con la suya a la hora de resolver un problema. Incluso aqué- 
llos que no creían que era un Profeta buscaban su ayuda, a no 
ser que fuesen demasiado orgullosos. Las disputas entre los 
musulmanes y los judíos no eran infrecuentes y a menudo la 
culpa la tenía un fervor mal entendido. 

Además de lo que concernía al bienestar de la comunidad 
en su conjunto, tanto en su armonía interna como en sus rela- 
ciones con el resto de Arabia y los países allende sus fronteras, 
apenas pasaba un día sin que uno o varios creyentes buscasen 
su consejo o su ayuda en relación con algún problema pura- 
mente personal, material o espiritual. La actitud del Profeta 
ponía de manifiesto que el ideal era buscar la perpetuación 
de la conciencia que tenían de las realidades espirituales sin 
alterar sus vidas cotidianas. 

MATRIMONIO DEL PROFETA CON ZÁINAB, DIVORCIADA POR 
ZAID 

En otra ocasión el Profeta había dicho: "De todas las cosas líci- 
tas la más odiosa para Dios es el divorcio' 'Pero el matrimonio 



190 



Después de Uhud 

entre Zaid, el hijo adoptivo del Profeta y Záinab no había sido 
feliz, y Zaid no podía seguir así por más tiempo; de modo que, 
por mutuo acuerdo con Záinab, se divorciaron. 

Pasaron algunos meses, y un día, cuando el Profeta estaba 
conversando con una de sus esposas se sintió abrumado por 
el poder de la Revelación. La revelación se refería a Záinab y 
le decía al Profeta: 

"Te la hemos dado por esposa" 

coran: 33, 37 

El Profeta Muhámmad tenía ya cuatro esposas, número 
máximo que el Islam permite tener, pero esta revelación le 
hizo posible el matrimonio con Záinab. 

Cuando volvió en sí sus primeras palabras fueron: "¿Quién 
irá a ver a Záinab y le dará las buenas nuevas de que Dios me 
la ha concedido en matrimonio desde el Cielo?" 

Salma — la criada de Saf ía, que desde hacía mucho tiempo 
se consideraba como un miembro más de la familia del Profe- 
ta — se encontraba cerca y se fue corriendo a la casa de Záinab. 
Cuando se enteró de la maravillosa noticia, Záinab magnificó 
a Dios y se arrojó al suelo en postración hacia la Meca. Luego 
se quitó sus ajorcas y brazaletes de plata y se los dio a Salma. 

Záinab tenía casi cuarenta años pero conservaba la juventud 
en su apariencia. Era ella, además, una mujer de gran piedad, 
que ayunaba mucho, hacía largas vigilias y daba con generosi- 
dad a los pobres. En tanto que experta trabajadora del cuero, 
podía hacer zapatos y otros objetos, y todo lo que ganaba era 
un medio para hacer caridad. En su caso no se realizaría una 
boda formal, ya que el matrimonio había sido anunciado en los 
versículos revelados como un vínculo ya contraído Quedaba 



191 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

que la novia fuese llevada a la casa del esposo, y esto se hizo 
sin demora. 

EL ESTATUS DE LAS MUJERES DEL PROFETA 

El permiso que Dios le había otorgado, en virtud de su nue- 
vo matrimonio, de tener más de cuatro esposas, era sólo para 
él y no para el resto de la comunidad. Además, a sus mujeres 
se les daba el título de "madres de los creyentes". 

También se les decía: 

"¡Oh vosotros que creéis, 

no entréis en las moradas del Profeta para una comida, 

antes de que sea la hora, salvo si se os da permiso. 

Pero si se os invita, entonces entrad, y cuando hayáis 

comido, dispersaos, 

sin demoraros en la conversación. 

Ciertamente eso sería molesto para el Profeta, 

y le avergonzaría decíroslo. 

Sin embargo, Dios no se avergüenza de la verdad" 

coran: 33, 53 

Tales preceptos eran necesarios debido al gran amor que 
le profesaban, y su deseo de estar en su compañía el mayor 
tiempo y lo más a menudo posible. No se les podría haber 
censurado si se quedaban, porque cuando el Profeta hablaba 
a alguien se volvía hacia él tan completamente y hacía de él de 
una forma tal el objeto de su atención que el hombre bien po- 
día imaginarse que tenía el suficiente privilegio para tomarse 
libertades que otros no osaban tomarse, y cuando tomaba la 
mano de un hombre él nunca era el primero en soltarla. 



192 



♦ 19« 

LA BATALLA DEL FOSO 



ALIANZAS DEL QURAISH 

Las relaciones con los judíos de Medina se 
deterioraron todavía más después de la batalla de Uhud. 
Esto acabó con una guerra con los judíos de la tribu Banu 
Nadir. Después de su capitulación, se instalaron en Jáibar, a 
200 Km. aproximadamente al norte de Medina. 

Enviaron inmediatamente varias delegaciones para lograr 
alianzas y así atacar al Profeta. Una de ellas se dirigió a Meca 
para incitar a esta ciudad a retomar las actividades hostiles 
contra Medina. 

A finales del quinto año del Islam — 627 de la era cristia- 
na — los Quraish introdujeron a los judíos en la Ka'ba y juntos 
juraron solemnemente a Dios que no se abandonarían hasta 
que hubiesen logrado su objetivo. 

Después los judíos se dirigieron a los gatafaníes y les ofre- 
cieron la totalidad de sus cosechas de dátiles de Jáibar duran- 
te un año, si les ayudaban contra el Profeta. Estos aceptaron 
gustosos. Después se dirigieron a Banu Sulaim con el mismo 
objeto; y éstos aceptaron también. Después visitaron con la 
misma intención a todas las tribus árabes de los alrededores; 
y todos excepto los Banu Amir, participaron con ellos 

El Quraish y sus aliados más próximos formaban una fuer- 



193 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

za de cuatro mil hombres. Junto con uno o dos contingen- 
tes más procedentes del sur debían salir de la Meca y mar- 
char a lo largo de la ruta costera occidental hacia Medina, la 
misma ruta que habían seguido para ir a Uhud. El segundo 
ejército, que era considerablemente menos compacto, debía 
aproximarse a Medina por el este, es decir, desde la llanura 
de Nachd. 

Juntos los dos ejércitos por lo menos triplicaban la fuerza 
del Quraish en Uhud. Allí los musulmanes habían sido de- 
rrotados por un ejército de tres mil. Además, en lugar de una 
tropa de sólo doscientos caballeros, el Quraish contaba en 
esta ocasión con trescientos y podía confiar en que Gatafán 
aportaría otro destacamento de poderío semejante. 

ATAQUE DEL QURAISH 

Cuando el Quraish partió de la Meca según lo establecido, 
unos jinetes de los Banu Juzaa salieron a toda velocidad hacia 
Medina para advertir al Profeta del inminente ataque y darle 
detalles de su fuerza. Llegaron ante él al cabo de cuatro días, 
dejándole así sólo una semana para hacer los preparativos. 
Inmediatamente alertó a todo el oasis y dirigió palabras de 
ánimo a sus seguidores, prometiéndoles la victoria si tenían 
paciencia, temían a Dios y cumplían sus órdenes. 

SALMÁN PROPONE EDIFICAR UN FOSO DEFENSIVO 

Luego, como había hecho en Uhud, los convocó a una con- 
sulta en la que se expresaron muchas opiniones sobre cuál 
sería el mejor plan de acción, pero finalmente Salmán se le- 
vantó y dijo: "¡Enviado de Dios!, en Persia, cuando temíamos 
un ataque con caballos nos rodeábamos de un foso; cavemos, 
pues, ahora uno alrededor de nosotros'.' Todos aceptaron 



194 



La Batalla del Foso 

este plan con entusiasmo, tanto más cuanto que no querían 
repetir la estrategia de Uhud. 

Quedaba poco tiempo y había que llevar los esfuerzos hasta 
el límite si no se quería dejar ninguna brecha peligrosa en las 
defensas. Pero el foso no necesitaba ser continuo; en muchos 
lugares un largo tramo de casas-fortaleza en las afueras de la 
ciudad constituía una protección adecuada, y hacia el noroes- 
te había algunas masas de roca que eran inexpugnables y que 
sólo necesitaban ser enlazadas entre sí. 

Salmán sabía exactamente la anchura y la profundidad que 
tendría que tener el foso y, habiendo trabajado con los Banu 
Quraiza, sabía que poseían todas las herramientas necesarias. 
No se mostraron contrarios a prestárselas, a la vista del pe- 
ligro común, ya que, aunque no tenían ningún amor por el 
Profeta, la opinión de la mayoría de ellos era que su pacto con 
él constituía una ventaja política que no había que arrojar por 
la borda. 

Así pues dejaron azadones, picos, palas y cestas de dátiles 
firmemente trenzadas con fibra de palmera que pudieron em- 
plearse para el acarreo de la tierra. El Profeta responsabilizó a 
cada sección de su comunidad de una parte del foso y él mismo 
trabajó con ellos. Salían todos los días al alba después de las 
plegarias y volvían a casa al crepúsculo. 

EL ASEDIO 

A penas había sido terminado el foso — se tardó seis días en to- 
tal — cuando llegaron noticias de que el ejército del Qurash se 
encontraba entonces a poca distancia al suroeste de la ciudad, 
mientras que Gatafán y las otras tribus de Nachd se movían 
hacia Uhud por el este. 



195 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Las casas aisladas del oasis ya habían sido evacuadas y sus 
moradores albergados detrás de las murallas. El Profeta or- 
denó entonces que se dispusiese un lugar para todas las muje- 
res y los niños en uno u otro de los cuartos superiores de las 
fortalezas. Luego acampó con sus hombres, unos tres mil en 
total, en el sitio elegido. 

El ejército mequí y sus aliados montaron campamentos 
separados no lejos de Uhud. Los quraishíes se consternaron 
al hallar que las cosechas del oasis ya habían sido recogidas. 
Sus camellos tendrían que subsistir de las acacias del valle de 
Aqiq. Mientras tanto, los camellos de Gatafán vivían de las dos 
clases de tamarisco que crecen en las zonas de espesura de la 
llanura cerca de Uhud. 

Pero para los caballos de ambos ejércitos no había nada 
excepto el forraje que habían llevado consigo. Era por lo tan- 
to imprescindible terminar con el enemigo cuanto antes, y 
con esta intención avanzaron los dos ejércitos unidos hacia 
la ciudad. 

Abu Sufián era el jefe supremo, pero por turnos cada uno 
de los jefes iba a tener su día de honor en el que dirigiría 
la lucha real. Jalid e Ikrima estaban otra vez al mando de la 
caballería mequí, y Amr se hallaba en la tropa de Jalid. Al 
aproximarse les alentó la visión del campamento enemigo 
frente a ellos, fuera de la ciudad. Habían temido encon- 
trárselos guarnecidos detrás de sus almenas; pero afuera, a 
campo abierto, tenían que ser capaces de aplastarlos por el 
simple peso de los números. Cuando estuvieron más cerca, 
sin embargo, se asombraron al ver que un ancho foso discu- 
rría entre ellos y los arqueros, dispuestos a lo largo de toda 
su longitud en el lado opuesto. 



196 



La Batalla del Foso 

Sus caballos sólo podrían alcanzarlo con dificultad y luego 
estaría la dificultad, aún mayor, de cruzarlo. Entonces una llu- 
via de flechas se encargó de comunicarles que se encontraban 
dentro del campo de tiro del enemigo, y retrocedieron hasta 
una distancia más segura. 

El resto del día se empleó en consultas y, finalmente, deci- 
dieron que su mayor esperanza descansaba en la posibilidad 
de obligar al enemigo a retirar sus tropas en gran número del 
norte de la ciudad para defenderla en otras partes. Si el foso 
estaba suficientemente desguarnecido no tenía que ser dema- 
siado difícil cruzarlo. Sus pensamientos se dirigieron hacia los 
Banu Quraiza, cuyas fortalezas impedían el acceso a Medina 
desde el sureste. 

LOS BANU QURAIZA ROMPEN LA ALIANZA CON EL PROFETA 

Según lo establecido, Huyach de los Banu Nadir había ve- 
nido de Jáibar para unirse al ejército, y ahora insistió a Abu 
Sufián para que aceptase sus servicios como embajador ante 
sus hermanos judíos, asegurándole que podría convencerlos 
fácilmente para que rompieran su pacto con Muhámmad y, 
una vez asegurado su apoyo, la ciudad podría ser atacada por 
dos direcciones a la vez. Abu Sufián aceptó con satisfacción 
su oferta y le insistió para que no se demorase. 

Huyach marchó entonces hacia la fortaleza de Ka'b ibn 
Asad, el caudillo de los Quraiza — él era quien había hecho el 
pacto de la tribu con el Profeta — y convenció a éste para que 
rompiera la alianza con los musulmanes. 

La renuncia de los Banu Quraiza a su pacto no permaneció 
oculta y perturbó grandemente al Profeta. 



197 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
LOS ATACANTES INTENTAN EN VANO FRANQUEAR EL FOSO 

Los días pasaban y la tensión era grande, con Jalid e Ikrima 
y sus hombres siempre buscando cómo aprovecharse de un 
momento de descuido. Pero solamente consiguieron cruzar 
el foso en una ocasión. 

Una y otra vez durante todo el día el enemigo intentó 
abrirse paso, pero no pudieron conseguir nada, y la lucha 
real estuvo limitada, como en días anteriores, a las descar- 
gas de arquería. Nadie resultó muerto en ninguno de los 
bandos, aunque muchos de los caballos del Quraish y Gata- 
fán fueron heridos. 

LA HORA DE LA PLEGARIA 

Llegó la hora de la plegaria del mediodía, pero era imposible 
que ningún hombre relajase su vigilancia ni por un momento. 
Cuando la hora se estaba pasando, los que estaban más cer- 
ca del Profeta le dijeron: "¡Enviado de Dios!, no hemos hecho 
la plegaria" xm hecho evidente pero sumamente turbador, ya 
que nunca había sucedido tal cosa desde el inicio del Islam. 
Su contestación los tranquilizó un poco: "Ni yo, por Dios. Yo 
tampoco la he hecho". 

Llegó la hora de la plegaria de la tarde, y se marchó con la 
puesta del sol. Sin embargo, los ataques del enemigo no re- 
mitían, y sólo cuando la última luz se hubo extinguido por el 
oeste regresaron a sus dos campamentos. 

En cuanto desaparecieron de la vista el Profeta se retiró del 
foso, dejando a Usaid para que continuase la guardia con un 
destacamento de hombres mientras él dirigía a los restantes 
en las cuatro plegarias que tenían que hacer. Jalid reapareció 
aquella noche más tarde con un grupo de jinetes esperando 

198 



La Batalla del Foso 

encontrar el foso desamparado, pero Usaid y sus arqueros les 
hicieron frente. 

La Revelación se refirió entonces a la tensión de aquellos 
días como el tiempo 

"Cuando los ojos dejaron de mirar con fijeza, 
cuando los corazones de los hombres subieron a las 

gargantas 
y tuvisteis extraños pensamientos sobre Dios. 
En esa ocasión los creyentes fueron probados 
y sus almas sufrieron una fuerte sacudida" 

coran: 33, 10-11 

la resistencia puesta a prueba 

Todos comenzaron a preguntarse cuántos días más podrían 
aguantar en aquellas condiciones. El alimento empezaba a 
escasear, las noches eran excepcionalmente frías, y muchos 
de los de fe débil, acobardados por el hambre, el frío y la 
falta de sueño, casi estaban dispuestos a unirse a los hipó- 
critas, que iban difundiendo ahora que no era posible seguir 
resistiendo a un enemigo semejante con tan sólo un foso de 
por medio, y que debían, pues, retirarse tras los muros de la 
ciudad. 

La fe de los verdaderos creyentes, por el contrario, se forta- 
leció por las privaciones, y recibieron el elogio de la Revelación 
por haber dicho en los momentos de mayor tensión, cuando 
veían a los clanes concentrados en masa contra ellos: 

"Esto es lo que Dios y Su Enviado nos prometieron. 
Verdaderamente se ha cumplido lo que 
Dios y Su Enviado nos anunciaron". 



199 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

La Revelación añadía: 

"Esto no hizo sino aumentar su fe y su sumisión" 

coran: 33, 22 

Habían hablado así recordando un versículo que el Profeta 
les había revelado dos o tres años antes: 

"¿Creéis que vais a entrar en el Paraíso 

antes de haber pasado lo mismo que pasaron quienes os 

precedieron? 
La aflicción y el daño los golpearon y fueron sacudidos 

violentamente 
hasta que el Enviado de Dios y con él quienes creían 

dijeron: 
¿Cuándo llegará el auxilio de Dios? 
Ciertamente el auxilio de Dios está cerca" 

coran: 2, 214 

El Profeta sabía que en los ánimos de muchos de los suyos 
la capacidad de resistencia estaba a punto de agotarse. Aun 
así, también sabía que, a medida que pasaban los días, el ene- 
migo igualmente sentía estrecharse sobre sí el apretón de las 
privaciones. 

LOS ATACANTES NO LOGRAN ROMPER LA RESISTENCIA MUSUL- 
MANA 

Habían pasado casi dos semanas y nada se había conseguido. 
Las provisiones de ambos ejércitos estaban comenzando a 
escasear, mientras que cada vez morían más caballos a diario 
por el hambre, las flechas o ambas cosas a un tiempo. También 
habían muerto algunos camellos. El Quraish no podía dejar 



200 



La Batalla del Foso 

de percibir que Gatafán y los otros beduinos eran en el mejor 
de los casos unos aliados poco dispuestos. 

Habían participado en la campaña mucho más por las espe- 
ranzas de botín que por la hostilidad hacia la nueva religión, 
y esas esperanzas por las que habían sido atraídos al oasis 
de Yatrib habían demostrado ser totalmente vanas. En boca 
de muchos había recriminaciones y la mutua desconfianza se 
extendía entre los dos ejércitos invasores. La expedición había 
fracasado virtualmente y el Cielo, entonces, estampó sobre 
ella el sello final del fracaso. 

SOPLA UN VIENTO FRÍO 

Durante tres días después de la plegaria ritual, el Profeta había 
hecho la súplica: "¡Oh Dios, Revelador del Libro, que tomas 
presto las cuentas!, haz que los confederados huyan, hazlos 
huir y que se estremezcan" Y cuando todo hubo terminado se 
reveló el siguiente versículo: 

¡Oh vosotros que creéis! 

Recordad el favor que Dios os hizo cuando las huestes 

llegaron hasta vosotros 

y Nosotros enviamos contra ellas un viento 

y unas huestes que podíais ver" 

CORÁN: 33» 9 

Hacía varios días que el tiempo era excepcionalmente frío 
y húmedo, pero ahora se desató por el este un viento cortante 
con torrentes de lluvia que obligó a todos los hombres a buscar 
resguardo. Cayó la noche, y sobre la llanura se desencadenó 
una tempestad. El viento alcanzó la fuerza de un huracán y lo 
que no hizo el viento lo hicieron unas manos invisibles. En la 



201 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

totalidad de los dos campamentos de los invasores pronto no 
quedó ni una sola tienda en pie ni un solo fuego ardiendo, y 
los hombres se acurrucaban tiritando sobre el suelo, apretados 
los unos contra los otros en busca de calor. 

El campamento de los musulmanes estaba algo resguar- 
dado del viento, y éste no derribó ninguna de sus tiendas. El 
Profeta estuvo orando hasta bien entrada la noche. 

ABU SUFIÁN SE MARCHA 

Pasaron la noche entumecidos por el frío, y luego hacia el 
amanecer, cuando el viento amainó, Abu Sufián exclamó en 
voz alta: "Hombres del Quraish, nuestros caballos y nuestros 
camellos se están muriendo, los Banu Quraiza nos han falla- 
do, y hemos sido informados de que pretenden traicionarnos, 
y ahora hemos sufrido por el viento lo que vuestros ojos pue- 
den contemplar. Partid por lo tanto de este lugar, porque yo 
me voy". 

El ejército levantó el campo y se puso en movimiento. 

El viento también había roto la resistencia de los Gatafán y 
ya estaban de camino hacia el Nachd. 

Bilal hizo la llamada a la plegaria del alba. Cuando la hubie- 
ron terminado, la luz aún tenue del nuevo día reveló el vacío 
absoluto de la llanura que estaba más allá del foso. El Profeta 
anunció que todos los hombres podían volver a casa y la ma- 
yoría de ellos se encaminó hacia la ciudad con rapidez. 

Cuando se aseguró de que se había definitivamente mar- 
chado, el Profeta rió y partió él mismo para la ciudad con aqué- 
llos de sus Compañeros que se habían quedado aguardando 
para darle escolta. 



202 



♦20. 

LA 'UMRA O PEREGRINACIÓN MENOR 

VUELTA DE YA'FAR DE ABISINIA 

Tiempo después, ya'far y sus compañeros regresaron 
de Abisinia. Había partido para Abisinia a la edad de 
veintisiete años y ahora era un hombre de cuarenta. Hacía 
trece años que no veía al Profeta, aunque se habían mantenido 
en constante comunicación. El Profeta le estrechó contra sí 
y lo besó en los ojos. Con Ya'far estaban su mujer Asma y sus 
tres hijos. 

LA PEREGRINACIÓN MENOR 

El Profeta permaneció en Medina. A pesar de algunas cam- 
pañas menores, estos meses fueron tiempo de relativa paz y 
prosperidad. 

El Profeta firmó un tratado con los mequíes, el tratado de 
Hudaibía, por el que los mequíes permitieron a los musulma- 
nes hacer la Peregrinación Menor ('Umra) a la Ka'ba. 

Cuando casi hubo pasado un año desde la firma del tratado 
de Hudaibía, llegó el momento de partir para la Meca, según 
la promesa del Quraish de que el Profeta y sus Compañeros 
tendrían acceso seguro al Sagrado Recinto para cumplir el rito 
de la Peregrinación Menor. 

Había en total unos dos mil peregrinos, incluidos los pe- 



203 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

regrinos frustrados del año anterior, salvo unos pocos que, o 
habían muerto, o habían perdido la vida en la batalla. 

Cuando los habitantes de Meca se enteraron de que los pe- 
regrinos habían alcanzado el límite del territorio sagrado, el 
Quraish evacuó la totalidad de la hondonada de la Meca y se 
retiró a las cimas de las colinas vecinas. Todos los jefes del Qu- 
raish se concentraron en el Monte Abu Qubáis, desde donde 
podían observar la Casa de Dios. 

¡LABBAIKA, ALLAHUMMA, LABBAIK! 

Sus oídos pronto percibieren un confuso murmullo que rá- 
pidamente se fue haciendo reconocible como el antiquísimo 
grito del peregrino: 

Labbayka Allahumma Labbayk 
("Aquí estoy, Señor mío, a Tu servicio"). 

La larga procesión de hombres con cabezas desnudas y ves- 
tidos de blanco iba conducida por el Profeta montado sobre 
la camella Qasua. En cuanto a los demás, algunos iban a lomo 
de camello y otros iban a pie. 

Se dirigieron directamente a la Casa Sagrada por el camino 
más próximo. Cada hombre llevaba su vestimenta superior 
como un manto, pero a la entrada de la Mezquita el Profeta 
se ajustó el suyo, pasándolo por debajo de su brazo derecho, 
dejando el hombro desnudo y cruzando los dos extremos so- 
bre el hombro izquierdo de modo que quedaron colgando por 
delante y por detrás. Los demás siguieron su ejemplo. Este 
vestido ritual se denomina ihram. 

Todavía montado, se dirigió hacia la esquina sudeste de la 
Ka'ba y reverentemente tocó la Piedra Negra con su bastón. 
Luego hizo los siete circuitos de la Casa, tras de lo cual se retiró 



204 



La 'Umra o Peregrinación Menor 

al pie de la pequeña colina de Safa, y se desplazó desde ésta 
hacia la colina de Marwa y viceversa, siete veces en total, ter- 
minando en Marua, a donde habían sido conducidos muchos 
de los animales de sacrificio. 

Allí el Profeta sacrificó un camello y se afeitó la cabeza. Esto 
completó el rito de la Peregrinación Menor. 

BILAL LLAMA A LA ORACIÓN DESDE EL TEJADO DE LA KA'BA 

Luego regresó con la intención de entrar en la Casa Sagrada, 
a pesar de estar abarrotada de ídolos. Pero las puertas estaban 
cerradas con llave y ésta estaba en posesión de un miembro del 
clan de Abd ai-Dar. El Profeta envió a un hombre para pedirla, 
pero los jefes del Quraish respondieron que eso no formaba 
parte de lo acordado, pues la entrada en la Casa no era parte 
del rito de la Peregrinación. 

En consecuencia, ninguno de los musulmanes entró aquel 
año. Cuando el sol hubo alcanzado su cénit, el Profeta le dijo 
a Bilal que se subiese al tejado de la Ka'ba e hiciese la llamada 
a la plegaria. Su resonante voz llenó todo el valle de la Meca y 
ascendió a las cimas de las colinas, primero con la magnifica- 
ción, luego con las dos testificaciones del Islam: 

"As-hadu an la ilaha illa Allah wa Ash-hadu arma 
Muhámmad rasul Allah" 

(Doy testimonio de que No hay divinidad sino Dios y doy 
testimonio de que Muhámmad es el Enviado de Dios) 

LOS MUSULMANES SE RETIRAN PACÍFICAMENTE 

Los peregrinos pasaron tres días en la ciudad evacuada. La 
tienda del Profeta fue levantada junto a la Ka'ba. Los mequíes 
que eran musulmanes se aproximaban por las noches, en se- 



205 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

creto, desde las colinas, y tuvieron lugar muchos felices en- 
cuentros. 'Abbás, cuyo Islam era tolerado por el Quraish, pasó 
abiertamente la mayor parte de los tres días con el Profeta. 

Para el Profeta, hubiera sido muy fácil perpetuar la ocu- 
pación después de la duración estipulada: Había llegado con 
un poderoso ejército; Los mequíes habían dejado todos sus 
bienes en sus casas; y en caso de contra ataque después de 
esta ocupación, la defensa era más fácil para los musulmanes 
que para los mequíes, pero el Profeta Muhámmad no tenía la 
ambición de dominar los cuerpos; él tenía la misión de ganar 
los corazones y de transformar las costumbres. 

Nadie tocó las casas de los mequíes; no hubo provocación 
alguna que pudiera herir en lo que fueran los sentimientos 
de los habitantes de la ciudad. El Profeta Muhámmad buscó 
incluso estrechar relaciones amigables con los mequíes. 

En efecto, al cabo de los tres días estipulados, una pequeña 
delegación mequí se dirigió a la ciudad, para pedir a los mu- 
sulmanes que abandonasen la región, Muhámmad la recibió 
con cortesía y le propuso organizar una fiesta, en la que todos 
los mequíes asistieran como invitados. Ante su rechazo, el 
Profeta abandonó la ciudad. 

LA CONVERSIÓN DE JALID: LA ESPADA DE DIOS 

Todo esto debió haber impactado fuertemente la imaginación 
de los mequíes. Pronto Jalid ibn al-Walid — comandante here- 
ditario de la caballería mequí y único responsable del desastre 
de los musulmanes en Uhud después de un éxito inicial — se 
dirigió voluntariamente a Medina para abrazar el Islam. Mu- 
hámmad se puso tan contento que le confirió el título hono- 
rífico de Saif AUah "Espada de Dios". 

206 



La 'Umra o Peregrinación Menor 

Otro jefe mequí, 'Amr ibn al-'As, se alió al mismo tiempo 
al Islam. Conquistaría más tarde Egipto y fue uno de los más 
grandes diplomáticos musulmanes. 

MUERTE DE LA HIJA DEL PROFETA, ZÁINAB 

La primera mitad de este mismo año de alegrías, el año octavo 
después de la Hégira, fue también un tiempo de aflicción y 
duelo. La primera de las muertes en la casa del Profeta fue la de 
su hija Záinab. Estuvo con ella en el momento último y dirigió 
palabras de consuelo a su yerno y a su nietecita. 

Luego dio instrucciones para que preparasen el cuerpo para 
el entierro. Una vez hechas las abluciones, el Profeta se quitó 
una prenda interior que llevaba y les dijo que la cubriesen con 
ella antes de amortajarla. Después dirigió la oración funeraria 
y pidió junto a su tumba. 

LA CAMPAÑA SIRIA 

Unos tres meses después de su regreso de la Peregrinación 
Menor, el Profeta envió quince hombres a una de las tribus 
de las fronteras con Siria para que actuasen como mensajeros 
del Islam. Sus saludos amistosos, sin embargo, se encontraron 
con una lluvia de flechas, de forma que se vieron obligados a 
luchar y, menos uno, todos murieron. 

Otro altercado les salió al encuentro, menor en cuanto que 
supuso una sola muerte, aunque de un grado mayor en im- 
portancia política. Un mensajero que se dirigía a Bosra fue 
interceptado y ejecutado por un jefe de la tribu de Gassan. 
No podía permitirse que semejante acción quedase impune, 
a pesar del riesgo de que los gassaníes, que en su mayoría eran 
cristianos, pudieran persuadir al representante del César para 
que les enviase ayuda. 



207 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
EL PROFETA ENVÍA UN EJERCITO 

El Profeta reunió un ejército de tres mil hombres y puso a Zaid 
a su mando, con instrucciones de que si Zaid resultaba muerto 
Ya'far ocupase su lugar. Abdallah ibn Rawaha fue designado 
el tercero en orden de precedencia. Si los tres quedasen inca- 
pacitados, los hombres deberían seguir a un jefe de su propia 
elección. El Profeta le dio entonces a Zaid un estandarte blan- 
co, y junto con otros Compañeros acompañó al ejército hasta 
donde el terreno se eleva hacia el Paso de la Despedida, una 
abertura entre las colinas, un poco al norte de Uhud. 

Cuando llegó el ejército a la frontera siria se enteraron de 
que no sólo las tribus del norte habían salido formando una 
fuerza considerable sino que, además, el representante del Cé- 
sar las había reforzado grandemente con tropas imperiales. 
En total se decía que el ejército enemigo estaba integrado por 
cien mil hombres. 

Aun concediendo la posibilidad de una enorme exagera- 
ción, Zaid decidió, sin embargo, hacer un alto y celebrar un 
consejo de guerra. La mayoría de los hombres se mostraron 
favorables al envío inmediato de un mensaje al Profeta para 
informarle del grave giro de los acontecimientos. Entonces él 
podría mandarles regresar o enviarles refuerzos. 

Pero Abdallah habló vigorosamente contra tal proceder. 
Utilizando el mismo incontestable argumento que había sido 
usado antes de Uhud, y que utilizarían una y otra vez en el 
futuro, terminó su parlamento con las palabras: "Tenemos la 
certeza de que vamos a obtener una de dos cosas buenas, la 
victoria o el martirio — reunimos con nuestros hermanos y 
ser sus compañeros en los jardines del Paraíso — . ¡Al ataque, 
pues!" 



208 



La 'Umra o Peregrinación Menor 

Se impuso la resolución de Abdallah y el ejército prosiguió 
su avance hacia el norte. Ya no estaban lejos del borde me- 
ridional del Mar Muerto, separado de su largo y profundo 
valle por la cadena de las colinas que se eleva desde sus orillas 
orientales. 

Al cabo de unas pocas horas de marcha tuvieron al enemigo 
a la vista. Cualquiera que fuese el número exacto de la fuerza 
combinada de árabes y bizantinos, los musulmanes pudieron 
darse cuenta, al otearlos, de que se encontraban en inferiori- 
dad abrumadora. 

Con el deseo de evitar una confrontación inmediata, por- 
que la inclinación del terreno estaba en su contra, Zaid dio ór- 
denes de retirarse en dirección sur hacia Muta, donde estarían 
en ventaja, y allí consolidaron su posición. El enemigo, cons- 
ciente de su gran superioridad en número y resuelto a hacer 
del día una jornada totalmente decisiva, los siguió a Muta. Al 
aproximarse, en lugar de retroceder más, como habían espe- 
rado, Zaid dio la orden de ataque. 

EL PROFETA VE LA BATALLA EN UNA VISIÓN 

En ese momento el espacio entre Muta y Medina se com- 
primió para el Profeta, y vio a Zaid con el estandarte blanco 
conduciendo a sus hombres a la batalla. Lo vio muchas veces 
herido de muerte hasta que, finalmente, caía al suelo y Ya'far 
cogía el estandarte y luchaba hasta que también su vida se le 
escapaba por las heridas. 

Entonces era Abdallah quien tomaba la enseña y el ataque 
que dirigía contra el enemigo era rechazado con una vigorosa 
embestida en la que él también resultaba muerto, y sus hom- 
bres se veían forzados a retroceder en desorden. 



209 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Mientras el Profeta describía la batalla, las lágrimas le sur- 
caban las mejillas, y cuando llegó la hora de la plegaria la di- 
rigió e inmediatamente se marchó de la Mezquita en lugar 
de volver el rostro hacia la congregación como solía. Volvió a 
hacer lo mismo a la puesta del sol y, nuevamente, después de 
la plegaria de la noche. 

"UNO QUE AMA AÑORANDO AL AMADO..." 

Mientras tanto había estado en la casa de Ya'far. "¡Asma! — 
dijo — tráeme a los hijos de Ya'far". Con ciertos temores por la 
gravedad del rostro del Profeta le trajo a los tres niños. 

El Profeta los besó, y entonces de nuevo sus ojos se llenaron 
de lágrimas y lloró. "Enviado de Dios — dijo ella — más querido 
para mí que mi padre y mi madre, ¿por qué lloráis? ¿Habéis 
tenido noticias de Ya'far y sus Compañeros?" 

"Así es — respondió el Profeta — hoy la muerte se los ha lle- 
vado a su lado". 

El Profeta regresó a su casa y ordenó que se preparase co- 
mida para la familia de Ya'far durante los días siguientes. "Su 
aflicción les ocupa — dijo — y les impide prestar atención a sus 
propias necesidades". 

Umm Aiman, Osama y el resto de la familia de Zaid estaban 
en su casa. Ya les había mostrado su condolencia y, cuando 
regresaba, la hija pequeña de Zaid salió a la calle llorando, y al 
ver a Muhámmad corrió hacia sus brazos. Lloró entonces el 
Profeta desconsoladamente, y mientras estrechaba contra sí 
a la niña, su cuerpo temblaba de sollozos. 

Sa'd ibn Ubada acertó a pasar por allí en aquel momento, y 
buscando palabras de consuelo murmuró: 

"Enviado de Dios, ¿qué es esto?" 



210 



La 'Umra o Peregrinación Menor 

"Esto — dijo el Profeta — es uno que ama añorando al 
amado" 

Aquella noche el Profeta tuvo una visión del Paraíso, y vio 
que Zaid, Ya'far, Abdallah y los otros mártires de la batalla es- 
taban allí y vio a Ya'far volando con alas como un ángel. Al alba 
fue a la Mezquita. Sus Compañeros percibieron que el peso de 
la pena lo había abandonado, y finalizada la plegaria se volvió 
como solía hacia la congregación. Luego fue de nuevo a ver a 
Asma para contarle su visión y ella quedó muy consolada. 



211 



•21. 



JAIBAR 



EL PROFETA ES EMBRUJADO 

Durante estas mismas semanas que siguieron al 
regreso de los peregrinos se produjo un ataque contra 
la vida del Profeta mediante un procedimiento que aún no se 
había empleado contra él. 

Había un judío en Medina llamado Labid y era un experto 
brujo que también había instruido a sus hijas en el sutil arte, 
por temor a que sus conocimientos muriesen con él. Labid 
recibió entonces una fuerte suma de dinero para arrojar sobre 
el Profeta un hechizo lo más mortífero posible. 

Para este propósito necesitaba algunos cabellos suyos, lo 
cual él mismo o una de sus hijas se lo procuró, posiblemente 
por medio de alguien del todo ajeno a lo que tramaban. Hizo 
once nudos en el pelo, y sus hijas soplaron imprecaciones so- 
bre cada uno. Luego lo ató a una ramita de datilero macho 
que tenía la vaina externa del polen y lo arrojó en un profundo 
pozo. 

El hechizo solamente podía deshacerse desatando los nu- 
dos. 

El Profeta pronto fue consciente de que algo andaba seria- 
mente mal. Por un lado, su memoria comenzó a fallarle, mien- 
tras que por otro comenzó a imaginar que había hecho cosas 



212 



Jáibar 

que en realidad no había hecho. También se sintió abrumado 
por la debilidad, y cuando le insistían para que comiera era 
incapaz de hacerlo. 

Pidió a Dios para que lo curase, y en su sueño fue consciente 
de dos personas, una sentada a su cabeza y la otra a sus pies. 
Escuchó cómo una de ellas informaba a la otra de la causa 
exacta de su enfermedad y del nombre del pozo. 

Cuando se despertó recibió la visita de Gabriel y, confir- 
mándole su sueño, le dio dos azoras del Corán, una de cinco 
y otra de seis aleyas. El Profeta envió a 'Alí al pozo, diciéndole 
que recitase sobre él las dos azoras. Con cada aleya se fue 
desatando a sí mismo cada nudo hasta que todos quedaron 
sueltos y el Profeta recobró toda su fortaleza física y mental. 

La primera de las dos azoras es: 

Di: "Me refugio en el Señor del alba 

Contra el mal de aquello que Él ha creado, 

y contra el mal de la oscuridad intensa cuando llega la 

noche, 
y contra el mal de las que soplan en los nudos, 
y contra el mal del envidioso cuando envidia". 
La segunda es: 

Di: "Me refugio en el Señor de los hombres, 

el Rey de los hombres, el Dios de los hombres, 

contra el mal del murmurador furtivo que susurra 

en el pecho de los hombres, 

de entre los genios y los hombres" 

Estas azoras están colocadas al final del todo en el Corán. Se 
las denomina "las dos tomas de refugio", y se recitan continua- 



213 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

mente para conseguir protección contra toda clase de mal. 

El Profeta ordenó que se secase el pozo y que fuese excavado 
otro cerca para reemplazarlo. Envió por Labid, que confesó 
haberle puesto el hechizo a causa de un soborno, pero no tomó 
ninguna medida contra él. 

JÁIBAR 

La tregua con la Meca hizo posible concentrarse en los peli- 
gros que le amenazaban por el norte. El mayor de éstos era 
la ciudad de Jáibar ocupada por judíos que en su mayor par- 
te eran hostiles hacia el Islam. El hechicero Labid había sido 
sobornado casi con toda seguridad por ellos, aunque pudo 
haber sido la obra de un solo individuo. Medina nunca podría 
conocer una paz plena mientras Jáibar siguiera hostilizando 
al Islam. 

La fuerza inexpugnable de Jáibar era casi proverbial. La 
confianza de los moradores de Jáibar era tal que ni siquiera 
se molestaron en pedir ayuda a sus aliados hasta que llegaron 
noticias fidedignas de Medina que decían que Muhámmad 
estaba a punto de ponerse en marcha. Sólo entonces Kinana, 
su jefe virtual, realizó una rápida visita a Gatafán, ofreciéndole 
la mitad de la cosecha de dátiles de aquel año si les enviaban 
refuerzos. Aceptaron hacerlo y prometieron una fuerza de 
cuatro mil hombres. 

DESIGUALDAD DE FUERZAS 

Los judíos de Jáibar tenían la costumbre de ponerse sus arma- 
duras todos los días y poner en fila a la totalidad de sus com- 
batientes, diez mil en total. La ayuda de Gatafán aumentaría la 
cifra hasta catorce mil, y según las noticias de Medina el ejér- 



214 



Jáibar 

cito invasor contaba con mil seiscientos hombres solamente. 

Los judíos celebraron un apresurado consejo de guerra, 
pero a pesar de las advertencias de uno de sus jefes, decidie- 
ron confiar en sus almenas. No había comparación posible, 
decían, entre las fortalezas de Yatrib y sus propias ciudadelas, 
que se erguían como montañas. Esta decisión de luchar en 
grupos separados estuvo en gran medida basada en su princi- 
pal debilidad, que era su falta de unidad. 

El primer día que el Profeta atacó la fortaleza más próxi- 
ma, las guarniciones de las otras no salieron en bloque para 
combatir a los sitiadores sino que se quedaron detrás de sus 
propias murallas y se ocuparon en reforzar las fortificacio- 
nes. Esta táctica redujo la disparidad de los números, pero 
puso a prueba la paciencia de los musulmanes con una cam- 
paña larga sobre territorio extraño y muchas batallas en lu- 
gar de una. 

Durante varios días no se consiguió nada, pero en la sexta 
noche, cuando Ómar estaba al mando de la vigilancia, se cap- 
turó a un espía en el campamento, y a cambio de su vida les 
facilitó valiosas informaciones sobre las distintas fortalezas, 
diciéndoles cuáles podían tomar con más facilidad y sugirién- 
doles que debían comenzar por una que no se encontraba bien 
defendida y que en sus espaciosos sótanos tenía cierta canti- 
dad de armas almacenadas que incluían algunos ingenios de 
guerra que habían sido empleados en el pasado contra otras 
fortalezas, porque al igual que Yatrib, Jáibar había padecido a 
menudo las discordias civiles. 

Al día siguiente se conquistó la fortaleza y sacaron los in- 
genios para usarlos en otros asaltos: una balista para arrojar 
rocas y dos testudos para que los hombres se arrimaran a las 



215 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

murallas bajo un techado inexpugnable y pudieran abrir una 
brecha de entrada. 

En parte gracias a estos artefactos, las fortalezas más fáciles 
cayeron una tras otra. 

LOS BANU GATAFÁN NO ACUDEN EN AYUDA DE JÁIBAR 

Los Banu Gatafán se habían puesto en camino con un ejército 
de cuatro mil hombres, según lo prometido. Pero después de 
un día de marcha habían oído durante la noche una extraña 
voz — no sabían si procedía de la tierra o del cielo - y la voz 
había exclamado tres veces sucesivas: 

"¡Vuestro pueblo! ¡Vuestro pueblo! ¡Vuestro pueblo!", ante 
lo cual los hombres imaginaron que sus familias estaban en 
peligro y regresaron rápidamente por donde habían venido, 
sólo para encontrar que todo estaba en orden. 

Pero después de haber regresado, se mostraron poco dis- 
puestos a salir por segunda vez, en parte porque muchos de 
ellos estaban convencidos de que llegarían demasiado tarde 
para participar en la derrota del enemigo. 

CAÍDA DE LA CIUDADELA DE ZUBAIR 

La más inexpugnable de las fortalezas de Jáibar era conoci- 
da como la ciudadela de Zubair. Coronaba una elevada masa 
de roca con un empinado acceso a las puertas y precipicios 
cortados a pico por todos los lados restantes. La mayoría de 
los combatientes que habían escapado de las otras fortale- 
zas se habían unido a la guarnición de la ciudadela, que se 
mantenía firme detrás de los muros. El Profeta los asedió 
durante tres días, y entonces acudió a él un judío de otra 
fortaleza y le dijo que disponían de un recurso oculto que 



216 



Jáibar 

les permitiría aguantar casi de forma indefinida. 

El hombre le mostró dónde podía cavar para represar un 
riachuelo subterráneo que discurría por debajo de las rocas 
de la ciudadela. Mediante una serie de peldaños accedían a 
él desde el interior, y como la corriente nunca estaba seca no 
tenían agua almacenada. Así pues, cuando les cortaron el su- 
ministro pronto se vieron forzados por la sed a salir y luchar 
y fueron derrotados. 

CAÍDA DEL RESTO DE FORTALEZAS DE JÁIBAR 

La última de las fortalezas que ofreció alguna resistencia fue 
Qamus. Pertenecía a la familia de Kinana, uno de los clanes 
más ricos y poderosos de los Banu Nadir. 

El Profeta negoció la rendición perdonando la vida a los 
moradores. Después de la caída de Qamus, las dos fortalezas 
restantes se entregaron. 

Luego, los judíos de Jáibar deliberaron entre sí y enviaron 
una delegación a Muhámmad sugiriendo que, puesto que eran 
personas diestras en la gestión y trabajo de sus granjas y huer- 
tos, debía permitirles permanecer en sus hogares y ellos le 
pagarían una renta anual de la mitad de lo producido. 

El Profeta accedió a esto. Se rumoreó entonces que los mu- 
sulmanes tenían la intención de extender su campaña a Fadak, 
un pequeño pero rico oasis al noreste; y cuando los judíos de 
Fadak se enteraron de los términos que habían sido impuestos 
a Jáibar, enviaron un mensaje ofreciendo su rendición en las 
mismas condiciones. 

No era ella la única mujer que había perdido padre y marido 
en el conflicto. 

Entre los cautivos tomados estaba su viuda, Saf ía viuda de 



217 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Kinana. Tenía ella diecisiete años y era de una naturaleza pro- 
fundamente piadosa. 

El Profeta le dijo entonces a Safía que estaba dispuesto a 
liberarla y le ofreció la elección de permanecer judía y volver 
con su gente o abrazar el Islam y convertirse en su esposa. 

"Elijo a Dios y a Su Enviado", dijo ella, y se casaron en la 
primera parada que se hizo en el camino de vuelta a casa. 



218 



♦22« 

LA PEREGRINACIÓN DEL ADIÓS 



LLEGA LA HORA 

Cuando el profeta estaba en Medina durante el 
Ramadán tenía por costumbre realizar un retiro espiritual 
en la Mezquita durante los días centrales del mes, y algunos 
de sus Compañeros hacían lo mismo. Pero este año, después 
de guardar los diez días señalados, invitó a sus Compañeros a 
permanecer en retiro con él durante otros diez días, es decir, 
hasta el final del mes, lo cual hicieron. 

Todos los años en Ramadán era cuando Gabriel lo visi- 
taba para asegurarse de que nada de la Revelación se le ha- 
bía olvidado y este año, después del retiro, el Profeta confió 
a Fátima, como un secreto que aún no había que contar a 
otros: 

"Gabriel me recita el Corán y yo se lo recito a él una vez al 
año, pero este año lo ha recitado conmigo dos veces. No puedo 
sino pensar que me ha llegado la hora" 

GABRIEL VISITA A MUHAMMAD BAJO LA APARIENCIA DE UN 
JOVEN 

Ómar relató que: "Un día, estando sentados con el Enviado de 
Dios, se presentó ante nosotros un hombre cuyas ropas eran 
de una blancura resplandeciente y sus cabellos sumamente 



219 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

negros; no había en él ninguna señal de viaje, pero ninguno de 
nosotros lo conocía. 

Se sentó rodilla contra rodilla ante el Profeta, sobre cuyos 
muslos colocó las palmas de sus manos, diciendo: '¡Muhám- 
madl, dime qué es el Islam; y el Enviado de Dios respondió 
diciendo: "El Islam es dar testimonio de que no hay divinidad 
sino Dios y que Muhámmad es el Enviado de Dios, hacer la 
plegaria, dar el azaque, ayunar el mes de Ramadán y hacer, si 
se puede, la peregrinación a la Casa Sagrada'. 

Dijo él: 'Has dicho la verdad', y nos sorprendió que habién- 
doselo preguntado, ahora lo corroborase. Luego dijo: Dime qué 
es el imán (la confianza). El Profeta respondió: 'Creer en Dios 
y Sus Ángeles, Sus libros, Sus Enviados y en el Día del Juicio, y 
creer que ningún bien o mal viene sino de su Providencia'. 

'Has dicho la verdad', dijo de nuevo, y a continuación pre- 
guntó: 'Dime qué es la excelencia (ihsán)'. El Profeta respondió: 
'Adorar a Dios como si lo vieras, porque aunque tú no lo veas 
Él, sin embargo, te ve a ti'. 

Entonces el extraño se marchó y yo me quedé durante un rato 
después de haberse ido; entonces me dijo el Profeta: 'iÓmar! 
¿Sabes tú quién era el que me preguntaba?' Yo dije: 'Dios y Su 
Enviado son más sabios'. Y me dijo él: 'Era Gabriel" 

SALIDA DE LA PEREGRINACIÓN 

Pasó el mes de Shawal, y durante el undécimo mes del año se 
proclamó por toda Medina que el Profeta en persona dirigiría 
la Peregrinación. La noticia fue comunicada a las tribus del 
desierto, y multitudes de todas las direcciones se congregaron 
en el oasis, felices de acompañar al Profeta en todos los pasos 
del camino. 



220 



La Peregenacion del Adiós 

La Peregrinación sería diferente de cualquiera de Jas que 
habían tenido lugar en cientos de años: los peregrinos serían 
todos adoradores de Dios Uno y ningún idólatra profanaría la 
Casa Sagrada con la ejecución de ritos paganos. 

Cinco días antes de terminar el mes, el Profeta salió de 
Medina a la cabeza de más de treinta mil hombres y mu- 
jeres. Todas sus esposas estaban presentes, cada una en su 
litera. 

Abu Bakr iba acompañado por su esposa Asma, la cual en 
una de las primeras paradas dio a luz un niño, al que llamaron 
Muhámmad. Abu Bakr estaba por enviarla de vuelta a Me- 
dina, pero el Profeta le pidió que le dijera que hiciese la gran 
ablución y que luego se consagrase para la Peregrinación y 
continuara con ellos. 

EL PROFETA CUMPLE CON EL RITUAL DE LA PEREGRINACIÓN 

Al ocaso del décimo día de la partida de Medina, el Profeta 
alcanzó el paso a través del cual habían entrado en la Meca el 
día de la victoria. Allí pasó la noche y, a la mañana siguiente, 
cabalgó hacia la hondonada. Cuando tuvo la Ka'ba a la vista, 
alzó sus manos en reverencia, dejando caer las riendas de su 
camello, que entonces tomó en su mano izquierda y, con la 
mano derecha extendida en súplica, pidió: 

"¡Dios mío! Acrecienta esta Casa en el honor, magnifica- 
ción, munificencia, reverencia y piedad que ha recibido de los 
hombres" 

Penetró en la Mezquita y dio las siete vueltas a la Ka'ba, 
después de lo cual oró en el maqam de Ibrahim. A conti- 
nuación, saliendo hacia Safa, recorrió siete veces el espacio 
entre ésta y Marua, y los que iban con él se esforzaron todo 



221 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

lo posible para grabar en sus mentes las palabras exactas de 
alabanza y plegaria que en cada estación fue pronunciando. 

MINA Y 'ARAFA 

El octavo día de la luna nueva cabalgó hacia el valle de Mina, 
seguido por el resto de los peregrinos. Después de pasar la 
noche allí prosiguió hacia 'Arafa, un amplio valle a unas trece 
millas al este de la Meca, justo fuera del recinto sagrado. 

'Arafa se halla en el camino a Táif y está limitado al norte y 
al este por las montañas de Taif. Separada de éstas y rodeada 
por todos lados por el valle, se encuentra una colina que tam- 
bién se llama Arafa o el Monte de la Misericordia. Es la parte 
central de esta estación de peregrinación, que se extiende, sin 
embargo, por la mayor parte del terreno inferior; y fue sobre 
esta colina donde el Profeta estableció su posición aquel día. 

Algunos de los mequíes expresaron sorpresa porque hu- 
biera llegado tan lejos, pues mientras que los otros peregrinos 
proseguían hasta Arafa, el Quraish había estado acostumbra- 
do a permanecer dentro del recinto sagrado. 

Pero el Profeta dijo que Ibrahim había establecido el día 
de Arafa como una parte esencial de la Peregrinación y que 
el Quraish había abandonado su práctica a este respecto. El 
Profeta recalcó aquel día la antigüedad de la Peregrinación y 
las palabras "legado de Ibrahim" 'estuvieron con frecuencia en 
sus labios. 

"DIOS OS HA HECHO INVIOLABLE LA VIDA Y LA RIQUEZA DE 
VUESTRO PRÓJIMO" 

Para inculcar en todas las tribus que el odio de sangre, en 
adelante, no tenía que existir en la totalidad de la comunidad 
islámica y que la vida y los bienes de todos los hombres eran 



222 



La Peregenacion del Adiós 

sacrosantos, envió un pregonero de voz poderosa por toda la 
multitud a Rabia y le dijo que proclamase: 

"El Enviado de Dios dice: ¿Veis qué mes es éste?" Perma- 
necieron en silencio y él respondió: "El mes sagrado". Luego 
preguntó: "¿Veis qué tierra es ésta?" De nuevo se quedaron 
callados y él respondió: "La tierra santa". A continuación dijo: 
"¿ Veis qué día es éste?", y nuevamente fue él quien dio la res- 
puesta: "El día de la Gran Peregrinación". 

Entonces proclamó, según las instrucciones del Profeta: 
"Ciertamente Dios os ha hecho inviolables la vida y la riqueza 
de vuestro prójimo hasta que os encontréis con vuestro Señor, 
como ha hecho inviolable este día vuestro, en vuestra tierra, 
en este vuestro mes" 

EL SERMÓN DEL ADIÓS 

Cuando el sol hubo pasado su cénit, el Profeta pronunció un 
sermón, el cual comenzó, después de alabar a Dios, con las 
palabras: 

"¡Pueblo, escuchadme, porque no sé si me volveré a reunir 
con vosotros en este lugar después de este año!". 

Entonces los exhortó a tratarse bien y les recordó muchas 
cosas acerca de lo que estaba ordenado y de lo que estaba 
prohibido. Por último dijo: 

"He dejado entre vosotros algo que, si os aferráis bien a ello, 
os preservará de todo error, una indicación clara, el Libro de 
Dios y la palabra de Su Profeta. ¡Pueblo! Escuchad mis pala- 
bras y comprended". 

Les comunicó entonces una Revelación que acababa de re- 
cibir y que completaba el Corán, ya que era el último pasaje 
revelado: 



223 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

"Hoy, quienes no creen han desesperado de prevalecer sobre 
vuestra religión; por lo tanto, no los temáis a ellos sino a Mí. 
Hoy os he perfeccionado vuestra religión, he completado Mi 
gracia sobre vosotros y me satisface haberos elegido el Islam 
como religión" 

Terminó su breve sermón con una seria pregunta: 

"¡Gentes! ¿Os he comunicado fielmente mi mensaje?". Un 
poderoso murmullo de asentimiento, "¡Por Dios, sí!", surgió de 
todas las gargantas y las vibrantes palabras Allahumma na'am 
resonaron como un trueno por todo el valle. 

El Profeta levantó su dedo índice y dijo: "¡Dios, sé testigo!" 

MUZDALIFA 

Se hicieron entonces las plegarias rituales; y el resto del Día 
de Arafa, como es llamado, fue empleado en la meditación y 
las súplicas. Pero tan pronto como el sol se hubo puesto, el 
Profeta montó en su camello y cabalgó colina abajo y por el 
valle en dirección a la Meca, seguido por sus compañeros de 
peregrinación. 

La tradición exigía que en este punto se cor riese rápidamen- 
te, pero a los primeros signos de exceso gritó: "¡Más despacio! 
¡Más despacio! ¡Con el espíritu tranquilo! ¡Y que los fuertes se 
preocupen de los débiles!". 

Pasaron la noche en Muzdalifa, que se encuentra dentro 
de los límites del recinto sagrado, y allí recogieron pequeños 
guijarros con los que lapidar a Satanás, que está representado 
por tres pilares en 'Aqaba en el valle de Mina. 

El Profeta hizo la plegaria del alba en Muzdalifa y luego 
condujo a los peregrinos a 'Aqaba. 



224 



La Peregenacion del Adiós 

'aqaba 

Era el mismo lugar y el mismo día en que doce años antes 
había conocido a los seis hombres del Jazrach que le habían 
prestado fidelidad, preparando así el camino para el Primer y 
el Segundo 'Aqaba. 

Después del lapidamiento los animales fueron sacrificados 
y el Profeta llamó a un hombre para que le afeitase la cabeza. 

VISITA A LA KA'BA Y REGRESO A MINA 

El Profeta ordenó entonces a los peregrinos que visitasen la 
Ka'ba y regresasen para pasar esa noche y las dos siguientes 
en Mina. Él esperó hasta bien avanzada la tarde. Luego sus 
esposas lo acompañaron a la Meca, todas menos 'Aisha, que 
no se encontraba en estado de pureza ritual. Unos días des- 
pués, en cuanto estuvo ella en condiciones, la envió fuera del 
recinto sagrado escoltada por su hermano Abd al-Rahman. 
Allí se volvió a consagrar y, dirigiéndose a la Meca, dio las 
vueltas a la Ka'ba. 

Así se puso fin a la Peregrinación y regresaron a Medina. 



225 



•23- 

ENFERMEDAD Y MUERTE DEL PROFETA 



EL JARDÍN 

El profeta hablaba continuamente del Paraíso y, 
cuando lo hacía, era como un hombre que está viendo 
lo que describe. Esta impresión era, confirmada por otros 
muchos signos, como por ejemplo cuando en una ocasión 
extendió su mano como para coger algo y luego la retiró. Él no 
dijo nada, pero algunos de los que estaban con él advirtieron 
su acción y le preguntaron acerca de ello. 

"Vi el Paraíso", dijo, "y alargué la mano para tomar un ra- 
cimo de sus uvas; si lo hubiera cogido habríais comido de él 
mientras hubiese durado el mundo" 

Se habían acostumbrado a pensar en él como en alguien 
que hasta cierto punto ya está en el Más Allá. Quizás era en 
parte por este motivo por lo que, cuando les hablaba de su 
muerte y cuando infería indirectamente, como ahora hacía a 
menudo, que podría ser inminente, sus palabras les causasen 
poca impresión. 

Además, a pesar de sus sesenta y tres años aún conservaba 
la talla y la gracia de un hombre mucho más joven. Sus ojos 
aún eran brillantes y en su negra cabellera apenas había unas 
pocas canas. 



226 



Enfermedad y Muerte del Profeta 

VISITA AL CEMENTERIO 

Una noche el Profeta convocó a un liberto suyo, Abu Muwai- 
hiba, a altas horas, y le dijo: 

"Se me ha ordenado pedir el perdón para los moradores del 
cementerio. Vente, pues, comnigo". 

Salieron juntos y cuando llegaron al cementerio de Baqi, el 
Profeta dijo: 

"¡La Paz sea con vosotros, gentes de las tumbas! Alegraos 
de vuestro estado. ¡Cuánto mejor es que el estado en que viven 
los hombres ahora! Las disensiones vienen como olas en una 
noche oscura, la una más fuerte que la anterior, cada una peor 
que la última". 

Luego se volvió hacia Abu Muwaihiba y dijo: 

"Se me han ofrecido las llaves de los tesoros de este mundo y 
la inmortalidad en él seguida del Paraíso, y se me ha dado la 
elección entre eso y el encuentro con mi Señor y el Paraíso'.' 

"¡Oh tú que me eres más querido que mi padre y mi madre!", 
dijo Abu Muwaihiba, "toma las llaves de los tesoros de este 
mundo y la inmortalidad en él, seguida del Paraíso". 

Pero el Profeta le respondió diciendo: 

"Ya he elegido el encuentro con mi Señor y el Paraíso". 

A continuación pidió el perdón para las gentes de Baqi. 

LA ALBERCA 

"Vuestra cita conmigo es en la alberca, la cual ciertamente 
estoy viendo desde donde me encuentro ahora" 

Fue aquel día al alba, o quizás al día siguiente, cuando su 
cabeza le dolió como nunca le había dolido antes, pero él sin 
embargo acudió a la Mezquita, y después de dirigir la plegaria 
se subió al almimbar e invocó las bendiciones sobre los már- 



227 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

tires de Uhud, como si — así se dijo después — lo estuviera 
haciendo por vez última. 

Luego dijo: 

"Hay un siervo de entre los siervos de Dios que le ha ofrecido 
la elección entre este mundo y lo que está con Él y el siervo ha 
elegido lo que está con Dios". 

Al decir esto, Abu Bakr rompió a llorar, porque sabía que el 
Profeta estaba hablando de sí mismo y que la elección signi- 
ficaba una muerte inminente. El Profeta se dio cuenta de que 
había comprendido y, diciéndole que no llorase, añadió: 

"Gentes, elhombre más benéfico para mí por su compañeris- 
mo y por su generosidad es Abu Bak, y si yo tuviera que tomar 
de entre todos los hombres un amigo inseparable ése sería Abu 
Bakr, pero el compañerismo y la hermandad de fe son nuestros 
hasta que Dios nos una en Su Presencia". 

Antes de dejar el almimbar dijo: 

"Yo voy delante de vosotros y soy vuestro testigo. Vuestra 
cita conmigo es en la alberca, la cual ciertamente estoy viendo 
desde donde me encuentro ahora. No temo que vayáis a aso- 
ciarle dioses a Dios, sino que temo por vosotros en este mun- 
do, que busquéis rivalizar los unos con los otros en ganancias 
mundanas" 

LA ENFERMEDAD 

Desde la Mezquita se volvió a la estancia de su esposa Maimu- 
na, a quien le correspondía el turno de hospedarlo. El esfuerzo 
de su alocución había aumentado su fiebre. 

Intentó comportarse como hacía cuando se encontraba 
bien y continuó dirigiendo las plegarias en la Mezquita como 
solía. Pero su enfermedad fue a más, hasta que llegó a un punto 



228 



Enfermedad y Muerte del Profeta 

en que sólo podía hacer la plegaria sentado. 

Al regresar a la estancia de la esposa que ese día le tocaba, 
preguntó: "¿Dónde me corresponde mañana?", y ella mencio- 
nó el nombre de la esposa con la que estaría. "¿ Y dónde pasado 
mañana?", preguntó. De nuevo le respondió ella, pero tocada 
por su insistencia y adivinando que se encontraba impaciente 
por estar con 'Aisha, se lo dijo a las otras esposas, que acudieron 
junto a él y dijeron: "Enviado de Dios, le hemos dado los días 
que nos corresponden contigo a nuestra hermana 'Aisha'.' 

ti aceptó su obsequio, pero se encontraba ya demasiado dé- 
bil para caminar sin ayuda, por lo que Abbás y Alí le ayudaron 
a ir a la estancia de Aisha. 

ABU BAKR DIRIGE LA PLEGARIA 

Cuando se produjo la siguiente llamada a la plegaria el Profeta 
sintió que no podía seguir dirigiéndola ni siquiera sentado, y 
dijo entonces a sus esposas: "Comunicadle a Abu Bakr que 
dirija a la gente en la plegaria". 

Pero Aisha temió que a su padre le dolería mucho ocupar 
el lugar del Profeta. "Enviado de Dios", le dijo, "Abu Bakr es un 
hombre muy sensible, de voz débil y muy dado a las lágrimas 
cuando recita el Corán". "Decidle que dirija la plegaria", dijo 
el Profeta, como si ella no hubiera hablado. 

Repitió la última frase tres veces y, durante el resto de su 
enfermedad, Abu Bakr dirigió la plegaria. 

CONFIDENCIA A FÁTIMA, HIJA DEL PROFETA 

El Profeta permanecía mucho tiempo tumbado, con la cabeza 
descansando sobre el pecho o el regazo de Aisha; pero cuando 
Fátima llegaba, Aisha se retiraba durante un rato para permi- 



229 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

tir que padre e hija estuvieran solos y, en una de esas visitas, 
'Aisha le vio susurrar algo a su hija, por lo que entonces ella 
comenzó a llorar; le confió además otro secreto y las lágrimas 
se tornaron en risa. 

Cuando se marchaba, 'Aisha le preguntó qué le había dicho y 
ella respondió que se trataba de secretos que no podía revelar. 
Pero más tarde le diría: "El Profeta me dijo que moriría de la 
enfermedad de la que murió y por ello lloré tanto. Luego me 
dijo que yo sería la primera persona de su casa en seguirle y 
por ello reí". 

REPENTINA MEJORÍA 

El Profeta sufrió mucho dolor en su enfermedad. Sin embar- 
go, la mañana del lunes doce del mes Rabi al-Awwal del año 
undécimo de la era islámica, es decir, el ocho de junio del año 
632 de la era cristiana cedió la fiebre del Profeta y, aunque 
estaba demasiado débil, la llamada a la plegaria le decidió a ir 
a la Mezquita. 

La plegaria ya había comenzado cuando él entró y la gen- 
te estuvo a punto de interrumpirla por la alegría que expe- 
rimentaron al verlo, pero él les hizo una señal de que con- 
tinuaran. Por un momento permaneció observándolos y su 
rostro brilló con íntima satisfacción al advertir su piadosa 
conducta. 

Luego, radiante, avanzó, ayudado por dos de sus compa- 
ñeros. "Nunca vi el rostro del Profeta más hermoso que en 
aquella hora", dijo Anas. Abu Bakr había sido consciente del 
revuelo en las filas detrás de él. Sabía que sólo podía obe- 
decer a una causa y que el hombre que ahora oía acercarse 
tenía que ser el Profeta. Así pues, sin volver la cabeza, re- 



230 



Enfermedad y Muerte del Profeta 

trocedió, pero el Profeta colocó su mano en el hombro de 
Abu Bakr y le empujó hacia delante para que continuase al 
frente de la congregación, diciendo: "Dirige tú la plegaria", 
mientras él mismo se sentaba a la derecha de Abu Bakr y la 
hacía sentado. 

LA COMUNIÓN SUPREMA: ¡YA, EL AMIGO SUBLIME! 

Tras la plegaria, el Profeta regresó a su lecho y yacía con la 
cabeza sobre el pecho de Aisha como si hubiese agotado todas 
sus fuerzas. Sin embargo, cuando su hermano Abd al-Rahman 
entró en la habitación con un palillo para los dientes en la 
mano, Aisha se dio cuenta de que el Profeta lo quería por la 
forma de mirarlo. Se lo cogió, pues, a su hermano y lo masticó 
un poco para suavizarlo, entonces se lo dio al Profeta, que se 
limpió los dientes. 

Poco después perdió el conocimiento y Aisha pensó que se 
trataba del principio de la muerte, pero al cabo de una hora 
abrió los ojos. Recordó ella entonces que, él le había dicho: 
"Ningún Profeta es tomado por la muerte antes de que se le 
haya mostrado su lugar en el Paraíso y luego se le haya ofrecido 
la elección entre vivir o morir". 

Comprendió Aisha que eso se había cumplido y que había 
regresado de una visión del Más Allá. "¡Ahora no nos elegirá a 
nosotros!" se dijo a sí misma. Entonces le oyó murmurar: 

"Ya, el Amigo Sublime '¡Con aquéllos sobre quienes Dios ha 
hecho descender su gracia: los Profetas, lossantos, losmártires 
y los justos! Ellos son los más excelentes compañeros'.' 

De nuevo le oyó susurrar: "Ya, el Amigo Sublime!" y éstas 
fueron las últimas palabras del Profeta al expirar en el regazo 
de Aisha. 



231 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 
LA SUCESIÓN Y EL ENTIERRO 

Muchos de los Compañeros más antiguos se encontraban en 
el ejército, incluido Ómar, y cuando fueron recibidos a su lle- 
gada a la ciudad con la noticia de que el fallecimiento se había 
producido, Ómar se negó a creerlo. Había malinterpretado 
una aleya del Corán que él había pensado que quería decir 
que el Profeta sobreviviría a todos y a otras generaciones por 
venir, y se situó entonces en la Mezquita y se dirigió a la gente, 
asegurándoles que el Profeta estaba simplemente ausente en 
el Espíritu y que volvería. 

Mientras así hablaba, Abu Bakr regresó a caballo de Sunh, 
porque la noticia se había difundido rápidamente por todo el 
oasis. Sin detenerse para hablar con nadie, fue directamente 
a la casa de su hija y retiró del rostro del Profeta el manto con 
que lo habían recubierto: lo miró fijamente y luego lo besó. 
"Más querido para mí que mi padre y mi madre", dijo, "has 
probado la muerte que Dios decretó para ti. Después de ésta, 
ninguna otra muerte te acontecerá". 

Reverentemente volvió a extender el manto sobre su rostro 
y salió a la multitud de hombres a quienes Ómar estaba aún di- 
rigiéndose: "¡Calma, Ómar!", le dijo, mientras se aproximaba. 
"¡Oídme hablar!". Ómar no prestó atención y siguió hablando, 
pero al reconocer la voz de Abu Bakr la gente abandonó a 
Ómar y se volvió a escuchar lo que el hombre de más edad 
tenía que contarles. 

Después de alabar a Dios, dijo: "¡Gentes! Quien acostum- 
brara adorar a Muhámmad ha de saber que ciertamente Mu- 
hámmad ha muerto; y quien acostumbrara adorar a Dios, 
tenga presente ahora que, verdaderamente, Dios es Viviente 
y no muere". 



232 



Enfermedad y Muerte del Profeta 

Luego recitó los siguientes versículos, que habían sido re- 
velados después de la batalla de Uhud: 

"Muhámmad no es más que un enviado 

y otros enviados han pasado antes que él. 

Si muriera o lo mataran, ¿os volveríais sobre vuestros 

pasos? 
Quien se vuelve sobre sus pasos no daña a Dios, 
y Dios recompensa a los agradecidos" 

CORÁN: 3, 144 

Fue como si la gente no hubiera sabido de la revelación de 
esta aleya hasta que Abu Bakr la recitó aquel día. La escucha- 
ron de él y estuvo en los labios de todos. Ómar diría posterior- 
mente: "Cuando oí aAbuBakr recitar aquella aleya, mequedé 
tan asombrado que caí al suelo. Mis piernas ya no me sostenían 
y me di cuenta de que el Enviado de Dios había muerto". 

ELECCIÓN DE ABU BAKR COMO SUCESOR (jALIFÁ) DEL PROFETA 

Ómar se dirigió a la asamblea, diciendo: "¡Ánsar! ¿No sabéis 
que el Enviado de Dios ordenó a Abu Bakr dirigir la plegaria?" 
"Lo sabemos", respondieron. Y Ornar siguió: "Entonces, ¿quién 
de vosotros con gusto querrá precederle?" "No permita Dios 
que tomemos precedencia sobre él", contestaron, ante lo cual 
Ómar tomó la mano de Abu Bakr y le prestó fidelidad, seguido 
de Abu 'Ubaida y otros Emigrados que para aquel entonces se 
les habían unido. A continuación todos los Ánsar que se en- 
contraban presentes igualmente juraron fidelidad a Abu Bakr, 
con la excepción de Sa'd, que nunca lo reconoció como jalifa 
(sucesor) y que terminó emigrando a Siria. 

A pesar de lo que se hubiera decidido en la asamblea, habría 
sido inaceptable para cualquier otro dirigir las plegarias en la 



233 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Mezquita de Medina en lugar de Abu Bakr, mientras éste estu- 
viera allí; y al alba del día siguiente, antes de dirigir la plegaria, 
él se sentó en el almimbar y Ornar se levantó y se dirigió a los 
consagrados, pidiéndoles que prestaran fidelidad a Abu Bakr, 
al que describió como "el mejor de vosotros, el Compañero del 
Enviado de Dios, el segundo de ellos dos cuando ambos estu- 
vieron en la caverna" 

Una reciente Revelación había recordado el privilegio de 
Abu Bakr de haber sido el único Compañero que había acom- 
pañado al Profeta en aquel momento crucial y a una sola voz 
toda la asamblea le juró fidelidad, todos salvo Alí, que lo hizo 
más tarde. 

"SI OBRO MAL, CORREGIDME" 

A continuación Abu Bakr alabó a Dios y le dio gracias y se 
dirigió a ellos diciendo: 

"Se me ha dado la autoridad sobre vosotros y no soy el mejor 
de vosotros. Si obro bien, ayudadme, y si lo hago mal, corregid- 
me. El ser sincero respecto a la verdades lealtadyla indiferen- 
cia a la verdad es traición. El débil de entre vosotros será duro 
conmigo hasta que haya asegurado sus derechos, si Dios quiere, 
y el fuerte de entre vosotros conmigo será débil hasta que le haya 
arrancado los derechos de otros, si Dios quiere. Obedecedme 
mientras obedezca a Dios y Su Enviado. Pero si desobedezco a 
Dios y Su Enviado, no me debéis obediencia. Levantaos para 
vuestra plegaria. ¡Dios tenga misericordia de vosotros!" 

EL ENTIERRO 

Después de la plegaria, la casa y la familia del Profeta decidie- 
ron que tenían que prepararlo para el entierro. Incluso des- 



234 



Enfermedad y Muerte del Profeta 

pues de un día, el cuerpo del Profeta parecía estar inmerso 
simplemente en el sueño, salvo que no tenía ni respiración ni 
pulso, ni calor ni flexibilidad. 

Los Compañeros discrepaban sobre dónde debía ser en- 
terrado. A muchos les parecía que su tumba tenía que estar 
cerca de las de sus tres hijas, la de Ibrahim y la de los Com- 
pañeros que él mismo había enterrado y sobre quienes había 
hecho la plegaria funeraria, en el Baqi al-Garqad, mientras 
que otros pensaban que tenía que ser enterrado en la Mez- 
quita; pero Abu Bakr recordó haberle oído decir: "Ningún 
Profeta muere sin que se le entierre donde murió"; así pues, 
se cavó la tumba en el suelo de la estancia de Aisha cerca 
del lecho donde yacía. 

Entonces todo el pueblo de Medina lo visitó y rezó sobre 
él. Llegaron por tandas y cada grupo pequeño hizo la plegaria 
funeraria; primero los hombres, grupo tras grupo, y luego, 
cuando todos los hombres lo hubieron visitado, acudieron las 
mujeres, y después de ellas los niños. Aquella noche fue depo- 
sitado en su tumba por Alí y los otros que le habían preparado 
para el entierro. 

Grande fue el pesar en la Ciudad de la Luz, como ahora se 
llamaba a Medina. Los Compañeros se censuraban entre sí 
por llorar, pero todos lloraban. "No es por él por lo que lloro 
— dijo Umm Aiman cuando le preguntaron por sus lágrimas 
— ¿Acaso no sé que se ha ido a aquello que es mejor para él 
que este mundo? Sino que lloro porque se nos han cortado las 
nuevas procedentes del Cielo" 

Era, ciertamente, como si una gran puerta se hubiese ce- 
rrado. Sin embargo, recordaban que había dicho: "¿Qué tengo 
yo que ver con este mundo? Este mundo y yo somos como un 



235 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

caminante y un árbol bajo el cual se cobija. Luego prosigue su 
camino y lo deja tras de sí" 

El había dicho esto para que todos y cada uno de ellos pudie- 
ran decirlo de sí mismos, y si la puerta ahora se había cerrado, 
estaría abierta, sin embargo, para el creyente en la hora de la 
muerte. Todavía resonaban en sus oídos las palabras: "Yo voy 
delante de vosotros y soy vuestro testigo. Vuestra cita conmigo 
es en la Alberca". 

Habiendo comunicado su mensaje en este mundo, se había 
ido para realizarlo en el Más Allá, donde él seguiría siendo, 
para ellos y para otros, pero sin las limitaciones de la vida 
sobre la tierra, la Llave de la Misericordia, la llave del Paraíso, 
el Espíritu de la Verdad, la Felicidad de Dios. 

"Ciertamente Dios y sus Ángeles bendicen al Profeta. 
¡Oh vosotros que creéis, invocad bendiciones 
sobre él y dadle saludos de Paz! 

coran: 33, 56 



236 



GLOSARIO 

Abbás. Uno de los tíos paternos de Muhámmad. 

Abu Bakr: Uno de los primeros compañeros de Muhám- 
mad. Tras la muerte de éste se convertirá en el primer jalifa 
rectamente guiado del Islam. Padre de Aisha y, por tanto, sue- 
gro del profeta. 

Abu Lahab: Tío del profeta Muhámmad que se opuso vio- 
lentamente al Islam. 

Abu-1-Qasim. Lit. "padre de Qasim". Uno de los nombres 
de Muhámmad. 

Abu Tálib: Tío del profeta Muhámmad que se ocupó de él 
a la muerte de Abd al-Muttálib. 

Adab: Es la cortesía en el comportamiento con Dios y todas 
sus criaturas. 

Adán: Llamada a la plegaria ritual, a la azalá. 

Ahí as-Suffa: lit. "la gente del banco" grupo de musulmanes 
que en Medina se alojaba en el patio de la casa del profeta. 
Dependían de la caridad del profeta y de la gente y vivían en la 
pobreza, dedicados intensamente a la adoración divina. 

Ahmad: Otro nombre de Muhámmad. Significa "El alaba- 
do" 

Aisha: La esposa más joven del Profeta Muhámmad, hija 
de Abu Bakr. 

Allah: En árabe "Dios". Nombre con el que los creyentes 
de lengua árabe, ya sean cristianos o musulmanes llaman a 
Dios. 



237 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Al Amin. Uno de los nombres con que era conocido en Meca 
el profeta Muhámmad. Significa "El digno de confianza". 

Ahí al Bait: La familia del profeta Muhámmad que vivía 
en su casa. 

Al Báqara: Lit. "la Vaca" Nombre de la azora segunda del 
Corán. Es la más extensa de todas. 

Al Bait al Atiq: Lit. "La Casa Antigua" nombre que se le 
daba al santuario de Meca, en referencia a la antigüedad del 
mismo. 

Al Bait al Haram: Lit. "la Casa Sagrada" uno de los nombres 
de la Ka'ba. 

Al Bait al Muharram Lit. "la Casa Consagrada" uno de los 
nombres de la Ka'ba. 

Aleya: También "aya". Signo, símbolo. Versículo del Co- 
rán. 

Al Fátiha: Lit. "La que abre", nombre de la primera azora 
del Corán, azora que se repite siempre en la azalá. 

Al Hamdulillah: Es una invocación que significa: "La ala- 
banza es para Dios" 

Alí ibn Abu Tálib: Primo y yerno de Muhámmad, hijo de su 
tío Abu Tálib, casado con Fátima. Cuarto califa de la Umma. 

Al Isrá: Viaje Nocturno. Viaje en que el profeta Muhámmad 
es transportado hasta la Mezquita más Alejada (al Masyid al 
Aqsa). 

Alif-Lam-Mim: Nombres de letras que forman la primera 
aleya o versículo de la azora de La Vaca. 

Allahu Akbar: Exclamación que se traduce como "Dios es 
el Más Grande". 

Al-lat: Nombre de una diosa en la Arabia pagana. Significa 
"La Diosa" 



238 



Glosario 

Al Masyid al Haram: La Mezquita Sagrada de Meca cuyo 
centro es la Ka'ba. La Palabra Mezquita significa "lugar donde 
postrarse para la adoración". 

Almimbar: Lugar elevado desde el que el jatib (orador) pro- 
nuncia la jutba (homilía) de la plegaria del viernes. 

Al Mi'rach: Ascensión del profeta Muhámmad a la presen- 
cia divina. 

Al-Siddiq: Apodo de Abu Bakr. Significa "El muy verídi- 
co". 

Al 'Uzza: Nombre de una diosa en la Arabia pagana. Signi- 
fica "La Poderosa" 

Amina: Madre del profeta Muhámmad. 

Amn: Protección, amparo que se otorga a un ser humano 
o una comunidad. 

Ánsar: Los auxiliares, los auxiliares, ciudadanos de Medina 
que abrazaron Islam antes de la conquista de Meca y se her- 
manaron con los muháyirun o emigrados de Meca. 

Aqaba: Paso de montaña al norte de Meca en la ruta de ca- 
ravanas a Medina, donde el Mensajero de Dios se reunió con 
los primeros musulmanes de Medina, en dos años sucesivos. 

Arafa: Llanura a 15 millas al Este de Meca, en la que se eleva 
el Yabal ar-Rahma, el Monte de la Misericordia, donde se dice 
que Adán se reunió con Eva, tras varios años errantes después 
de su expulsión del Jardín del Edén. Hace parte de los sitios de 
la Peregrinación. 

Aus: Una de las tribus árabes de Medina. 

Azalá: También, sala o en compuestos salat. La azalá (ple- 
garia, oración canónica) es el segundo de los cinco pilares del 
Islam, después de la profesión de fe (shahadd). El creyente 
debe realizar cinco oraciones diarias en unos momentos de- 



239 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

terminados del día, de ahí toman su nombre; son, la oración 
del alba {salat al-fayr), oración del mediodía (salat ad-dohr), 
la de la tarde {salat al-'asr), la del ocaso {salat al-maghreb) y 
la oración de la noche {salat al-'isha). 

Azaque: También, zaká. Significa "purificación". El azaque 
es la limosna legal obligatoria para todo musulmán, uno de 
los pilares del Islam. . 

Azora: También Sura. Capítulo del texto del Corán. 

Badr: Lugar aproximadamente a 95 millas al sur de Medi- 
na, cerca de la costa, donde los musulmanes derrotaron a un 
número superior de contrincantes. 

Bahira: Monje cristiano que reconoció en Muhámmad los 
signos de la profecía. 

Baít: en árabe, "casa, morada". Bait Allah: Morada de Dios 

Báraka: Gracia divina. Bendición. 

Becca: Nombre antiguo de Meca. 

Bilal: Primer almuédano del Islam, liberto de origen etíope 

Bismillahi r-rahmani r-rahim: Lit. "En el Nombre de Dios, 
el muy clemente y misericordioso." Fórmula con la que el mu- 
sulmán inicia cualquier acción. 

Buraq: Criatura del Paraíso, de aspecto equino, que trans- 
portó al profeta Muhámmad en su Viaje Nocturno. Su nombre 
está relacionado con el relámpago {en árabe barq) 

Fatá. Caballero, ser humano que encarna la perfección de 
las virtudes espirituales. 

Fátima. Una de las hijas de Muhámmad, casada con Alí ibn 
Tálib y madre de Hasan y Husáin. 

Fatra: Periodo de silencio del Ángel tras la primera revela- 



240 



Glosario 

ción hecha al profeta Muhámmad 

Futuwa: Caballería espiritual. Conjunto de virtudes, acti- 
tudes y prácticas del fatá. 

Hayy: La Peregrinación Mayor a la Ka'ba de Meca. Insti- 
tuido por el profeta Ibrahim y conformado definitivamente 
por Muhámmad. 

Halima: Nodriza del profeta Muhámmad. 

Hanif: Creyente en el Dios Único. Unitario. La persona que 
adora al Dios Único sin asociarle nada. 

Hashim. Bisabuelo de Muhámmad, padre de Abd Al Mu- 
ttálib. 

Haram: sagrado, vedado, prohibido. Lo contrario de pro- 
fano. 

Harún: Aarón, hermano del profeta Musa. 

Hasan: Nieto de Muhámmad, hijo de Fátima. Hermano de 
Husáin. Su nombre significa "el hermoso" 

Husáin: Nieto de Muhámmad, hijo de Fátima. Hermano de 
Hasan. Su nombre significa "el hermosito". 

Hayar: Agar, esposa del profeta Ibrahim y madre de Ismáil. 
Emigró al Hiyaz y se asentó en el lugar donde más tarde se 
edificaría la Kába. 

Hayar Asuad: Lit. "Piedra Negra". Piedra que está colocada 
en uno de las esquinas de la Ka'ba. 

Háyib: Sacerdote o guardáin de los ídolos del santuario. 

Hégira: Del árabe Hiyra. Separación, ruptura. Emigración 
de los musulmanes de Meca. 

Hichr: Recinto semicircular situado a un lado de la Kába. 
La tradición sitúa allí las tumbas de Hayar e Ismáil. 

Hiyra: Hégira « ruptura, alejamiento». Se dice del año en 



241 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

que Muhámmad abandonó la Meca para huir a Yatrib (des- 
pués, Medina) en septiembre de 622 de la era cristiana. Marca 
el comienzo de la era musulmana o era de la hégira. 

Hilf al Fudul: Pacto de Caballeros en el que participó el 
joven Muhámmad con el compromiso de velar por la justicia 
social en Meca. 

Hira: Nombre de la cueva situada en la cima de la Montaña 
de la Luz (YabalNur), cercana a Meca, donde Muhámmad se 
retiraba a orar y ayunar, siguiendo la costumbre de los hunafá. 
Fue allí donde recibió su primera revelación, en el mes del 
Ramadán. 

Hiyaz: Región a lo largo de la costa occidental de Arabia, en 
la cual están situadas Meca, Medina, Yedda y Taif. 

Hubal. Uno de los ídolos principales que los paganos ado- 
raban en la Ka'ba antes de la llegada de la revelación. 

Hudaibía: Lugar cercano a Meca donde los musulmanes 
juraron fidelidad al profeta Muhámmad. 

Hunafá: Pl. de hanif. Adoradores del Dios Único. Como el 
profeta Ibrahim, no eran ni cristianos ni judíos. Los musulma- 
nes se llamaron a si mismos con este nombre. 

Ibrahim: Nombre árabe de Abraham, padre de los profetas 
Isma'il e Isaac. 

Ihram: La condición de la persona que está estado sagra- 
do durante la Peregrinación vestido con unas determinadas 
prendas blancas y sujeto a ciertas restricciones. Por extensión, 
se llama así también a las dos prendas de tela inconsútiles que 
forman el atuendo del peregrino. 

Ihsán: El estado del que es "hasan" excelente, bueno, bello. 
Es la excelencia en el buen comportamiento, es "Adorar a Dios 



242 



Glosario 

como si lo vieras, pues aunque no lo veamos, Él nos ve." 
Imán: Confianza en Dios, fe. 
Ishraq: Aurora, amanecer. Iluminación de la conciencia. 

Islam: Literalmente, "armonía, entrega, sumisión Dios". 
Isma'il: Profeta, hijo de Ibrahim y de Hayar. Ayudó a su padre 
a construir la Ka'ba. Antepasado del profeta Muhámmad. 
Isrá: El viaje nocturno del Profeta. 

Jadicha: Primera esposa de Muhámmad y madre de casi 
todos sus hijos. 

Jáibar: Oasis cercano a Medina, escenario de una batalla. 

Jalifa: Lit. sucesor, regente, usufructuario del poder. Califa. 
El hombre es el jalifa de Dios en la Tierra, nombrado por Él 
para que regente la creación y le adore libremente. 

Jalil: Lit. "amigo íntimo". Nombre con el que se le conoce al 
profeta Ibrahim. 

Jalua: Retiro y meditación en aislamiento. Era práctica de 
los hunafá y Muhámmad la ejercitaba durante el Ramadán. 

Jazrach: Una de la tribus árabes de Medina 

Káhina: Adivina. Mujer dotada del don de la videncia. 

Labbaik: Lit. «A tu servicio». Parte de la invocación (talbi- 
ya), que hacen los peregrinos a su Señor durante la Peregrina- 
ción al santuario de Meca. 

Lailatu-1-Qadr: Noche del Destino. Es la noche en la que 
el Profeta recibió la revelación del Corán, una de las últimas 
de Ramadán. 

Malak: Pl. Malaika. Ángel. Criatura luminosa. 

Maqam: Lugar, estancia. El Maqam de Ibrahim es una pie- 



243 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

dra donde el profeta Ibrahim se apoyó para construir el muro 
de la Ka'ba y en la que se conservan las huellas de sus pies. En el 
sentido espiritual, maqam designa la morada o etapa en la vía 
espiritual, más estable y permanente que el momento (hal). 

Marua: Una de las dos colinas cercanas a la Ka'ba que for- 
man parte de los ritos de la 'Umra y del Hayy. El peregrino ha 
de recorrer la distancia entre Safa (la otra colina) y Marua siete 
veces, rememorando el mismo recorrido que hicieran Hayar e 
Isma'il cuando estaban a punto de perecer de sed. 

Mataf: Lugar donde se practica el tawaf, circunvalación ri- 
tual alrededor de la Ka'ba. 

Mihrab: En la mezquita, nicho que indica la dirección de la 
alquibla de Meca, frente al que se coloca el imam para dirigir 
la oración. 

Milla: Doctrina religiosa, conjunto de creencias y ritos que 
conforman una religión. 

Mina: Valle cercano a Meca que forma parte del itinerario 
de la Peregrinación al santuario de la Ka'ba. 

Mi'rach: Ascensión del profeta Muhámmad a los cielos. 

Mubarak: Lit. "que tiene bendición, bendito". Dícese de 
toda cosa, lugar o tiempo que aporta bendición. 

Muháyirun: Lit. Emigrados. Se conoce con este nombre 
a los mequíes que se reconocieron musulmanes antes de la 
conquista de Meca y emigraron a Medina. 

Munáfiqun: Hipócritas. Aquellos que dicen ser musulma- 
nes sin serlo realmente. 

Musa: Nombre árabe de Moisés. 

Musalla: Lugar de oración al aire libre, donde se celebran las 
fiestas más importantes del calendario musulmán. Suele ser 
amplio y abierto para que tengan cabida todos los habitantes 



244 



Glosario 

de una medina. 

Mus-haf: Conjunto de hojas, planchas o tablas (suhuf ) que 
forman un libro. Se dice del libro del profeta Ibrahim, del pro- 
feta Musa y del Corán. . 

Múslim: Musulmán, persona entregada a la voluntad de 
Dios. Toda criatura respecto a su Señor es múslim. El ser hu- 
mano, sin embargo, tiene la libertad de encubrir esta realidad 
convirtiéndose así en kafir (el que encubre u oculta). 

Muttaqin: Lit. "los que tienen taqua". La taqua es la con- 
ciencia de la majestad y belleza de Dios. 

Muzdálifa: Lugar entre Arafa y Mina, donde los peregrinos 
que vuelven de Arafa pasan una noche entre los días noveno 
y décimo de Du-1 Hiyya, después de realizar allí las oraciones 
del ocaso (magreb) y de la noche (ishá). 

Namus: Derivado del griego Nomos. Ley Divina. Ángel de 
la Revelación. 

Nur: En árabe, Luz. Es uno de los más bellos nombres de 
Dios. 

Nasara: Nombre que designa a los cristianos, plural de nas- 
raní. 

Negus: Título dado al emperador cristiano de Abisinia. 

Ómar Ibn al Jattab: Uno de los primeros compañeros de 
Muhámmad que se distinguió por su celo espiritual y por su 
ardor combativo frente a los enemigos del Islam. Más tarde se 
convertiría en el segundo jalifa. 

Otmán: También escrito Uthmán. Compañero del profeta 
Muhámmad, que se convertiría en el tercer califa del Islam. 

Quibla: Alquibla. Dirección hacia la cual se orienta la azalá. 
La alquibla se orienta hacia la Ka'ba, en Meca. Al principio del 



245 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Islam estaba orientada hacia Jerusalén. 

Quba: Lugar en los alrededores de Medina. Allí se constru- 
yó la primera mezquita del Islam. 

Quraish: Una de las grandes tribus de Arabia. Estaba encar- 
gada de mantener el santuario de Meca y la fuente de Zamzam. 
El Mensajero de Dios pertenecía a ella. 

Qur'an: Corán. Literalmente, «recitación»; Es la revelación 
entregada por Dios a su siervo Muhámmad a lo largo de 23 
años y constituye la referencia esencial de los musulmanes y 
la principal fuente de sabiduría y conocimiento existencial. 
Se reveló en lengua árabe entre los años 610 y 632 de la era 
cristiana. 

Rahim: Que tiene rahma. Misericordioso. Uno de los más 
bellos nombres de Dios. 

Rahma: Amor entrañable, visceral. El amor que sienten 
entre si los miembros de una misma familia. Compasión. Mi- 
sericordia. 

Rahmán: Que desborda rahma, amor entrañable. Uno de 
los más bellos nombres de Dios. 

Ramadán: Mes del calendario islámico en el tuvo lugar la 
revelación del Corán. Los musulmanes ayunan durante todo 
este mes desde el alba al ocaso. 

Rasul Allah: Enviado, nuncio de Dios. Todo profeta que, 
como Muhámmad, trae a la humanidad una risala, un "anun- 
cio" de parte de Dios. 

Safa: Junto con Marua, una de las dos colinas del santuario 
de Meca que hacen parte de los lugares de la peregrinación. 

Sala: Azalá. Plegaria ritual islámica. Se celebra cinco veces 
al día. 



246 



Glosario 

Salam: Paz, armonía. De la misma raíz que Islam y musul- 
mán. 

Salmán: Nombre de uno de los compañeros del profe- 
ta Muhámmad, de origen persa. Uno de los miembros de la 
Gente del Banco. 

Shahada: Lit. "testimonio". Testimonio de la unicidad de 
Dios y de la misión del profeta Muhámmad. 

Shirk: Acto de asociar a Dios otra cosa. Lo contrario de 
Tauhid. Para el musulmán, sólo Dios es y nada con Él. 

Suhuf: lit." hojas, planchas". Plural de sahifa. Especialmen- 
te las que contenían la enseñanza del profeta Ibrahim y del 
profeta Musa. 

Ta Ha: Letras del alfabeto árabe que dan nombre a una de 
las azoras del Corán. 

Tahannuf: Prácticas o ejercicios espirituales del hanif, 

Takbir: Expresión de la alabanza "Allahu Akbar". Glorifi- 
cación de Dios. 

Taqua: Pronunciado takua. Conciencia de lo sagrado, de la 
majestad y belleza de Dios. 

Tawaf: Acción de circunvalar ritualmente la Ka'ba. 

Tauhid: Unificación. Conciencia de la unidad de Dios y de 
todo lo existente. 

Thaur: Lit. toro. Nombre de la cueva donde se refugiaron 
el profeta Muhámmad y su amigo Abu Bakr tras emigrar de 
Meca. 

Uhud: Nombre de una montaña cercana a Medina junto a 
la que se libró una batalla en la que los musulmanes fueron 
vencidos. 



247 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

Umma: Lit. "matria" femenino de "patria". La comunidad 
de creyentes musulmanes. 

'Umra: Peregrinación al santuario de la Ka'ba que a diferen- 
cia del Hayy porque puede realizarse en cualquier momento 
del año. 

'Uzza: Una de las diosas del santuario pagano árabe. 

Wáraqa: Cristiano árabe familiar de Jadicha, esposa del 
profeta Muhámmad. Confirmó a Muhámmad en su misión 
profética. 

Wudu: Ablución ritual previa a la azalá. 

Yatrib: También escrito Yatrib. Ciudad al norte de la Meca a 
la que emigraron los musulmanes en la Hégira. A raíz de esto 
pasaría a llamarse "Medina" o "ciudad (del profeta)". 

Yibril: Nombre árabe de Gabriel, Ángel de la Revelación. 

Yinn: Pl. yunnun. Genio. Según la revelación, existen genios 
creyentes y no creyentes y están dotados de libre albedrío. 

Zamzam: Pozo junto a la Ka'ba del que los peregrinos beben 
y hacen las abluciones al visitar la Casa de Dios. 



248 



BIBLIOGRAFÍA 



i. armstrong, karen; "Mahoma. Biografía del Profe- 
ta"; Tusquets. Barcelona, 2005. 

2. lings, martin; "Muhammad: su vida, basada en las 
fuentes más antiguas"; Madrid: Hiperión, 1989. 

3. asad, muhammad; "El Mensaje del Qur'an"; Centro 
de Documentación y Publicaciones de Junta Islámica. 2001 

4. imam an-n awawi; "Los Jardines de los Justos". Centro 
de Documentación y Publicaciones de Junta Islámica. 1999 

5. imam malik; "Al Muwatta"; Centro de Documenta- 
ción y Publicaciones de Junta Islámica. 1999 

6. shah, ikbal ali, sirdar; "Mahoma, el profeta "; Ma- 
drid: sufi, 1996. 

7. andrae, tor; "Mahoma"; Madrid, Alianza, 1987. 

8. gaudefroy demombynes, maurice; "Mahoma"; To- 
rrejón de Ardoz, Madrid: Akal, 1990. 

9. M. cook; "Muhammad"; Oxford, 1983. 

10. bobzin, hartmut; "Mahoma" / Hartmut Bobzin ; 
(prólogo de Maribel Fierro); Madrid: Acento, 2003. 

11. rodinson, máxime; "Mahoma: el nacimiento del 
Mundo Islámico". Barcelona, Península, 2002. 

12. delcambre, anne-marie; "Mahoma, la voz de Alá "; 
Madrid: Aguilar, 1990. 

13. vernet, juan; "Mahoma - (Muhammad)"; Barcelo- 
na: Planeta De Agostini, 1994. 



249 



MUHAMMAD, EL SELLO DE LOS PROFETAS 

14. gabrieli, Francesco; "Mahoma y las conquistas del 
islam"; Madrid: Guadarrama, 1967. 

15. pirenne, henri; "Mahoma y Carlomagno"; Madrid: 
Alianza, 1997. 

16. machordom comins, Alvaro; "Muhammad 
(570/632): Profeta de Dios"; Madrid: Fundamentos, 1979- 

17. peters, f. e.; "Muhammad and the origins of Islam"; 
Albany: State University of New York, 1994. 

18. watt, w. montgomery; "Muhammad at Mecca"; 
Oxford, 1953- 

19. watt, w. montgomery, "Muhammad at Medina ", 
Oxford, 1956. 

20. watt, w. montgomery, "Mahoma, profeta y hombre 
de estado "; Labor, Buenos Aires, 1967. 

21. abd al-malik ibn hisham, "Al- Sira al-nabawiya", 2 
Vols., El Cairo, 1955. (versión en inglés: "The Life of Muham- 
mad", Londres, 1957). 

22. c h. toy; "Muhammad and the Islam ofthe Koran"; 
Harvard Theol.Review» (1912) 490. 

23. irving, Washington; '' 'Mahomet andhis successors "; 
Madison: University of Wisconsin, 1970. 

24. gironella, josé maría; "Yo, Mahoma"; Barcelona: 
Planeta-Agostini, 1995. 



250 






ACERCA DEL AUTOR 



MEHDI flores es licenciado en Filología Clásica 
por la Universidad Autónoma de Barcelona y 
profesor del curso "Cultura, Civilización y Religión 
Islámica" en la Universidad Nacional de Educación a 
Distancia (uned). 



Es miembro del Consejo de Redacción de Webislam 
y ha sido vocal de la Comisión Islámica de España y 
secretario de la Federación Española de Entidades 
Españolas Islámicas. 



MUHAMMAD 



EL SELLO DE LOS PROFETAS 



este libro QUIERE ofrecer una visión del Profeta del Islam, 
Muhámmad ibn Abdallah, desde las fuentes tradicionales islámicas, 
tal como son comprendidas y vividas por los musulmanes de nuestro 
tiempo. 

A través de sus páginas, el lector irá descubriendo la extraordinaria per- 
sonalidad del profeta Muhámmad, modelo de hombre completo, que 
resume en su vida todos los aspectos de ser humano. 



Gustó en su niñez la desolación de la orfandad, la pobreza y el hambre, 
el placer del amor y la amistad de las mujeres, el trabajo de pastor y 
comerciante, el sosiego del viajero nocturno bajo el cielo estrellado, la 
dicha de ser padre, la pena infinita de enterrar a los hijos, el encuentro 
conelÁngel, el silencio de Dios, la Ascensión hasta más allá del Azufaifo 
del Confín, el desprecio de su gente, la persecución, el intento de 
asesinato, la nostalgia del emigrante, el peso del liderazgo, el vértigo de 



magnanimidad con los vencidos, la humildad del peregrino, el gozo de 
la buena compañía, el frescor de la plegaria, la intimidad con el Misterio, 
el deleite del Corán, el amor apasionado del Compañero Sublime. . . 

Todo el que conoce a Muhámmad queda prendado de su encanto. Y 
como él mismo dijo: "El hombre sigue la religión que profesa su mejor 
amigo. ¡Mirad bien, pues, a quién tenéis como tal!" 

¡Ojala que este libro ayude al lector a descubrir quién es ese mejor 






ISBN 84932513-7-6 



788493"251376'